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Con esta tercera entrega Christian Bronstein termina de desentrañar la madeja del patriarcado y su relación con el decadente sistema económico actual.

 

 **Lee la primera parte aquí y la segunda acá**

“…un orden patriarcal agonizante que se defiende en sus últimos estertores, pero que lleva en su vientre, como una madre, algo que es su destino: llegar a parir.”

                                               -Claudio Naranjo.

 

“Porque el poder que dirige al patriarcado, el poder que está violando la tierra… ha de ser transformado. Ha de haber un contrapeso a todo este frenesí, aniquilación, ambición, competición y materialismo.”

-Marion Woodman.

 

I. El patriarcado inconsciente

La creciente inclusión de la mujer en los ámbitos culturales y políticos desde fines del s. XIX fue consecuencia de la puesta en crisis y desarticulación de forma cada vez más creciente del fundamento de la organización social en Occidente: la familia patriarcal, caracterizada por la autoridad unilateral ejercida por el padre, jefe de familia y dueño del patrimonio (literalmente, “lo recibido por línea paterna”) que incluía tanto los bienes materiales como los esclavos, la esposa y los hijos. En cierto modo, los movimientos feministas del siglo XX han logrado grandes triunfos históricos, al hacer equivalentes muchos de los derechos sociales de hombres y mujeres en la mayoría de los países de Occidente. El voto femenino, el derecho al divorcio y el empleo igualitario, pueden ser considerados, quizás en igual medida, tanto triunfos de la expansión del feminismo como del desarrollo general de una conciencia humana más democrática y liberal. Otros derechos sociales, como la interrupción voluntaria del embarazo (el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo), están ya contemplados por la ley en numerosos países del mundo, y en muchos otros están actualmente en discusión. 

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En las primeras etapas del feminismo, generalmente se había supuesto que el patriarcado fue sólo un cambio en las relaciones sociales de poder que sentó las bases para el sometimiento de las mujeres por los hombres. Sin embargo, como hemos visto a lo largo de los artículos precedentes, no podemos entender al patriarcado únicamente como un modo de relaciones sociales de poder, sino como una lógica simbólica fundamental que ha configurado nuestra historia humana y sobre la que se han sostenido o construido todos los aspectos de nuestra cultura. ¿Qué es, entonces, el patriarcado  hoy en día?

Desde un punto de vista psicológico, el establecimiento del patriarcado en lo inconsciente colectivo no se tradujo únicamente en una “mejoría” social para los hombres, sino principalmente en la imposición de roles endurecidos y universalizados que definieron y delimitaron culturalmente el comportamiento socialmente aceptable de los hombres y las mujeres, constriñendo a ambos géneros por igual en sus posibilidades de expresión, no sólo políticas y sociales, sino en la propia expresión de su ser. “En los dos casos los rasgos positivos que tradicionalmente se han asociado a cada uno de los dos sexos, se han convertido en caricaturas frustrantes  de  lo  que  hombres  y  mujeres  deberían  ser”. (Myriam Miedzian, Chicos  son,  hombre  serán, 1995).

En la cultura patriarcal, irónicamente, el hombre ha sido forzado a ajustarse a una imagen extremadamente estrecha y mutilada de sí mismo: la de una virilidad fuerte, inflexiblemente segura, exclusivamente racional, con la que no son compatibles la debilidad, ni el miedo, ni la tristeza, ni la sensibilidad emocional, ni la empatía, ni la expresión estética, ni las demostraciones profundas de afecto. En la mística de la masculinidad patriarcal, todos estos rasgos son considerados implícitamente femeninos y, por lo tanto, degradantes. “Este código ético es interiorizado desde la infancia por los varones desde distintos ámbitos [...]: el familiar, el educativo, el de las relaciones entre iguales, el deportivo y el de la cultura de masas. Por mandato social, el hombre tiene que aprender a reprimir y ocultar sentimientos […] Para construir esta personalidad el hombre “no llora”, no siente miedo, se controla y evita caer en debilidades afectivas [...] Transgredir cualquiera de los preceptos sociales que le califican como “hombre de verdad”, puede suponer poner en duda su masculinidad y ser tratado como no masculino o afeminado con el carácter de inferioridad que ello conlleva. Por eso, si hay algo peor que “no ser hombre” es ser homosexual, porque esto le acercaría mucho más a ser femenino, que es la mayor categoría de inferioridad.” (López Castro, Cómo influye el patriarcado en la masculinidad arquetípica, 2007). El hombre patriarcal, además, para consolidarse como tal, debe ser un conquistador, debe competir y triunfar en la guerra individualista por conquistar espacios de poder (donde poder equivale a acumulación de dinero y status social). En términos económicos, esa guerra se ha traducido en capitalismo global.

