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Medicina extrema: ¿Qué pasaría si te hundes por la noche a bordo de un coche o si te enfermas en el espacio exterior?

Salud

Por: pijamasurf - 02/13/2014

El doctor Kevin Fong platica algunos casos extremos en que el cuerpo reacciona de maneras que nunca imaginarías posibles.

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Nunca conoceremos a fondo el cuerpo humano hasta que no hayamos explorado los puntos más extremos del planeta. El cuerpo se comporta de maneras extraordinarias cuando está en situaciones extraordinarias, y escuchar estas historias es poco menos que fascinante. El Dr. Kevin Fong, anestesiólogo y fundador del Center for Altitude, Space and Extreme Environment Medicine trabaja en “los límites” de la medicina. Investiga cómo los humanos pueden sobrevivir extremos de calor, frío, trauma, espacio exterior y mares profundos. En su libro Extreme Medicine, Fong describe cómo la medicina avant garde está retando nuestro entendimiento de cómo funciona el cuerpo y la frontera entre la vida y la muerte. Los siguientes son algunos de los casos más destacados que platicó Fong en entrevista para Fresh Air. En el sitio se puede escuchar la entrevista y leer la transcripción (en inglés).

 

Sobre administrar medicina en el espacio

Casi todo lo que tomas por sentado en la medicina habitual no funciona aquí. Lo primero que haces cuando visitas a un paciente es preguntarle “Hola, ¿cómo estás? ¿Cuál es el problema?” Y, claro, en el espacio ni siquiera puedes hacer eso porque tu paciente está flotando, así que tienes que lidiar con esa situación, para empezar. Usualmente eso involucra atarlos al piso o al vehículo con tiras de velcro.

Hay tanto de la medicina que depende de la gravedad. Los goteos que te insertan al brazo para hidratarte, ¿sabes? Ese es un proceso que depende de la gravedad. Todas las herramientas que desempacarías, esas cosas no se quedan en las charolas, tienes que encontrar maneras de empacarlas, las agujas, los bisturíes y todo eso para que no flote. Así que se necesita hacerse cargo de todo eso y luego comenzar los tejemanejes de lo que el ambiente del espacio le hace al cuerpo humano y cómo eso te va a generar un reto aún más grande como doctor.

 

Sobre qué tan incómodo es estar en el espacio exterior

Cuando ves astronautas en televisión te da la impresión de que es una versión un poco más divertida de un vuelo de pasajeros […] y que sólo están flotando por ahí pasándola bien, mientras están involucrados en una tarea bastante seria. Pero cuando lo haces te das cuenta que no es así.

Debido a la falta de gravedad ellos experimentan el deterioro de los huesos, deterioro de los músculos, deterioro del corazón… Tienen problemas con la coordinación ojo-mano. […] Les cuesta trabajo rastrear objetos en movimiento con sus ojos y… se sienten muy enfermos. […] Así que cuando los ves en cámara saludándote y sonriendo, debes saber que detrás de ello hay muchísima incomodidad.

 

Sobre el estado de “flotabilidad negativa” que comienzas a experimentar cuando estás a sólo unos cuantos metros bajo el agua

La mayor parte de nuestra experiencia del agua y todo el océano está limitada a literalmente un par de metros de la superficie. Sentimos esa sensación de que el agua quiere aventarnos de regreso a la superficie. Es difícil. Cuesta trabajo bucear más hondo, ¿no es cierto? Y muy pocos de nosotros realmente bucea a cualquier profundidad en la que esa relación cambie. Pero lo que sucede es que, mientras buceas a más profundidad, el agua alrededor tuyo comienza a comprimir los tejidos de tu cuerpo y te vuelves más denso. Después de que has bajado quizás sólo siete u ocho metros de la superficie… Ya no tienes flotabilidad. Ya no flotarás. Hay más probabilidad de que te hundas a que flotes. Así que después de ese punto te vuelves un cuerpo con “flotabilidad negativa”, lo cual significa que te hundes.

Así que el problema es: si estás en un vehículo que ha chocado o se está hundiendo y tú estás a más de unos cuantos metros bajo la superficie, tendrás más probabilidad de hundirte que de flotar. Esto causa muchos problemas si estás en un vehículo y no hay fuente de iluminación. Así que si estás allí en la noche y te das cuenta con horror de que te encuentras como a 10 metros de profundidad sin alguna luz que te muestre el camino, no tendrás idea de hacia dónde nadar y tendrás que simplemente escoger una dirección, y si elijes la dirección equivocada nadarás por el resto de tu vida, literalmente.

Ahí te das cuenta de que el océano no está ahí para apoyarnos. Es bastante adverso a la vida humana. No se supone que estemos allí dentro, sólo podemos estar sobre él.

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Salud

Por: pijamasurf - 02/13/2014

El nuevo libro de la doctora Sue Johnson reúne decenas de estudios neurológicos que explican qué tanto nos determina el amor que hemos recibido a lo largo de nuestra vida.

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Más allá de que éste sea otro cúmulo de experimentos con humanos y ratas sobre por qué algo es bueno o malo para nosotros, esta lista refuerza –científicamente– el papel que juega el cariño en las personas que somos ahora. También enfatiza la importancia de cuidar y demostrar amor por los otros; pues la salud general del humano depende, más de lo que imaginamos, de la cantidad de cariño que ha recibido a lo largo de su vida.

