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El chavismo está siendo una víctima más de esa soberbia moral de la izquierda latinoamericana que ha consistido en dividir las arenas políticas y culturales en buenos y malos.

caracas-3La revolución bolivariana venezolana está derrotada o, mejor dicho, suicidada. El sueño del socialismo del siglo XXI es una macabra realidad política para millones de venezolanos, mientras los miembros de la élite chavista usan relojes Cartier, trajes Yves Saint Laurent y cubren sus ojos de lo que acontece con lentes Dior, los ciudadanos de a pie tienen que aguantar una inflación galopante y una vida cotidiana enrarecida por las carencias y la inseguridad pública. Mientras la ciudadanía de la revolución del siglo XXI pasa hambre y carestías, la nomenclatura chavista pareciera evocar la mítica frase atribuida a María Antonieta en la Francia del antiguo régimen: “El pueblo tiene hambre, mi alteza, no hay pan". "No te preocupes", contestó la reina, "que les den pasteles”. Pero en este caso han sido toletes, balas de goma, picanas eléctricas y otras artes represivas.

La indignación popular en las calles es tremenda. La descomposición de los circuitos de abastecimiento de productos de primera necesidad es alarmante. Para la gran mayoría de los venezolanos y venezolanas, ir al supermercado y pelearse a golpes por leche, azúcar o papel higiénico es cosa cotidiana, perder tres horas de sus vidas haciendo una cola de tres o cuatro horas es un infierno cultural y cotidiano que el gobierno de Maduro no ha sido capaz de aquilatar. Porque esas mismas colas han permitido el encuentro cotidiano de miles de personas que han compartido sus penurias y en esos diálogos han afinado su determinación de enfrentar al chavismo huérfano de su comandante ascendido al cielo por su esotérico heredero Maduro, quien, a decir verdad, no estaba en su punto para gobernar un país del tamaño geopolítico en la región que adquirió con Hugo Chávez.

0010681778Mientras, la prensa no chavista es bloqueada, cercada y censurada. Los dichos populares venezolanos sobre la abundancia y la escasez vuelan de boca en boca en las calles y redes sociales, van de twitter a los portales de Facebook y en ellos, la gente desesperada dice “si tienes comida en casa... no trabajas, porque los que trabajan no tienen tiempo de hacer colas todos los días”. En tanto, el presidente Maduro sigue implorando al cielo por la reencarnación del mítico Hugo Chávez y Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, denuncia la intención de Leopoldo López, dirigente de Voluntad Popular (agrupación opositora al chavismo), de propiciar un golpe de estado y de abandonar el país ante su fracaso. Nuevamente surge en su discurso el imperialismo como el causante de todos los males de la revolución bolivariana. Pero, ¿quién nos explica la corrupción de la burocracia chavista? ¿Quién nos puede dar razón acerca del brutal incremento de los crímenes en los últimos años? ¿Acaso la CIA es capaz de financiar a cada criminal de baja monta en Venezuela? Hoy en día la legitimidad ganada durante tantos años por Chávez y los suyos se ha desmoronado, Venezuela es hoy en día un país dividido entre los seguidores del difunto militar populista y una creciente mayoría que se está movilizando en las calles y plazas. Además, los bolivarianos del siglo XXI no cuentan con ese extraordinario animal político que era Hugo Chávez, que era capaz incluso de sobrellevar un golpe de estado de verdad y darle vuelta en horas.

Los argumentos de la élite huérfana en el poder son ciertos, que hay acaparamiento, seguro que sí, que hay intervención y mano negra del gobierno de los Estados Unidos, también, que hay mano negra de un sector de los grupos de poder políticos colombianos es muy probable, pero también es un hecho que los chavistas en el poder se corrompieron, dejaron a los ciudadanos en medio de un caos de inseguridad y de hambre figurada; ellos, los chavistas, crearon una buena parte de las condiciones objetivas para encender la hoguera de su propia destrucción y eso es una realidad política. El chavismo está siendo una víctima más de esa soberbia moral de la izquierda latinoamericana, que ha consistido en dividir las arenas políticas y culturales en buenos y malos, y si eres bueno y le peinas las barbas a Fidel Castro te conviertes en lo máximo, así tortures a tus jóvenes con picanas eléctricas en tus cárceles gubernamentales.

