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¿Cómo son las casas de algunos de los mejores arquitectos del mundo?

Buena Vida

Por: pijamasurf - 04/30/2014

El Milan Design Week 2014 está organizando una exposición fotográfica que muestra dónde viven los arquitectos más destacados de la actualidad. Aquí un avance.

Una exposición especial, agendada para el Milan Design Week 2014, presenta un atisbo de las residencias de los arquitectos más destacados del mundo. En una combinación de vouyerismo y curiosidad por ver cómo viven las personas que diseñan las viviendas más extravagantes y sofisticadas, Where Architects Live nos lleva a la casa de Shigeru Ban, Zaha Hadid, Daniel Libeskind, Mario Bellini, David Chipperfield, Massimiliano y Doriana Fuksas, Marcio Kogan y Bijoy Jain.

Estos lugares son donde los diseñadores tienen verdadera libertad artística, el único lugar donde son sus propios clientes.

 

Shingeru Ban, Japón

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Famoso por su toque ligero y su arquitectura de papel y cartón, existe una delicadeza contextual en la casa del bosque de Ban. Fue diseñada específicamente para evitar la necesidad de talar los árboles que ya estaban en la propiedad.

 

Zaha Hadid, Londres

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El arte abstracto de las paredes y las curvaturas físicas de la casa son la firma de Hadid.

 

Daniel Libeskind, Manhattan

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La casa de Libeskind está repleta de material de lectura y brochas para pintar. Nada tan agresivamente angular como su arquitectura típica.

 

Mario Bellini, Milán

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Su casa está localizada en un edificio del siglo XIX, remodelado por Piero Portaluppi. Bellini ama los libros y construyó una biblioteca con andamios para llegar a todos ellos.

 

David Chipperfield, Berlín

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Su casa es una combinación de residencia y estudio en la mitad de la ciudad.

 

Massimiliano y Doriana Fuksas, París

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Presenta muebles originales de Jean Prouvé y muchísimas obras de arte.

 

Marcio Kogan, Brasil

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Influenciado por el cine, Kogan colecciona ornamentos y figurillas de todo el mundo, y su ventanal enmarca una vista panorámica de la ciudad.

 

Bijoy Jain, Mumbai

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Su casa tiene una enorme piscina rodeada de árboles antiguos, un cuarto de lectura que captura y traza el cambio de la luz del día.

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Incluso la mujer que inventó el Día de las Madres odiaba la fecha por su consumismo desbordado

Buena Vida

Por: pijamasurf - 04/30/2014

Anna Jarvis pasó a la historia porque un día se le ocurrió celebrar a la Madre y reconocer así los logros de la mujer, sin darse cuenta que su idea sería transformada en una oportunidad más para lucrar y obtener ganancias económicas.

madresLa Madre es, fuera de toda duda, un símbolo poderoso, no siempre con los mejores efectos sobre la psique o la cultura pero importante en todos los casos. En algún momento de la historia de la humanidad, la fertilidad de la mujer se equiparó con la fertilidad de la tierra y ambas se veneraban como divinidades, a veces sintetizadas en una sola, como paradigma de la generación y sustento de la vida.

Con el tiempo, sin embargo, y en buena medida a causa del avance del sistema patriarcal, la Madre pasó a un segundo plano, quizá todavía venerada pero al mismo tiempo relegada a las alturas de un altar, marginada de la vida activa y las decisiones comunes. Entonces, para compensar, alguien inventó el Día de las Madres, por considerar que no se les reconocía como era debido.

Ese alguien, al menos en Estados Unidos, fue una mujer, Anna Jarvis, un personaje un tanto enigmático que tuvo la ocurrencia de organizar en una iglesia metodista de West Virginia el primer Día de las Madres de la historia, en 1908. Al comprobar el éxito de su convocatoria, Jarvis se apresuró a escribir y enviar unas cuantas cartas e impulsar así una campaña nacional de celebración materna a través de gestos simples pero emotivos: regalar un clavel blanco a tu madre, visitarla o acudir a la iglesia.

Para sorpresa de Miss Jarvis, su iniciativa fue bien recibida, aunque pronto se convirtió en algo que nunca quiso. Ya desde los primeros años del siglo XX, el sistema se apropió de la efeméride y, según su propia lógica, la convirtió en una más de sus mercancías. El Día de la Madres pasó entonces a ser un carnaval de consumismo, una inyección sentimental al mercado, la demostración del afecto por medio de las compras desenfrenadas: flores, chocolates, comidas costosas en restaurantes o, en tiempos más recientes, muebles, electrodomésticos, joyería, autos y muchos productos más.

Jarvis, es cierto, fue un tanto ingenua, pues en su momento recibió el apoyo del dueño de Wanamaker's, una de las tiendas departamentales más importantes de su época, quien seguramente se acercó a la mujer con propósitos claros en mente, los de la ganancia y las muchas ventas para sus almacenes.

Con todo, Miss Jarvis intentó desfacer lo provocado y en 1914, en los meses previos a que el Congreso de Estados Unidos otorgara al Día de las Madres carácter de fiesta nacional, realizó una segunda campaña pero ahora para impedirlo, criticando con encono a todo aquel que se lucraba con el afecto materno para provecho propio.

Pero el daño estaba hecho. Y con el tiempo incluso las madres aprendieron a medir el afecto de sus hijos a partir del precio del regalo que recibían.