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Adéntrate en todas las manifestaciones de Choronzon, desde John Dee hasta la corriente 333: Choronzon es la sombra y la sombra es Choronzon. Y la sombra no hay que enfrentarla sino reconocerla.

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Know, at least, that all of us – the highest and the wisest –who have, in sober truth, passed beyond the threshold, have had, as our first fearful task, to master and subdue its grisly and appalling guardian.

-Edward Bulwer-Lytton, Zanoni

 

Every man has inside himself a parasitic being who is acting not at all to his advantage.

-William S. Burroughs

 

For in the TRUTH of your shadow-self lies the formula of the .:. DAIMON

-Instrucciones del Club Choronzon

 

El 6 de diciembre de 1909 Aleister Crowley y Victor Neuberg (su colaborador y amante) invocaron al demonio Choronzon en el desierto del Sahara. Lo hicieron como parte de una exploración que estaba llevando a cabo Crowley sobre los aethyres enoquianos, pero esta decisión genera algunas interrogantes. La principal de ellas es que si bien Choronzon es creación de John Dee y Edward Kelley (su colaborador y médium), al igual que el sistema enoquiano del que los éteres o aethyres son parte, no tiene nada que ver con ellos. Los aethyrs son un fragmento pequeño y bastante independiente del grueso de la magia enoquiana y Choronzon es sinónimo de la serpiente del Edén. Entonces, ¿por qué consideró Crowley que era importante invocarlo a la hora de trabajar sobre el décimo aethyr?

John Dee, que firmaba sus cartas a la Reina Isabel como “007” fue una de las mentes más grandes de su tiempo y a pesar de haber practicado el arte de la magia durante prácticamente toda su vida y de haber publicado varios libros, uno de ellos sobre los elementos de Euclides, su único escrito sobre ocultismo fue el Monas Hieroglyphica, un análisis sobre un símbolo (creado por él mismo) que representa la unidad de la creació. Que no hubiera publicado no quiere decir que no escribiese. Al contrario, llevaba un diario meticuloso sobre sus operaciones mágicas y los manuscritos que abarcan las instrucciones “angélicas” o “ultraterrenas” (las comillas nunca están de más) que conforman el sistema enoquiano y son invaluables. El problema es que los ocultó. Hubo que esperar a que Robert Cotton adquiriera los terrenos del hogar de Dee en Mortlake algunas décadas después de la muerte del mago que sirvió de inspiración a Shakespeare (Próspera de La Tempestad es, de hecho, John Dee). El nuevo propietario realizó una búsqueda exhaustiva de tesoros en la propiedad (consultor de la Reina, poseedor de la biblioteca más grande del mundo, algo debería quedar después de varios robos y saqueos de los que había sido víctima). Si encontró lo que buscaba, no lo sé: pero descubrió los manuscritos, que vendió a Meric Casaubion, quien los editó en el año 1659 bajo el nombre de Una fiel y verdadera recolección sobre lo acontecido durante varios años entre el Dr. John Dee (un matemático de gran fama durante los reinados de la Reina Isabel y el Rey Jacobo) y algunos espíritus.

Rose Cross Lamen - Hermetic Order of the Golden Dawn - Occult History of thooe Third Reich - Peter Crawford

El libro, primera aparición pública de Choronzon, en la que figura como la serpiente que tentó a Adán y Eva (y por lo tanto de Satanás, Seitán, el adversario) fue un éxito inmediato. Seis años después, el editor anónimo de una nueva edición de Discoverie of Witchcraft de Reginald Scot incluyó como material suplementario un ritual en el que se hace mención a Choronzon (sin relación alguna al sistema enoquiano). Las dos referencias renacentistas son mínimas, luego durmió. Como Cthulhu, hasta ser despertado por MacGregor Mathers, fundador de la Orden Hermética de la Aurora Dorada, quien descubrió manuscritos de Dee en el Museo Británico y revitalizó el sistema enoquiano —organizar los diarios y manuscritos de Dee en un sistema práctico fue sin dudas una tarea monumental. Pero quien lo despertó de verdad, quien le dio nueva vida fue Aleister Crowley, quien conoció el sistema enoquiano en la Aurora Dorada, de la que era miembro. En el año 1900 comenzó la exploración por los éteres que interrumpiría y retomaría a finales de la década: no sólo convirtió en el recorrido por los aethyres en un viaje progresivo hacia ese punto en que el espacio interior y el exterior se hacen uno, sino que hizo de Babalon (término enoquiano que significa “retorcido”), la Mujer Escarlata, uno de los conceptos más bellos (e importantes) del panteón thelemita.