Por su parte, la mujer patriarcal fue considerada casi exclusivamente en dos estereotipos masculinos contrapuestos que pasarían a confinar su destino o etapas inevitables en su vida: el de mujer-objeto y el de madre. Fuera de estos estereotipos, la mujer sería definida como un ser obediente, pasivo, carente de pensamiento crítico o capacidades intelectuales que le permitan ser tenido seriamente en cuenta en las cuestiones importantes de la sociedad. “La mujer no ha jugado en ella ningún papel protagónico o relevante, si acaso el de cumplir el papel de una compañera cuya tarea es dar sosiego al conquistador, darle más hijos (que sean varones preferentemente) y que sea capaz de reproducir en el espacio doméstico (único espacio en el que encuentra su “realización”) la educación y los valores masculinos” (Arturo Toscano Medina, La filosofía, la mujer y la cultura, 2001).

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La revolución feminista significó en gran medida el cuestionamiento de estos prejuicios patriarcales, abriendo las puertas a las mujeres para integrarse de forma más igualitaria en las esferas laborales e intelectuales de la cultura. Pero si bien hoy se reconoce cada vez más colectivamente en la sociedad occidental que las mujeres tienen las mismas capacidades intelectuales que los hombres y gozan cada vez más de sus mismos derechos, su inclusión social ha sido en  términos de “lo masculino”. En este sentido, en el siglo XX muchas mujeres abandonaron la identificación inconsciente con los estereotipos femeninos tradicionales del patriarcado para abrazar el estilo heroico “masculino” de la modernidad competitiva sedienta de logros capitalistas en la arena del mercado. “En los primeros días del feminismo, por ejemplo, muchas mujeres quisieron disipar el mito de la biología como destino y demostrar la capacidad de la mujer para pensar claramente, gobernar con autoridad y alcanzar lo que alcanzan algunos hombres. A resueltas de ellos, algunas mujeres se volvieron adictas a la embriagadora fiebre de la productividad, convirtiéndose en adictas al trabajo y pretendiendo ser «supermujeres». Así como sus madres pueden haber sacrificado el trabajo por el amor, ellos pueden haber sacrificado las relaciones amorosas en beneficio de sus carreras […]. Ahora las mujeres dicen sentirse insatisfechas con estas nuevas sendas, lamentando la pérdida de la feminidad […], de perder el contacto con nuestros instintos femeninos, al haber dado prioridad al desarrollo de la identidad individual a costa de los valores de relación.” (Connie Zweig, Ser mujer: el nacimiento de la feminidad consciente, 1990).

En su rol de objeto-sexual, la mujer ha pasado de ser el atractivo trofeo del varón conquistador a un objeto más de consumo en la sociedad capitalista, reproducido e impuesto por los medios hegemónicos de comunicación, especialmente a través de la publicidad, cuyo objetivo no es sólo vender un producto, sino una imagen ideal y un estilo de vida acordes con los valores de la sociedad de mercado. Los estereotipos de la normalmente inalcanzable “feminidad ideal” impuestos por el mercado ejercen una enorme presión social en la mujer actual, la cual suele traducirse en frustración y en variadas patologías psicológicas.

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Sin embargo, estos roles estereotipados y patológicos, en la medida en que comienzan a volverse conscientes, se están viendo debilitados, flexibilizados y cuestionados de manera cada vez más creciente. Su transformación puede ser considerada como un aspecto inevitable de la necesidad colectiva de evolucionar hacia una nueva cultura.

 

II. Individualidad y Comunión

En sus investigaciones experimentales sobre el desarrollo temprano de la personalidad en niños y niñas en los años ochenta, la psicóloga y filósofa Carol Gilligan descubrió que existen ciertas tendencias innatas de carácter entre uno y otro sexo. Gilligan, que se convertiría en la primera profesora de estudios de género en la Universidad de Harvard, concluyó que existe una tendencia natural en los hombres hacia el individualismo, mientras que en las mujeres hay una tendencia a poner el acento en las relaciones entre las personas. En el ámbito ético, los hombres tienden a pensar en reglas formales y abstractas, insistiendo en la importancia de la autonomía del individuo y de la adecuación al derecho, mientras que las mujeres tienden a considerar las cosas en términos contextuales, relacionales, a pensar en términos de comunidad y a otorgar más importancia al respeto y las responsabilidad con los otros.

