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Al fin se incorpora la consulta popular, gracias a la demanda ciudadana, ante una malograda democracia representativa. ¿Será el primer paso a una democracia participativa?

imagesLa corrupción que impera en México inhibe, en conjunto con el desánimo colectivo, el fortalecimiento de la sociedad civil. Según el último informe de Transparencia Internacional, este país ocupa el lugar 105 de 177 en cuanto a niveles de corrupción, según la percepción de sus ciudadanos.

Esta misma desconfianza hacia los funcionarios públicos genera un círculo vicioso que impide que la sociedad se organice y exija a sus autoridades, pues de entrada se cree que es una lucha perdida. Sin embargo, entre el escepticismo generalizado, un ejemplo reciente de  trabajo civil ha dado frutos. Me refiero a la labor de los miembros del Colectivo Reforma Política Ya, quienes desde hace unos años, y con apoyo reciente de MOVIDEMO A.C., mantuvieron reuniones con legisladores logrando que se incorporaran las figuras ciudadanas como candidaturas independientes, la iniciativa de ley ciudadana y la consulta popular, que hace unos días fue dictaminada.

David Domínguez, miembro de esta A.C., declara que la consulta popular aprobada presenta modificaciones relevantes que son benéficas para la sociedad civil, entre ellas que el Ejecutivo no pueda proponer consultas; también la incorporación de la figura de trascendencia nacional para que aplique una consulta ciudadana, o que el poder legislativo esté obligado a recibir la petición de consulta ciudadana y sea la Corte la que determine si es constitucional o no la consulta, según el tema abordado. Además, se fijó un plazo para determinar la viabilidad de la consulta, el cual Domínguez considera razonable: 30 días.

Cómo aplicar la consulta ciudadana:

  • Si crees que una  ley o iniciativa de reforma afectaría negativamente a la nación, puedes iniciar una recolección de firmas.
  • Se trata de una alternativa para que los políticos no tengan la última palabra en temas trascendentales y que tu opinión cuente.
  • Si quieres hacer una consulta,  deberás elaborar un aviso de intención al congreso y juntar al menos 1 millón 600 mil firmas, 2% del electorado (una cifra que parece inalcanzable, aunque es posible).
  • Las firmas deberán tener nombre, número de IFE y firma del elector, y deberán ser escritas a mano.
  • Podrás hacer una consulta popular de cualquier tema de trascendencia nacional excepto cuando se traten derechos humanos, de la composición del país como una República representativa, democrática, laica y federal, la legislación electoral, la organización de las Fuerzas Armadas, seguridad nacional, y los ingresos y gastos del Estado. 
  • Si tu petición de consulta popular cumple los requisitos, se llevará a cabo la consulta en día de elecciones, es decir, cada tres años, y la consulta será vinculante si es votada por 40%  de los electores, una meta por demás ambiciosa.

¿La Consulta Ciudadana aplicaría para la reforma energética?

—Eso lo decidirá la suprema Corte de Justicia de la Nación. 

Según Domínguez, los aspectos menos favorables de la consulta, son factores como la duplicidad de firmas, es decir, ninguna petición de consulta deberá repetir 20% de signaturas de otras solicitudes previas. A pesar de que los miembros de MOVIDEMO A.C. creen que la ley tuvo algunas modificaciones pertinentes, quedaron inconformes, pues pudo haber sido una legislación mucho más accesible para los ciudadanos. Los legisladores se negaron, por ejemplo, a incluir cualquier alternativa de recolección de firmas vía digital.

Se trata pues de una alternativa antes impensable, algunos legisladores, como el priísta Omar Favad Menseses, creen aún que la sociedad ignora lo que es mejor para ella, y por lo tanto, son los políticos los que deben tomar las decisiones públicas. En los debates sobre la consulta, Favad llegó a afirmar en tribuna, literalmente: “Consultar al pueblo llevaría a la anarquía”. Esto, a pesar de que en los últimos veinte años la economía mexicana apenas ha crecido y al menos la mitad de la población continúa viviendo en pobreza –en 1990, 53% de los habitantes de México eran pobres, según el INEGI; veinte años más tarde, 46.5% continúan en esta situación, en cifras del Coneval. Es decir, hemos vivido veinte años de una política económica que prácticamente no ha mejorado la vida de los habitantes. En pocas palabras, esto ha sido causado por las decisiones de los gobernantes.

Hay quienes creen que es la hora de los ciudadanos en México, simplemente porque no hay otra alternativa. Los políticos no solucionarán los problemas sociales, tal y como históricamente lo hemos comprobado. La hora de los ciudadanos es una urgencia que poco a poco todos vamos concibiendo. Si bien la consulta popular no respondió a la accesibilidad requerida, es un hecho que los ciudadanos cada vez exigen más, incluso si apenas son brotes incipientes, hacerse escuchar.

Twitter de la autora: @anapauladelatd

 Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.