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Es trágico, paradójico y terriblemente humano lo que está pasando en Venezuela, hoy en día estamos asistiendo al declive de una revolución envejecida prematuramente como consecuencia de sus errores internos y una evidente presión externa. Pero también hay que decirlo con todas sus palabras, la elección que hizo Hugo Chávez de su sucesor fue la peor decisión que pudo tomar el agonizante dirigente, Maduro no ha sido capaz de conducir con pulcritud el proceso bolivariano y ante la falta de ideas, propuestas y tácticas políticas ha recurrido a la represión brutal, la gente no olvida los muertos y cada asesinado en una protesta callejera se está transformando en un mito y los mitos, cómo lo fue alguna vez Hugo Chávez, no se demuelen con los golpes, crecen con ellos hasta derrumbar a sus opresores. Si los chavistas no leen estos signos con inteligencia y esmero su destino final seguramente será el basurero de la historia, pero para cambiar este posible final necesitan bajarse de su soberbia y contar con una dirigencia inteligente y reflexiva, lamentablemente para ellos, no cuentan con una ni con otra. ¿Qué dirán los aliados internacionales de los chavistas en estas negras horas? ¿Saldrán a apoyarlos? ¿Enviaran aviones cargados de despensas? No lo creo, seguramente buscaran otros socios comerciales y nuevos aliados políticos, la soledad internacional le viene pesada a los chavistas. Estamos asistiendo quizás a la segunda agonía de Hugo Chávez.

Twitter del autor: @markahuasi

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.

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Estudio concluye que Estados Unidos no es una democracia: es una oligarquía

Política

Por: pijamasurf - 02/15/2014

Prestigiosas universidades parecen confirmar lo evidente: Estados Unidos es el gobierno de la élite económica (del llamado 1%). ¿Es la demoracia la gran farsa moderna?

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Prestigiosas universidades concluyen algo que era evidente para cualquier persona con el más mínimo pensamiento crítico: Estados Unidos es una oligarquía: el gobierno representa los intereses de una élite adinerada y no del pueblo.

El estudio realizado por investigadores de Princeton y Northwestern analizó extensivamente información de políticas públicas aprobadas de 1981 a 2001 para determinar el estado del sistema estadounidense. Estas leyes implementadas fueron comparadas con las preferencias de los estadounidenses promedio, las preferencias de los más ricos y las preferencias u opiniones de grupos con intereses especiales. Los resultados muestras que la política estadounidense sirve los intereses del grupo afluente o de la élite económica que despliega una poderosa influencia a través del cabildeo. Lo cual sugiere que la democracia es una gran farsa –una representación teatral que sirve para que el pueblo no reclame el poder y se mantenga relativamente cómodo, y ciertamente inofensivo, observando la televisión, el espectáculo de los republicanos vs. los demócratas.

Los investigadores concluyen que: "El punto central que emerge de nuestra investigación es que las élites económicas y los grupos organizados que representan los intereses de las corporaciones tienen un sustancial impacto independiente en la política del gobierno de Estados Unidos, mientras que los grupos masivos y los ciudadanos promedio tienen poca o nula influencia independiente". Aún cuando estos grupos manifiestan su desacuerdo con la política pública, rara vez ven reflejados sus intereses en cambios puntuales. Otro estudio reciente muestra cómo las protestas y las manifestaciones públicas tienen también poca o nula efectividad para cambiar la política pública.

Ante este estudio, que confirma lo que ya era obvio, lo mismo que argumentaba el movimiento Occupy (y no sólo en Estados Unidos, seguramente en tu país también), resulta pertinente preguntarnos si ¿no es absurdo participar en el teatro de la democracia y perder nuestro tiempo?   No resulta tampoco descabellado preguntarnos sobre la naturaleza ilusoria de la democracia como la vivimos –esta gran superstición propagandística de nuestra era– y si no es mejor desengañarnos y elegir a nuestros gobernantes por lotería.

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