Siguiendo las investigaciones de Gilligan, podríamos decir que el sexo masculino tiene una tendencia innata al desarrollo de la autonomía, pero teme en cierto modo las relaciones, mientras que el sexo femenino tiende a valorar más profundamente las relaciones, pero tiene dificultades con la autonomía. “Hoy en día hemos llegado a un punto crítico de la evolución, un punto en el que los roles sexuales primarios −hiperautonomía para los hombres e hiperrelación para las mujeres− están siendo, en cierto modo, trascendidos; un punto en el que los hombres deben aprender a aceptar su ser relacional y las mujeres deben aprender a aceptar su autonomía.” (Ken Wilber, Breve historia de todas las cosas, 1997).

No es difícil percibir, entonces, cómo nuestra actual cultura se ha erigido sobre un desequilibrio básico de prioridades, en el cual los valores considerados “femeninos” (la cooperación, la empatía, la solidaridad y la preocupación por el bien común) se han infravalorado o relegado a la esfera de los ideales utópicos y humanitarios, mientras que los valores “masculinos” (el individualismo, la competencia y el self-made man americano) han determinado la lógica de las relaciones sociales a través de la cuales nuestra sociedad funciona, una lógica cuyo principal objetivo es privilegiar a los nuevos conquistadores y reyes del mundo, aquellos que alcanzan la cima de la pirámide del mercado (o que ya se encuentran en ella). “Los problemas a los que nos enfrentamos hoy aumentan por la definición de una individualidad que ha llegado a significar una simple búsqueda del yo, y una democracia que ha perdido también su significado […]. En nuestro sistema competitivo, parece que pensamos que uno debe arreglarse por sí mismo. Una vez más, las partes están funcionando sin consideración al interés del todo. Gran cantidad de personas crece sin ningún sentimiento de pertenecia a la comunidad y carecen de sentimientos de lealtad y ayuda a los demás […] Una de las principales dificultades es que la mención del amor en cualquier marco que no sea fundamentalmente personal se ha convertido en algo sentimentalizado, emasculado, relegado a la imagen de la escuela dominical de una efímera idealización. Se escriben libros enteros de psicología en los que no se encuentra ninguna mención al amor. Sin embargo, el amor sigue siendo la dinámica más esencial en el funcionamiento sano de la sociedad.” (John Weir Perry, La evolución de la conciencia, 1988).

Este desequilibrio ha dado lugar a una civilización que, a pesar de su desarrollo técnico e intelectual, sigue sosteniéndose, aún hoy, sobre una lógica despiadada, en la cual las relaciones de dominación, explotación (del hombre y del medio ambiente) y desigualdad extremas se han naturalizado al punto de volverse imperceptibles para la mayoría de las personas. Como reflejó la implacable pregunta del presidente uruguayo José Mujica en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable del año 2012: “¿Es posible hablar de solidaridad y de que “estamos todos juntos” en una economía que está basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?”

Individualidad y comunión, sin embargo, podrían ser valores fundamentales para construir una cultura equilibrada. Mientras que los totalitarismos de Estado pueden ser contemplados como expresiones sociales desequilibradas (y, en última instancia, falsas) del principio de Comunión, en donde la individualidad queda subsumida y aplastada por su adecuación a una fuerza impuesta desde un poder estatal concentrado, autoritario y jerárquico; el neoliberalismo capitalista, por su parte, puede ser visto como una expresión desequilibrada del principio de Individualidad, en donde la libertad colectiva se ha identificado con la libertad de los mercados (desregulación económica) y la libertad y el desarrollo personal se han identificado con la noción de una ilusoria libertad de consumo o, en su defecto, una promesa de libertad individual ganada “con el sudor de la frente” a través de una justificada y glorificada competencia social: “En el capitalismo mágico, somos todo lo libres que nuestro dinero puede pagar, dado que tal y como reza su primera ley: "la libertad de las personas es inversamente proporcional a la libertad de los capitales"”(Rafa Cuadrado, La necedad de vivir sin tener precio, 2012).

La imagen del desarrollo individual dentro del capitalismo depende entonces exclusivamente de una ilusoria meritocracia mercantilista que, aunque fuera real, representaría la antítesis de una verdadera cooperación colectiva, no resumiéndose en otra cosa que una lucha egocéntrica por el poder. En este sentido, el desarrollo del capitalismo neoliberal posmoderno puede ser contemplado como la expresión socioeconómica de la estructura egocéntrica de conciencia que predomina actualmente en nuestra cultura, de una individualidad que ha devenido en individualismo narcisista y alienante y que necesita desesperadamente reconocer su lugar en la unidad mayor en la que existe. “Es verdad que [en el capitalismo] no existe nada ni remotamente parecido a la igualdad de oportunidades, pero incluso si existiera, el sistema de todos modos sería inaceptable. Supongamos que los dos corredores largan exactamente del mismo punto, usan el mismo calzado y todo lo demás. Mientras que uno llega primero y se lleva todo lo que quiere, el otro llega segundo y se muere de hambre.” (Noam Chomsky, El bien común, 1998).