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¿La ciencia debería admitir la existencia de los milagros?

Por: pijamasurf - 03/13/2014

Las relaciones entre la ciencia y la religión han tenido una historia larga y no siempre tersa. ¿Deben los científicos "abrirse" a las explicaciones milagrosas, o por el contario, su trabajo es precisamente mostrar que un milagro es apenas un problema para el que no hemos hallado explicación aún?

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El más hermoso sistema solar, los planetas, y cometas, podía sólo proceder del consejo y dominio de un Ser inteligente y poderoso.

-Isaac Newton

La relación entre ciencia y milagros ha sido larga y tortuosa: en nuestros días, dicha relación toma la forma de dos partidos aparentemente irreconciliables, y entre los que tratan de convencer a los demás de que están equivocados y ellos en lo cierto. Una encuesta de Elaine Eklund, directora del programa de Religión y Vida Pública en la Universidad de Rice, busca hallar nuevas perspectivas en dicha relación, para lo cual entrevistó a más de 10 mil estadounidenses (incluyendo miles de protestantes evangélicos) para conocer sus ideas y prejuicios respecto a los ámbitos de la religión y la ciencia.

El estudio encontró que casi la mitad de los evangélicos entrevistados creen que "la ciencia y la religión pueden trabajar juntas y apoyarse mutuamente", lo que puede cimentarse sobre cierta base metodológica al tomar en cuenta que las prácticas cotidianas y las creencias de los científicos son muy similares a las de la gente, por decirlo así, común y corriente.

Eklund afirma que este punto de vista puede brindar "un mensaje de esperanza a los legisladores de la ciencia y educadores, pues ambos grupos no deben acercarse a la religión con una actitud combativa". El estudio afirma también que casi 60% de los evangelistas (quienes, por otra parte, enseñan a sus hijos que la Tierra fue creada poco antes de la aparición del hombre mediante la "teoría" del diseño inteligente) creen que "los científicos deberían estar abiertos a considerar los milagros en sus teorías o explicaciones".

Ya se ve que el optimismo y buena voluntad del estudio de Eklund se topa muy pronto con una barrera importante—o, al menos, para no abogar por una "actitud combativa", con una diferencia en cuanto a las definiciones de lo que se entiende por "milagros".

Por un lado, los científicos no están del todo desapegados del asombro que conlleva la presencia de un milagro: es parte de su trabajo diario observarlos, desentrañarlos y proveer hipótesis acerca de cómo se producen cosas que a primera vista pueden parecer inexplicables; el problema aparece cuando son los científicos quienes deben incluir la existencia del milagro en los laboratorios, sin sugerir la misma reciprocidad por parte del auditorio religioso: considerar el punto de vista científico dentro de los lugares de culto.

Al final de su famoso tratado sobre la gravedad, Isaac Newton no dejó de celebrar la belleza del sistema solar atribuyéndosela a la poderosa inteligencia de un ser superior. Newton explicó cómo la gravedad del sol conforma las órbitas de los planetas y las mantiene en ellas, pero no pudo explicar cómo llegaron ahí los planetas; su teoría, pues, fue en un principio una mezcla de explicación natural y sobrenatural. Sin embargo, pocas décadas después, Pierre Laplace explicó la "milagrosa" conformación del sistema solar: una nube densísima de materia girando en torno a sí misma se comprimió y aplanó bajo enormes fuerzas gravitatorias, produciendo el acomodo de los planetas y su mecánica. El orden del cielo quedaba, pues, demostrado sin recurrir a los milagros.

Un episodio reciente en esta larga disputa terminológica ocurrió en el "debate" (aunque hay que ser demasiado generosos para ver en esta carnicería un debate) entre el creacionista Ken Ham y el astrónomo Bill Nye: ¿qué cambiaría tu punto de vista? Para el creacionista, la respuesta es nada: nada puede cambiar las Escrituras, en las que sus creencias se basan; para el científico, cambiar de opinión sería simple, siempre y cuando tuviera evidencia (el debate completo puede verse aquí):

Pero tal vez lo que separe a la ciencia de la religión sea la naturaleza de lo que unos y otros entienden por "milagros". Por ejemplo, para un creyente, el milagro es una manifestación clara de una inteligencia sobrenatural, un evento que parece haber venido de la "nada". Para un científico, un milagro podría ser algo cuya explicación aún no se conoce, e incluso, aunque se conociera (como en el caso del sistema solar), algo que sigue produciendo asombro. 

Por otra parte, es innegable el aporte que la fe puede producir en los pensadores: si no se hubieran sentido llevados por una urgencia religiosa, tal vez ni Pascal, ni Spinoza, ni Kafka hubieran escrito. Pero es tal vez, como diría María Zambrano, "lo divino en el hombre", lo que nos lleva ulteriormente a indagar los misterios de la creación y la vida, con la esperanza inquebrantable, como dijera Einstein, de sorprender a Dios mientras trabaja.