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Música para flotar en el Océano: Sobrenadar, álbum Tres

Arte

Por: Jaen Madrid - 06/14/2014

Las escenas fantásticas que produce el sonido de Paula García y Javier Medialdea bajo el nombre Sobrenadar son infinitas y admirables

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Sobrenadar; flotar, emerger, ondular. Sostenerse sobre las olas de agua traslúcida, sentir la brisa fresca del viento en la marea justo en la punta de la nariz. Te recomiendo que para escuchar este disco te encuentres en un estado de completa calma; aléjate del ruido exterior, suspéndete y olvida que existes. Las escenas fantásticas que produce el sonido de Paula García y Javier Medialdea bajo el nombre Sobrenadar son infinitas y admirables, pues este proyecto argentino que ahora da a luz a su primer material en formato físico creció en la cuna de Bandcamp, el refugio de todos los artistas emergentes de nuestro tiempo, una plataforma que ha revelado un sinfín de subgéneros musicales nuevos, producto de las grandes transformaciones globales y el híbrido de culturas en los últimos años.

Los sonidos que brillan bajo el Mar del Plata salen a flote como gotas de agua que resplandecen con la luz del sol. La idea luminosa surgió cuando Paula se instaló en Buenos Aires en 2006 para estudiar producción musical, sembrando las semillas de  fantasía que la llevaron a extender sus raíces musicales hasta Javier, también productor argentino. El proyecto remonta a un par de EPs y LPs en formato digital que estuvieron disponibles al público (aunque un tanto escondidos) como descarga gratuita. Un soberbio trabajo producido por Paula de manera independiente, del cual destaca su último álbum 1859, que obtuvo la atención inmediata de varios medios internacionales como el diario The Guardian (UK) en su sección “Best music from across the MAP”. Con la posibilidad de imprimir el disco en formato físico, Paula y Javier han compilado este año sus discos anteriores bajo el título Tres, una gran oportunidad que surgió desde el sello Casa del Puente Discos, que además les ha abierto las puertas a festivales como SXSW. 

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A juzgar, claro, por el sonido, Sobrenadar no es una banda que deba olvidarse en algunos años. Su armonía es onírica, suave y bastante apropiada para practicar la meditación. Imaginar las influencias que el dúo puede tener es toda una aventura para explorar, y quiero decir que no deben ser específicamente musicales. Podríamos imaginar, dentro de sus sueños, un mar paradisíaco reflejado en el cielo rosado del atardecer o quizás de la mañana (escucha Sur l'Ocean); podríamos pintar las profundidades más oscuras del Mar del Plata en Buenos Aires y observar hermosas especies de luz parecer estrellas simulando un cielo eterno (escucha Pleyares) y, quizás, fantasear con algunas sonoridades de la naturaleza que nos recuerden la belleza espiritual de la vida, la energía y el tiempo (Inicio y Descanso). Los ecos de la voz gospel de Paula sobre las nubes nítidas del denominado bedroompop hacen recordar la misma delicadeza que encontró Cocteau Twins o quizás Air en el mar de la serenidad, allá arriba en el cielo profundo: la cima del mar. 

Tanto para músicos como para melómanos, adquirir el disco en formato físico resulta gratificante. No olvidemos reconocer el esfuerzo de bandas como esta, de las que no sólo es de admirar su difícil trascendencia frente a un puñado de bandas en Bandcamp y otras plataformas; también debe reconocerse su manera de crecer con una producción independiente bastante sofisticada. 

Twitter de Jaen Madrid: @barbedwirekisss

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Arte

Por: pijamasurf - 06/14/2014

La fotógrafa holandesa Marieke van der Velden documenta la pasión universal por los oasis artificiales. Cada alberca cuenta una historia

La fotógrafa holandesa Marieke van der Velden documenta la pasión universal por los oasis artificiales. Lo más probable es que, sin importar las diferencias culturales, en cada país del mundo haya una alberca. Como una suerte de diario cultural de los países del mundo, Der Velden ha tomado fotos de piscinas en cada país que ha visitado desde 2009. Su serie es una nueva forma de conocer el mundo a través de sus tanques de agua.

Los lugares van desde Afganistán, Uganda, Burkina Faso, Jordania y Albania hasta Portugal y Bangladesh, entre otros. “Encontré que en cada lugar al que voy hay una piscina inesperada”, apunta en su sitio.

“En cada país al que voy me gusta pedirle a mi conductor o traductor que me lleve a la piscina más interesante, simpática o extraña del vecindario”, dice; “Siempre parecen sorprendidos porque creen que quiero nadar o algo”, pero cuando les explica que está trabajando en un diario fotográfico, la ayudan a cazar albercas.

Cada alberca cuanta una historia. Algunas, como la del presidente Tolbert, asesinado en Liberia, narran una historia turbulenta a través del estancamiento del agua. “Esta agua estaba tan sucia que se movía y burbujeaba un poco”, anota der Velden.

La mayoría de las veces, la fotógrafa no nada en las piscinas. En muchos países islámicos, por ejemplo, a las mujeres se les prohíbe hacerlo. “Para ser honesta”, apunta, “no soy buena nadadora. Pero la razón más importante por la que no nado es porque, cuando lo hago, no puedo tomar fotografías. Y me gusta mucho más la fotografía que el nado". Der Velden planea continuar su proyecto de piscinas durante los próximos 30 años.