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En términos junguianos, las perspectivas comunistas, que defienden la existencia de un Estado centralizado que lo abarca y administra todo, descansan sobre el arquetipo de la Madre, en donde la institución estatal es la familia que contiene y provee a todos sus hijos por igual; mientras que las perspectivas capitalistas se sostienen casi exclusivamente sobre el arquetipo del Héroe, en donde la voluntad y el esfuerzo individual se conciben e idealizan como únicos rasgos morales válidos para construir una sociedad “justa”, pero que en la práctica constituyen una falsa justificación ética de las desigualdades, al mismo tiempo que defienden la noción idealizada del esforzado y triunfal ascenso social; en otras palabras, de una jerarquía de poder, lo que nos conduce nuevamente a los aspectos negativos del arquetipo del Padre. “La historia de la civilización ha sido, a grandes rasgos, la historia de una brutalidad enmascarada tras la idealización del heroísmo. Si imaginamos a un habitante de Marte observando los acontecimientos que tienen lugar en la Tierra a través del paso de los siglos, no nos extrañaría que llegara a la opinión de que los humanos, en su conjunto, son despiadados: gente de muy poca compasión.” (Claudio Naranjo, La mente patriarcal, 2010)

Otro modo de ver estas dos perspectivas en el aspecto positivo de cada una es en la forma de derechos y responsabilidades. El gran desafío de nuestra cultura, cada vez más global, sea probablemente hallar un equilibrio dinámico entre estas dos esferas de valores, construir una cultura en donde el auténtico desarrollo individual y el desarrollo colectivo no estén en contradicción, sino que sean dos aspectos valorados y fomentados por igual de una nueva y cooperativa organización social. El filósofo anarquista Mijaíl Bakunin sintetizó de forma unificadoramente clara esto al afirmar: “No seré verdaderamente libre hasta que todos los hombres y mujeres que me rodean sean también libres. La libertad del otro, lejos de suponer una limitación para mi libertad, es una condición indispensable para su realización” (Mijaíl Bakunin, Dios y el Estado, 1871).

Una cultura en donde las responsabilidades impliquen un auténtica participación e implicación de cada individuo en la construcción y el desarrollo de la sociedad demanda repensar nuestro sistema democrático y nuestra concepción del Estado. Nuestros actuales sistemas democráticos, que en teoría debieran representar la voluntad de sus pueblos, tienden sin embargo a reflejar en realidad la voluntad de los intereses privados; esto es, del mercado. “La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal […]. El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos [...]. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados [...]. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población.” (Albert Einstein, ¿Por qué el socialismo?, 1949). Sumado a ello, la influencia decisiva que los poderes económicos concentrados ejercen a través de los medios de comunicación dominantes para configurar la opinión social y “construir realidades”, hace de nuestra democracia un mecanismo profundamente manipulable por el poder.

Si el actual despotismo económico del capitalismo patriarcal ha de ser trascendido en alguna forma más inteligente y equitativa de organización social, no será a través de la imposición violenta de un Estado centralizado y autoritario, y probablemente tampoco a través de la destrucción de todas las instituciones públicas, sino posiblemente de su gradual o radical transformación. Nuestra democracia representativa, verticalista y burocrática, heredera de los liderazgos monárquicos, necesita evolucionar en formas cada vez más participativas y directas de expresión colectiva. Iniciativas como la Ley Orgánica de Comunas en Venezuela, o proyectos de democracia digital como el Open Ministry de Finlandia, el Partido WikiLeaks de Julian Assange en Australia, o el Partido de la Red en Argentina parecen avanzar fuertemente en esa dirección. La expresión de una voluntad colectiva más consciente y cooperativa ha de ir la mano necesariamente de una democracia más participativa. La democracia participativa implica una expresión de la voluntad individual, al tiempo que demanda una responsabilidad e implicación mayor en la cocreación de lo colectivo. Incluso alternativas tan revolucionarias como la Economía Basada en Recursos no pueden pensarse seriamente en la práctica como alternativas superadoras al capitalismo sin algún sistema de democracia participativa.