El amor, o más bien, la palabra “amor” se ha embarrado de todo tipo de cosas que no tienen nada que ver con su alcance primordial. Las tarjetas Hallmark, las comedias románticas, las canciones pop y los sitios para encontrar pareja se han encargado de monetizar el sentimiento y vaciarlo de significado, al punto de que hemos olvidado esencialmente de lo que se trata. En su nuevo libro Love Sense: The Revolutionary New Science of Romantic Relationships, la Doctora Sue Johnson comparte una serie de estudios que revelan los efectos benéficos del amor. Vale la pena revisarlos por el simple hecho de recordar qué tanto nos ha moldeado.

 

1. El amor reduce nuestra percepción física del dolor y la amenaza

En un experimento sin precedentes, el Dr. Jim Coan de la Universidad de Virginia juntó a un grupo de mujeres felizmente casadas y las puso bajo la observación de un escáner de resonancia magnética. Una vez en las máquinas, se les mostraron imágenes del signo “x” y pequeños círculos. Se les dijo que cuando vieran alguna x había un 20% de posibilidad de que recibieran un choque eléctrico en el tobillo. Después de recibir el choque, debían describir cuánto les dolió.

En distintas ocasiones, las mujeres enfrentaron las amenazas solas, con un extraño tomando su mano o con sus esposos tomando su mano.

Cuando estuvieron solas y vieron una x, aparecieron señales de alarma en sus cerebros. Calificaron los choques subsecuentes como dolorosos. Pero luego el estudio dio un giro interesante. La presencia de extraños disminuyó su alarma y dolor, y cuando sus esposos estuvieron a su lado, sus cerebros apenas respondieron a la amenaza de las x, y calificaron las descargas eléctricas solamente como “incómodas”.

Para este punto, podemos recordar las últimas palabras de William Burroughs:

No hay nada. No hay sabiduría final ni experiencia reveladora; ninguna jodida cosa. No hay Santo Grial. No hay Satori definitivo ni solución final. Sólo conflicto. La única cosa que puede resolver este conflicto es el amor. Amor puro. Lo que yo siento ahora y sentí siempre por mis gatos. ¿Amor? ¿Qué es eso? El calmante más natural para el dolor que existe. Amor.

 

2. El contacto cariñoso en los primeros años de vida beneficia nuestro desarrollo emocional

En la psicología evolutiva, la frase no es “la supervivencia del más fuerte”, sino “la supervivencia del más cuidado”.

El psicólogo Michael Meaney de la Universidad McGill realizó un estudio mostrando que las ratas que fueron intensamente cuidadas, es decir, que fueron muy lamidas y apapachadas de bebés, cuando crecieron pudieron lidiar con el peligro y el miedo más adaptadamente que sus contrapartes menos queridas.

Aquellas ratas muy atendidas permanecieron en calma incluso cuando los científicos las echaron a baldes de agua. Esas ratas también registraron menores niveles de estrés que las otras.

 

3. El amor protege nuestro sistema inmunológico  

Los resultados de un estudio llevado a cabo por la psiquiatra Janica Kiecolt-Glasser mostró que mujeres recién divorciadas tenían un sistema inmune más debilitado que mujeres en una relación feliz de pareja. Incluso llegó a afirmar que, en la salud general, una relación amorosa es más importante que el ejercicio o la dieta.

 

4. El amor no sólo es fuente de gran sexo, también de pasión duradera

De acuerdo al estereotipo, el sexo entre parejas de mucho tiempo se vuelve aburrido con la rutina. Pero ello no es necesariamente la realidad. Entre más conectemos emocionalmente, apunta la doctora Johnson, más conectaremos sexualmente.

En su encuesta de investigación, el sociólogo Edward Laumann encontró que los amantes duraderos que están contentos tienen más sexo y lo disfrutan más que los solteros. Esto empata con los estudios de la psicóloga Deborah Davis de la Universidad de Nevada, en el cual los amantes con vínculos de amor estables estuvieron más dispuestos a experimentar sexualmente y reportaron disfrutar más del sexo que aquellos cuyos vínculos eran menos sólidos.

 

5. El amor puede ayudarte a lidiar con emociones dolorosas

La Dra. Johnson identifica tres distintos tipos de vínculo: seguro, ansioso y evasivo.

Aquellos que forman vínculos seguros, apunta, “tienen un sentimiento en los huesos de que su pareja está ahí para ellos. La seguridad es el nivel profundo de la confianza y de la certidumbre de que le importas a alguien más y que responderán a tu llamada”.

Las personas que están vinculadas ansiosamente, al contrario, se preocupan de que no le importan suficientemente al otro, y por lo tanto buscan reafirmaciones constantes. Las personas que forman vínculos evasivos se sienten incómodos de depender de otros y se resisten a abrirse a sus parejas.

Un estudio de escaneo cerebral conducido por Omri Gillath en la Universidad de Kansas encontró que las mujeres que estaban en relaciones seguras estaban mejor equipadas para procesar emociones difíciles, como dolor y pérdida, que aquellas que tenían otro estilo de vínculos como la ansiedad y la evasión.

Cuando se les confrontó con escenarios emocionalmente perturbadores, las personas con vínculos seguros mostraron menos actividad en la región del cerebro que procesa la tristeza [el polo anterior temporal].