Volviendo a la invocación realizada en 1909, no había motivo alguno para invocar a Choronzon en el marco del décimo aethyr —la mayoría de las crónicas y explicaciones simplemente lo dan por sentado, pero parten de la invocación de Crowley —y es imposible conocer sus razones. Lo que ocurrió es parte del mito: al grito de “Zazas Zazas Nasatanada Zazas” Choronzon tomó control de Crowley y comenzó a actuar violenta y salvajemente, al punto que Neuberg debió defenderse con un cuchillo. La historia (el mito) presenta varias irregularidades. Primero, es imposible corroborarlas ya que las hojas fueron arrancadas del diario personal de Crowley. Segundo, en la introducción a Liber 418 (The Vision and The Voice, libro en que Crowley narra su recorrido por los 30 aethyres) se aclara que todos los rituales fueron llevados a cabo con sumo cuidado y sin problemas. Finalmente, el propio Neuberg habría dicho algunos años después que no habían invocado a Choronzon sino al espíritu de una persona que habría trabajado en la construcción de la antigua Ur. Claro que Crowley solía comportarse regularmente de manera violenta y salvaje (no era necesario invocar a ningún ser sobrenatural para eso), pero qué ocurrió de verdad o qué creyeron que ocurrió en el desierto es lo de menos. Lo único que importa es que tras esa experiencia (o en esa época, si la experiencia no sucedió) Choronzon pasó a ser el demonio encargado de custodiar el Abismo, ese reino de sinsentido y oscuridad que precede a la supuesta liberación, a la muerte del Ego. Como Maya en el budismo, Choronzon tiene la llave de la iluminación: hay que vencerlo para liberarse: al igual que Maya, es el Señor de las Alucinaciones. Lo que espera al vencedor del otro, en términos mágicos, es complejo: tras el Abismo se encuentra la Ciudad de las Pirámides, donde se experimenta la Noche de Pan (N. O. X.). Es interesante remarcar que el antecedente más inmediato de Choronzon es el Guardián del Umbral de la novela Zanoni de Bulwer-Lytton —pareciera que lo único que hizo Crowley fue ponerle un nombre enoquiano y hacerlo encajar dentro del sistema thelémico.

De sus humildes orígenes en el renacimiento (dos menciones perdidas durante siglos) a un rol activo como Guardián del Abismo, Choronzon pasó a ser el Hombre de la Bolsa de los thelemitas, el último demonio al que hay que enfrentar para lograr el despertar. A pesar del aura claramente negativa que poseía, a finales de la década del 20 se creó, en la ciudad de Chicago, una sociedad bastante extraña: el Club Choronzon, famoso por su slogan “el atajo hacia la iniciación”. El creador de la agrupación era C. F. Russell, un mago que había vivido durante una época en la Abadía de Thelema junto a Crowley, quien terminó solicitándole que se fuera por comportamientos extravagantes y ligeramente desequilibrados (en buenos términos, a pesar de todo, pues la relación entre ellos era, como mínimo, complicada). Russell era matemático, en 1982 aseguró haber resuelto el Teorema de Fermat utilizando geometría proyectiva y el título de su autobiografía (de cuatro tomos) es Znuz is Znees. Y el Club, como su creador, tenía algunas peculiaridades: sus instrucciones eran claras y directas, pero a la vez con cierto sentido del humor, refiriéndose siempre a los no iniciados como “Trogloditas”. El sello de la Orden contenía en el centro la cifra 333, número de Choronzon.