Hoy, los muros opresivos de nuestra cárcel patriarcal son cada vez más evidentes, sus paredes tiemblan como sostenidas sobre plataformas arenosas y apocalípticas. Su suelo resulta cada vez más débil, más ridículo, más inverosímil, sus ídolos se resquebrajan y se caen, y sus columnas se doblan y se agrietan para romperse. La actual crisis económica, política y ecológica de nuestro tiempo nos demanda una nueva cultura si es que hemos de sobrevivir en este mundo, ha de empujarnos hacia la construcción de esta nueva cultura, a una inclusión y superación de nuestras revoluciones y fracasos, de nuestros triunfos brillantes y nuestras contradicciones vergonzosas, a una síntesis alquímica de nuestra historia.

 
La historia de la guerrilla ontológica y la crítica activa de los medios y la autoridad no puede entenderse sin Operation Mindfuck, el grupo discordiano que marcó la pauta en la resistencia memética con sus geniales travesuras y sus gestos caóticos.

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El disparate puro es la clave de la iniciación. - El Libro de Todd

Existen divergencias entre los historiadores sobre el alcance y la influencia que ha tenido la Operación Mindfuck (OM) en la historia moderna. Para algunos se trata de la organización de inteligencia (cointel pro) más importante en los últimos 50 años, responsable de haber neutralizado importantes conspiraciones de control mental, sedación masiva y embotamiento trasnacional. Sus logros, por momentos intangibles, estarían emparentados con la labor que le comisionó Aldous Huxley a Timothy Leary: "conviértete en un porrista de la evolución", o lo que le asesoró Marshall McLuhan para promover el LSD: utilizar los propios medios —en un movimiento de jujitsu— de la sociedad que quería transformar para amplificar su mensaje: publicidad psicodélica —pero de manera críptica, utilizando cabezas-parlantes como el mismo Leary e infiltrando o creando sus propias sociedades secretas. Para otros historiadores, la Operación Mindfuck nunca existió en el mundo real, es acaso un rumor metafísico, un movimiento imaginario, una serie de proyectos que sólo ocurrieron en la mente de un grupo de personajes inclinados a fumar grandes cantidades de cannabis.

Es difícil puntualizar exactamente quiénes han sido miembros de esta espectral organización. Comúnmente se cree que Robert Anton Wilson (autor de Illuminati!) y Kerry Thornley (autor de Principa Discordia) son los fundadores o detonadores de OM, pero es posible que su origen, el linaje de los rascal gurus, se remonte a figuras como Aleister Crowley, Groucho Marx e incluso Hassan-i Sabbah. Otros personajes destacados afiliados en algún momento a OM incluyen a Alan Moore, Robert Shea, Richard Metzger, Hakim Bey,  Joey Skaggs, The KLF, el colectivo Ant Farm, Ken Kesey y sus Merry Pranksters y por supuesto Tim Leary.

Más allá de que sus proyectos se hayan desdoblado o no en el plano de la realidad masivamente consumida —esa "alucinación colectiva",  según los agentes de OM— su influencia en lo que el escritor Mark Dery llama "culture jamming" es innegable. Antes de que existiera Adbusters, Anonymous, Banksy e incluso el formidable colectivo Electronic Broadcaste Network, la Operación Mindfuck (OM) ya había distribuido semillas psicoactivas en el paisaje cultural de una época (desde finales de los 60 hasta nuestros días). Más que un colectivo de protestas o activismo, OM debe entenderse como una senda o una estructura epistemológica para alejarse de los movimientos colectivos y de la programación mental de la sociedad, y en ese acto de desmarcarse a la vez dejar una huella crítica, generalmente absurda, que manifiesta a la manera de un guiño su postura de que el orden establecido es completamente abritrario y ridículo, por lo que lo mejor es tomarlo como una broma.

"Mindfuck", jugar con la mente o fornicar la mente de los demás (y la propia), es tanto una cosmogonía como un modus operandi, una epifanía como una respuesta estratégica. OM es el sonido primordial de un universo fundamentalmente regido por el caos: el Verbo encarnado de la teología discordiana que tiene el centro de su panteón a Eris, la diosa del Caos. "¿Sabías que Dios es una mujer demente?", decían algunas de las estampas que pegaban en los autos de desconocidos (otras estampas famosas "hazle caso a tu glándula pineal" y "CIA: Cocaine International Association". El desorden, la subversión, el shock  y demás tácticas de guerrilla ontológica, al cuestionar la naturaleza de la realidad, crean el desarreglo en el punto de encaje o en la válvula reductora del cerebro para renovar la percepción y propiciar una visión de lo divino en movimiento: el río chispeante e incontrolable de las fluctuaciones cuánticas que procesamos como objetos y nombramos para fijar su naturaleza, desesperadamente encapsulando para poder solidificar el vacío que constituye la realidad.

