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5 razones que hacen de Dinamarca el mejor lugar del mundo para trabajar

Sociedad

Por: pijamasurf - 06/12/2014

En la mayoría de los países pensamos que es normal odiar nuestros trabajos, pero esto no tiene por qué ser la regla: los daneses están aquí para demostrarnos que el trabajo se puede pensar de otra manera

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Muchas encuestas citan a Dinamarca como el país más feliz del planeta, y no es coincidencia: han trabajo (aunque no mucho) para lograrlo. Esto es porque, en Dinamarca, trabajar te hace feliz. Mientras que en otros países el trabajo es percibido como una actividad que aporta poco o nada a tu desarrollo personal (y apenas un poco más a tu desarrollo económico), los daneses ven el trabajo como parte integral de su vida, como una actividad que los hace crecer y alcanzar sus metas.  

Pero, ¿por qué en Dinamarca el trabajo te hace feliz mientras que, en otros países, te hace sentir miserable? He aquí cinco diferencias fundamentales:

1. Un horario razonable de trabajo

Los daneses no sólo tienden a abandonar sus espacios de trabajo a horas razonables sino que tienen entre cinco y seis semanas de vacaciones al año, muchos días feriados y hasta un año de maternidad/paternidad pagada en caso de tener hijos.  

Mientras que, en muchos países, trabajar horas extra es algo que se celebra, las compañías danesas ven esto como un signo de que algo está saliendo mal. Los daneses saben que trabajar de más es malo tanto para la vida de los empleados como para su rendimiento laboral.

2. Más poder para el empleado

En la mayoría de los países, si tu jefe te da una orden debes cumplirla o estar en riesgo de ser despedido. En cambio, en ese mundo paralelo llamado Dinamarca se dan muy pocas órdenes y, si se dan, son tomadas más bien como sugerencias. 

El sociólogo holandés Geert Hofstede ha analizado la cultura de los negocios en más de 100 países según varios parámetros, uno de los cuales es la “distancia de poder”. Una alta distancia de poder quiere decir que la palabra de los jefes es como una ley divina. Según esta escala, un país como Estados Unidos tiene una distancia de poder de 40, mientras que Dinamarca tiene la más baja de todo el mundo: 18. En pocas palabras, los empleados daneses gozan de mayor autonomía y se sienten más empoderados en su trabajo. Basta un ejemplo: por ley, una empresa con más de 35 empleados debe abrir espacios en la mesa directiva para empleados elegidos por sus pares.

3. Un generoso seguro de desempleo

En Dinamarca, perder tu trabajo no es el angustiante problema que representa en otros países. Es más, su seguro de desempleo le da a los trabajadores hasta 90% de su salario original durante dos años. Esto hace que, si no te gusta tu trabajo, la decisión de renunciar y buscar algo más sea mucho más fácil. A diferencia de países en los que las personas permanecen en los trabajos que odian por miedo a perder su fuente de ingresos y su seguridad social, en Dinamarca las empresas deben mantener felices a sus empleados si es que no quieren perderlos.   

4. Entrenamiento constante

Desde mediados de 1800, Dinamarca se ha enfocado en proveer de una educación constante a sus trabajadores. Estas políticas se siguen aplicando y cualquier empleado que desee asistir a algún entrenamiento pagado puede hacerlo. Esto hace que los trabajadores daneses actualicen constantemente sus conocimientos y se mantengan a la altura de los retos que les impone un ambiente laboral en constante cambio.

5. Enfocarse en la felicidad

El danés comparte una palabra con los demás idiomas nórdicos que no existe en otros lenguajes: arbejdsglæde. Arbejde quiere decir "trabajo", mientras que glæde significa "felicidad": “felicidad en el trabajo”. Esta palabra es signo de una larga tradición de buscar que los trabajadores sean felices con lo que hacen.

En contraste, la actitud hacia el trabajo en muchos otros países es la visión del odio al trabajo como un estado natural. No se busca la felicidad de los empleados, porque simplemente no se considera que el trabajo sea algo que debe generar felicidad: “Si te estas divirtiendo, seguramente es porque no estás trabajando lo suficiente".

 Esto no quiere decir que todas las compañías danesas sean necesariamente paraísos laborales, pero sí que existe un terreno cultural y legal que es fértil para generar empleados más comprometidos, productivos y satisfechos con su trabajo. Definitivamente, Dinamarca es un ejemplo que deberíamos tomar en cuenta.

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Si educar es formar, la escuela debe de formarnos sexualmente
[caption id="attachment_79200" align="aligncenter" width="181"]Coition_of_a_Hemisected_Man_and_Woman Leonardo da Vinci, Coition of a hemisected man and woman[/caption]

Me vuelve a parecer sintomático y significativo el uso que se le da a la palabra educación cuando se la asocia a lo sexual. ¿De qué hablamos cuando hablamos de educación sexual?

Parece evidente que, en referencia a lo sexual, la educación se piensa básicamente como información. Educación sexual suele querer decir, para casi todo el mundo, información sexual. Es una iniciativa que se aceleró en los tiempos del VIH y está muy ligada al lado profiláctico de lo sexual. También guarda relación –aunque no tan directa-- con el embarazo precoz y, antes, con las enfermedades venéreas. La información sexual que nos protege de los riesgos que el sexo supone.

