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Estos son los 8 mayores enemigos de Internet (aquellos países que amenazan tu libertad digital)

Por: Pedro Luizao - 03/23/2014

Reporteros sin fronteras publicó su informe anual alrededor de la libertad de información, donde incluye los países que más amenazan este derecho fundamental de la sociedad contemporánea.

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Hace tiempo que la idea original de que Internet es una pradera donde podemos correr desnudos con plena libertad, guiando coquetos cometas de data, fue actualizada con una interpretación más madura y realista de la Red. Difícil desairar las delicias que esta herramienta nos ha traído, o negar que ha jugado un papel fundamental en la evolución de la mente colectiva, pero es ingenuo no aceptar que Internet también es entorpecido por modelos de censura o aprovechado, por diversos actores, para, por ejemplo, ejercer labores de espionaje o manipular los patrones de consumo.

Más que derrocar la imagen idílica que alguna vez tuvimos de la Red, se trata de entender que, como cualquier otro instrumento, tiene un potencial doble filo y que en cierta medida depende de nosotros cuál de estas dos caras se fortalezca más. Entre las responsabilidades que nos corresponden (me refiero a los usuarios, a la ciudadanía), una de las más importantes consiste en exigir la privacidad de nuestra actividad digital y rechazar aquellas políticas que intenten coartar nuestra libertad

Recientemente la organización internacional Reporteros sin Fronteras, publicó su reporte anual que determina cuáles son los países en los que se atenta explícitamente contra la libertad en Internet, mediante la censura y la vigilancia. El listado, titulado "Los enemigos de Internet", presentó varias novedades en respuesta a acontecimientos del último año que le valieron a tres países ingresar por primera vez al grupo. 

La censura y vigilancia en Internet tienen un impacto directo en los derechos fundamentales. La libre expresión en-línea facilita un debate libre en asuntos de interés general. También facilita el desarrollo, buen gobierno y la implementación de garantías democráticas. 

Junto con países como Irán, Corea del Norte, y China, famosos por su autoritarismo y cuyas políticas son criticadas enérgicamente en los grandes medios –a mi juicio con clara razón, pero también nutriendo una agenda paralela de rechazo cultural ante estos regímenes–, se incluye a Rusia, también reconocido como un gobierno que no respeta múltiples garantías individuales, y a Siria, que actualmente se encuentra en una situación crítica. Lo interesante es que a este 'sombrío' grupo ahora se unen tres naciones democráticas que promueven los derechos humanos y cuyo discurso busca posicionarse, al menos en dos de los casos, como icono de civilidad: Estados Unidos, Reino Unido e India.

Los métodos de vigilancia masiva empleados por estos países, muchos de los cuales fueron expuestos mediante la filtración de documentos de la NSA vía Edward Snowden, son aún más intolerables, pues son aprovechados por países autoritarios como Irán, China, Turkmenistán, Arabia Saudita y Baréin para justificar sus respectivas violaciones contra la libertad de información. 

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El diario digital Global Post presentó un acercamiento a las razones por las cuáles cada uno de estos ocho países es considerado entre los grandes enemigos de Internet. A continuación un sintético repaso de ese ejercicio:

Estados Unidos

El informe advierte que la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) "simboliza los abusos cometidos por las agencias de inteligencia alrededor del mundo". Su programa de vigilancia digital, aprovechando la colaboración de los proveedores de Internet (como AT&T y Verizon) monitorea la Red desde su capa más profunda, su infraestructura.

Reino Unido

Los ingleses se han convertido, según el reporte, en los "campeones mundiales de la vigilancia" gracias a las actividades realizadas en su cuartel de comunicación gubernamental, desde donde se espía una cuarta parte de la comunicación en el mundo.

India

Desde los atentados en Mumbai hace seis años, el gobierno indio implementó un sistema para tener acceso ilimitado, y en tiempo real, a una buena porción de la comunicación electrónica.

China

A pesar de las denuncias internacionales, su "Gran Muralla Electrónica" sigue creciendo, y hay más de setenta proveedores de información encarcelados, entre ellos treinta periodistas, por contenidos u opiniones vertidas vía Internet. 

Corea del Norte

Sólo 10% de su población total (2 de 24 millones) tiene acceso, y altamente restringido, a Internet.

Rusia

Desde 1998 el programa de vigilancia ruso, conocido como SORM, comenzó a monitorear la Red. Mediante un férreo control de la comunicación electrónica, el gobierno intimida a detractores, periodistas, activistas y cualquier otra persona que vaya en contra de su agenda. 

Siria

El caso de este país es extremo. El actual régimen controla explícitamente a los proveedores de Internet e incluso se le acusó de apagar la Red temporalmente en 2012. 

Irán

Bajo el argumento de proteger a la población de los peligros de Internet, el gobierno iraní monitorea de cerca toda actividad digital y frecuentemente castiga, con encarcelamiento, a los usuarios que rebasan los límites de su autoritarismo, o simplemente bloquea múltiples sitios que promueven información que incomoda al gobierno. 

Probablemente te sientas ajeno a estos ocho casos, incluso a pesar de que seguramente parte de tus actividades en la Red también son registradas por los programas de vigilancia de algunos de estos países. Pero si te informas sobre lo que sucede en tu país, tal vez logres detectar políticas o potenciales legislaciones que eventualmente afectarían tu derecho a la libertad de información y privacidad. En este sentido, es importante estar pendientes de lo que ocurre en los marcos legislativos de nuestros respectivos países, y sobre todo entender la presión que grandes poderes alrededor del mundo están promoviendo mediante discretos tratados internacionales que pronto estarían cantando un jaque contra nuestras garantías digitales. 

