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El Desilusionista: La nueva espiritualidad, más extraña que la ciencia ficción (II/II)

AlterCultura

Por: Jasun Horsley - 02/14/2014

Jason Horsley continúa su examen de los "maestros iluminados" y del lugar no que estos tienen, sino que le otorga el alumno que los escucha; al final es posible que la iluminación resida en otra parte.

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¿Qué quieres decir con “Iluminado”? 

“Algo está mal en el mundo. No sabes qué es, pero está ahí, como una astilla en tu mente, y te vuelve loco. Es esta sensación la que te ha traído a mí”. 

—Morfeo a Thomas en su primer encuentro 

La primera pregunta que surge en el primer momento de conocer a un maestro espiritual que asegura haber alcanzado la iluminación es: “¿Será cierto?”. Pero esta es la pregunta equivocada. La primera pregunta debería ser: “¿Qué quiere decir con ’iluminado‘?” Pocas personas se preguntan eso y quienes no lo hacen es porque creen saber la respuesta.

Pero “iluminación” es solo una palabra. Es una palabra que está más allá de la comprensión de la mayoría ―y como todas las palabras incomprensibles, es un gatillo. Pone a las personas a la defensiva: a todos nos gustaría estar iluminados o, al menos, poder decir que lo estamos. El concepto continúa provocando a las personas y al mismo tiempo se mantiene indefinido —como si todos hubiéramos acordado un significado. Pero, ¿cómo es posible coincidir en el significado de algo que todavía no se sabe? Cuando conocí a Oshana le dije casi de inmediato lo que pensaba de su supuesta “iluminación”. Nunca le pedí que me explicara a qué se refería con ello. Si lo hubiera hecho, quizá hubiera aprendido que lo que yo refutaba no era lo que Oshana aseguraba ser. No obstante, yo no estaba ahí para aprender, ya que aprender implica desafiar las preconcepciones de uno y siempre es mejor evitarlo. Yo estaba ahí para afirmar mis propias creencias. 

Entonces, ¿a qué se refiere Oshana cuando dice “estar iluminado”? En un curso intensivo reciente en Tallin, Estonia (2012), Oshana habló del momento en que se sintió iluminado por primera vez. Describió cómo se sintió incapaz o reticente para entrar a su mente de nuevo porque se sentía asqueado. Para mí, esto significa que la mente de Oshana todavía estaba presente después de la iluminación, pero ya no lo definía ni restringía. Al poco tiempo de hacer esta declaración tuvimos una conversación informal al respecto. Le pregunté si había alguna diferencia básica entre su idea de la iluminación y lo que otros maestros creían. La manera en la que describió su mente, después de la iluminación, me hizo pensar en la piel de una serpiente una vez que esta ha mudado: a simple vista es posible que la piel parezca una serpiente real. Me pregunté si la concepción de Oshana de la mente como una cosa separada podía contrastarse con la de maestros que llevaban consigo su mente hasta un punto de mayor conciencia en donde se convertía en el ego espiritualizado (algo que se parece a la piel animada de la serpiente). 

Durante nuestra conversación Oshana describió cómo, hasta el día de hoy, es capaz de regresar a su mente, pero nunca se sumerge completamente en ella. Según él, es como meter al agua una mano cubierta previamente con crema impermeable, de manera que las moléculas nunca tocan la piel.  Aunque la mano está completamente sumergida, en realidad no está en el agua. De manera similar, cuando Oshana regresó a su mente después de iluminarse, pudo observar los contenidos sin estar expuesto a ellos y sin identificarse. Según él no se debía a que no se empeñara en hacerlo: quería sumergirse completamente en sus antiguas creencias para poner su iluminación a prueba y también para poder conocer a personas que pasaran por el mismo proceso. Sentía que esto lo ayudaría a comprender mejor lo que otras personas atravesaban mientras se identificaban con los contenidos de sus mentes, como él lo había hecho antes. Su técnica de inmersión había mejorado, dijo, pero todavía era incapaz de entrar por completo a su mente. Era como si tuviera una cuerda de bungee atada a su espalda que lo ayudaba no perderse. 

Le pregunté si la mente era lo mismo que “Dave”, el ser que desapareció cuando alcanzó la iluminación. Dijo que era todas las “cosas” que había acumulado dentro de la falsa identidad de Dave. Comenté que, para la mayoría de las personas, la iluminación era el equivalente a una iluminación absoluta y perfecta, algo infalible e impecable. Si la versión de Oshana se oponía a este concepto, muchos no creerían su provocadora declaración sobre la iluminación, así que nunca se percataron de que Oshana había redefinido la iluminación como una experiencia mucho más precisa, concreta y comprensible. De acuerdo con lo que él describió, no se trataba de alcanzar algo, sino de una culminación: dejar atrás los confines de la mente-ego. 

