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Pocas veces se da en la realidad un acontecimiento de estas dimensiones, dos genios se encuentran, uno de los mejores ilustradores del planeta decide dibujar a uno de los semidioses de la guitarra.

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Antes de subir al escenario, Jimmy Hendrix cortaba un par de estampillas de su planilla de LSD, las pegaba en su frente y las cubría con la banda que amarraba a su cabeza. O al menos eso cuenta la leyenda. Nadie lo ha confirmado, pero nos gusta creer que realizaba ese pequeño ritual, por alguna razón tiene más sentido que lo que realmente haya pasado. Necesitamos el mito. En otra época se hablaría sin dudarlo de posesión, el público extasiado vería a Dionisos tocando sobre el escenario. Hoy apenas tenemos un efecto químico y un inexistente gesto para creer que esa guitarra y esa descomunal música siguen conectados con la realidad.

Bajo la banda parpadea un tercer ojo. Hendrix es el chamán, el brujo que se burla de las leyes físicas que mantienen a la imaginación encerrada dentro de los cráneos. Su música es un eco que nos devuelve la orografía de otro mundo, un mundo en el que puedes caminar, nadar, disolverte. Hendrix es el encantador del fuego. Cada sonido surge como una bocanada de humo que se eleva en el aire y forma figuras que adquieren cuerpo y vida propia. Organismos que reptan como blandos tentáculos que lo inspeccionan todo, que evolucionan y desarrollan escamas, ojos, patas.

Moebius es simplemente un zoologo, un explorador que lleva un cuidadoso registro de las criaturas imposibles que encontraron en los paisajes sonoros de Hendrix su hábitat. Dibuja con todo detalle lo que los sonidos dictan a sus oídos, persigue a los habitantes de ese mundo hasta sus escondrijos, asiste a la corte, registra las ceremonias, sigue el camino del profeta viendo cómo descompone la realidad a cada paso.

Pero entonces la música para. Moebius suelta el lapiz, Hendrix abandona la guitarra, la aguja deja de rasgar el acetato. Todo sigue en su lugar, nada ha sucedido, o casi nada. El tiempo sigue mientras los planetas de estos dos genios se alejan en sus órbitas.

Twitter del autor: @sustanciaD

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La Orquesta Sinfónica de Colorado ofrecerá conciertos para que se consuma cannabis con la música

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/13/2014

Classically Cannabis: The High Note Series permitirá a los asistentes consumir libremente marihuana mientras son deleitados por música clásica en vivo

Inside Boettcher

No hay duda que vivir en Colorado tiene sus ventajas: se tienen preciosas montañas para esquiar o explorar y se tiene una amplia gama de actividades estimulantes por hacer, especialmente desde que se aprobó el uso recreacional de la cannabis a inicios de este año. 

A tan sólo unos meses de su aprobación, se estima que este año la industria de la cannabis dejará cerca de 100 millones de dólares en ingresos fiscales al estado de Colorado. Por si eso fuera poco, la industria de la marihuana también busca aportar a la cultura del estado y apoyar a la Colorado Symphony con una serie de eventos en los que se podrá consumir marihuana mientras se disfruta de música culta.

Classically Cannabis: The High Note Series será una seguidilla de eventos en los que los invitados podrán traer su propia marihuana y en los que se generará dinero para apoyar a la orquesta. 

El evento será patrocinado por Edible Events, una compañía dedicada a celebrar lo mejor de la gastronomía y de la cannabis en un entorno cultural, y que busca legitimizar la industria de la planta, haciendo de ella un actor en la comunidad artística del estado.

Doble elevación: oír una interpretación en vivo de Rachmaninoff, Mahler, Mozart, Debussy o algún otro compositor acompañado de total libertad para comer spacecakes o prender un vaporizer y dejarse acariciar por la música psicoactiva. Porque, como los consumidores de cannabis bien saben, una de las cosas que hace el THC es enriquecer la experiencia auditiva de los usuarios. Así, esta serie de la Nota Alta parece ser un coctel perfecto, ganar-ganar: altruismo cultural y psiconáutica gourmet.