El foco estaba de las instrucciones del Club (cuya orden interna tenía el nombre de G.:.B.:.G.:. y al igual que en el caso de la A.:.A.:., las siglas no significan nada o muchas cosas a la vez) estaba puesto en acelerar el lento proceso hacia la iluminación mediante la experiencia de tres crisis: la primera, el Velo de Paroketh; la segunda, el Velo del Abismo y por último una crisis sin nombre más allá del grado de Ipsissimus que probablemente convirtiera al iniciado en un Super Saiyajin nivel 4. De este modo y mediante versiones breves e intensas de los rituales buscaban que la persona accediera de manera más rápida a esos estados de conciencia superiores definidos por los grados de las órdenes mágicas tradicionales. Por ejemplo, de acuerdo a Mathers y Crowley, para lograr la Conversación con el SAG (a quien llamaban HOLY.:.DAIMON.:.) había que realizar un retiro espiritual de seis meses de duración —en la versión del Club de Choronzon (de acuerdo a las instrucciones dadas en el Liber AVD) el retiro era de sólo un día y medio. Detrás de todas las crisis se encuentra Choronzon, porque no sólo custodia el Abismo que separa el cuerpo del espíritu o la ignorancia de la sabiduría, sino también la vida de la muerte y la vigilia del sueño. Otra de las características de la Orden era la importancia de los trabajos de magia sexual, para lo cual promovían el uso de la marihuana. Louis T. Culling, miembro fundador del Club, escribiría más tarde el libro Magia Sexual resumiendo la mayoría de conceptos de la Orden sobre el tema.

A pesar de que el Club sigue activo en la actualidad, sus días de gloria terminaron en los 30s: se dividió en varias partes, la principal de ellas dedicada exclusivamente a la magia sexual entre hombres. La visión menos negativa que tenían de Choronzon (al compararla con el simbolismo predominante) quedó prácticamente en el olvido: en lugar de aceptar su lugar natural dentro de la necesaria noche oscura del alma que precede a la catarsis, siguió representando el mayor peligro al que se puede enfrentar un hechicero, un demonio digno de una película (mala) de Hollywood. Pero Choronzon volvería a cambiar, esta vez de la mano de Peter Carroll y la magia del caos. Carroll considera que tanto Choronzon como el Abismo, la Ciudad de las Pirámides el propio Holy Guardian Angel son bugs. Escribe en Psychonaut: “(el error) es la noción de un Self superior o voluntad verdadera, que ha sido apropiada indebidamente desde las religiones monoteístas. Hay muchos a quienes les gusta pensar que tienen un Self interior que es de algún modo más real o espiritual que su Self ordinario o inferior. Los hechos no lo confirman.” Según Carroll lo único que existe más allá de nuestra estructura psicológica es Kia (término prestado de la obra de Austin Osman Spare), pero es imposible aspirar a Kia: es vacío, anónimo. No tiene virtud ni bondad, no es luz ni oscuridad. Y Kia no tiene nombre, también le podemos decir HGA si queremos. Pero cualquier atributo o cualidad que le otorguemos es ilusorio, parte del “yo” que se busca trascender. No hay trascendencia, no hay iluminación. Ni siquiera hay un “yo” que iluminar, menos va a haber un demonio que impida la liberación. Si no hay un objeto trascendental al que aspirar, Choronzon se convierte en la representación de las obsesiones de la persona que quiere lograr la trascendencia: es en la búsqueda desesperada de un mundo más allá de este que creamos las patologías que dan forma al demonio que supuestamente deberemos enfrentar.

Siguiendo las líneas de la G.:.B.:.G.:.y en el marco de la magia del caos surgió en los últimos tiempos la “corriente 333”, en la que Choronzon (“el Exterminador de la Entropía” y el “Guardián del balance entre el Balance y la Falta de Balance”) pasa a ser directamente la figura central de una cosmogonía xenodimensional. Después de todas sus evoluciones Choronzon es dos cosas a la vez: por un lado el adversario interior, ese conjunto de miedos y obsesiones cuyo único rol parece ser el de boicotearnos. Por el otro, el Guardián es quien tiene la llave; Choronzon es también Yog-Sothot (el Acechador del Umbral): tanto destructor como guía a través de las dimensiones, el gran generador del cambio. En todos los casos no se trata de otra cosa que la sombra. Choronzon es la sombra y la sombra es Choronzon. Y la sombra no hay que enfrentarla sino reconocerla —enfrentarla, así como enfrentar a Choronzon, es peligroso. Pero más que peligroso, es un error: “Así como la Luz crea tu Sombra, yo soy la Sombra que crea tu Luz”. La sombra es la llave de la creatividad y la imaginación, el camino a la liberación (por eso es el Guardián y la Llave): y obsesionarse con cualquiera de ellas, con la liberación o con la sombra, conduce al único Abismo que existe: desperdiciar el tiempo en vez de disfrutar de la ilusión más grande de todas. Porque la historia de Choronzon, al fin y al cabo, es la historia de distintas ilusiones y el viaje progresivo hacia la Gran Ilusión que se esconde en el corazón de la realidad: la sombra, oscura y esquiva, peligrosa e infantil y que, por sobre todas las cosas, poderosa, nos conduce a la vida.

