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¿Qué se siente ser mujer y pasearte con pantalones entallados en una universidad de Egipto? (VIDEO)

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/30/2014

Un impactante video muestra a una estudiante. que viste un top rosa y jeans entallados, siendo acosada por un grupo de hombres mientras camina a través del campus de la Universidad de El Cairo, en Egipto.

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Un impactante video muestra a una estudiante siendo acosada sexualmente mientras camina a través del campus de la Universidad de El Cairo, en Egipto. Usando un top rosa y jeans entallados, la joven mujer es víctima de gritos y chiflidos mientras avanza a través del lugar entre un grupo creciente de hombres que la siguen.

Se puede ver a los guardias universitarios en el video, el cual se ha vuelto viral en las redes sociales, escoltándola fuera de las instalaciones después de que se escondiera en un baño para escapar del grupo, que presuntamente estaba intentando quitarle la ropa.

El decano de la Escuela de Leyes de la Universidad, Gaber Nasser, ha encendido las reacciones después de que pareciera culpar a la chica diciendo que su indumentaria era “un poco fuera de lo convencional”. Declaró al canal egipcio ONTV: “Esta chica entró a la universidad portando una abaya [una capa holgada] y luego se la quitó en la facultad y apareció con esa ropa, lo que causó —aunque no es para nada justificable— [el incidente]”.

Mariam Kirollos, una activista de los derechos de la mujer, dijo en Twitter que el decano debería ser “interrogado y  expulsado” y que “las investigaciones sobre el incidente deberían iniciarse inmediatamente”.

Pero el Sr. Nasser reclama haber sido malinterpretado y dice disculparse por el malentendido. "Les aseguro que esto no es verdad y me disculpo por el malentendido y repito que aquellos [que acosaron a la chica] serán severamente castigados”, escribió en Twitter.

El incidente fue cubierto también por varios talk shows. En el canal Orbit Channel, el anfitrión Amr Adib preguntó: "Si una chica está desnuda, ¿eso significa que alguien debe brincar sobre ella?"

La mayoría de las estudiantes de la  Universidad de El Cairo usan tops y jeans y evitan la ropa reveladora, como muchas mujeres en Egipto. Un reporte realizado por las Naciones Unidas el año pasado encontró que 99.3% de las mujeres y las niñas en Egipto habían sido acosadas sexualmente en algún momento. El problema parece empeorar por el hecho de que Egipto no señala el acoso sexual como una ofensa. Al menos dos diferentes proyectos de ley han sido suscritos al parlamento egipcio desde 2012 para criminalizar el acoso sexual, pero ninguno ha logrado tener el apoyo suficiente.

En 2013 hubo reportes de ataques sexuales premeditados contra mujeres que protestaban en la plaza Tahrir. La Operación Anti-Acoso Sexual (OpAntiSh), dispuesta para rescatar a las víctimas de la plaza recibió 19 reportes de acoso sexual grupal, seis de los cuales terminaron en hospitalización, siendo el peor un caso que involucró la mutilación de de los genitales de una mujer con un cuchillo. 

[The Independent]

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La falta de atención de nuestros estudiantes, creciente y muy generalizada, es un grito que nos está denunciando que los educadores estamos fuera de eje, en otro ritmo y desenfocados. La dispersión generalizada es un gran síntoma al que buscamos acallar, en lugar de ponerlo a producir.

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Algunos temas centrales del debate educativo están mal enfocados. Me refiero a los problemas de atención, responsabilidad y compromiso con el estudio y memorización.

Tendemos a plantear que la atención es causa del mejor o peor proceso de aprendizaje, y yo creo que, por el contrario, es consecuencia de algo anterior y más estructural. Y como la pensamos como causa, la tratamos –o tratamos de tratarla− en sí misma. Y fracasamos y denunciamos nuestro fracaso como si no fuera nuestro. “Crece año con año el déficit de atención en los alumnos”, denunciamos a los cuatro vientos. Nos lateralizamos del problema. La escuela, neutral ante la situación, avisa sobre un problema creciente…

La atención –como la indisciplina y hasta buena parte del bullying− es consecuencia de la ausencia total de significación y apropiación del proceso de aprendizaje por parte de los alumnos. Para los estudiantes, el modelo de aprendizaje que plantea la escuela no tiene el menor sentido, le pasa muy lejos de sus intereses y por fuera de su perímetro de apropiación. Mientras, desde la escuela, nosotros insistimos con que la atención o bien se medica o bien se atiende mediante la eliminación de distractores. Teoría primitiva, sin duda. Un diálogo de sordos. Eliminamos colores, quitamos ruidos, limpiamos maestras, separamos sexos, sentamos a todos y cerramos las puertas como si con eso consiguiéramos alumnos más atentos. Y no. Y no nos damos cuenta de por qué no.