 

La autoimagen residual

Tu aspecto actual es lo que llamamos una “autoimagen residual”. Es la proyección mental de tu yo digital.

—Morfeo a Neo

¿Es cierto esto?

Acabo de relatar, parcialmente, una experiencia subjetiva. Entonces, la respuesta más sencilla es no, nada de esto es cierto. Mis experiencias con Oshana involucran un alto nivel de incertidumbre. Esa es la naturaleza del proceso al que me sometí, si es que lo es. Si estuviera más seguro al respecto, tendría razones para dudar de mí mismo. Oshana aconseja cuestionarlo todo, incluso su consejo y la persona que lo brindó. La disonancia cognitiva es un resultado inevitable de pasar tiempo con alguien que asegura existir dentro de un túnel de realidad diferente —o fuera de todos los túneles de realidad. 

Tengo dudas acerca de Oshana, pero dudo de ellas como dudo de todo lo demás. ¿Qué me deja eso? Tener que revisar constantemente no sólo a Oshana, sino también mi propia manía de buscar fallas e inconsistencias tanto en él como en sus enseñanzas. Mientras más tiempo paso con él, más me percato de esta tendencia. Cuando encuentro algo deficiente, empiezo a dudar. Luego recuerdo que si no fuese por esta deficiencias, estaría mucho más asombrado por él. Sus deficiencias y su aspecto ordinario me limitan, previenen que me obsesione con él y que cree proyecciones fantásticas alrededor de su persona. Para que un maestro espiritual evite la devoción servil de sus “estudiantes”, no basta con una simple advertencia. Para controlar estas fantasías y proyecciones fantásticas existe un solo método infalible: recordarle al estudiante que el maestro es una persona común y corriente aunque su perspectiva sea extraordinaria.

Quizá esta es una racionalización inteligente para mantener mis propias proyecciones fantasiosas bajo control. No hay ninguna manera de satisfacer al Thomas de la mente.

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Hasta ahora me he abstenido de describir las maneras en las que Oshana me impactó porque ha sido una experiencia altamente subjetiva que no puede traducirse sin que suene como publicidad para el gurú. Oshana no es una suerte de “nahual volador” como el que Castaneda describía románticamente en sus relatos. No es un hechicero místico o carismático como lo eran Rasputín, Gurdjieff o Crowley. El aspecto más sorprendente de mis encuentros con Oshana es que realmente no concuerdan con lo que se supone que transcurre en la presencia de hombres distinguidos. John De Ruiter habló sobre no profundizar lo superficial, permitiéndole de esta manera a lo superficial ser superficial y a lo profundo llevar a cabo su labor de profundidad sin impedimentos. Pese a sus palabras, mi experiencia con Ruiter fue muy diferente. Estar en su presencia siempre se sintió como una experiencia profunda y trascendental. Con Oshana es diferente: no es sino hasta después que me percato de que algo ha sucedido. En la superficie hay muy poca evidencia porque Oshana no está “haciendo” nada. Mi impresión es que “Dave” cuida la superficie (la interacción personal) de manera tal que el movimiento ocurre en “lo profundo” y la Transmisión lleva a cabo su labor sin ninguna interferencia. No es sólo que Oshana no tome ningún crédito por lo que sucede a su alrededor —muchos maestros espirituales predican la humildad. Más bien es como si su persona jamás se involucrara, sin embargo, está consciente de lo que sucede como yo no lo estoy y hasta un grado que yo sólo puedo inferir.

Sean cuales sean las limitaciones de Oshana, hasta ahora no he visto nada que pueda ser llamado poco ético, negligente o un comportamiento deshonesto. Reconocer sus deficiencias no me ha llevado a dudar de su integridad. En todo caso, me parece reconfortante que no intente estar “conectado” todo el tiempo, o tener una apariencia profunda y elegante, como Ruiter. He presenciado muchos tipos de comportamientos comunes que sugieren que Oshana es, después de todo, un hombre ordinario. No obstante, también he visto hazañas de resistencia, inteligencia, delicadeza, imaginación, perspicacia y valentía, así como un nivel de compromiso al borde de lo superhumano. Es como si su personalidad no hubiese cambiado después de la iluminación, pero ahora forma parte de su conciencia más grande que la contiene. Como un padre amoroso y siempre atento, permite que Dave continúe con lo suyo siempre y cuando no haga maldades. Tal vez “Oshana” (el esclavo dispuesto de la Transmisión) usa al antiguo  “Dave” como una personalidad, como un traje de buceo para entrar a las profundidades del mundo de ensueño. Y quizá el traje tenga algunas funciones automatizadas que permiten que se mueva sin mayor problema por ese mundo y que pase desapercibido entre los soñadores. Pero la cuerda del bungee sigue atada a su espalda y el tubo para respirar llega hasta la superficie de tal manera que la energía de la Transmisión puede fluir continuamente, para que jamás se pierda en la autoimagen residual. Cuando se requiere la Transmisión, ésta toma el control y suceden maravillas.