Y así se ha ido imponiendo.

No soy un experto ni un estudioso de los temas VIH, enfermedades venéreas y embarazo precoz, pero tengo entendido que hay alguna relación directa entre información y control. Tal vez.

Pero mi problema es otro. Eso de que educación sea tan “naturalmente” un sinónimo de información. Estamos ante un gran peligro (tan grave como los referidos antes, me parece): que los sistemas educativos en general sean remitidos y reducidos a sistemas informativos. Y en este caso de lo sexual, la asociación es directa y no la veo muy cuestionada. Es decir, que entendamos la escuela como un centro informativo.

También me inquieta –debo reconocer-- que lo sexual en la escuela sea remitido y reducido a profilaxis. No es ingenuo ni neutral. La escuela se vuelve a lo sexual para dominarlo, para domesticarlo, como suele hacer con todo lo demás (con lo digital, para citar otro ejemplo.). O por lo menos, para pretender dominarlo. Una sexualidad educada es una sexualidad dominada, aplastada por su profilaxis. La escuela no enfrenta lo sexual como una práctica humana básica y constitutiva, apoyada en la trama de valores que organizan y dan sentido a las personas o los grupos sociales. No digo que deba exaltarla, sino simplemente que la acompañe. Pero no lo hace. Entra cercándola. No nos habla del placer, de las posiciones relativas entre los enamorados, del amor en general, del goce, del extravío vital. Insiste con preservativos, sangres, ciclos menstruales, prostitución, homosexualidades, edades, maduraciones, zonas erógenas autorizadas y esas cosas. Entra al sexo por su lado menos carismático, como lo hace con la lectura. Pondera estereotipadamente y pune en lugar de acompañar y respetar. No deja ser.

Si la educación sexual se planteara desde una redefinición de la palabra educación, otra sería la historia. Educación como un proceso formativo, constitutivo. Educándome, me constituyo en quien soy. Soy más yo mismo. Me formo. Y la educación sexual sería abordada como la constitución sexual de los alumnos o, más aún, como la constitución de los niños; su formación, también a partir de lo sexual. Lo sexual me constituye.

Y entonces lo sexual se vuelve una instancia estructural de formación de las personas. En lo sexual se juegan los valores y las competencias fundamentales de la vida social. Las culturas se manifiestan en lo sexual y se ponen en juego en lo sexual. Lo sexual como una práctica social básica de la vida humana. Lo sexual en su más amplio sentido.

Y que todo eso entre en la escuela. Con todita su complejidad, su diversidad, su amplitud y su transversalidad. El componente sexual de esa comunidad es parte de esa comunidad. Es un condensador social. Y que la escuela lo aloje, lo dinamice, le abra espacios y, sobre todo, lo respete. Como la dimensión digital de nuestros niños.

No busquemos escuelas que nos devuelvan niños sexualmente educados. No se trata de eso. Exijamos escuelas que eduquen a nuestros niños también mediante su vida sexual. Que los formen en su sexualidad y para su sexualidad plena. Que los abran al mundo vital de la vida sexual humana. Que los acompañen, uno por uno, en su recorrido propio. Que los reconozcan como sujetos sexuales.

Es curioso, pero pensándolo mientras escribo me viene el recuerdo de que, así como con lo sexual la escuela usa la palabra educación, educación sexual, con lo cívico o lo ético la escuela opta por la palabra formación, formación cívica, formación cívica y ética, formación ciudadana… Es curioso. Creo que esto también se explica por aquella consuetudinaria “pacatería” que caracteriza a la escuela, que intuyó que si hablaba de formación sexual se habría metido en problemas de los que no hubiera conseguido salir ilesa.

Cambiemos –quiero decir-- la ubicua lámina del aparato reproductor femenino y la infografía del condón y sus mecanismos por imágenes de los besos, los abrazos, los cuerpos, los deseos, las vergüenzas, las caricias, lo erótico en general. Saquemos lo sexual de la clase de biología, ¡por amor de Dios! Reconozcamos que lo sexual ya está presente en la escuela y que si se lo trabaja bien, jalará los procesos porque es significativo aunque no queramos, por presencia o por ausencia.

Si educar es formar, la escuela debe de formarnos sexualmente. Ayudarnos a ser plenos en aquello. En rigor, la expresión más adecuada sería así: no se trata de formarnos sexualmente sino de, sexuales como somos, formarnos. (Siento, muchas veces, que las frecuentes sexólogas de la TV y la radio dan mucho mejor con la posición y el tono que estoy proponiendo que la escuela). Ayudarnos, que es un poco guiarnos y otro poco, dejarnos ser. Ir sacando a lo sexual de su nicho y volviéndolo –como es-- un eje transversal de la constitución subjetiva de los niños; una problemática que regresa todo el rato, a propósito de casi todo, y le da sentido a muchas de las cosas a las que hoy la escuela no consigue dar sentido. Toda una oportunidad.

Twitter del autor: @dobertipablo

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