 

 Twitter del autor: @ferostabio

El realismo de la magia negra (El corazón de las tinieblas estadounidense en "El Consejero") (I/IV)

AlterCultura

Por: Jasun Horsley - 02/22/2014

El Consejero, la película de Ridley Scott con guión de Cormac McCarthy, muestra un mundo que muchos no quieren ver pero es en el que vivimos, el de la corrupción generalizada de un imperio que se sostiene sólo en sus ruinas, el intercambio que aceptamos del "Cielo" por una suma de baratijas sin valor.

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El dilema moral, desapego irónico y los nuevos niveles de depravación en El Consejero

El entretenimiento es instrucción y la instrucción es ideología.

―Herbert I. Schiller, The Mind Managers

Puede parecer increíble, pero estuve a punto de no ver El Consejero (exhibida también como El abogado del crimen), la película con guión de Cormac McCarthy dirigida por Ridley Scott. Las críticas que leí eran tan mordaces que crearon un aura de mal gusto alrededor que me repelió, imaginé un filme autoindulgente y decadente. Cuando la vi, pasé la mayor parte del tiempo esperando que algo malo sucediera, que se disolviera en escenas de violencia gratuita o en actos absurdos y desarticulados; sin embargo, escena tras escena fui testigo de uno de los guiones más intensamente originales puestos en escena y de una de las películas hollywoodenses más improbablemente subversivas y extrañamente inspiradas desde el estreno de El Club de la Pelea. Entonces, ¿por qué obtuvo tantas críticas negativas?

En cierta forma, la recepción crítica confirma su significado y supongo que las personas que dicen que El Consejero es una película incoherente, engreída o pretenciosa, de manera inconsciente buscan negar su visión desalentadoramente seductora y existencialmente devastadora. El mundo en que la mayoría de los espectadores y críticos viven es muy diferente al mundo que retrata El Consejero. La película está demasiado estilizada y tiene una superficialidad que parece incompatible con aquello que por lo regular consideramos arte, pero a la vez es increíblemente real, y no nos ofrece el desapego irónico que nos presentan las películas violentas y nihilistas de la época post-Tarantino. Creo que el denso platillo que nos ofrece McCarthy es indigerible para la mayoría de los espectadores.

El Consejero no es una obra compasiva ni sensible (tampoco El Club de la Pelea), pero es intransigente. Tomando en cuenta su tema principal y el actual clima político, la obra ya es un pequeño milagro. Al juzgarla por su mérito propio y, a la vez, por su recibimiento crítico, creo que los productores mostraron una disposición poco común al dejar que el tema dictara la forma, aun si esto implicaba sacrificar un gran éxito comercial y hasta crítico. El Consejero tiene una visión unida y unificadora —la de McCarthy, no la de Scott— y por lo mismo creo que es una obra honesta y valiente, al menos para los estándares de Hollywood. Quizá, si hubiera tenido una recepción más cálida, sospecharía más de ella, para ser honesto. Pero algo tan bueno y, al mismo tiempo, que le disguste a tantas personas, debe estar dando en el clavo. No hay otra manera de explicar por qué recibió críticas tan malas.

La película me pareció una bala suave y lenta que explotó dentro de mí y se expandió por todo mi sistema, cambiándolo. Se abrió un camino por mi conciencia como un virus y gradualmente tomó el mando, expandiéndose y llevando luz a zonas que antes estaban oscuras. No es un proceso del todo agradable y El Consejero no es una película agradable. Creo que tomará unos cuantos años o quizá  hasta décadas para que se reconozca como lo que es: una representación desagradable y certera de nuestra época.

