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El realismo de la magia negra: Riesgo moral, las mujeres de Ciudad Juárez y la élite hollywoodense (III/IV)

AlterCultura

Por: Jasun Horsley - 03/19/2014

La brutalidad de "El Consejero" (la película de Ridley Scott con guión de Cormac McCarthy) es la brutalidad de nuestro mundo: éste en el que un gran riesgo se asume porque son otras personas quienes pagarán el costo en caso de que algo salga mal.

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La extinción de toda la realidad es un concepto que no puede ser abarcado por ningún tipo de resignación.

-Jefe, El Consejero

Algunos personajes secundarios de El Consejero no parecen estar sujetos a las reglas del circo pesadillesco de matanzas pero, como los Arcanos, las ejecutan. El comerciante de diamantes es uno de ellos: su papel es tentar e instruir al Consejero, tentarlo al instruirlo y viceversa. Aparenta ser un viejo amable al principio, pero hacia el final de la película se convierte en un pastor de almas casi demoníaco. Si el comerciante de diamantes es Satanás, entonces, de una manera más inesperada, Jefe, un miembro del cártel, aparece en el papel de Dios (el dios católico, que en realidad podría ser el dios judío disfrazado). Jefe cita al poeta Arturo Machado cuando habla con el Consejero por teléfono y le presenta la situación honestamente: es el mensajero de noticias que no son buenas ni malas, sino simplemente los hechos fríos y escuetos. La verdad puede no tener una temperatura, pero puede congelar tu alma y quemar tu corazón. Interpretado por Rubén Blades, Jefe es el personaje que, además de Malkina, se identifica más con el mal insidioso de la película; al mismo tiempo, también es el personaje más sabio y más agradable —su presencia es casi paternal. Su conducta empática podría convenirle a esos altos niveles del poder (de la realidad de ensueño de McCarthy), ya que el verdadero poder jamás puede parecer débil. Jefe existe más allá de las normas sociales del bien y el mal, simplemente es un instrumento de justicia divina y suavemente, casi con cariño, preside el despertar del Consejero: su destrucción moral absoluta y final.

Mientras que Jefe le explica pacientemente la situación, el error fatal del Consejero es que “continúa negando la realidad en la que habita”. Él es la palabra que ha creado. El Consejero es víctima del “riesgo moral”, pero también es el culpable. Hay una breve escena de confrontación con un antiguo cliente en la cual le dice a Laura que su novio es el tipo de hombre que “sacrifica a cualquiera” (es decir, generalmente a un amigo o un aliado) que no merece ese trato, ya sea por malicia o por conseguir algo. Estar en la posición para hacer eso es la definición de riesgo moral. En economía, la teoría del riesgo moral es “cualquier situación en la que una persona toma la decisión de cuánto riesgo tomar, en tanto alguien más tiene que pagar el precio si algo sale mal”.

En  El Abogado del Diablo (Taylor Hackford, 1997), John Milton (Satanás, interpretado por Al Pacino) trabaja como abogado “porque es el mejor pase tras bastidores. Es el nuevo sacerdocio”, según dice. Los abogados, con sus enormes egos, son parte de todos los afanes del mal en el planeta, porque tener el “mejor pase tras bastidores al final corrompe”.

En “Moral Hazard: A Tempest-Tossed Idea” (The New York Times, febrero 25 de 2012), Shaila Dewan describe el riesgo moral como “una idea que preocupa mucho a los estadounidenses en lo particular… un término oscuro que las aseguradoras han empleado, creando una nueva divisa dentro de nuestra economía problemática”.

Últimamente hemos oído mucho acerca del riesgo moral, en principio por la conexión que tiene con el rescate financiero de los bancos y ahora con los esfuerzos que algunos propietarios de vivienda pretenden llevar a cabo. “Riesgo moral” suena como el nombre de un videojuego que ocurre en un burdel, pero en términos económicos se refiere a los enormes riesgos que algunas personas pueden tomar sin tener que lidiar con las consecuencias. En otras palabras, si el dinero es gratuito, ¿por qué no gastarlo en una bolsa de diseñador? Si sabes que alguien vendrá a rescatarte, ¿por qué no tirar los dados y apostar por una inversión hipotecaria compleja? ¿Por qué no consentirte y gastar en una casa que no puedes pagar? El riesgo moral se convirtió en la conversación del país durante la crisis financiera del 2008, cuando los estadounidenses se preguntaron por qué tendrían que rescatar a los bancos cuando fueron ellos los que llevaron la economía a un colapso… El espectro del riesgo moral persigue una tensión básica en la vida de Estados Unidos: ¿hasta qué punto son las personas las responsables de sus propios problemas? Mientras más problemas tengas, sugiere el riesgo moral, menos deberíamos ayudarte.