 

Paraísos artificiales: el turismo de drogas en el 3er mundo

Por: pijamasurf - 03/23/2014

Algunos turistas no buscan solamente los típicos atractivos locales de Sudamérica: el turismo de fiesta en nuestros días está en el fuego cruzado de la estrategia militar contra las sustancias ilícitas y el lucro que el crimen organizado obtiene de ellas.

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Los sentidos adquieren una finura y una agudeza extraordinarias. Los ojos penetran el infinito. El oído percibe los sonidos más imperceptibles en medio de los ruidos más violentos.

(...)

Esta fantasía dura una eternidad. Un intervalo de lucidez nos permite con gran esfuerzo mirar el reloj. La eternidad ha durado un minuto.

-Charles Baudelaire, Los paraísos artificiales

El turismo como lo conocíamos parece haber llegado a su fin: aunque los trotamundos y viajeros de todo el orbe no dejen de visitar el Louvre, el Taj Mahal o el Amazonas, la cultura raver de los '90 dio origen a un nuevo tipo de viajero, para el que las agencias de viaje tienen paquetes especiales e incluso un nombre genérico: el flashpacker.

Se trata de un turista −con seguridad, proveniente de un país de primer mundo en América (EU y Canadá) o Europa− que visita un país sudamericano o asiático con fines de hacer turismo sexual o de drogas. Las capitales del mundo y sus deleites se abren frente a los ventajosos tipos de cambio que el euro y el dólar tienen frente a las empobrecidas monedas locales −en algunos barrios (y siempre bajo la protección de locales), un flashpacker puede comprar un gramo de cocaína de excelente calidad por 7 mil pesos colombianos, apenas $4 dólares estadounidenses.

Cocaina: a book on those who make it narra el caso de Medellín, Colombia, que durante los '90 fue conocida como "la capital mundial del asesinato" debido a la peligrosidad de los carteles de droga que aún operaban, pero que desde entonces se ha transformado en la meca de la fiesta salvaje, con una infraestructura económica que permite que los viajeros visiten los nuevos hitos históricos de la ciudad, que en gran parte tienen que ver con la historia reciente de violencia que vivió la ciudad.

[caption id="attachment_73725" align="alignright" width="276"]Pablo Escobar Pablo Escobar[/caption]

Un turista con dinero en Medellín no sólo puede visitar uno de los muchos clubes nocturnos donde las autoridades se hacen de la vista gorda frente al coctel de sustancias ilícitas que se consumen públicamente; durante el día, un viajero sueco o alemán o español puede visitar El Poblado, un área comercial y habitacional de Medellín construida y donada por el capo Pablo Escobar.

El curioso también puede visitar La Catedral, la infame cárcel construida por el capo y de la que escapó sin problemas en el 92, su rancho (hectáreas de lujo desenfrenado que incluso poseía su propio zoológico), así como el lugar donde Escobar fue finalmente abatido. Todo de la mano de una guía Lonely Planet.

La leyenda del primer multimillonario moderno en el mundo de los cárteles de la droga alimenta una subcultura ávida de motivos para idealizar a Escobar como si fuera una especie de Al Capone o Robin Hood del 3er mundo: uno que en vez de quitarle a los ricos para darle a los pobres, alimenta a los ricos con su propio polvo de hadas, la cocaína.

Mientras que 90% de la heroína del mundo se produce en Afganistán, pocos viajeros pensarían en pasar un par de semanas vacacionando en Kabul o en las montañas donde Osama bin Laden fue cazado y muerto. La heroína se relaciona con el SIDA, con adictos pinchándose debajo de puentes, con Trainspotting y una horrible desintoxicación. En cambio, en Colombia se produce 60% de la cocaína del mundo, una droga que goza de una aceptación social mucho más compleja que otras, a pesar de que su potencial adictivo esté entre los más altos.

La cocaína está asociada al logro y al éxito en los negocios. La salvaje fantasía alimentada de cocaína queda perfectamente retratada en The Wolf of Wall Street, donde el dinero y la testosterona se vuelven indistinguibles de altas dosis del alcaloide dibujando un bigote blanco bajo las narices de los brokers de Wall Street. 

Al igual que antropólogos y hippies visitaban las montañas de Oaxaca buscando los niños santos, los hongos ceremoniales de María Sabina, el turismo alucinógeno sigue la pauta eco-friendly para disfrazar con fines pseudoespirituales la curiosidad (o moda) por compuestos como el "sapito" o la ayahuasca en México o en las selvas del Perú, o del peyote en el desierto mexicano. Los turistas van por la experiencia de conciencia, pero en su camino realizan una importante derrama económica de la que las poblaciones pobres se benefician, y que por tanto, las autoridades encubren.

Y es que el auge de este nuevo tipo de turismo (el que, por su informalidad, arroja cifras siempre asociadas al turismo tradicional, al igual que ocurre con el turismo sexual en países como Cuba o Tailandia) demuestra que el enfoque militar en la guerra contra las drogas falla en entender la naturaleza de lo que el usuario encuentra en la experiencia de la droga misma: se trata de un asunto de salud, por un lado, y de una industria que mueve toneladas de dinero, flujo del cual también las autoridades se nutren, y que no puede frenarse a fuerza de balas. 

Mientras el enfoque sobre el consumo de drogas siga la vía de la penalización del usuario, los agujeros de gusano del sistema seguirán posibilitando la búsqueda de los paraísos artificiales: nichos de oportunidad para el crimen organizado en los países más pobres del mundo.