Hackear, subvertir, ridiculizar, aterrorizar o simplemente ignorar a los medios de comunicación tradicionales y organismos gubernamentales es parte de las meta-obligaciones de todo ciudadano que se precie de tener una mente propia y  quiera actuar en nombre de OM. Estas acciones disruptivas, generalmente irracionales,  no tienen un fin político y deben de distinguirse del activismo, aunque puedan tener efectos colaterales y modificar el entorno político. Su única conciencia "revolucionaria" es la del acto como fin propio --la búsqueda del placer antes siempre que la del poder. En otras palabras, se hacen porque se disfrutan. Por el sólo LULZ. Por la sola potencia (desobediencia) creativa de poder hacerlas: expresión instintiva de la realidad lúdica. Su única trascendencia es la risa o el caos producido. Su única recompensa fluir por el cuerpo esplendente de Eris y beber de su fuentes voluptuosas. La naturaleza de esta organización criptoanarquica puede entenderse mejor a través de ejemplos concretos, de actos simbólicos o psicomágicos: actos que buscan la no-participación, la disolvencia de la multitud sujeta al poder político y, sobre todo, perturbar el orden establecido y cuestionar la autoridad a través de travesuras (pranks) públicas.


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Uno de los centros de operación de OM fue el Chicago de finales de los sesenta, cuando Robert Anton Wilson era el editor de la revista Playboy y Director de Desinformación de OM. Correspondencia entre RAW y Thornley documenta que el plan de acción de OM en ese entonces era "circular rumores contribuidos por otros miembros", de tal forma que se "atribuyera la autoría de todo tipo de calamidades nacionales o conspiraciones a otros grupos". Corriendo el riesgo de que "el Establecimiento fuera tan paranoico que empezará a creer alguna de estas leyendas disparatadas circuladas por nosotros y nos acusara de matar a Abraham Lincoln". En ese entonces Wilson y sus amigos empezaron a distribuir panfletos y cartas de sátira surrealista como "¡paranoicos del mundo unámonos; no tenemos nada que temer más que a nosotros mismos!" o una  guía de "Cómo empezar tu propia conspiración". Falsificaron los comentarios de lectores de Playboy, personificando a alarmados ciudadanos que pedían a los editores responder a la presencia ubicua de los Iluminati, los cuales habían matado a Kennedy, "controlaban los bancos y la tele " y además  aparecían en los libros de James Bond de Ian Fleming, ciertamente un doble agente. Robert Anton Wilson luego contestaba estas estrambóticas cartas desmintiendo o sembrando nuevas dudas al tiempo que propagaba el meme. Infiltraron el periódico SPARK y acusaron desde sus oficinas al alcalde de Chicago de "ser un brazo del pulpo" con un encabezado que decía: DALEY VINCULADO CON LOS ILLUMINATI. Su blanco preferido eran los fundamentalistas: enviaron una carta con estampado de los "Iluminati de Bavaria" a la Cruzada Anticomunista Cristiana informándoles que "hemos tomado el negocio del Rock.... Pero en realidad tomamos el negocio desde los 1800. Beethoven fue nuestro primer miembro". Para esta organización que ya creía que el rock era satánico, la misiva era ominosa. Cuando un jurado concluyó que uno de las personas acusadas por el fiscal Jim Garrison de asesinar a Kennedy era inocente enviaron una carta firmada por "La Orden del Ángel Fénix", revelando que los miembros del jurado eran miembros de los Iluminati. Lo que los delataba: ninguno de ellos tenía el pezón izquierdo.

Que hoy cualquier figura pública en algún momento sea vinculado con los Illuminati por un blog o que innumerables analistas conspiraniocos detecten símbolos de control mental masónico en cualquier video de música pop, no puede entenderse sin este despliegue de paranoia orquestada que al final de cuentas no era mucho más que un enorme chiste local. Aunque quizás la intención de Robert Anton Wilson, además de divertirse con la naturaleza falseable de la información, era hacer notar a las personas lo absurdo de creer en una organización monolítica onmiabarcante que controla cada detalle de tu vida, a la postre contribuyó a dar rienda suelta a la paranoia latente de muchas personas: la lasagna voladora salpicó a todo una nueva generación de conspirafílicos. Pronto surgieron numerosos otros grupos e individuos que decían tener pruebas contundentes de los actos de los Illuminati, muchos de los cuales  no eran miembros de Operación Mindfuck o de los Discordianos. Pero eso es lo que pasa cuando juegas con el caos, el riesgo está implícito. El schadenfreude es parte del juego. El poder de la ficción es extraordinario.