Eso, si queda alguien para reconocerlo.

 

El corazón de las tinieblas estadounidense

Cuando los dioses eran más humanos, los hombres eran más divinos.

-Cormac McCarthy, en el guión de El Consejero

El Consejero empieza con una escena sexual larga e incómoda entre Michael Fassbender (el Consejero cuyo nombre jamás nos es revelado) y Laura, su amante, interpretada por Penélope Cruz. Como gran parte de la película, en la escena hay poca acción y mucho diálogo. El realismo torpe y conmovedor nos muestra a dos personas “enamoradas”, es decir, a dos más o menos desconocidos llenos de ingenuidad y autoinmersión. Los vemos, por primera vez, debajo de sábanas blancas, escondiéndose del mundo como si fueran niños. Una vez que el Consejero logra que Laura le hable sucio (usa la palabra fuck), él le dice: “Has alcanzado un nuevo nivel de depravación”. Al escuchar esto último, pensé que quizá la ingenuidad de los personajes era también la de los productores. No debí haberme preocupado.

La película está demasiado estilizada pero la dirección de Ridley es hábil. El tráiler de la película la representa un viaje ultraviolento y nihilista, del tipo que Hollywood produce muy seguido y muy mal —del tipo que no me importa no volver a ver en mi vida—, pero que de cualquier manera obtienen excelentes críticas (tal vez la más reciente fue Siete Psicópatas, que no vi porque ya había sufrido la idiotez de Escondidos en Brujas). Pero la película es una mezcla extraña de lo recargado y lo discreto. El diálogo extenso y complejo es el motor de la película y es muy potente ―McCarthy no sólo coquetea con la oscuridad: realmente se sumerge en ella. Por esto la acción, aun cuando es impactante, como en el momento de las dos decapitaciones, se convierte en la puntuación visual del diálogo. El tono de Scott no es más llamativo o veloz en estas escenas que en aquellas más lentas y contemplativas. Su estilo no es precisamente sutil, pero tampoco es invasivo, y eso es una suerte de bendición, ya que fácilmente pudo haber exagerado y creado una parodia accidental. La película sí es graciosa, pero no a costa de sí misma, y esa es otra bendición, porque sin el humor su oscuridad hubiera sido opresiva, sofocante. Ridley Scott (que cumplió 76 este año) atinó con precisión en el tono y creo que es su mejor película en años, quizá en décadas, lo cual hace doblemente frustrante su mala recepción.

La última gran película de Scott fue Gladiador y en El Consejero parece jugar con la idea de que Estados Unidos es un imperio casi caído, plagado de corrupción y decadencia, mientras que las hordas cruzan sus fronteras para robar y saquear. Hay una clara y precisa relación entre la corrupción de los banqueros corporativos, así como de los asesores, empresarios y políticos por un lado; y por el otro, la de los cárteles y sicarios, secuestradores, torturadores y asesinos de las mujeres mexicanas. La línea entre estos dos mundos es imaginaria, exactamente como la frontera que divide a México y Estados Unidos. Más sutilmente, la película parece implicar al mundo de los directores y actores más distinguidos de Hollywood con la corrupción corporativa (y el otro mundo, todavía más oscuro) y tácitamente reconoce que El Consejero es un producto del mismo sistema que condena. Muestra lo resbaladiza que es la pendiente de los negocios inmorales y la desolación moral desmesurada, así como cuán rápida e irrevocablemente una lleva a la otra.

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Como una visión del mal, El Consejero es completamente persuasiva. Su representación de personajes desalmados es siniestra y ostentosa, incluso enfermizamente erótica: la incoherencia moral es la fuerza que impulsa la civilización, casi al estilo lovecraftiano. Con su incansable y seductora insistencia de ver el horror como el alma de la trama, puede que ésta sea la primera película de terror posmoderna. Al adentrarse hasta el fondo de esta perspectiva nihilista de un universo sin dioses, logra lo que Coppola no alcanzó hacer con Apocalypse Now, y nos lleva hasta el interior del corazón de las tinieblas estadounidense.

Y —sorpresa, sorpresa— ese corazón está en México.

