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Deja que Monsieur Goma te lleve por el Austin Psych Fest 2014, uno de los más grandes festivales de música psicodélica en el mundo.

Austin Psych Fest Portada 1

Hace 4 años encontré mi segunda casa en Austin, una ciudad que en medio del asociado cliché texano ha sido cuna del desarrollo de grandes artistas como Wes Anderson o los 13th Floor Elevators, padres todo poderosos del sueño visual y la psicodelia. Una ciudad que ha sido bautizada como “La capital mundial de la música en vivo”, alojando grandes y reconocidos festivales como Austin City Limits, Fun Fun Fun Fest y más recientemente el festival al cual le dedicamos esta nota.

Hace 4 años descubrí que Black Moth Super Rainbow y Tobacco tocaban en un extraño festival donde la mayoría de las bandas eran totalmente desconocidas para mí, acostumbrado a ir a festivales donde era casi necesario conocer a la mayoría de las bandas del cartel para tomar la decisión de cruzar la frontera. Al ver que dos de mis bandas favoritas tocaban en el mismo lugar, no lo pensé dos veces y compré mi boleto sin pensar qu encontraría en este festival EL PARAÍSO MUSICAL.

Austin Psych Fest  Texto 1

La experiencia de compartir un espacio donde la gente realmente va a escuchar la música, donde se juntan viejos y actuales Merry Pranksters (en el estricto espíritu de Ken Kesey) y donde las bandas conviven con el espectador después de tocar, fue alucinante y desde ese entonces no dejo de hacer la peregrinación anual a la actual meca de la música psicodélica.

VIDEO RECAP 2013 

Este año, y como todos los demás, el cartel es espectacular. La mezcla de bandas famosas y de culto como The Brian Jonestown Massacre (1990), The Dandy Warhols (1994), Panda Bear, Loop (1986), The Zombies (1961), Temples (2012), Moon Duo, Bombino, Peaking Lights, The Golden Dawn (1966), Sleepy Sun o Secret Colours hacen de este festival una deliciadel género psicodélico que ha sobrevivido a lo largo de varias décadas gracias a la constante e inspiradora influencia de los enteógenos (por favor evitémonos el “lo retro está de moda”)

Además de la finísima curaduría del cartel, a cargo de los organizadores mejor conocidos en el mundo musical como The Black Angels, el festival ofrece una experiencia más cercana al espectador. Las bandas venden sus propios vinilos o goodies terminando su presentación, sus integrantes ven a las demás bandas fuera del VIP del escenario, no hay vallas, no hay policía, se acepta la psicodelia abiertamente, los visuales corren a cargo de Drippy Eye Projections y sobre todo hay respeto al espacio personal para disfrutar la música de las bandas en su totalidad.

El Austin Psych Fest es, sin lugar a dudas, unos de los mejores festivales del mundo y ha sido una inspiración para que otras ciudades como Liverpool, Berlín, París o Copenhague hayan creado su propia versión del festival apoyando a bandas locales de género asociados a la psicodelia (Shoegaze, Noise Rock, Neopsicodelia, Folk, Blues, Afro Beat, Dream Pop, Space Rock, entre otros). Un festival que ha cambiado de sedes y ha crecido con el paso de los años sin perder su esencia, haciendo énfasis en el amor por los sonidos, las experiencias y las imágenes que elevan el alma.

SOUNDCLOUD MIXTAPES FESTIVAL 2014

 

Twitter del autor: @monsieurgoma

"La presencia de un payaso" de Ingmar Bergman. La genial indecisión de un genio

Arte

Por: Koki Varela - 04/27/2014

Impresiones durante la proyección del filme de Ingmar Bergman “En presencia de un payaso”, incluido en el ciclo de la Cineteca Nacional sobre el director sueco.

Bergman

Bergman, alquimista de sombras, revelador de demonios, creador de personajes sin máscara o de máscaras amplificadoras de íntimas atrocidades; Bergman el destripador genial de traumas y desgarros, el retratista meticuloso del instinto de destrucción. Frente a un payaso, el público indomeñable y feliz de la Cineteca Nacional Mexicana cedió por un momento su pulsión fagocitaria al ardor del texto y la eficacia de las imágenes del viejo maestro de ceremonias catárticas.