En la teoría económica, un dilema moral es una situación en la que los individuos toman riesgos porque los costos potenciales no los afectarán a ellos, sólo a otros. El riesgo moral surge cuando un individuo o una institución no tienen que lidiar con las consecuencias de sus acciones y por lo tanto tienden a actuar de manera menos cuidadosa, dejando a otros que paguen las consecuencias. Los economistas explican el riesgo moral como un caso especial de la “información de asimetría”: una situación en la que una parte de la transacción tiene más información que la otra. En particular, el riesgo moral puede darse cuando alguien está aislado del riesgo y tiene más información de sus acciones que la persona o personas que pagarán las consecuencias negativas de tomar ese riesgo.

Laura paga el precio de las acciones del Consejero porque no sabe casi nada de ellas; el Consejero, por su parte, también actúa sin saber bien en qué se ha metido y pronto se percata de que es una herramienta útil, o simplemente una ofrenda, para aquellos que saben más que él. Al mismo tiempo, ha sucumbido ante los peligros de la cercanía a la contaminación y la corrupción condicional. Lleva tanto tiempo asociándose con criminales y le han ofrecido tantas tentaciones, negocios ilegales y ganancias fáciles —y ha sido cómplice de criminales para que estos puedan continuar sus actividades ilícitas—, que ni siquiera puede ver la línea que ha cruzado hasta que se convierte en una mancha en la distancia, como los fragmentos incoados de un sueño después de un despertar particularmente violento.

La ciudad de las mujeres perdidas y la fábrica de sueños Hollywoodense

Las reglas normales de una transacción no aplican al duelo. El duelo trasciende el valor, sin embargo, no puedes comprar nada con el duelo, porque el duelo no vale nada.

-Jefe, El Consejero

Ciudad Juárez, en donde se asienta el cártel mortífero de la película, se conoce desde 1990 en México como la “Capital de Mujeres Asesinadas”. Según un artículo de The New Statesman, “Mexico’s Disappeared Women” (2011), los habitantes piensan que los asesinatos son un tipo de “deporte sangriento practicado por la élite de la ciudad”, o está relacionado con cultos satánicos, películas snuff o el robo de órganos.

Las investigaciones llevadas a cabo por las autoridades mexicanas han sido descritas como “someras” y es imposible siquiera calcular con precisión el número de víctimas. El Diario, el periódico local, aventura que 878 mujeres fueron asesinadas entre 1993 y 2010, sin embargo, los habitantes de la ciudad piensan que la cifra alcanza los miles. Un enorme desierto rodea la ciudad y con frecuencia encontrar cuerpos toma meses, si es que los llegan a encontrar. “Seguido, para cuando encuentran los cuerpos, éstos ya se momificaron por el calor”. Inevitablemente, el número de mujeres reportadas como desaparecidas es mucho más alto que el número de muertes confirmadas, es decir, de cuerpos encontrados.

Algunas de las compañías más poderosas de los Estados Unidos han establecido fábricas en el estado de Chihuahua (en donde se encuentra Ciudad Juárez). Esta lista incluye a Ford, General Electric, General Motors, RCA y Chrysler. A estas fábricas se les conoce como maquiladoras. Al crear trabajos en abundancia, las maquiladoras han atraído a muchos hacia Chihuahua y en particular a Juárez, de todo México y (podemos suponer) de Centro y Sudamérica. Una porción grande de este flujo son trabajadores y mujeres jóvenes. The New Statesman describe:

No sólo están implicadas las maquiladoras en los problemas más amplios de la ciudad, pero con frecuencia los empleados son víctimas de secuestros y asesinatos. Las fábricas operan 24 horas al día. Autobuses blancos transitan los suburbios, recogiendo a las mujeres que trabajarán turnos largos. La falta de seguridad en estas rutas ha sido señalada como la responsable de las desapariciones. Esto las obliga a caminar por calles sin luz, donde muchas de ellas son secuestradas.

