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El EZLN desaparece al Subcomandante Marcos: era una botarga, un holograma

Por: PijamaSurf Mexico - 05/25/2014

El “holograma” y “botarga” que hizo que el mundo volteara a ver la marginación indígena deja la diligencia del movimiento. El hoy extinto Marcos aconseja ver la vida con humor; ahora se llama Galeano

SUBCOMANDANTE-MARCOS-HQ2.jpg-HQ-62En pleno siglo XX los indígenas en el mundo proseguían, al igual que hoy, en sus luchas. Cuando el planeta se adentraba en la globalización aclamada por los líderes mundiales, y México firmaba un tratado comercial (TLCAN) que, en la teoría de los políticos, integraría al país al primer mundo, un grupo de indígenas liderados por un mestizo de clase media, el subcomandante Marcos, se erigía como un movimiento en defensa de su dignidad, y daban una lección al mundo: la marginación de los oprimidos de las conquistas se alimentaba, quizá más que nunca, de la dinámica neoliberal.

La lucha por la autonomía de los pueblos que son excluidos por el sistema capitalista de la acumulación y por el sistema político de la “modernización” aún sigue. Aunque muchos creen que el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se trató de un movimiento sin frutos, en la discreción de su filosofía, hoy viven en Chiapas en comunidades autónomas que con sus propios gobiernos, organización y cosmogonía desafían a un mundo que avanza en la dirección del consumismo y la acumulación.

El legado más potente de los pueblos nativos es quizá el recuerdo de que existen otras formas posibles de vivir; la cultura es una creación, una que se ha ido por un camino individualista (pero que es moldeable). En el marco del homenaje a Galeano, el zapatista recientemente asesinado, el subcomandante Marcos, anuncia su renuncia como vocero del zapatismo. En un memorable escrito describe un asunto por demás ridículo; y es que, si no hubiera sido por una cara mestiza, el mundo acostumbrado a ignorar las demandas indígenas tal vez hubiera menospreciado el levantamiento armado. De esta forma, Marcos sólo fue una invención estratégica del verdadero zapatismo; una botarga, un holograma. Ahora, en honor al insurgente Galeano, Marcos deja de existir para llamarse Galeano.

Aquí el comunicado del hoy extinto Marcos:

Fragmentos:

Y para que esa impertinente que es la muerte quede satisfecha, en su lugar de Galeano ponemos otro nombre para que Galeano viva y la muerte se lleve no una vida, sino un nombre solamente, unas letras vaciadas de todo sentido, sin historia propia, sin vida.

Así que hemos decidido que Marcos deje de existir hoy.

Quienes amaron y odiaron al SupMarcos ahora saben que han odiado y amado a un holograma. Sus amores y odios han sido, pues, inútiles, estériles, vacíos, huecos.

No habrá entonces casa-museo o placas de metal en donde nací y crecí. Ni habrá quien viva de haber sido el subcomandante Marcos. Ni se heredará su nombre ni su cargo. No habrán viajes todo pagado para dar pláticas en el extranjero. No habrá traslado ni atención en hospitales de lujo. No habrán viudas ni hereder@s. No habrán funerales, ni honores, ni estatuas, ni museos, ni premios, ni nada de lo que el sistema hace para promover el culto al individuo y para menospreciar al colectivo.

Si me permiten un consejo: deberían cultivar un poco el sentido del humor, no sólo por salud mental y física, también porque sin sentido del humor no van a entender al zapatismo. Y el que no entiende, juzga; y el que juzga, condena.

Podrán decir luego que lo del personaje fue ocioso. Pero una revisión honesta de esos días dirá de cuántas y cuántos voltearon a mirarnos, con agrado o desagrado, por los desfiguros de una botarga.

En un principio la ciudadanía mexicana fue acertadamente encriptada en una tarjeta para ejercer el voto, cuyo objetivo primordial era garantizar que el ciudadano que votara no estuviera envistiendo una identidad falsa ni reproduciendo votos al por mayor

imagesSoñé con un muerto al que conservaban con resinas y bálsamos. Al inicio, la intención era conservar sus rasgos, mantener su expresión cotidiana, tenerlo presente como si participara de la vida por el simple hecho de estar en cuerpo presente. 

