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Aprende todo lo que necesitas saber de las Bitcoin en una hora (VIDEO)

Por: pijamasurf - 06/02/2014

Una moneda anónima, alternativa, con capacidad limitada pero con nuevas opciones para las transacciones por Internet está ganando mucha tracción. Conoce todo lo que necesitas saber sobre los inicios y las implicaciones de utilizar Bitcoin y otras monedas virtuales.

bitcoin3El Bitcoin, así como otras nuevas soluciones a la creciente necesidad de "criptomonedas", despierta más emociones y dudas respecto a su origen y funciones que claridad en cuanto a su función. Gavin Andresen, uno de los miembros del consejo de la Bitcoin Foundation, define al Bitcoin y las monedas virtuales como "dinero para Internet". Pero más que una respuesta, muchas más preguntas vienen detrás.

En este panel del Milken Institute se produce una fascinante conversación tanto para no iniciados como para expertos en el flujo de las economías virtuales con las que nos toparemos todos los usuarios tarde o temprano en el futuro previsible, atendiendo problemas como la conversión de Bitcoins a moneda corriente, los cajeros automáticos de moneda virtual y la historia de las formas alternativas de pago en Internet, como PayPal, que hoy en día es visto como una opción necesaria para cobrar y pagar transacciones monetarias en la red.

¿Cómo funcionan las redes de código abierto? ¿Es necesario saber programar para utilizar Bitcoin u otras monedas virtuales como CoinX, Litecoin o GoCoin? ¿Qué regulaciones deben existir para maximizar la eficiencia de las monedas virtuales, limitando el escepticismo de los inversionistas tradicionales y permitiendo que la vigilancia gubernamental en una economía no centralizada geográficamente conviva con la misión de las monedas virtuales?

Pocos videos pueden explicar un tema complejo en una hora, y este sin duda es tanto una buena introducción como un buen panorama del futuro de la economía del Internet.

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¿Es ridículo sentirte feliz solo por un día soleado?

Por: Pedro Luizao - 06/02/2014

Alegrarte ante un día soleado podría apelar a un simple canon cultural o, por el contrario, ser parte de una genuina resonancia de nuestro organismo.

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A veces parece que mirar a través de una ventana y contemplar un día soleado, con cielo azul y blancas nubes contrastando, es suficiente para justificar un estado de felicidad. Y tal vez lo sea. Pero la cantidad de insumos culturales que respaldan esta asociación es suficiente como para cuestionar si este espontáneo brote de bienestar es algo natural o culturalmente inducido, si esto aplica para todos o, incluso, si tiene algún sentido estar reflexionando, escribiendo o leyendo sobre este tema.

De entrada, el hecho de que reaccionemos de forma tan predecible a un estímulo climatológico podría considerarse una especie de cliché anímico: frente a un día "hermoso" me siento comprometido a experimentar por lo menos un poco de felicidad –o en todo caso mi ausencia de felicidad está menos justificada ante mis ojos y los de mi tribu. Al respecto, un artículo publicado en The Philosophers' Mail, advierte que se trata de una actitud simplista y frívola:

En realidad nuestro comportamiento revela una devoción a una simple verdad, incluso simplista: la fe que depositamos en nosotros mismos y en nuestros prospectos de vida esta con frecuencia determinada por algo no mayor al número de fotones de luz en el cielo y los grados de calidez en el aire. El calor, las brisas placenteras, la intensa luz solar y las flores frescas pudieran jugar un rol crítico en evitar que nos dejemos caer. 

Al otro lado de la moneda tenemos los días nublados, que emergen con una discreción que para muchos puede ser aterradora –de hecho su formación es tan silenciosa que simulan siempre haber estado ahí, estáticos. Aquí no hay caritas felices flotando, la atmósfera es suficientemente incisiva para no permitirlo. Los músculos están más contraídos y, generalmente, las conversaciones diminuyen sus decibeles. Con un poco de suerte, tras algo de lluvia, las calles se inscriben con pedazos de espejo que duplican la perspectiva y abren puertas a los fantasmas y, si la fortuna es grande, entonces se activa la neblina y la materia deja de ser protagonista. El ritmo es otro. Y aunque en lo personal me parezca mucho más disfrutable el sol blanco, lo cierto es que a fin de cuentas corresponden a un plano tan efímero y exterior como los otros. 

Aludiendo a un ego filosofal, tan característico de los que se dedican al 'arte del pensamiento' y el cual se ha intensificado con la reciente camada de filósofos pop, el artículo de TPM acusa que reaccionar de forma tan profunda a estímulos tan 'limitados', como los ingredientes climatológicos: "El placer detonado por un buen clima es, en un nivel, absurdo. La gratitud por el sol pertenece a una categoría de satisfacción que parece humillantemente simple". En lo personal creo que es un juicio que denota snobismo intelectual, pues más allá de conceptos 'superiores' como amor, libertad, seguridad, etc, la verdadera delicatessen se encuentra en lo micro –por ejemplo en un charco interactuando con la copa de un árbol y el alumbrado urbano. 

Pero tratando de responder a las interrogantes iniciales, supongo que percibir los días soleados como detonador de alegría es, hasta cierto punto, un canon cultural, relacionado con una memoria histórica pero originado por una predisposición natural compartida por la mayoría de la tribu –aunque no por todos sus integrantes. Por otro lado parece que cualquier pretexto para auto-programarte, por ejemplo induciéndote un estado de ánimo, debiera ser valido. Y en este sentido parece que la clave estaría en desautomatizar tus propensiones anímico-culturales y entregarte, con indiferencia, a cualquier brisa que visite tu ventana –aunque en realidad nada de esto importa pues, a fin de cuentas, todo está permitido.