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Para siempre, no vayas a trabajar los viernes. O trabaja sólo 6 horas al día... de esta forma mejora tu productividad, tu salud, tu vida afectiva y hasta tu creatividad.

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¿Has reflexionado sobre si en realidad te conviene trabajar 5, 6 y hasta 7 días a la semana? Aunque en primera instancia trabajar más supondría producir más, esto no siempre es así, especialmente considerando el desgaste físico y mental que el trabajo puede ocasionar. Tomarte un día libre, posiblemente los viernes para reunir un fin de semana "largo" o recortar tu jornada laboral a máximo 6 horas al día podría ser la decisión más inteliegente que puedes tomar, claro si puedes darte ese "lujo" (lo cual no debería de ser un lujo si tu prioridad es tu bienestar).

El Center for a New American Dream ha generado un infográfico en el que compila una serie de estadísticas que presentan un argumento convincente para recortar la semana laboral, sugiriendo que dejemos de trabajar los viernes. Al parecer el sueño americano del éxito a través del trabajo duro, sin cuartel, debe ser reformulado, un poco más a la europea —la calidad de vida por sobre la acumulación de dinero.

Personas que trabajan 11 horas al día, por ejemplo, tienen 2.5 veces más posibilidades de deprimirse; 60% más probabilidades de tener una enfermedad del corazón. En Estados Unidos, 40% de las personas dice que su trabajo es muy estresante (el estrés, sabemos hoy, es la muerte lenta, el paso de la somatización de todos los nervios y preocupaciones).

Las consecuencias de trabajar de lunes a viernes de 8 a más horas son que 75% de los padres dice no tener suficiente tiempo para dedicarse a sus hijos; 59% no tiene suficiente tiempo para sí mismos (el famoso quality time). Aunque la maligna corporación en la que trabajas te haya lavado el cerebro, en realidad tu vida personal es más importante que aportar a una abstracción, a una supraentidad ilusoria, y darle tu tiempo a cambio de dinero (un dinero que es sobre todo para tu empresa y tus jefes y del cual vez siempre recibirás una parte superflua en comparación con lo que se genera).

Además, dejar de trabajar un día a la semana tiene numerosos beneficios para el medio ambiente, reduce la contaminación y por supuesto abre un espacio que puede ser mágico para tus propios proyectos o para simplemente relajarte y recargar. Algo que Google sabe bien al pedirle a sus empleados que trabajen un día a la semana en sus propios intereses —claro que para luego cooptar estas ideas. 

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Evidentemente existen algunas excepciones, particularmente si eres un artista o estás creando tu propia empresa, o hayas hecho la preciada fusión del placer y los negocios sin esfuerzo, quizás entonces puedes turbocargar tu realidad por alguna temporada, pero sólo para poder descansar a tiempo antes de quemarte y darte cuenta que has vivido como un esclavo de cuello blanco: ¿sabes que hoy en día trabajamos más de lo que se le obligaba a un esclavo romano?

A esta propuesta se debe cotejar la realizada por Cristian Bronstein y Eric Winer de reducir la jornada laboral a 6 horas, apoyándose en un concienzudo marco teórico. Bronstein y Winer citan estudios que esta reducción permite: avances tecnológicos, capacitarse más, mejorar la salud, incremento en la productividad y otros beneficios.

Y si tu trabajo no te lo permite, aquí te decimos por qué lo mejor que puedes hacer hoy es renunciar.

 

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Sal de tu apartamento. Conoce a alguien del sexo opuesto. Deja de comprar cosas y deja de masturbarte. Renunacia a tu trabajo. Inicia una pelea. Prueba que estás vivo. Si no reclamas tu humanidad te convertirás en una estadística. Haz sido advertido... Tyler. - Fight Club.

Twitter del autor: @alepholo

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Tu computadora te leerá como si fueras un libro para venderte cosas

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/21/2014

El término es "computación afectiva" y la idea es leerte, tan exhaustivamente como sea posible, para recopilar data de cualquier gesto o movimiento, en pos de venderte exactamente lo que quieres, o de manipularte para que quieras lo que quieren.

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En Her, la última película de Spike Jonze, Joaquin Phoenix se enamora del sistema operativo de su computadora. El término utilizado para nombrar esta tecnología es "computación afectiva" e involucra leer, interpretar e incluso simular emociones, con el propósito de interactuar e influenciar el comportamiento humano. Esencialmente, la computación afectiva usa algoritmos de reconocimiento para identificar el estado emocional de un individuo a través de señales visuales y auditivas. Tal tecnología es capaz de distinguir si una persona está feliz, triste, enojada, indiferente, aún si intenta disfrazarlo. Estas técnicas no se limitan a rostros y voces, sino que identifican también patrones en el andar o la postura. 