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La imagen que esto evoca es la de una agenda bien organizada, a largo plazo y gran escala, para atraer a mujeres y después secuestrarlas, en la cual las corporaciones de Estados Unidos, así como administradores locales y el gobierno, se encuentran —al menos indirectamente— implicados. Sin duda alguna, los habitantes culpan a la policía y a los políticos y, hasta cierto punto, también a los dueños de las fábricas por todo lo que sucede. Una mujer cuya hija desapareció insiste en que las autoridades “saben de dónde viene el problema y que hay personas que saben en dónde están torturando a estas mujeres.” Estos lugares son locales de striptease y burdeles que se encuentran a lo largo y ancho de México. (Una joven que logró escapar después de haber sido secuestrada, le contó a la señora que su hija estaba trabajando en Puebla, que se encuentra a más de un día en autobús de Juárez). En las calles de la ciudad se pueden encontrar fotografías colgadas en paredes, tiendas y postes, de mujeres desaparecidas. Paralelamente, bandas de adolescentes manejan dando vueltas, esperando las instrucciones para su próximo atraco (o ¿secuestro?), por el cual les pagarán menos de veinte dólares estadounidenses.

El artículo describe el ambiente de la ciudad y el humor de los citadinos, indiferencia y desesperación, una suerte de resignación nihilista hacia las fuerzas de corrupción que han dominado sus vidas. El Consejero retrata este mismo mundo, pero lo ubica no en el Norte de México, sino en el otro lado de la frontera, en la tierra en donde el exceso de oportunidad lleva directamente al infierno. El Consejero sale en busca de su felicidad al hacer tratos con los cárteles mexicanos para asegurar su diamante y a su novia, pero pierde a ambos ante las fuerzas del caos que él mismo invocó. Se da cuenta de que no vale pena vivir su vida si no tiene su “gloria” —el anima siendo su propia alma—, entonces sigue tanto a la mujer como al diamante al Infierno, también conocido como Juárez. A través de este acto relativamente abnegado, se rinde ante las consecuencias inevitables de su propia inconsciencia. Al contrario de Orfeo, él no puede negociar con Hades; las fuerzas plutónicas son indiferentes hacia su sufrimiento (aunque comparten su sabiduría con él). El Consejero aprende que jamás podrá rescatar a Laura, que ni siquiera puede cambiar de lugar con ella (aunque está dispuesto a hacerlo). Lo único que puede hacer es establecer su residencia ahí y, desesperanzado y solo, aceptar su destino: un DVD que un niño lleva a su cuarto —acaso una película snuff en la que se tortura y asesina a Laura— con un alegre “¡Hola!” escrito en la portada, dándole la bienvenida al Infierno. Como si fuera un cuerpo atrapado dentro de un barril, flotando eternamente en una fosa séptica, el Consejero se ha rendido ante la pesadilla en la que vive, la pesadilla que él creó.

Por otro lado, la película ofrece un débil rayo de esperanza, una grieta en el barril, una manera de escapar la oscuridad absoluta que sigue todo en el mundo, “la extinción de toda la realidad”. El comerciante de diamantes le asegura al Consejero que “en nuestros momentos más nobles, le anunciamos a la oscuridad que no seremos mermados por la brevedad de nuestras vidas”. Jefe le cuenta al Consejero la historia del poeta Arturo Machado, quien se convirtió en poeta después de que su amada muriera prematuramente. “No me voy a convertir en una poeta”, dice el Consejero. Jefe le asegura que no le serviría de nada hacerlo, sin embargo, el punto se ha enunciado, y la referencia a la piedra filosofal odiada, enterrada, revela la verdadera naturaleza de nuestros planes, indica que no hay un tesoro escondido una vez que toda la esperanza y el significado —toda la realidad— se hayan cruel e irrevocablemente perdido.

En The Matrix, el despertar del sueño en el que Thomas Anderson ha vivido es traumático; le han dicho que después de alcanzar cierta edad, rara vez despiertan a las personas porque sus mentes no son capaces de lidiar con ello. A Thomas le va relativamente bien: solo vomita. El protagonista de El Consejero no es tan afortunado, le otorgan una visión clara de la verdad y lo que ve destruye su alma. En estas escenas la película se acerca a mostrar las verdaderas consecuencias del despertar, mostrando mucho más de lo que otras películas han hecho. La bofetada espiritual es la lógica absoluta del horror que experimenta el protagonista. La depravación sin sentido de la cual es víctima es una respuesta a su propia búsqueda de la felicidad sin sentido, ciega y codiciosa dentro de un universo que no tolera la ceguera, que la castiga con la inclemencia de un Dios imaginario y vengador que condena a los que “hacen mal”.