Algo que noté en todas las reseñas negativas (y ocasionalmente en las positivas) de El Consejero es que ninguna menciona los sucesos reales en los que se basa la película. Por ejemplo, en “The Disappeared and Mexico’s New Dirty War,” Peter Watt describe cómo se ha “vuelto más y más difícil para las autoridades mexicanas pretender que los enormes números de asesinatos y desapariciones forzadas no son parte de una estrategia gubernamental”. La atribución de las desapariciones a los cárteles y la idea de que el gobierno de México y el estadounidense están peleando una guerra en contra del crimen organizado, insiste Watts, “es un mito generalizado pero completamente falso”. Continúa:

Para ponerlo en perspectiva, el número de personas desaparecidas a la fuerza en México probablemente sea más alto que el de la notoria dictadura argentina que desarrolló una estrategia para aniquilar a todo un segmento de su población. La guerra sucia de Argentina, bajo la rúbrica de la Operación Cóndor, se concentraba en todos aquellos a quienes las autoridades consideraban subversivos… Más de 26,000 personas fueron clasificadas como “desaparecidas” [en México] durante el sexenio del ex-Presidente Felipe Calderón, quien abandonó la escena política mexicana y obtuvo una lucrativa beca de investigación en la Harvard School of Government el año pasado [2012]... Más de 98% de los asesinatos cometidos en México no se investigan ni resuelven. De hecho, en 2012, de los 27,700 asesinatos en México, sólo 523 fueron resueltos y llevados a juicio. Tanto el gobierno de EE.UU. como el de México continúan perpetuando lo que se ha convertido en uno de los ataques a los civiles más violentos del mundo… Los muertos y los desaparecidos son sÓlo un daño colateral para un capitalismo insaciable que demanda ganancias, la expansión del mercado y el control. Aquellos que se cruzan en el camino, como los disidentes políticos en Argentina y Chile, o la numerosa clase baja de México, son elementos externos en un mercado “libre” y natural defendido cada vez más por la vía de la fuerza y la extorsión.

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Esto no es algo que la mayoría de las personas —al menos no los estadounidenses— considere. La mayoría de este grupo sabe de la guerra contra el narco, pero la mayoría de ellos probablemente la vea como evidencia de cuán retrógrada, brutal y salvaje es la vida en México y no como una consecuencia de la interferencia de Estados Unidos. Con todo y todo, la razón por la cual Estados Unidos y la Unión Europea están presentes en América Latina no es diferente a la de los colonizadores españoles, portugueses, británicos, franceses u holandeses que los antecedieron: saquear los recursos naturales y abusar de la fuerza laboral barata. Según otro artículo en línea, El Plan Cóndor busca “la extracción neocolonial de 'deudas' forzosamente planeadas”.

Los métodos que emplean incluyen la privatización, desintegración de las economías agricultoras locales y mercados abiertos impuestos por el FMI y el Banco Mundial mediante clientes locales que favorecen corporaciones como BP-Amoco, Monsanto, Cargill y otros nombres conocidos. Como observó la periodista argentina Stella Calloni, esta campaña de contrainsurgencia fue mucho más allá de combatir a las guerrillas, fue una “guerra irrazonable en contra de la izquierda, que [...] incluyó cuestionar el statu quo, armado o no.” Consideraban que “entonces, monjas, profesores, estudiantes, trabajadores, artistas, periodistas y hasta políticos opositores” amenazaban la clase política. El plan de Washington es “económica y militarmente acabar con los movimientos sociales locales para obtener sus recursos y tierras”, dice Evo Morales, haciendo eco de una opinión popular en la región. “El trasfondo de estos planes es el mismo de los últimos 500 años: erradicar a nuestras culturas indígenas”.

Uno de los aspectos que El Consejero explora implícitamente con el simple acto de atreverse a lidiar con el tema es que los cárteles mexicanos —las hordas bárbaras que nos muestra la película— no amenazan la estabilidad de EE.UU, sino una parte de la maquinaria capitalista que la sostiene. Por ejemplo, en To Die in Mexico: Dispatches from Inside the Drug War, John Gibler escribe:

En el 2008, el dinero de las drogas salvó a los bancos mundiales más importantes de un colapso inminente. Entonces, si estiramos esta noción un poco, también salvó al capitalismo de una devastadora crisis interna cuando los mercados de capital especulativos colapsaron. El dinero del narcotráfico —camiones de volteo repletos de dinero, dinero real— parece ser una de las cuentas de ahorro del capitalismo global.

