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Economistas utilizan poderes psíquicos para ganar miles de dólares en la bolsa de valores

Por: pijamasurf - 06/26/2014

Muchos podemos dudar de la existencia de poderes paranormales pero, si los resultados pueden engrosar nuestra cuenta bancaria, ¿prestaríamos más atención a los poderes ocultos de nuestra mente?

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Las facultades paranormales son una gran tentación para utilizarlas a nuestro favor: en caso de que la ciencia y la economía pudieran aprovecharlas, ¿qué impediría que accionistas metafísicos invirtieran siempre en negocios redituables, en lugar de estar sometidos a las inclemencias del mercado? Y, si bien los corredores de bolsa desarrollan una especie de "sexto sentido" para saber cuándo comprar y cuándo vender, las verdaderas posibilidades de la percepción extrasensorial (PES) en el campo económico no habían sido aplicadas sistemáticamente. Hasta ahora.

Un equipo de estudiantes de la clase "Límites de la ciencia" de la Universidad de Colorado experimentaron con una técnica de PES llamada "visión remota". Si te gustan los cómics de Marvel, es algo así como el superpoder de Jean Gray y el profesor X para localizar personas o mutantes al otro lado del mundo, una especie de ojo que todo lo ve. Los resultados de su estudio fueron publicados con el auspicioso título de "Predicción de Mercados de Bolsa utilizando visión remota asociativa por visores remotos no experimentados". Pero lo mejor de todo no fue el paper académico, sino el hecho de que el grupo de estudio logró embolsarse unos cuántos miles de dólares en el proceso.

El experimento consistía en asociar dos imágenes de un banco de fotos a dos posibles resultados: una imagen simbolizaría un mercado a la alza y la otra, un mercado a la baja. Ambas imágenes fueron impresas y almacenadas en sobres cerrados y no fueron mostradas a los participantes. Luego, cada pocos días, los participantes del estudio se dieron a la tarea de "ver remotamente" una de las imágenes con el poder de su mente. A continuación tenían que describir verbalmente o dibujar la imagen mental que recibían desde el futuro. Por último, los jueces compararon cada sesión de visión remota de las dos imágenes, seleccionando la que pensaban que correspondía mejor a las imágenes. Esta es una muestra de esas sesiones:

Remote Viewing Session Targets and Notes

La descripción de este participante incluye las palabras "furry" (peludo) y "undeground" (subterráneo), además del dibujo de un conejo, fácilmente confundible con el hámster de la imagen sellada.

Si la mayoría de las sesiones de los 10 "visores remotos" se juzgaba precisa para describir la imagen "Mercado sube", se tomaba como predicción positiva del índice Dow Jones para el día siguiente; si las descripciones se asemejaban más a la segunda imagen, sería predicción de que el Dow Jones bajaría. Al inicio de cada día fiscal, un miembro del equipo compraría acciones de bolsa de acuerdo con esta predicción y al final del día, antes del cierre de la bolsa, vendería las acciones y llevaría nota de las ganancias o pérdidas.

Lo increíble fue que, de una inversión inicial de 10 mil dólares, el equipo reportó ganancias de 16 mil dólares para el quinto día, a pesar de algunas pérdidas menores en los días 6 y 7. Salvo algunos errores del procedimiento y el comportamiento errático de la bolsa, los investigadores consideraron un éxito el experimento, afirmando que bajo mejores condiciones pudieron haber ganado hasta 38 mil dólares, un retorno de inversión de 400% en un par de semanas.

Mientras (presumiblemente) se tomaban una piña colada en alguna playa, los investigadores escribieron que la visión remota "parece ser una manera razonablemente precisa de predecir el futuro de resultados binarios", además de "tener dramáticas implicaciones sobre cómo vemos el tiempo y nuestra habilidad para percibir el futuro."

Si me disculpan, me voy a tratar de ver los números de la lotería de mañana.

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Salir en la transmisión del Mundial es más importante que el resultado (los cinco segundos de fama de los fans)

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 06/26/2014

Ciertos aficionados exhiben una bipolaridad mundialista: al ser tomados por las cámaras entran en estados de euforia que para nada reflejan lo que están viendo en la cancha, divorciándose, por un momento, de su equipo para vivir su propio gol

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Un curioso fenómeno puede observarse en las transmisiones de los partidos del Mundial: cuando las cámaras los capturan y se ven a sí mismos en las pantallas del estadio, los aficionados responden siempre con sonrisas y alaridos, con una instantánea felicidad, como si estuvieran gritando un gol fantasma, no obstante el resultado del partido y la suerte del país. Hemos visto aficionados que están al borde del llanto, deprimidos por la eliminación o la derrota de países como España, Inglaterra, Uruguay, Japón y otros... y repentinamente, como si fueran actores o autómatas, cambian la cara radicalmente y muestran su potente fanatismo gritando, celebrando y saludando a las personas que están del otro lado de la pantalla en un acto que resulta un tanto extraño, con todas las miras de un gran simulacro.

Los camarógrafos de la transmisión oficial controlada por el Comité Organizador claramente buscan hacer del futbol un espectáculo (estilo NFL) y saben que los fanáticos son parte de esto. Por lo tanto están siempre cazando a los aficionados más excéntricos, con los mejores disfraces (y el Mundial es una fiesta de disfraces en la que los ganadores se llevan cinco segundos de fama mundial), aquellos que están viviendo el encuentro de manera más apasionada, ya sea con alegría o tristeza y, casi siempre, simplemente buscan la belleza femenina de los distintos países (en internet se pueden consultar cientos de entradas sobre las aficionadas más guapas del Mundial que, en gran medida, son capturas de estas tomas). Algunas de estas chicas --que podrían ser nuevas WAGs-- entran en éxtasis cuando descubren que las cámaras las están observando; se peinan o coquetean y mandan besos al mundo.

 

 

Es un poco afectado y rebuscado analizar esto, pasar la ubicua lupa semiótica. Pero, con el fin de ampliar un poco esta breve reflexión, jugemos con algunas ideas de lo que pasa con este fenómeno de bipolaridad producido por la particular respuesta que tiene el ego al saberse filmado --al verse siendo visto. Creemos que aquí ocurre una doble vertiente: por una parte, las cámaras omnipresentes nos hacen a todos actores (en una narcosis narcisista, como decía McLuhan) y, por otro lado, entregan una alegría televisada que justifica toda la producción previa al elegir a esa persona que se destaca y se siente destacada. El aficionado que se encuentra embebido en la dinámica de observar el partido es sorprendido y toma conciencia de sí súbitamente, pero es una conciencia mediada por la cámara (sin saber si mirar a la pantalla o a la cámara, en una extraña perplejidad multidimensional). Sale entonces de su trance de observador para entrar en el trance de ser observado; entra en personaje el fanático eufórico que está más allá del resultado, en la feria de la vanidad. 

Cientos de imágenes de fanáticos posando en su momento mundialista, como si salir en la toma oficial de alguna manera justificara los miles de dólares que han gastado para llegar ahí --o como el cliché del turista que necesita tomarse una foto en el lugar que visita (que es el que todos visitan) para darle realidad a su viaje--: la imagen reemplaza la memoria y la sensación vivida en el presente.

Por otra parte, esta constante búsqueda del espectáculo de las gradas, el llamado "color", ha molestado a más de uno: quejas sobre cómo, en ocasiones, por estar haciendo de paparazzis, los camarógrafos hacen que nos perdamos de las repeticiones o de detalles importantes en la cancha.

Así el Mundial con su extraña montaña rusa emocional y sus goles invisibles.

Twitter del autor: @alpeholo