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Si el despertar espiritual es el equivalente psicológico de ser desollado, eso es lo que le sucede al Consejero. El mundo del Consejero (que es nuestro mundo) se ha construido sobre la explotación ciega de otros para obtener nuestra propia gratificación, un mundo en donde el alma humana (anima) trabaja en las maquiladoras y se convierte en el combustible de los sueños más depravados. El precio de esta codicia desmesurada es la pena sin fin. El mundo de El Consejero puede parecer desproporcionadamente sombrío. Un crítico particularmente obtuso se quejó de cómo “la sangre bondadosa de la humanidad no fluye por las venas de El Consejero, ni siquiera un poco”. Pero sucede que la película no se trata de la bondad humana, se trata de la corrupción que alcanza el alma y que se refleja en las realidades sociales y políticas a través de hechos históricos.

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Puede parecer que, con su colección irremediablemente desagradable de especímenes morales, Scott y McCarthy han acumulado injustamente en contra de la humanidad (y sin duda es una experiencia muy diferente a la de la mayoría de las personas) pero, por otro lado, las realidades sociales exploradas sólo son posibles mediante las acciones o inacciones de las personas, en cuyo caso la película logra imaginar —aunque sea en una forma arquetípica o fantasiosa— cómo esos individuos pueden ser y actuar. Por sus frutos los conoceremos. También podría ser una representación certera de la vida de la élite hollywoodense, una vez que la diamantina ha caído de nuestros ojos, que debe de ser el caso de Scott. Puede que El Consejero no sea arte —parece participar y hasta disfrutar la misma depravación que expone— pero está retratando un mundo en el cual la corrupción ha alcanzado niveles tan profundos que “cultura” es sinónimo de “putrefacción”. No existe ningún tipo de arte que no surja de y no promueva el deterioro moral. Si dejo que la verdad oscura de El Consejero se infiltre a las partes más profundas de mi ser, jamás veré otra película hecha en Hollywood.

Por esta razón, el hecho de que una película de Hollywood haya retratado estas atrocidades —como lo son el secuestro, la violación, tortura y asesinatos de mujeres mexicanas, así como la complicidad del gobierno de Estados Unidos y sus grandes organizaciones y negocios (en realidad, gran parte de la civilización occidental, incluyéndonos a nosotros) con esas atrocidades— es profundamente problemático. Aparte de sus logros filosóficos o la validez de su comentario social, El Consejero es una forma de entretenimiento elegante, sensacional y visceral. Cuesta millones de dólares y le valió millones más al estudio productor, incluyendo fuertes cantidades para su escritor, director y actores. Al usar las verdaderas miserias de los mexicanos para inyectarle a su infusión mágica una enorme cantidad de pathos y gravitas, podría argumentarse que los productores están explotando esta miseria. Las personas que la hicieron, después de todo, pertenecen a la élite detrás de esas mismas atrocidades. Las mismas personas que participaron en películas como El Señor y la Señora Smith, Black Hawk Down, Skyfall, Knight and Day y World War Z, sin duda sería difícil verlos entre las víctimas. 

 

Aquí, la primera y la segunda parte de este ensayo.

En este enlace, otras colaboraciones de Jasun Kephas en Pijama Surf.

Twitter del autor: @JaKephas 

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El viento no se queja; el hombre es el que oye, en la queja del viento, la queja del tiempo.- Octavio Paz

Un hombre paranoico es alguien que sabe un poco de lo que está pasando.-William Burroughs

Al menos de manera tangible, desbrozando el campo de conceptos, el hombre está sólo en el universo. Tiene sólo su cuerpo y su mente para conocer la realidad (si es que ésta existe de manera independiente de su pensamiento). Por más que uno se apoye en los demás o invoque a seres invisibles o sobrenaturales, a fin de cuentas  la mayoría de nosotros (los que no tenemos algún siddhi) sólo podemos conocer bien a bien lo que nos ocurre a nosotros, dentro del límite de nuestro cuerpo. Lo otro que conocemos, la otredad misma, la divinidad o incluso la realidad exterior se muestra de una manera un tanto espectral e inasible: podemos conocerla solamente a través de inferencias, de conocimientos indirectos, con instrumentos que a lo mucho son prótesis de nosotros —miembros fantasmas— y que van creando modelos, mapas que tomamos como reales pero que no son ciertamente "el territorio"; conocemos los fenómenos, pero la cosa en sí, el noumen es esencialmente elusivo o "incognoscible" en la terminología de Kant. Puede ser que el universo entero esté dentro de nosotros, puede ser que todo rezume de conciencia, que todo esté vivo y vibre, pero si soy riguroso, la verdad es que sólo tengo conciencia de mí mismo: esa unidad o esa conciencia universal es una luz que se desvanece o una voz que se pierde en la distancia y la monotonía. Algo que apenas puedo percibir, que posiblemente intuyo y que acaso añoro.