Añadiendo algo de sustancia a esta declaración audaz —aunque no muy sorprendente— en “How Drug Profits Saved Capitalism” (el cual no pude encontrar en línea, pero citas del mismo se encuentran aquí), James Petras escribe:

Mientras que el Pentágono arma al gobierno mexicano y la Agencia de Drogas de EUA lleva a cabo la “solución militar”, los bancos más grandes de Estados Unidos reciben, lavan y transfieren miles de millones de dólares a las cuentas de los capos, quienes compran armas modernas, pagan ejércitos de asesinos y corrompen incontables oficiales de la ley y políticos de ambos lados de la frontera. Las ganancias del narcotráfico, en el sentido primordial, son posibles gracias a la habilidad de los cárteles para lavar y transferir miles de millones de dólares a través del sistema bancario de EUA. La escala y el alcance de la alianza entre los bancos estadounidenses y los cárteles rebasa a cualquier otra actividad económica privada dentro del sistema bancario del país. De acuerdo al Departamento de Justicia de los Estados Unidos, un solo banco lavó cientos de millones entre el 1 de mayo de 2004 y 31 de mayo de 2007 (The Guardian, 11 de mayo de 2011). Todos los bancos importantes de EUA han sido socios financieros de cárteles asesinos.

Es probable que los críticos hayan ignorado este material por dos razones. En primer lugar, El Consejero no es el tipo de película socialmente consciente que obliga a los espectadores a pensar sobre el tema que trata. No es La Lista de Schindler ni Gandhi o Filadelfia, y casi nos desafía a tomarla a ese nivel. En segundo lugar, lo más importante es que no se trata de problemas sociales que los críticos, en especial no los estadounidenses, están dispuestos a ver y, aunque lo estuvieran, las publicaciones para las que escriben probablemente no se los permitirían.

Mientras escribía este ensayo fui a ver la película American Hustle. Antes de que comenzara vi tres tráileres: el primero fue de Heaven is For Real, el siguiente fue para la próxima película de Jack Ryan, Shadow Recruit, y la última fue Lone Survivor, una supuesta historia real sobre “una unidad élite de SEALs de la Marina que encuentra un ejército de fuerzas talibanes en Afganistán durante un redada en el 2005.” La primera es claramente propaganda cristiana sobre cómo las personas buenas (entre ellos un soldado) van al Cielo; la segunda es una glamourización de las trampas de la CIA y la tercera habla por sí sola. Lo que más me sorprendió fue la manera descarada en la que Hollywood se ha convertido en propaganda. Ni siquiera había un intento simbólico de ocultarlo. Como escribe Herbert Schiller en The Mind Managers: “El entretenimiento es instrucción, y la instrucción es ideología”.

El Consejero es más que una película con un mensaje: es una película con anti-mensaje. Funciona potencialmente como un enema que busca sacar todos los venenos de Hollywood hasta que no quede más suciedad. El mensaje de El Consejero es el mismo que todas las demás películas intentan ahogar hasta que ya no estemos conscientes de él. Es la verdad inexplicable por la cual se ha construido imperio tras imperio (incluyendo el de Hollywood) para mantenerla afuera, como una las hordas bárbaras que amenazan con destruir todo aquello que consideramos “sagrado” y bueno —la mentira que es la promesa dorada de Hollywood: que todos los buenos soldados cristianos se irán al Cielo, y todos los demás estaremos condenados.

Entonces, ¿cuál es el mensaje? El mundo de diamantes y exceso Armani al que pertenece el Consejero y por el cual hace el trato —el mundo del imperialismo estadounidense que depende no sólo de intercambios dudosos, lavado de dinero y la manufactura de drogas, sino de actos horrendos que la mayoría de las personas se niega a creer que suceden. Hasta cierto punto todos somos cómplices de ese horror. La revelación del consejero, cuando se percata de que ha sacrificado la única cosa que tenía un valor verdadero por baratijas frías y brillantes, es la realización que nos espera a todos en lugar del “Cielo”.

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Twitter del autor: @JaKephas

En este enlace, otras colaboraciones de Jasun Kephas en Pijama Surf.