No nos damos cuenta de que los alumnos atienden más si lo que les proponemos les interesa; o más aún, les hace sentido. Están atentos si la escuela consigue engancharlos. Es decir, si la clase de hoy toca en algún punto con sus vidas, con su perímetro emocional activo, con sus ansiedades, angustias, pulsiones y demás. Porque si eso no pasa, no hay cómo. Y si pasa, no hay cómo no. La atención es consecuencia de lo significativo que logremos hacer el proceso escolar para los alumnos. Y con el sentido viene la apropiación y con ella la producción, que trae de la mano la creación, la innovación, la construcción, etc.

Quiero decir que la falta de atención de nuestros estudiantes, creciente y muy generalizada, es un grito que nos está denunciando que los educadores estamos fuera de eje, en otro ritmo y desenfocados. La dispersión generalizada es un gran síntoma al que buscamos acallar, en lugar de ponerlo a producir. Nos mostraría el camino nuevo… Pero una vez más, vemos las cosas al revés.

Lo mismo pasa con la responsabilidad. Insistimos en hacer ejercicios para desarrollar responsabilidad en los alumnos. Pero no. Confundimos un problema ético, de deseo, de posición subjetiva, con un problema técnico. No es que nuestros alumnos no sepan ser responsables, es que no están constituidos para la responsabilidad. La solución a la asunción de responsabilidad por parte de nuestros alumnos, a su compromiso con sus procesos de aprendizaje, no provendrá de ningún gesto técnico, de ninguna dinámica escolar específica, sino de la reconfiguración completa y basal de la relación entre el estudiante y lo estudiado. La responsabilidad no se agrega como una competencia más de los alumnos; no es una más de las competencias importantes del perfil cívico-laboral del siglo XXI. La responsabilidad es como el amor, una condición de origen, una posición subjetiva básica de las personas ante los otros y el mundo. No se tiene responsabilidad, se es o no se es responsable.

Pero la escuela no entiende ese matiz. Para ella todo es agregación, listado, sumatoria. Para los educadores no hay sujeto, sino acumulación de habilidades y conocimientos a partir de una nada, blanca y rasa.

La escuela se equivoca. Si queremos alumnos comprometidos con su propio proceso de aprendizaje, debemos intervenir a otro nivel, con otras estrategias. Si no, seguiremos dándonos de narices. Y juzgando y condenando a los alumnos.

Y en esta lógica también entra la memoria, gran protagonista de la vida escolar. Pareciera que no nos damos cuenta de que la memoria sin asociación es, por definición, evanescente. Machacamos con los conceptos fuera de contexto como si por machacar ellos adquirieran sentido. Pero no. Ni siquiera el “sentido” de sobrevivir al acoso escolar alcanza para fijar esos conocimientos.

Yo no me acuerdo mejor de aquello que repito más. No funciona así el cerebro (aunque prefiero decir, las personas). La memoria se fija por encastre. Lo que permanece es lo que hace click con lo que había; lo que se acopló en alguna parte –como un dominó− y quedó enlazado. Si no hay encastre, los conceptos se evaporan apenas cambian las condiciones ambientales (acaba el examen, comienzan las vacaciones, enciendo la compu o beso a mi novia).

Todo el modelo de contenidos del mundo escolar (del que el libro de texto es símbolo) está desarrollado de espaldas a esta idea básica. Un libro de texto es una ostentación de desconexión, de ausencia de vinculación y causalidad de los hechos y las cosas. Es como el diccionario: modelo puro de taxonomías no significativas. Y luego queremos evaluar sobre esa base. Y luego queremos que los conocimientos se fijen. ¿Por qué habrían de fijarse? ¿Dónde están los encastres?

Hemos recorrido tres conceptos básicos, pilares de los procesos de aprendizaje. Memoria, atención y responsabilidad. Y en los tres encontramos errores flagrantes de la posición escolar. Estos son los momentos en los que siento que el cambio escolar es posible, y que una escuela nueva no queda tan lejos ni se confina a las utopías. Es cuestión de cambiar de postura. ¿Será verdad que eso es fácil? Seguramente no, pero tampoco imposible.

Twitter del autor: @dobertipablo