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Artista embotella nuestras emociones para hacer cócteles vitales

Arte

Por: pijamasurf - 06/04/2014

En su pieza "Bottled Emotions", la norteamericana Taylor Kinsler empaqueta las emociones más cotidianas y nos las entrega junto con un "manual" para hacer cocteles para distintas situaciones de la vida

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En tiempos como estos, ¿qué significa estar “emocionalmente disponible”? La mayoría de nosotros estamos disminuidos de un lado o de otro, y esto se acentúa cuando los grandes eventos de la vida ocurren (muertes, rompimientos, bodas, cambios). La artista estadounidense Taylor Kinsler explora la repuesta desde un punto de vista hiper-pop y desde un formato que todos conocemos bien: el embotellamiento.

Mientras “embotellar las emociones” es, seguramente, lo peor que le podemos hacer al espíritu, Kinsler juega con la idea de mezclar una pieza de arte conceptual con el empaquetado. “Me interesó la idea de empaquetar algo intangible, y las emociones eran un interés… Comencé a pensar en cómo la gente siempre está emocionalmente drenada”, comenta para el Huffington Post.

Para su pieza, la artista embotelló emociones como amor, miedo, confusión, enojo, excitación y envidia, empatando cada una con un color. El proyecto también incluye un “libro tónico”, una suerte de manual de cocteles para estar "emocionalmente disponible" en distintos momentos de la vida (momentos, por lo demás, bastante gringos): Black Friday, Tráfico de centro comercial, Suéter cursi, Fruitcake de la abuela.

Para lograr los colores y las texturas, Kinsler uso pintura, detergente de lavandería, tinta y diamantina. “Yo diría que la mayoría de los ingredientes fueron escogidos de acuerdo al color y luego añadí ingredientes como semillas de soya a la envidia; semillas de envidia".

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El Ojo de la Cerradura: El Vermeer de Tim (un excelente documental dirigido por Teller y Penn)

Arte

Por: Psicanzuelo - 06/04/2014

Este formidable documental explora, como si se tratase de un experimento, la posibilidad de que pintores como Johannes Vermeer se hayan apoyado en cierta tecnología para lograr los resultados que llevaron a la pintura por un camino realista desde el Renacimiento

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El formato del documental televisivo muchas veces es menospreciado por cineastas autorales que no toman en cuenta la comunicación con el público, pues les resulta mucho más importante ganar algún festival internacional o, por lo menos, ser elogiados como "grandes artistas" por algún crítico importante. Por otro lado, tampoco es del interés de la mafia hollywoodense que busca a toda costa generar dólares mediante salas llenas o platos con la figura de los personajes, da lo mismo.

En el exitoso programa producido por Showtime, Teller -sí, ese simpático hombre de poca altura que forma dupla con Penn Jillette-, contando con un legendario acto de magia en un casino de Las Vegas, cabalga el formato televisivo y nos entrega una joya contemporánea titulada El Vermeer de Tim. Y qué mejor que un ilusionista sin agenda estética ni financiera, para intentar descubrir lo que pudiera ser el gran secreto de uno de los más grandes maestros de la pintura de todos los tiempos.

El pintor David Hockney (que aparece en la película) escribió un controversial texto sobre Johannes Vermeer (1632-1675), el genio holandés. Hockney puso en tela de juicio la pintura del Renacimiento y la posterior a éste, diciendo que era imposible llegar a tal nivel de realismo por medio únicamente del ojo y la mano, por lo cual debieron de haber existido apoyos tecnológicos para lograr tal misión. El texto se titula Secret Knowledge: Rediscovering the Lost Techniques of the Old Masters (Puedes conocer más al respecto aquí).

En el cortometraje documental animado De Artificiali Perspectiva, de los hermanos Quay, hay una interesante exposición sobre la técnica de la anamorfosis en pintura:

 

Teller es muy consciente de que el cine, al igual que la magia, por su naturaleza científica -y con más razón si contiene un método-, captura procesos dotándolos de nuevos significados. Así, se lanza a la misión de registrar el arduo esfuerzo de Tim Jenison, el inventor, desarrollador de software de animación 3D y millonario. Jenison, apoyándose en las teorías de Hockney intenta descubrir las técnicas con las cuales Vermeer lograba pintar escenas casi fotográficas.

La cinta sigue a Jenison en su viaje a Holanda, donde aprende holandés y estudia al pintor. Después se dedica a tomar medida y fotos del cuarto que aparece en su famoso cuadro La Lección de Música. Su intención es reproducir la pintura por medio de un aparato que, según su cálculo, es muy parecido a lo que utilizó Vermeer: una especie de cámara obscura que utiliza un lente curvo para definir con luz, de mejor manera, la figura que se va a pintar y, finalmente, con la ayuda de un espejo, permite trasladar las formas de la realidad al lienzo casi de una manera fotográfica.

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De forma muy impresionante, Jenison construye el cuarto con todos sus detalles en una bodega de San Antonio, Texas. Cada elemento que aparece en el cuadro es construido manualmente y luego, semana tras semana, sin nunca antes haber tomado un pincel, miramos cómo pinta un cuadro muy parecido al de Vermeer. En opinión de Jenison, el maestro holandés, más que un artista, era un genial inventor. 

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En la película de 134 minutos dirigida por Víctor Erice en 1992, El Sol de Membrillo, se registran íntimamente la pintura como un experimento y el método trazado con un plan por un pintor. En el filme, Antonio López, un artista consagrado, pinta un membrillo plantado en su jardín y, aunque lo ha hecho en otras ocasiones, esta vez lo intenta introduciendo los rayos del sol que pasan por las hojas. Este proceso nos aclara un poco la relación del arte con la ciencia: los inventores pueden tener más en común con los artistas de lo que creemos en nuestra cultura disociada. En El Vermeer..., después de la parte mencionada, Jenison dice: "Ahora vemos dos ramas cuando, en el inicio de la cultura, eran parte de lo mismo". El arte como parte de la ciencia, o al revés. Lo que funciona perfectamente en El Sol de Membrillo es la duración de cada secuencia, que intenta registrar los sucesos capturando esos tiempos de creación completos y lo que puede llegar a afectar al creador en su proceso. En esta secuencia, se observa la batalla del creador por capturar la escena por medio de la luz que hace que los objetos aparezcan de una manera u otra. Como vemos, el pintor toma la visita de su amigo como un mensaje para cambiar algo en la manera en que está pintando:


Jenison también tiene que fluir utilizando únicamente la luz natural que puede llegar a la habitación buscando igualar, en la medida de lo posible, lo que hacía el pintor holandés. En El Vermeer... todo el tercer acto parece pertenecer a un programa educativo que va registrando todo el proceso de creación a detalle, sin ninguna toma distractora, en el cual Tim se acerca a la naturaleza artística que la ciencia contiene.

A final de cuentas, aunque Tim haya podido descubrir e imitar el método de Vermeer, hay respeto ante el artista, dejando clara su postura como científico de que la genialidad de Vermeer se encuentra en la elección de una composición, de los colores y la posición de los objetos en el cuadro; en todas esas elecciones radica el sentimiento que finalmente tiene el espectador al contemplar la obra.