Estamos solos pero observamos el magnífico teatro cósmico de lo otro. Y ante esta inmensidad en la que palidecemos, y quizás precisamente porque no podemos alcanzarla o poseer lo otro que deseamos, estamos ávidos de encontrar un sentido, una explicación que nos permita seguir adelante en la separación física y psíquica que se revela como la realidad contundente —nuestro pequeño drama existencial bajo luces distantes que no queremos que  nos sean indiferentes. El hombre siempre ha visto las estrellas en la noche. En ellas ha encontrado no sólo una dirección para navegar en la oscuridad, también ha creído encontrar una dirección para entender los sucesos que le ocurren a su interior, o en su relación con el mundo y guíar su vida: una rueda de dibujos animados en los que ha proyectado su mito y su drama. El acto es primordial y no es del todo diferente de vernos reflejados en algo o en alguien que no somos nosotros. El cielo es el primer espejo de nuestra mente. Este mismo acto se da en toda cardinalidad, hacia arriba y hacia abajo, hacia afuera y hacia adentro y en todos los elementos. Las mancias son tan viejas como la civilización: podemos leer las olas del mar,  las figuras que deja el fuego en el carbón, lo que nos dice el viento es distinto si proviene del norte que del sur, la tierra es una matriz de lenguaje: el polvo susurra lo que somos, las entrañas de los animales o el vuelo de los pájaros nos muestran si es auspicioso partir o iniciar una batalla. Todo habla, todo está lleno de signos, todo es una cámara de ecos y resonancias. "Hagamos silencio, para que podamos escuchar el murmullo de los dioses", escribió Emerson.

¿En realidad leemos o decodificamos este texto, este libro de la vida, este "bosque de símbolos"? ¿O más bien creemos ver y oír fuera de nosotros nuestras propias ideas, las cuales pujamos por ver reflejadas, por confirmarlas con la fuerza de la realidad externa, para encontrar un sentido? 

Lo anterior es parte de la visión animista del universo, considerada como primitiva por la ciencia moderna, con el despectivo: "pensamiento mágico" (bajo el entendido de que el pensamiento racional, basado en la disección de los fenómenos, es superior). La ciencia moderna nos dice que el universo y la evolución corren de manera ciega e indiferente a nuestros pensamientos y creencias. El universo es vasto y maravilloso, pero es también terriblemente frío e inclemente: no se inmuta por lo que le sucede a una civilización en uno de miles de millones de planetas y menos por lo que sucede dentro de un cerebro humano. De igual manera, las leyes de la física señalan que la forma en la que se comporta la materia es constante en todas partes del universo, por lo que esta indiferencia existencial es parte de la naturaleza de la realidad. Y aunque desde fuera queremos interpretar la física cuántica como una esperanza para significarnos en este cosmos baldío, apropiándonos de la noción del colapso de la función de onda como una prueba de que  la materia responde a la conciencia o de que al observar un fenómeno lo modificamos, muy pocos son los científicos que aceptarían que esto significa que el universo recibe nuestras señales y las regresa, que la naturaleza se comunica con nosotros o que nuestra mente puede afectar la materia. En otras palabras, aunque podamos conocer las leyes de la física y entender cómo funciona el universo —la concatenación de la causa y el efecto—, el dotarlo de un significado y creer que tiene un sentido, que avanza hacia un fin determinado —y que nosotros tenemos relevancia en su camino—, es una proyección antropomórfica. 

El mundo de la divulgación de la ciencia se encuentra tomado por el reestreno de la serie Cosmos, esta vez con el astrónomo Neil deGrasse Tyson. En el tercer episodio de su "odisea en el espacio-tiempo" se explora la importancia de nuestra capacidad de reconocer patrones, una de las más particulares cualidades humanas, la cual ejercemos al borde de la patología:

El talento humano para reconocer patrones es una arma de doble filo: somos especialmente buenos encontrando patrones, aun cuando realmente no están ahí —esto es algo que se conoce como falso reconocimiento de patrones.

Estamos hambrientos de significado —de signos de que nuestra existencia personal tiene un significado especial para el universo. Con ese fin, nuestro entusiasmo suele engañarños y a los demás.

No sólo queremos descubrir y confirmar que el mundo es una historia que hace sentido, como el cuento que nos contaban nuestros padres para que pudiéramos dormir tranquilamente. Queremos ser parte de la historia, escribir nuestro nombre en las piedras y en el cielo, que las montañas nos contesten, que las estrellas nos vigilen.  