Sin voz, sin posibilidad para movilizarse, el cadáver era considerado un vivo más pero sin voluntad propia. Los que si vivían decidían donde acomodarlo: en la cama, en el comedor; a veces les estorbaba y lo acostaban en la tina del baño, otras más lo colocaban entre otros vivos y más disecados para engrosar la agrupación. Su destino era considerado democrático, ya que antes de morir había firmado de propio puño la autorización para ser embalsamado y el acuerdo de su estado post mortem incluía algunas cláusulas en las que contaba con el derecho de elegir quien movería su cuerpo inerte. Ya muerto, daba lo mismo quienes se harían cargo de su contenido de putrefacción.

La identidad puede quedar embalsamada con diferentes materiales y por distintas razones. En un principio la ciudadanía mexicana fue acertadamente encriptada en una tarjeta para ejercer el voto, cuyo objetivo primordial era garantizar que el ciudadano que votara no estuviera envistiendo una identidad falsa ni reproduciendo votos al por mayor. La justificada paranoia que producía la incertidumbre de los procesos electorales después de 1988 generó un fenómeno que superó el registro de ciudadanos dispuestos a votar previo cotejo de su identidad. La credencial de elector se convirtió en la aspiración de quienes carecían de documentos oficiales porque abría la posibilidad de demostrar sin obstáculos la nacionalidad mexicana, el cobro de cheques sin rechazo bancario, el acceso a edificios con control de entrada, el registro de hijos en las escuelas, la recepción de medicamentos en el seguro social, la solicitud de un crédito de vivienda.

La credencial se volvió el comprobante oficial de la ciudadanía mexicana. Y así como en una caricatura, los derechos de participación política se restringieron a votar. A diferencia de lo que la Constitución señala, para ser votado en este país se necesitan mucho más cosas que ser ciudadano: incorporarse a un partido político o conformar uno (a sabiendas de que se tendrán que repartir despensas y acarrear personas para formar asambleas vacías de contenido). Si alguien se anima a ser candidato independiente, pues tendrá que conformar una asociación civil y después juntar el triple de firmas que se le piden a un partido político. 

Por otro lado, si algún mexicano imaginaba participar políticamente a través de la iniciativa ciudadana y redactar una ley para después conseguir las miles de firmas requeridas con la esperanza de que se discuta seriamente y se vote en el Congreso, debe esperar sentado, atrapadito ahí como en la foto infantil de su credencial, porque difícilmente la propuesta será leída, revisada y mucho menos votada por los legisladores.

O si pensaban que podían premiar a algún legislador o presidente municipal por su buen desempeño y reelegirlo, me temo que tendrán que reposar, zambullidos en la tina, a que la cúpula del partido decida si les resulta conveniente o no postularlo para reelección.

Las posibilidades de ejercer la ciudadanía para algo más que no sea votar (por los mismos de siempre o por sus hijos o yernos) están nulificadas.  

Y me temo que los químicos con los que embalsamaron nuestra identidad ciudadana tienen aún más implicaciones.Las buenas intenciones de quienes nos motivaron a sacar la credencial de elector para conformar una lista confiable que impidiera a toda costa el mal uso del voto, han sido rebasadas por los partidos políticos.  

No por tener credencial puedo ejercer mi ciudadanía realmente. En cambio, a los partidos políticos les representa enormes ganancias el hecho de que cada día más ciudadanos saquen su credencial. Por cada credencial nueva se suma 75% de un salario mínimo a la bolsa de los partidos políticos. 

La conformación de un padrón electoral sin duda se impulsó con las mejores intenciones y facilitó la comprobación de la identidad con la misma tarjeta. Pero la realidad es que 60% de los que tienen credencial de elector no asiste a las urnas, y apuesto a que entre el resto de los que sí votamos nos encontramos muchos que no lo hacemos con entusiasmo, sino por elegir al menos peor. 

Es indispensable que solicitemos que la credencial electoral no sea la única referencia de identidad para la realización de trámites oficiales. Es necesario que exijamos que el dinero de los partidos políticos no esté amarrado al número de credenciales de elector que hay en el país. Si queremos que nuestra ciudadanía sea una práctica viva, ágil, con movimiento propio, es urgente que desvinculemos nuestra identidad de la tarjeta electoral.

Nos han hecho creer que la ciudadanía se concentra en el voto; mientras sigamos identificándonos con esa constreñida imagen de nuestras libertades ciudadanas, no seremos mas que un cadáver descompuesto al que se le conduce sin mayor resistencia.

 

Twitter de la autora: https://twitter.com/maiteazuela