 

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Otra muestra del modus operandi de OM (o MOOM!), se encuentra en los procederes de  Markoff Chaney, un enano antisocial en guerra con el "mono estatuario", cuyas intervenciones son relatadas en el libro Illuminatus! Chaney practicaba el hábito de dejar señales firmadas con el nombre The Mgt: (abreviación de The Managment: la administración) que sin embargo es su firma: The Midget. Estos letreros contenían frases absurdas que hacían cuestionar a esa misma autoridad o entrar en un estado de confusión o disonancia cognitiva. Cosas como "Esta prohibido leer este letrero Att. The MGT". O "Resbaloso cuando mojado. Mantenga 50 mph. Rocas cayendo".  Chaney es el que ha pintado los signos de "no caminar" de verde y los de "caminar" de rojo, entre otras cosas.

También en Illuminatus, Robert Anton Wilson describe la materialización metaficticia de la idea de Tim Leary de dosificar a la población con LSD a través de los suministros de agua de las ciudades con el fin de introducir a los ciudadanos estadounidenses a la embriaguez psicodélica, con algunas casualidades de paranoia extrema. Una idea que la CIA ya había considerado también para atacar a una población (en su caso escogieron la ruta del pan para intoxicar a un pueblo con ácido lisérgico). Este canasteo masivo ocurrió a través de un trabajo conjunto entre Frente de Liberación de Eris y OM en Chicago los setenta. Se desarrollo un cóctel psicoactivo llamado AUM (pronunciación de OM).  La droga estaba compuesta por extracto de cáñamo, ARN, heroína, cocaína y LSD. La heroína produce ansiedad, el ARN estimula la creatividad, el cáñamo (o hemp) y el LSD abren la mente a la alegría y la cocaína estimula el pensamiento y la actividad. La droga, sugieren, convierte a los neófobos en neófilos, aunque sus resultados son impredecibles y mucha gente se vuelve loca o empieza a generar sus propias ideas, moviéndose de paradigma en paradigma. Los agentes de OM introducían la droga de forma secreta intentando liberar a los ciudadanos de Chicago (en las primeras dosificaciones masivas) de sus improntas y programación mental, con un contraprograma. Así describe George Dorn-Simon Moon-Joe Malick su viaje de AUM, el cual es una especie de alucinación dirigida por programación mental. Poco después George ve los famosos fnords, esos OVNIs del campo semántico.

Estaba viendo mi colección de fotos de Weishaupt y Washington en la pared, cuando el platillo apareció volando afuera de mi ventana. No es necesario decir que no me sorprendió mucho. Había guardado un poco de AUM después de Chicago, contrario a las instrucciones del ELF y me había dosificado. Después de conocer al Dealer Lama y a Malaclypse the Elder y ver al demente de Celine hablando con gorilas, asumí que mi mente estaba en el punto de receptividad en el que el AUM detonaría algo verdaderamente original. El OVNI en realidad fue un poco una decepción; tanta gente los había visto ya y yo estaba listo para ver algo nunca visto o imaginado. Me decepcioné más aún cuando me hipnotizaron y subieron abordo y encontré en vez de unos marcianos o una Delegación de Insectos de la Galaxia del Cangrejo, a Hagbard Celine, a Stella Maris y otros más del submarino Leif Erikson.

 

 -El Proyecto Pan-Pontificación consiste en la diseminación de "cartas papales" en las que se declara que cada hombre, mujer y niño en la tierra es el Papa La organización de la Operación Mindfuck  es esencialmente rizomática y descentralizada y cualquier miembro puede hacer miembro a otra persona e incluso investirlo como director general —o sumo pontífice— así multiplicando el poder y haciendo imposible que otras agencias de inteligencia desactiven su mando. Un modelo similar al que han intentado replicar los hackers de Anonymous, con su concepto de legión.

-El Proyecto Graffito distribuye estampas como "Si votar pudiera cambiar el sistema sería ilegal". "Tu policía local está armada y es peligrosa". "Legalicen el libre asesinato, ¿por qué el gobierno se reserva toda la diversión para ellos?" y por supuesto "Fnord".

-Ciudadanos Contra el Abuso de las Drogas es una organización que busca que el Congreso de Estados Unidos prohíban la menta de gato o nébeda, una planta que utilizan los marihuanos cuando se quedan sin provisiones (y también los gatos psiconautas) La idea es que el gobierno fácilmente podría entusiasmarse con esta campaña para prohibir una "yerba similar pero más cómica" y perder la poca credibilidad que tiene.