Diversos fenómenos parecen atestiguar este impulso de nuestra mente por reconocerse en el mundo. El término comúnmente usado para describir este "falso reconocimiento de patrones" es "apofenia" una mala apropiación del término acuñado por Klaus Conrad "apofanía", en oposición a "epifanía". Esta visión-delusión, en palabras de Conrad, ocurre cuando vemos conexiones sin motivo acompañadas de "una experiencia específica llena de significado anormal".  Curiosamente esta definición es similar a la definición del término sincronicidad por parte de Carl Jung: "una coincidencia acausal significativa" o "un principio de conexión acausal". (Más adelante analizaremos qué quiere decir Jung con algo que no tiene causa pero sí significado y por qué esta visión es la clave para formular un universo con sentido, en el que el ser humano pueda encontrar respuestas en el "aterrador silencio del espacio sideral").

jesus-app-cheetah.grid-4x2La manifestación más conspicua y ridiculizada de la detección de patrones falsos en el mundo es seguramente la pareidolia, comúnmente asociada con apariciones religiosas en lugares insólitos. Ocurre en personas que han visto la imagen de Jesús en un cheeto o en un burrito, a la virgen en la escarcha que producen las neveras de un minisuper o que han creído ver una señal divina luego de que la imagen de la deidad apareciera en sus éxamenes de rayos X en sus pruebas de cáncer.  Las mismas revistas científicas utilizan la pareidolia para describir objetos cósmicos encontrados por la observación astronómica: una nebulosa que es llamada "el ojo de dios", otra que se considera "el balón de futbol" o una más que es una "mariposa". Ver estos objetos cósmicos como si fueran cosas íntimamente ligadas a nuestra existencia nos ayuda a entenderalas (aunque sea bajo una falsa conexión). Por otro lado hay quienes al ver estas formas análogas creen que el universo mismo está construido a la medida de nuestra comprensión (un principio antropocósmico), bajo un mismo principio formal, con correspondencias que nos hablan y cifran. "Dentro del capullo yace la mariposa y dentro de la mariposa yace la señal de otra estrella", escribió crípticamente Philip K. Dick.

Habrá que decir que este universo frío y calculable, independiente de nuestra mente, no es el razonamiento exclusivo de las mentes más aptas de nuestra cultura  —o al menos no todas las mentes más brillantes están de acuerdo en esta visión del universo. Una de las características más notables de la inteligencia es poder sostener al mismo tiempo puntos discordantes, barajar principios contradictorios sin tener que pronunicarse a favor de uno. Hagamos esto. Jugemos el juego de Jano.

Un universo de significado

Erik Davis, autor de Techngnosis, uno de los libros más importantes para entender las ideas que impulsan a la tecnología moderna, en su trabajo reciente estudiando la religión y los pasatiempos de la sociedad contemporánea (la música electrónica, las drogas psicodélicas, los videojuegos) detecta una necesidad de reencantar nuestra existencia, por volver a encontrar un significado que podríamos llamar mágico en la herrumbre de nuestra civilización industrial. Sí, claramente la tecnología nos permite hacer cosas que antes sólo podíamos soñar, ¿pero cuál es el sentido de nuestras vidas en medio de este bosque de máquinas que nos conectan a distancia pero que también nos aíslan de la chispa vital?

A la visión del astrónomo Neil deGrasse Tyson, como contrapeso a la visión cientificista, habría que oponer la visión del psicológo Carl Jung. El tema principal estudiado por Jung por toda una vida fue  evidentemente la psique humana. Sin embargo, la profundidad de su estudio lo llevó a creer que la psique humana se extiende mucho más allá del cerebro individual. No sólo la mente inconsciente es una inmensa construcción colectiva sino que lo psíquico por momentos parece escapar del fuero interno al mundo —o al menos el mundo, en la narrativa personal de la mente, refleja los procesos internos. Intentando explicar fenómenos psi al final de su vida Jung notó que existen dos tipos de relaciones entre las cosas: la cadena causal y la interconexión de significado o "la conexión constante a través del efecto y la conexión inconstante a través de la contingencia, equivalencia o significado". Esto evidentemente resulta una herejía  y una amenaza para el edificio de la ciencia: que existe una capa de realidad, quizás más profunda aunque menos constante, en la cual la supuestamente inexorable ley de la causa y el efecto no aplica. En su ensayo Sincronicidad Como Principio de Conexiones Acausales, Jung cita a una serie de precursores que influyeron en la conformación de su idea de sincronicidad, entre ellos Leibniz, Kepler, Plotino, la filosofía taoista y Schopenhauer. Este último escribió:

