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Incluso la mujer que inventó el Día de las Madres odiaba la fecha por su consumismo desbordado

Buena Vida

Por: pijamasurf - 05/09/2014

Anna Jarvis pasó a la historia porque un día se le ocurrió celebrar a la Madre y reconocer así los logros de la mujer, sin darse cuenta que su idea sería transformada en una oportunidad más para lucrar y obtener ganancias económicas.

madresLa Madre es, fuera de toda duda, un símbolo poderoso, no siempre con los mejores efectos sobre la psique o la cultura pero importante en todos los casos. En algún momento de la historia de la humanidad, la fertilidad de la mujer se equiparó con la fertilidad de la tierra y ambas se veneraban como divinidades, a veces sintetizadas en una sola, como paradigma de la generación y sustento de la vida.

Con el tiempo, sin embargo, y en buena medida a causa del avance del sistema patriarcal, la Madre pasó a un segundo plano, quizá todavía venerada pero al mismo tiempo relegada a las alturas de un altar, marginada de la vida activa y las decisiones comunes. Entonces, para compensar, alguien inventó el Día de las Madres, por considerar que no se les reconocía como era debido.

Ese alguien, al menos en Estados Unidos, fue una mujer, Anna Jarvis, un personaje un tanto enigmático que tuvo la ocurrencia de organizar en una iglesia metodista de West Virginia el primer Día de las Madres de la historia, en 1908. Al comprobar el éxito de su convocatoria, Jarvis se apresuró a escribir y enviar unas cuantas cartas e impulsar así una campaña nacional de celebración materna a través de gestos simples pero emotivos: regalar un clavel blanco a tu madre, visitarla o acudir a la iglesia.

Para sorpresa de Miss Jarvis, su iniciativa fue bien recibida, aunque pronto se convirtió en algo que nunca quiso. Ya desde los primeros años del siglo XX, el sistema se apropió de la efeméride y, según su propia lógica, la convirtió en una más de sus mercancías. El Día de la Madres pasó entonces a ser un carnaval de consumismo, una inyección sentimental al mercado, la demostración del afecto por medio de las compras desenfrenadas: flores, chocolates, comidas costosas en restaurantes o, en tiempos más recientes, muebles, electrodomésticos, joyería, autos y muchos productos más.

Jarvis, es cierto, fue un tanto ingenua, pues en su momento recibió el apoyo del dueño de Wanamaker's, una de las tiendas departamentales más importantes de su época, quien seguramente se acercó a la mujer con propósitos claros en mente, los de la ganancia y las muchas ventas para sus almacenes.

Con todo, Miss Jarvis intentó desfacer lo provocado y en 1914, en los meses previos a que el Congreso de Estados Unidos otorgara al Día de las Madres carácter de fiesta nacional, realizó una segunda campaña pero ahora para impedirlo, criticando con encono a todo aquel que se lucraba con el afecto materno para provecho propio.

Pero el daño estaba hecho. Y con el tiempo incluso las madres aprendieron a medir el afecto de sus hijos a partir del precio del regalo que recibían.

La "pornografización" del fitness (sobre cómo sexualizar el cuerpo pone en riesgo su esencia)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 05/09/2014

Si el fin del ejercicio físico es la sexualización del cuerpo, se corre el riesgo de perder el sentido del propio cuerpo. Una veterana de la industria te explica por qué

Tosca Reno ha sido entusiasta del fitness durante medio siglo, y aún más allá de cumplidos los 40 años siguió modelando en posters y campañas de gimnasios y marcas de productos relacionados con el mejoramiento físico; esta perspectiva le permitió hablar sobre cómo la imagen de la mujer y el ideal sexual alimentan visiones erróneas y peligrosas acerca del fitness, el cual se ve como una glamourización de la salud y la objetivación del cuerpo.

"El peligro es que lo que las mujeres vean en las revistas de ejercicio les enseñe que es posiblemente para ellas", escribe Reno. En su ámbito profesional, "las mujeres están desesperadas por aparecer en publicaciones de fitness, ser glorificadas a través de una foto. Las mujeres harán cualquier cosa por estar ahí".

Las cosas que Reno ataca son una sentencia brutal: "Se matarán de hambre para estar lo suficientemente delgadas como para que la definición muscular se note, experimentarán con drogas recreativas y farmacéuticas, se prostituirán a los jueces y más...".

¿Entonces el fitness es algo que debe evitarse a toda costa? No necesariamente: para Reno, la salud y tener un cuerpo fuerte deben ser objetivos personales, de libre elección, y que impliquen erradicar la búsqueda de ese ideal de belleza de las revistas.

fitnessmagazine

En cierto sentido, Reno vuelve al viejo dictum de "Mente sana en cuerpo sano" cuando se pregunta: "¿Cuándo será aceptable levantar peso [y] construir confianza e inteligencia a la vez que fortalecer tu cuerpo, sin que te preocupe cómo se verá tu trasero en booty shorts?".

Sin importar si haces yoga, andas en bicicleta o te sometes a la tortura de los pilates, "la llave del fitness", según Reno, "es ser capaz de mover tu cuerpo en la manera en que está hecho para moverse".

Esta llave implica dejar de asumirse como arcilla de objetivación sexual para el deleite del otro y ponerse en forma "de manera funcional más que sexual"; esto significa: "ser capaz de ser poderos@ sin importar tu altura, tamaño de busto, talla de zapato o color de cabello. Te empoderas desde las profundidades de tu ADN porque hiciste el trabajo, ganaste tu lugar y caminas con confianza por ello".

Asistir al gimnasio es un ejercicio de confianza: "Lo que construimos en el gimnasio es un sentido de sí mismos y de lo que somos capaces de hacer".