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Pocas veces se da en la realidad un acontecimiento de estas dimensiones, dos genios se encuentran, uno de los mejores ilustradores del planeta decide dibujar a uno de los semidioses de la guitarra.

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Antes de subir al escenario, Jimmy Hendrix cortaba un par de estampillas de su planilla de LSD, las pegaba en su frente y las cubría con la banda que amarraba a su cabeza. O al menos eso cuenta la leyenda. Nadie lo ha confirmado, pero nos gusta creer que realizaba ese pequeño ritual, por alguna razón tiene más sentido que lo que realmente haya pasado. Necesitamos el mito. En otra época se hablaría sin dudarlo de posesión, el público extasiado vería a Dionisos tocando sobre el escenario. Hoy apenas tenemos un efecto químico y un inexistente gesto para creer que esa guitarra y esa descomunal música siguen conectados con la realidad.

Bajo la banda parpadea un tercer ojo. Hendrix es el chamán, el brujo que se burla de las leyes físicas que mantienen a la imaginación encerrada dentro de los cráneos. Su música es un eco que nos devuelve la orografía de otro mundo, un mundo en el que puedes caminar, nadar, disolverte. Hendrix es el encantador del fuego. Cada sonido surge como una bocanada de humo que se eleva en el aire y forma figuras que adquieren cuerpo y vida propia. Organismos que reptan como blandos tentáculos que lo inspeccionan todo, que evolucionan y desarrollan escamas, ojos, patas.

Moebius es simplemente un zoologo, un explorador que lleva un cuidadoso registro de las criaturas imposibles que encontraron en los paisajes sonoros de Hendrix su hábitat. Dibuja con todo detalle lo que los sonidos dictan a sus oídos, persigue a los habitantes de ese mundo hasta sus escondrijos, asiste a la corte, registra las ceremonias, sigue el camino del profeta viendo cómo descompone la realidad a cada paso.

Pero entonces la música para. Moebius suelta el lapiz, Hendrix abandona la guitarra, la aguja deja de rasgar el acetato. Todo sigue en su lugar, nada ha sucedido, o casi nada. El tiempo sigue mientras los planetas de estos dos genios se alejan en sus órbitas.

Twitter del autor: @sustanciaD

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El EDM, en su enajenante popularidad, ha hecho que muchas personas piensen que toda la música electrónica es igual

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En los últimos años, el EDM (Electronic Dance Music) se ha convertido en el género más popular de la música electrónica, llenando estadios en diferentes ciudades de mundo, en donde decenas de miles de jóvenes entran en un eufórico frenesí esperando a que el Dj tire el bajo y los eleve a la demencia colectiva. Dj's y productores como Tiesto, David Guetta, Steve Aoki, Skrillex, Swedish House Mafia o Avicii se han convertido en estrellas mundiales que cobran al nivel de los más grandes popstars. Su música puede oírse en los temas para el dancefloor de Madonna, Rihanna, Pitbull o Paris Hilton (quien, inspirada en estos, también es Dj).

No es exagerado preguntar, como hace Drew Ressler en el blog Disco Demons, si el EDM es lo peor que le ha pasado a la música electrónica. Y quizás, junto con el reggaeton, una de las cosas más pobres que le ha pasado a la música en general, conjurando sensaciones de euforia banal que hacen de los fanáticos una especie de autómatas programados por una fórmula primitiva: ravers pavlovianos salivando por la campana del "DROP". Al menos esta es la impresión que dejan muchas de estas sesiones multitudinarias de EDM --aunque, como siempre, existen excepciones.

Lo que resulta un poco preocupante es que el EDM antes era un término más amplio en el que cabía todo tipo de música electrónica (como el nombre claramente lo indica): techno, house, trance, dubstep, drum & bass y otros. Pero actualmente el término se ha convertido en un genérico, abarcando todo tipo de subgéneros como si fuera el tronco central de la electrónica y haciendo que muchas personas piensen inmediatamente en uno de los Dj's antes mencionados cuando se habla de música electrónica o de música dance. Esto deja mal parada a la música electrónica. 

El EDM se caracteriza por melodías simples y pegajosas con vocales que rápidamente se pueden cantar una vez que se escuchan, sintetizadores sucios o arenosos, un poco de white noise y generalmente un drop: el clímax que revienta cuando se deja "caer" el bajo. La primera parte de esta definición es muy similar a lo que todos conocemos vagamente como "la música pop", la música producida con un fin comercial, generalmente por grandes disqueras que  fabrican a los "artistas" como la imagen cosmética para dar a conocer la música. Los artistas y la música forman un ensamble estratégico --según estudios de mercado, tendencias de consumo y fórmulas preestablecidad de manufactura del sonido-- para ser del agrado de la masas, apelando a emociones básicas en sus aspectos menos sutiles (casi como una forma de hipnosis masiva). El EDM ha sido descrito como "predecible", "robótico" y "cheesy" (un término que hace referencia a las emociones baratas que genera la música con una pseudo-épica).

Los Dj's son considerados estrellas con personalidades de rockstar, exigiendo enormes cantidades de dinero para tocar los botones, y montando espectáculos llenos de pirotecnia orientados a producir un efecto de euforia como si se tratara de un rollercoaster o de un blockbuster hollywoodense. Un ejemplo hiperbólico de la escena del EDM es la genial parodia que realizó Andy Samberg en el programa de comedia Saturday Night Live este sábado pasado. Samberg aparece como el Dj Davvinci (spoof de Avicii), un mercenario de la música dance que cobra un botín (incluso pasando su terminal para exprimir hasta el último centavo), y aguantando hasta el último momento el apoteósico DROP: punto en el que los fácilmente impresionables fanáticos estallan como zombies en la pista. Y todavía jactándose: ESTO SÍ ES MÚSICA.

Lo más lamentable del EDM es que, al supuestamente ser representativo de la música electrónica para bailar, en ocasiones puede actuar como una reja que hace más difícil que nuevas generaciones encuentren artistas con propuestas verdaderamente interesantes y auténticas --o que valiosos artistas no logren consolidarse si su música no es muy compatible con los estadios o las discotecas de miles de personas en Ibiza y las estrategias de mercado. 

Ya sea que te guste más el techno, el house, el minimal, el dubstep, el psychedelic trance, el ambient, el IDM (la versión más inteligente del EDM) o cualquier otro género, te invitamos a explorar un poco más profundo en el amplio salón de la música electrónica. El EDM, aunque parece comerse el mundo en estos momentos, seguramente perecerá en algunos años. La música electrónica, sin embargo, vivirá mucho tiempo más y seguirá desarrollando a algunos de los artistas más refinados e importantes de la historia musical.