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Tres libros recomendados para entender el México de hoy

Por: PijamaSurf Mexico - 05/23/2014

The Guardian incluye dos novelas y un trabajo periodístico que te darán luz sobre el México del siglo XXI

librosLos escritores son siempre una tribu aparte. Desde la intimidad de sus letras interpretan la realidad, la visten de una historia y dan lecciones entre líneas, usualmente, sobre las convencionalidades sociales. La literatura ha sido siempre compañera del progresismo; ahí se crean ideas que luego se contagian y se tornan en cultura.

México ha tenido grandes escritores como Alfonso Reyes, Octavio Paz, Juan Rulfo o Nezahualcóyotl. Este linaje se ha expandido a figuras propositivas como Carlos Fuentes, Jorge Ibargüengoitia y Carlos Monsiváis, quienes interpretaron México desde una perspectiva ciudadana. Hoy la literatura mexicana crece, por ejemplo, con las más de 80 editoriales independientes que existen.

El diario británico The Guardian hizo una selección de tres libros de literatura contemporánea imprescindibles para entender el México de hoy. Los compartimos:

1. Fiesta en la madriguera (Down the Rabbit Hole), de Juan Pablo Villalobos

En su novela debut de 2011, este escritor aterrizó una historia sobre la contraparte del narco: los hijos de los jefes del narcotráfico y sus mundos con poca libertad y peligrosos. Villalobos narra la vida de un niño que tiene mucho dinero, pero vive solo y conoce a muy pocas personas en su vida. ¿Cómo es la historia de los niños que nacen en esta cultura y este estilo de vida lleno de incertidumbre?

2. Los años con Laura Díaz, de Carlos Fuentes

Una novela épica de este escritor. La vida de Laura se desdobla a lo largo de casi un siglo de cambios en México y en el mundo. Es una fotografía detallada de un momento muy preciso en la historia de este país y, sobre todo, una luz sobre los estratos sociales en una nación tan desigual como México.

 3. Democracia interrumpida, de Jo Tuckman

La periodista británica radicada por 10 años en México hace una radiografía de la realidad política de México, elogiada por los críticos. Entre historias personales y análisis político, esta corresponsal teje la complejidad del desarrollo democrático obstaculizado por el PAN, la afrenta de la guerra contra las drogas, los feminicidios, y una clase media que al parecer sacará al país de sus conflictos.

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Así se ve la música (y se ve preciosa)

Por: Pedro Luizao - 05/23/2014

El CymaScope es un dispositivo que, utilizando el agua como vehículo, permite visualizar el sonido y la música

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Dentro de las múltiples herramientas de exploración con las que fuimos dotados, los sentidos juegan, sin duda, un papel protagónico. Este canal, fundamental para interactuar con 'lo demás', está organizado por carriles, uno por cada plano perceptivo, lo cual nos ayuda a acomodar nuestras experiencias y a recibir, simultáneamente, insumos de distintas naturalezas, por ejemplo sonoras y visuales, permitiendo que esta data se acomode. Evidentemente se trata de un increíble mecanismo de procesamiento, parte del exquisito diseño del cual emergemos. Pero, apelando a nuestra esencia exploradora, tarde o temprano teníamos que comenzar a jugar con la idea de traslapar los carriles, de combinarlos o invertirlos. ¿A qué huele el azul de Rothko?, ¿cómo se siente un poema de Byron? o ¿cuál es el sabor de un track de los Cocteau Twins?

La sinestesia es un 'desorden' neuronal que provoca una percepción conjunta de diversas sensaciones, tradicionalmente captadas por distintos sentidos, pero aquí combinados en un mismo acto perceptivo –oler música, sentir colores, etc. Probablemente, en algún momento de la historia, los primeros sinestésicos enfatizaron en la posibilidad de usar un sentido para captar información sensorial correspondiente a otro. Pero, sin descartar que pueda ser un estado inducible o programable, lo cierto es que en la mayoría de los casos, para alguien que no 'sufre' de sinestesia, es complicado penetrar ese plano. 

En el intento de materializar, de forma cruzada, un estímulo sensorial para ser captado por un sentido que no es el que originalmente le correspondería, se han desarrollado múltiples proyectos y dispositivos en los campos de la ciencia y la tecnología. Y uno de los más excitantes es el CymaScope.

Aprovechando que cada sonido tiene su propio sello vibratorio, el CymaScope utiliza el agua como vehículo para visibilizar los sonidos. Básicamente, lo que hace es grabar las vibraciones producidas por una onda sonora sobre la superficie de un contenedor con agua destilada –cuya tensión es tan alta que registra claramente las huellas de cada sonido. Curiosamente, al ver las formaciones que resultan de esta traducción de audio a visual, notamos que las ondas sonoras no se ven como una simple sucesión lineal sino que se combinan y entremezclan para crear configuraciones complejas, particularmente estéticas, que remiten a formas 'mandálicas', acuosas e hiper-responsivas. John Stuart Reid y Erik Larson, creadores del dispositivo, se refieren a esta peculiaridad: "Si tus ojos pudieran ver la música, a diferencia de lo que muchos creemos esta no aparecería como ondas, sino como hermosas burbujas holográficas con formas increíbles que recuerdan a un caleidoscopio". 

En otro plano, más allá de la estética, el CymaScope también está utilizándose en diversos contextos científicos, por ejemplo en el estudio del lenguaje de los delfines, gracias a lo cual los investigadores encontraron 'pruebas' que sugieren que estos mamíferos marinos utilizan, similarmente al ser humano, sonidos precisos para denominar formas o situaciones particulares. Incluso, los delfines podrían utilizar su sonar para percibir los sonidos emitidos por otros miembros a través de las manifestaciones visuales que estos detonan en el agua. 

El CymaScope es el primer dispositivo comercial para visualizar sonidos. Las aplicaciones que puede tener este estimulante 'juguete' son muchas, así como las reflexiones que potencialmente pudiera detonar: por ejemplo, la noción de que todo es, a fin de cuentas, información. Y que las herramientas para percibirla, procesarla y compartirla son proporcionales a nuestra imaginación, es decir, tal vez infinitas.