-Projecto Jake, un plan de acción canalizado por Harold Lord Randomfactor, una vez al año OM selecciona a un político al azar y se le erige como "Jake", todas las cábalas y las cabras discordianas son arrojadas a este individuo que recibe por un año una serie de correos en los que se le pide ayuda para solucionar "complicados asuntos políticos que superan el entendimiento racional". En otras palabras, se le inunda de sinsentido y de surrealistas extensiones burocráticas propias de una neurastenia crónica.

 

FNORD ParadeOperación Mindfuck fue también la encargada de distribuir la idea discordiana de los fnords, un concepto elusivo e incomprensible. Aparentemnte esta palabra "fnord" habría sido diseminada en nuestra cultura de menara subliminal por los Iluminati de tal manera que nos es imposible verla pero siempre esta ahí en los libros de texto, en las comunicaciones diplomáticas y en la lobotomía de los canales oficiales. Cuando leemos una nota del New York Times o de CNN sobre la guerra en Irak o en Afganistán o sobre la política exterior rusa, la palabra aparece en los textos intercalada de las oraciones redactadas por las agencias de prensa --hay algo en nuestro cerebro que nos impide verlas conscientemente, a la vez que detonan un mecanismo hipnótico. Catcher in the Rye, por ejemplo, el libro favorito del asesino de John Lennon, Mark David Chapman, es un fnord.

Algunos exégetas discordianos señalan que fnord en realidad es la onomatopeya del sonido producido por el aplauso de una sola mano. O incluso "un tropo literario" de algo más. "Los verdaderos fnords son... bueno, algún día los verás". Poder ver los fnords es comúnmente aceptado como una señal de evolución equivalente a activar la glándula pineal. Se dice que los fnords están siempre en el lugar donde dejaste tus lentes cuando no recuerdas donde están. Utilizar este término después de una frase es tomado por los iniciados como una forma de ironizar o modificar el sentido original. Fnord.

Existen otras operaciones actualmente en curso que se desprenden de OM, incluyendo OMGASM, "la misión de las semillas de manzana dorada" La mayoría de las cuales deben de seguir el principio instaurado por Ho Chi Zen: la única estrategia a seguir que un oponente no puede predecir es una estrategia al azar. Muchos de los nuevos planes son dictados por un generador aleatorio de acciones sinsentido, una máquina de galletas de la fortuna de combinaciones infinitas. 

 

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reality_1Sin tener pretensiones políticas y sin romantizar su labor más allá del placer de explorar los límites de lo absurdo, Operacion Mindfuck, se convirtió en uno de los grandes referentes de los movimientos contraculturales de nuestra época. Al no haberse comprometido con otra causa que no sea la de trastornar todas las causas es difícil medir su influencia, podría extenderse ilimitadamente sin nunca focalizarse, como ese centro sin circunferencia de la teología. Hoy podemos reconocer su labor sobre todo como parte de un continuum de praxis crítica que se fundamenta en la negación de las realidad homogénea y homogeneizante. La importancia de subvertir y cuestionar la realidad --sin proponer nuevos sistemas: o sólo proponiendo sistemas que son la parodia del sistema-- no debe de ser menospreciada. OM atacó el orden establecido antes de que surgieran muchos de los protagonistas del culture jamming, el slashing, el sniping, el meme hacking, el terrorismo poético y la comunicación guerrilla (los cuale son descritos en el ensayo seminal de Mark Dery: Culture Jamming: Hacking, Slashing, and Sniping in the Empire of Signs).

La conciencia de que vivimos en una "tecnocultura cuyo modo operativo es la manufactura del consentimiento a través de la manipulación de símbolos" y que por lo tanto es necesario manipular los mensajes y los símbolos que se emiten de regreso, en una contraofensiva, es parte del legado de este organismo hilarante de contrainteligencia. Si los logos, los slogans, los imágenes y los memes son las armas con los que se nos bombardea en nuestro tiempo es necesario usar estas herramientas explosivas para detonar cambios en la conciencia y atascar (culture jamming) el influjo que estamos recibiendo. Por lo menos ejercer la libertad de cambiar el sentido del mensaje y despojar a las compañías de relaciones públicas y a las firmas de marketing de esta hegemonía. Justamente como hizo Robert Anton Wilson al hacerse pasar por los Iluminati: cualquiera podía hacer un coup d'etat... en el proceso se descubre que se puede hacer cualquier cosa con la materia prima de la realidad: el lenguaje. "Reality is what you can get away with", era el nombre de la película de zombies, que nunca se hizo, basada holgadamente en la Operación Mindfuck.

Twitter del autor: @alepholo