Todos los acontecimientos en la vida se sitúan de acuerdo a dos tipos fundamentales de conexión: primero, la objetiva, la conexión causal de su desarrollo; segundo, en una conexión subjetiva, que existe sólo en relación al individuo que la experimenta y la cual es tan subjetiva como sus propios sueños, y en la que, de todas formas, la sucesión y el contenido están determinados necesariamente y de la misma manera como la sucesión de escenas de un drama generado por un poeta. Esos dos tipos de conexiones existen simultáneamente y en el mismo suceso, como un enlace en dos cadenas muy diferentes, las cuales sin embargo se han alineado perfectamente en una consecuencia en la cual en cada momento el destino de uno se empata con el destino del otro, y cada uno se vuelve el héroe de su propio drama a la vez que figura simultáneamente en el drama del otro. Esto es también libremente algo que excede nuestros poderes de comprensión y sólo puede concebirse a través de la más fabulosa armonía preordenada.

El anterior párrafo, que se puede encontrar en el ensayo"Especulación trascendental sobre el aparente diseño en la fe individual" es de una exquisita penetración intelectual y es vital en la concepción de la sincronicidad jungiana, aunque el psicólogo suizo luego precisara algunas diferencias con Schopenhauer.  El filósofo alemán intenta conciliar la paradoja de cómo cada quien parece generar su propia realidad, vivir en su propio drama poético y a la vez ser parte de un mundo de causa y efecto, un mundo objetivo en el que confluyen todos los dramas personales sin entrar en conflicto. Una conciliación del solipsismo mezclada con el maya del hinduismo (encontramos aquí curiosamente una anticipación de esa idea con tanta historia que en nuestros días ha tomado el nombre de La Matrix). Schopenhauer invoca una prima causa que ubica en la Voluntad Trascendental, de la cual se genera toda la trama ilusoria de la Representación. Todo ocurre de manera simultánea: "las cadenas causales radiando como líneas meridianas de los polos". Schopenhauer creía en un determinismo absoluto; Jung admitía la posibilidad de un indeterminismo. David Bohm, que llevó a la física una visión similar a la Voluntad y la Representación con su Orden Implicado y Orden Explicado, nos da una pista de cómo pueden coexistir  lo determinado y lo indeterminado, lo causal y lo significativo, desde el vacío cuántico:

ya que el determinismo puede surgir de un indeterminismo subyacente, el universo puede tener capas alternativas de causalidad y caos.

significadoHoy en día se ha popularizado mucho la creencia en las sincronicidades como eventos que parecen comunicar a la personas que las atestiguan un profundo significado o un tipo de señal numinosa. Vulgarmente se cree que estos fenómenos tienen una causa oculta, una intervención velada: son emisiones directas del "universo" (lo que sea que eso signifique). Pero para Jung, después de observar el fenómeno detalladamente, lo relevante de las sincronicidades es justamente que no tienen una causa: sólo tienen significado. Jung en un principio consideró la posibilidad de que existiera una fuerza física desconocida que pudiera estar operando en fenómenos como la telepatía, la percognición, o la astrología, más tarde pensó que el tiempo mismo podría ser una estructura codificada hipervinculante "las cosas que ocurren en el mismo momento de tiempo son una expresión del mismo contenido de tiempo". Al final se inclinó por creer que estos fenómenos simplemente sucedían como parta de una significación de la psique. La ciencia mainstream estaría de acuerdo con Jung en que no hay una explicación física para estos fenómenos; estaría en desacuerdo en que en verdad ocurren (jugando a esa cadena: estarían en desacuerdo con la ciencia millones de personas que se basan en sus experiencias). Es harto conocida la historia sobre un poltergeist que simbólicamente marcó la desavenencia entre Jung y Freud, cuando el primero se inclinaba a considerar la existencia de fenómenos parapsicológicos. Jung tuvo muchas experiencias de este tipo en su vida pero lo que lo llevó a considerar que lo parapsicológico tenía cabida en el más serio estudio científico fueron las investigaciones del Instituto Rhine, que aún hoy dejan perplejos a muchos respetados científicos.