Era viernes, y todo apuntaba a que el rumor palomitero y el estruendo metálico de las bolsas de papas me arruinarían la proyección. Pero el arte triunfó, el cinematógrafo se impuso a la pulsión del consumo, el drama asoló el murmullo de los jugos gástricos y todos quedamos absortos por el extraño y familiar mundo del creador de imágenes sueco. 

Un hombre (Börje Ahlstedt) cura su neurosis en un hospital psiquiátrico. Tiene una fijación: Schubert. Quizás un demente, probablemente un artista genial, con seguridad un hombre presa de pulsiones incontrolables. Una visita: un anciano hiperculto (Erland Josephson) con desvaríos predicadores, un visionario senil. Sus mujeres: más jóvenes, más bellas, más sensibles, abandonadas a la admiración y a la culpa, a la sujeción a niños disfrazados de arrugas y achaques. La combinación es la adecuada: los sueños del loco genial encontrarán el limo fertilizante en la excentricidad del recién llegado: un orador cuya mujer es paradójicamente muda y elocuente. El invento: la primera película con voz, un mecanismo ingenuo pero efectivo, la soldadura perfecta entre teatro y cinematógrafo. La obra: vida y tormento de Schubert, su “hundimiento” final. Un estreno: inquietantes y perfectamente dibujados invitados. Una sala y un técnico proyector que tose sangre. Comienza la función: imagen y voces funcionan a la perfección, pero algo falla: saltan los plomos, el cine arde, la proyección debe terminar (¿Bergman se decide por el teatro?). La razón: en lugar de plomos fueron insertadas monedas, o lo que es lo mismo: el dinero funde la ilusión, con llamas devora la existencia feliz y verdadera del arte. Decepción. Y sin embargo la función puede continuar: sin la torpe proyección, el relato continúa con la presencia viva de los actores. La emoción crece. El público se inserta en el relato, de mero espectador pasa a ser pura energía de escena, elemento catalizador. La magia renace multiplicada, el teatro demuestra su perenne poder de ensoñación. 

En la Cineteca Nacional Mexicana, abandonada al silencio y olvido de sus ágapes, el teatro embargaba a través del haz de luz. ¿Presenciamos una película o una obra fotografiada?, ¿vivimos la dramaturgia o la fascinación del cinematógrafo? “La película continúa”, dice el protagonista aliviando al público tras el incendio, “la película continúa”. Bergman toma una decisión. De una vez por todas, torna su sempiterna indecisión −director de teatro/director de cine− en la alquimia del relato. Cine y teatro se confunden y participan a relevos en la construcción de una obra que escapa a toda definición. Si en la película el cine fascina al público en un primer momento, el incendio lo devuelve a sus orígenes: como en una primitiva cueva la reunión se torna íntima y ritual. El orador delirante aludirá en su presentación a la primera proyección del hombre: pinturas rupestres agitándose al destello de primitivas antorchas. Realidad y ficción se condensan sobre las tablas; realidad y ficción que entran a formar parte de la Ficción que todos vemos y que nos absorbe por su extraña cualidad. ¿El teatro ha triunfado? ¿O es sólo cine lo que estamos contemplando? Bergman se decide por diluir en un mismo vaso ambas fórmulas, y aunque notamos una final inclinación amorosa por el escenario, no puede renunciar a su amor extramarital: el cine. Bergman se decide aunque sea por la indecisión, por hacer de la perfecta ambigüedad el resultado final de la tensión que recorre sin excepción toda su obra.

Bergman director de teatro, Bergman director de cine. El espectro de Strindberg recorriendo el polímero del celuloide como un fantasma imposible de exorcizar. Bergman se decide por el todo. A los empeñados en la especificidad del cine, a los desconfiados del teatro filmado (a mí ente ellos) les surge una duda razonable. En presencia de un payaso hemos visto a todos morir y resucitar el cine y revivir el teatro en la ilusión óptica de la proyección. 

El artista genial seguirá atormentado, la muerte vestida de clown está al acecho, la obra de arte tortura al genio y lo devora; frente a la muerte todo es inútil, absurdo, y, sin embargo, nos resistimos a ella con películas y representaciones. El cameo de Bergman en el psiquiátrico es elocuente: aquí debemos estar por querer franquear los límites, este es el lugar que nos queda a los que corremos contra la muerte enarbolando la efímera bandera del arte: finalmente sólo esperar, y procurar en el camino armarnos de ilusión por el medio que sea, o por todos los medios.