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Pirámide zen de privación sensorial (o la parafernalia de la espiritualidad doméstica)

Por: pijamasurf - 05/26/2014

Esta experiencia sin duda parece fascinante, pero nos hace pensar si esta reclusividad fantasiosa no será sino la promesa de un atajo hacia el reconocimiento del vacío

tienda zen

El zen, al igual que otras prácticas espirituales, nos enfrenta a una exposición acerca de la espiritualidad moderna que tiene un alto componente mercadológico con la esperanza de infundirnos la idea de que la iluminación es un producto más en el mercado.

Meditar así sean 20 minutos al día puede suponer una diferencia radical en nuestra manera de ver la vida (sin contar los enormes beneficios de salud); pero son proyectos como el Zen Float Tent los que marcan claramente la intersección entre iluminación y marketing.

Las cámaras aisladas de privación sensorial son una especie de tinas de alta tecnología que pueden costar hasta 30 mil dólares, o en sesiones aisladas incluso 70 USD.

El cuerpo se pone en suspensión sobre el agua tibia inundada con sales, por lo cual flotamos sin escuchar ni ver nada. Esta experiencia sin duda parece fascinante, pero nos hace pensar si esta reclusividad fantasiosa no será sino la promesa de un atajo hacia el reconocimiento del vacío. El vacío de la mente, como trabajo espiritual, no termina cuando la cámara de agua salada se vacía.

Al igual que los cacharros para hacer ejercicio que se vendían por televisión abierta durante los '90, una nueva generación de "cacharros espirituales" se abre paso a través de Kickstarter, donde un modelo doméstico de la cámara zen promete ser económicamente accesible para una mayoría ávida de renunciar al mundo sin renunciar verdaderamente a las cosas mundanas.

¿Espiritualidad open source o camino legítimo, como todos, para llegar a la percepción última del ser?

¿Quieres ser legislador y no tienes conocimiento alguno? En México es posible

Por: Ana Paula de la Torre - 05/26/2014

Estos funcionarios no requieren un mínimo de escolaridad, pero tampoco están obligados a acreditar conocimientos básicos sobre la realidad política, económica y social del país

dipLos diputados y senadores deciden una vasta gama de asuntos de relevancia colectiva (algunos altamente complejos). Como si el único requisito indispensable para resolver tópicos de gran trascendencia como la reforma energética o de telecomunicaciones fuera el probable ejercicio de sentido común, en México no se demanda ningún nivel de escolaridad (o conocimiento) para ser legislador.

Con el usual argumento de que un requisito educativo atentaría contra los derechos políticos de la población, tras casi dos siglos de contar con un poder legislativo en México (en 1821 se instauró un Congreso Constituyente), aún no se aplica un filtro básico que acredite la preparación de estos funcionarios. Recién se aprobó una reforma política,  pero tampoco se añadieron requisitos de conocimiento para los legisladores.

La lógica diría que, para decidir una nueva ley, como mínimo debe conocerse de derechos humanos, leyes, cultura general y sobre todo, dominarse datos sobre el estado socioeconómico del país: un panorama sobre salario mínimo, demografía, estadísticas sobre servicios básicos, salud o pobreza; pero el razonamiento dominante es que los legisladores tienen asesores técnicos para esos temas.

Sin asegurar que una licenciatura otorgará los conocimientos mínimos para ser un legislador enterado, lo cierto es que cerciorar que los tomadores de decisiones están bien preparados es elemental. Hace un siglo, cuando la escolaridad era ínfima (había 80% de analfabetismo), el argumento de la inhibición de los derechos políticos por exigir escolaridad era razonable. Hoy, esta lógica es limitada (la cobertura de preparatoria es de 71.3%, según cifras de la UNAM). Un examen de conocimientos básicos sería un instrumento primordial para depositar nuestra confianza en los tomadores de decisiones, y ese sería sólo el primer paso para afinar el poder legislativo en este país.

Twitter de la autora: @anapauladelatd

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