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La Trampa (sobre el liberalismo y la Teoría de Juego)

Por: Juan de la Parra - 03/08/2014

Simulación de libertad, manipulación, falsa democracia, son algunos de los conceptos que aborda este destacado documental.

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En su fantástico documental para la BBC, The Trap, Adam Curtis investiga el vínculo ideológico entre el liberalismo y la teoría de juegos del matemático John Nash. La idea de liberar al individuo de sus ataduras de clase, de la opresión de los Estados totalitarios y del capitalismo voraz que había originado la crisis del 29 condujo a un nuevo paradigma que toma como bandera justamente la libertad individual. Se trata esencialmente de buenas ideas pero malas ideologías. El propio John Nash reconoce en el documental que su teoría no debió aplicarse tan radicalmente. La teoría surgió a partir de la búsqueda de una solución racional al conflicto bélico de la Unión Soviética y Estados Unidos. Pensemos en el juego: cientos de misiles en silos bajo tierra y otros más apuntándose mutuamente. El propósito: convencer a los soviéticos de que si ellos atacaban, los Estados Unidos tenían suficientes misiles para destruirlos. Los Soviéticos desistieron basándose en su propio interés, y esto creó un cierto equilibrio: un incentivo para no atacar. En el fondo de esta teoría se plantea una visión muy oscura del ser humano: éste se encuentra en un permanente estado de conflicto, al tiempo que es muy competitivo, calculador. John Nash, famoso entre otras cosas por inventar una serie de juegos crueles, llevó esta teoría hacia todo tipo de interacción humana, calculando matemáticamente los resultados. La sociedad basada en la libertad individual, pero evaluada por frías cifras, estadísticas y resultados cuantitativos. Todos deben sospechar y ser sospechosos ante otros seres humanos. Se trata de un modelo basado en la competencia y en el conflicto, sin considerar el elemento esencial en las relaciones humanas: la empatía.

En efecto, esto supone un problema al planteamiento del individualismo. O al menos al planear un sistema económico y político que propicia el individualismo y encapsula el altruismo.

El espejismo es el siguiente: el individuo es libre de elegir a sus gobernantes y, sobre todo, de elegir las marcas de los productos que consume. En el fondo lo que realmente sucede es que el flujo monetario es liberado a una competencia atroz por la sobrevivencia individual y la de los imperios corporativos, en la que prácticamente todo es permitido (mientras no se sepa o se cuente con un buen buffete de abogados). En este sentido la supuesta democracia es la pantalla sobre la que debatimos y proyectamos nuestros valores de equidad y justicia: un teatro.

El sistema económico mundial no tiene nada de equitativo: el ignominioso 1% de la población es el dueño del dinero.

Según el concepto de la sabiduría de las masas, un pueblo no puede equivocarse al elegir al mejor gobernante. Este es el fundamento de la democracia teórica; pero, en realidad, a una masa de gente se le puede manipular mediante abstracciones y nunca en las decisiones que atañen a su pequeña comunidad. Lo que sucede la mayor parte de las veces es que no se sabe lo que en realidad se discute, se vuelve irrelevante, y la discusión ocurre sobre posturas polarizantes en asuntos que dividen la opinión pública. En el fondo, la gestión y el status quo del Estado no se discute ni se debate. Quizá la razón sea que el sistema de competencia liberal crea el problema de la corrupción y, de hecho, lo perpetúa. Al mismo tiempo se le puede relacionar al presente estado de desigualdad. Hemos abrazado como valores el trabajo remunerado, el consumo, la explotación irracional de los recursos humanos; todo a partir del mismo malentendido ideológico.

Ahí están los medios de comunicación, insertos también en esta ecología. Por una parte son depredadores de políticos en desgracia o en escándalo; es parte del show. Por otra parte apoyan a la facción política que les permita extender su imperio para después ponerlos bajo la lupa y someterlos.

En los tiempos de las redes sociales, en los que cada individuo puede tener voz y voto, no para elegir a cierto ciudadano-en-vías-de-corromperse, sino para el debate y la gestión de los temas que a ese ciudadano le interesan, a nivel de su hábitat (los asuntos  de su interés puede que sean remotos, la aldea global es ubicua) necesitamos replantearnos conceptos disfuncionales como el Estado mismo y el sistema de representación popular.

Al final se verá si otro mundo es posible, pero para eso es necesario destruir ciertos mitos, como el de la sociedad equitativa, el libre mercado y la democracia. Llamar a las cosas por su nombre.

 

Documental completo aquí

 

Twitter del autor: @kusali

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Suiza daría $2000 dólares mensuales a cada ciudadano solo por 'respirar'

Por: pijamasurf - 03/08/2014

Proveer lo suficiente para que nadie tenga que preocuparse por la sobrevivencia básica en uno de los países más caros del mundo podría resultar contraproducente para la inversión extranjera, que mira la medida con recelo.

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Suiza es el tercer país más caro para vivir en toda Europa, luego de Noruega e Islandia. Con una población apenas superior a ocho millones de habitantes, los servicios, alimentación y renta de un apartamento para una persona ascienden a unos $1,600 francos al mes. La medida buscará que todo salario menor a $2,500 francos sea ilegal, incluso en los trabajos peor remunerados.

Daniel Strab, uno de los fundadores del Basic Income Initiative, describe así la petición que más de 100 mil personas propusieron al Parlamento suizo: "Imagina que naces y la sociedad te dice 'Bienvenido, nos haremos cargo de ti', y te pide que hagas lo que quieras hacer con tu vida, ¿cuál es tu sueño? Imagina esa sensación, es una atmósfera completamente diferente."

Strab y sus aliados celebraron la presentación de la iniciativa en el Parlamento vaciando un camión con ocho millones de monedas de cinco centavos frente a la sede legislativa en la ciudad de Berna. 

La pregunta, claro, es: ¿de dónde vendrá el dinero para darle a cada suizo un ingreso mensual fijo suficiente? Al igual que con otras medidas arriesgadas (como las controversiales "cajas de sexo" en las calles de Zurich) la respuesta es: impuestos. 

El delicado balance del proyecto requerirá que los individuos que se beneficien del ingreso básico también contribuyan a alimentar el sistema a través de sus contribuciones hacendarias. Pero otra zona gris que podría minar su efectividad es la renuencia del sector empresarial para asegurar a sus trabajadores un ingreso mínimo muy superior al actual —sin importar el tipo de actividad que realicen— ha propagado el rumor de que algunas empresas podrían salir de Suiza para no acatar las medidas.

"No puedo creer que Suiza vaya a causar tal daño a su propia economía", afirmó Ivan Glasenberg, CEO de Glencore, una de las principales compañías de alimentos en el mundo cuya sede suiza podría considerar una mudanza radical.

Aunque la suiza es una de las economías más estables del mundo, esta medida arriesgada podría ser el equivalente a la despenalización de drogas hace décadas en Holanda o Portugal: un paso arriesgado —casi un experimento de ingeniería social—, pero donde los beneficios podrían compensar los peligros potenciales, uno de los cuales podría ser el que los inversionistas extranjeros (que no quieren dejar de gozar de las facilidades bursátiles que dan fama internacional al país, además de sus navajas y sus tipografías) dejen de considerar Suiza un destino deseable para invertir.