Dado que una enorme parte de la comunicación de las personas es no-verbal, tiene sentido que queramos empezar a utilizar esta tecnología para mejorar la forma en que trabajamos con las computadoras. Por ejemplo, en un reciente estudio de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, un programa computacional utilizó cámaras para estudiar la expresión de algunos estudiantes, indicando cuáles tenían dificultades con los cursos. Estas tecnologías pueden manejar un amplio rango de señales visuales y auditivas, muchas de las cuales son indetectables conscientemente para el observador humano. Combinadas con el poder de tecnologías de "aprendizaje de máquina", estos programas podrán rutinariamente superarnos a la hora de evaluar a otras personas.

Los usos potenciales de la computación afectiva son enormes. Un sistema que puede leer y responder a interacciones humanas complejas en fracciones de segundo tiene obvias aplicaciones en vigilancia, aunque no sean necesariamente respetuosos a las libertades civiles. Programas de terapia podrían beneficiarse de esta clase de tecnología. Las redes sociales tendrán la habilidad de compartir otra capa de información acerca de sus usuarios. Pero quizá los campos con mayor uso comercial potencial serán la mercadotecnia y la publicidad.

patrick leger3La habilidad para influenciar el interés público y la respuesta a productos, servicios y candidatos ha sido por largo tiempo un interés clave de los mercadólogos. Hasta ahora, sin embargo, las herramientas usadas han sido poco rigurosas, haciendo de las campañas publicitarias algo más cercano a un arte intuitivo que a una ciencia. Pero qué pasaría si el marketing y la publicidad fueran capaces de interactuar con sus consumidores en tiempo real, modificándose al vuelo basados en retroalimentación no-verbal. Combinadas con otras tecnologías como la realidad aumentada y el Big Data, una interactividad sin precedentes sería lograda y el impacto de las campañas se iría al cielo.

Imagina un típico distrito de compras en una ciudad. Una chica camina cerca del aparador de una tienda. Ella lleva un par de lentes estilizados con un display tipo Google Glass para mostrar realidad aumentada, permitiéndole comparar precios sobre distintas prendas en las que está interesada. Todo sucede automáticamente desde su smartphone.

Mientras nuestra compradora se acerca a una tienda en particular, camaras detectan que se aproxima. Servicios de software identifican su edad, género y estatus demografico. Como está suscrita a ciertos servicios de cupones, tienen la capacidad de enviarle ofertas directamente. Otro software analiza su estilo basado en lo que viste y en sus compras anteriores, calcula su peso, sus medidas e inmediatamente moldea un avatar en 3D que luce increíblemente semejante a ella. Su avatar está vestido y equipado con una chaqueta que ha sido la mejor vendida en la tienda esta temporada. La imagen rotable es mandada a la compradora junto con el precio, accesorios sugeridos y un cupón de descuento si es que todavía se encuentra en un rango de 10 metros de la tienda.

La compradora no está particularmente interesada, ya que tiene una chaqueta parecida en casa. Si ha hecho su adquisición pública vía redes sociales es seguro que la tienda lo sabrá y habrá hecho los ajustes. El servicio es capaz de evaluar su respuesta basado en la información que manda la cámara. Cambios en su expresión, su caminar y su postura son agregados a un algoritmo que calcula en un 83.4% la posibilidad de que tenga una chaqueta similar, así que al menos están en el buen camino, estilísticamente hablando. Como su falda es identificada como parte de la colección del año pasado, le mandan una oferta de un estilo más actualizado. El cálculo indica que tienen un chance del 90.2% de hacer que entre a la tienda. La oferta es exitosa y nuestra compradora entra a la tienda, donde pronto realiza la compra.

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La implementación exacta de estas tecnologías tomará tiempo. En los próximos cinco años, el impacto de la computación afectiva en la publicidad se volverá cada vez más evidente, aunque quizá tome el tiempo de una década en que madure completamente. Debido a la forma en que los diversos elementos interactúan, es probable que diversos ecosistemas de servicios y dispositivos sean desarrollados para tomar ventaja de este nuevo acercamiento a las publicidad. De hecho, parece que las tiendas tendrán que suscribirse eventualmente a este tipo de servicios para seguir siendo competitivas. Mientras tanto, la mayoría de los consumidores lo verán como la mejor manera de encontrar exactamente lo que quieren al mejor precio. Todo debido a la creciente interconectividad, comunicación y cambiantes relaciones entre negocios y consumidores. El objetivo de esta tecnología es enamorarte, pero al tiempo que atiende tus necesidades te tendrá en la mira evaluándote incansablemente. Junto a la tecnología tendrá que desarrollarse un marco legal que proteja la privacidad de los usuarios pero, como ya sucede ahora, los puentes que libran las grietas legales tardan mucho más en ser contruídos que lo que tarda la tecnología en dar el siguiente paso para evitarlos. El futuro parece brillante, pero ese brillo oscurece cada vez más todo lo que permanece oculto a la vista de los reflectores.

[Fast CoExist]