Como he dicho, es imposible, con nuestros recursos actuales, explicar la percepción extrasensorial, o el hecho de la coincidencia significativa, como un fenómeno de energía. Esto termina con la explicación causal también, ya que un "efecto" no puede entenderse si no como un fenómeno de energía. Así que no puede ser una cuestión de causa y efecto, sino de caer conjuntamente en el tiempo, un tipo de simultaneidad... considero que la sincronicidad es una relatividad del tiempo y el espacio psíquicamente condicionada. Los experimentos Rhine han demostrado que en relación a la psique el tiempo y el espacio son, por así decirlo, "elásticos" y pueden aparentemente reducirse al punto de la desaparición, como si fueran dependientes de condiciones psíquicas y no existieran por sí mismos sino que fueran "postulados" por la mente consciente. En la visión original del mundo, como la encontramos entre hombres primitivos, el tiempo y el espacio tienen una existencia precaria. Se convierten en conceptos "fijos" sólo en el curso del desarrollo mental, gracias sobre todo a la introducción de la medición. En sí mismos, el espacio y el tiempo consisten en nada. Son conceptos hipostasiados engendrados de la actividad discriminatoria de la mente consciente, y forman coordenadas indispensables para describir el comportamiento de los cuerpos en movimiento. Son, entonces, esencialmente psíquicos de origen, lo cual es probablemente la razón que hizo que Kant los considerara como categorías a priori. Pero si el tiempo y el espacio son sólo propiedades aparentes de cuerpos en movimiento y son creados por las necesidades intelectuales del observador, entonces su relativización por condiciones psíquicas no es ya motivo de asombro sino que llega a los límites de la posibilidad. Esta posibilidad se presenta cuando la psique observa, no a los cuerpos externos, sino a sí misma.

De aquí que el hombre que observa el tiempo y el espacio y los fenómenos que discurren por su aparente continuum, en realidad observa una construcción psíquica o una relación entre su propia mente y el mundo. Se observa a sí mismo. Esto es lo que a fin de cuentas Jung nos dice en su aspecto más radical. Aquí también Jung muestra una coincidencia significativa con la filosofía hermética, que sostiene como uno de sus principios la identidad entre el espacio y la mente. Si de alguna manera la conciencia es parte fundamental de la naturaleza, entonces podemos entender que el significado sea un aspecto primordial de la realidad: es parte del lenguaje de la mente.  Ya que nos acercamos al final a terrenos ocultistas, recurramos a Lon Milo Duquette, uno de los herederos de figuras como Aleister Crowley e Israel Regardie, para poder entrever esta noción del significado como un aspecto primordial de la realidad, tanto como la materia y la energía: 

Casi cualquiera estaría de acuerdo que la realidad objetiva es un mundo en el que las cosas vivientes son justo eso --cosas vivientes, tales como personas, perros, gatos o elefantes. Y por lo tanto, los símbolos no están vivos, son representaciones abstractas de las ideas.  Ha sido mi experiencia, sin embargo, que lo opuesto es verdad en el plano de la magia. Los símbolos están vivos y las cosas vivientes son generalmente el símbolo de algo.

Al universo de la ciencia moderna que hereda aún el modelo de la física clásica de un universo mecánico, ciego y sordo a nuestra existencia, contrapongamos el universo cabalista, en el que las cosas son representaciones de un lenguaje primigenio.  En el caso de Jung, no es que niegue la causalidad sino que ésta es un aspecto complementario del significado junto con el cual forma el balance secreto del mundo, tan importante en la filosofía oriental y en el pensamiento jungiano. A Jung le gustaba citar la traducción del "Tao" de Richard Wilhelm como "el sentido" o el "significado" ("meaning", "sinn"). Para él ver conexiones significativas sin relaciones causales es equivalente al pensamiento taoista de pensar en términos del todo, el cual es esencialmente simultaneidad, lo causal en cambio es más apropiado para lo fragmentario.

Aquí nos detendremos por el momento, con la intención de cuestionar tanto a aquellos de nosotros que creemos encontrar significado en los sucesos más dispares e inconexos, como también al modelo de la ciencia establecida que niega la existencia de todo lo que no puede ver o de todo aquello que no se ajusta a la estructura paradigmática de una causa y un efecto. Vivir en un universo de significado —más allá de que pueda parecer el delirio del mentalismo— ofrece la posibilidad de reencantar la existencia al acercarse a la realidad desde la poesía. El mundo se convierte en un texto que discurre en nosotros, un río de palabras, símbolos y metáforas; no sólo para intentar descifrar sino también para disfrutar: como con un poema que tiene diferentes capas de significado y cuyos signos se conectan siempre a otros signos en una madeja infinita.

Twitter del autor: @alepholo