Esta perspectiva puede desafiar las ideas populares que giran en torno a la iluminación. También revuelve y dispersa las posibles proyecciones idealizadas que de otra manera forman a un “ser iluminado” —un ser que ni siquiera existe fuera de esas proyecciones (no más de lo que existe Morfeo en la Matrix). En mi caso, me ha dejado negociar con mis dudas  para alcanzar un tratado entre ambos. ¿Realmente qué tan relevantes son mis proyecciones y mis preconcepciones? ¿Importa de alguna manera lo que Oshana es capaz de hacer como un ser iluminado? ¿No es acaso la pregunta qué tan honesto es, qué tan confiable puede ser y si efectivamente puede guiarme lo que importa?

Al final, la pregunta de la “iluminación” es una cortina de humo. Si la perseguimos, alejará al buscador del camino que conduce a ella. La razón es sencilla: la iluminación no significa nada sino hasta que la hayamos experimentado nosotros mismos; así que enfocarse en la idea detrás sin haber experimentado de manera genuina la realidad, invariablemente nos llevará a perderemos en la fantasía de la proyección.

 

¿Hay una salida?

Ya has estado ahí, Neo. Ya conoces el camino. Sabes exactamente en dónde termina. Y sé que no es ahí en donde quieres estar.

-Trinity a Thomas

Al final, tanto para Thomas como para mí, todo se reduce a una sola pregunta: ¿hay una salida? ¿Si yo llegara a conocer a alguien que asegurara haber encontrado la salida y que pudiera sustentarlo con evidencia —e incluso con resultados—, estaría dispuesto a saltar al vacío? No habría otra manera de probarlo. Si Thomas no hubiera tomado la píldora, jamás habría conocido la verdad, habría permanecido en un sueño extraño y vívido, y gradualmente lo habría olvidado.

Creer en la posibilidad de que un “maestro espiritual” pertenece a un nivel diferente del ser, cuya naturaleza apenas podemos adivinar y que posee la autoridad otorgada por una perspectiva superior, es un enorme paso para las personas. El ego encuentra miles de razones para no someterse a una autoridad espiritual. Acepta cualquier excusa para regresar al camino solitario de la soberanía. Tanto para mí como para Thomas, el problema era que ya había recorrido ese camino antes.

Así que tomé el único otro camino abierto para mí: me sometí. Permití que Dave Oshana, sirviendo a la Transmisión o que la Transmisión con Oshana como el facilitador, entrara a la profundidad del programa matrix de mi vida para juntar todas las piezas que hacían falta. Abrí mi psique a sondas que se extendían a lo largo del tiempo y del espacio —hacia los momentos más oscuros de mi infancia— llevando a la superficie la narrativa perdida que yo había estado buscando desde la primera experiencia de fragmentación y olvido. Mientras me abría a ella, la energía de la Transmisión se volvía tangible para mí, es decir, experimental. Remotamente me volví consciente de ella al mismo tiempo que reparaba todas las rupturas en mi sistema nervioso: sinapsis perdidas y conexiones caídas en la energía de mi cuerpo. La energía de la Transmisión puede estar haciendo todas estas cosas o puede ser que yo, deseosamente, las esté imaginando.

Si Morfeo diera terapia de grupo a potenciales unpluggees con el fin de prepararlos para la realidad y facilitar así su transición de un mundo al otro, se vería un poco como los retiros de Oshana. (Con la diferencia de que, al contrario de Morfeo, Oshana es una suerte de comediante por naturaleza, por lo que hay muchas más risas que en la Nebuchadnezzar.) Thomas Anderson tuvo una preparación muy corta antes de ser desconectado y la mayor parte de su entrenamiento sucedió en el mundo real. La experiencia de Oshana es diferente. Al igual que Morfeo, Oshana es un Desilusionista y, como Morfeo, su trabajo no es iluminar a otros, sino erradicar la falsa identidad que se interpone entre una persona y la verdad. Esto no es algo que se pueda enseñar: tiene que presenciarse y experimentarse. Esto no es una película (aunque suene como una): más allá de las metáforas de ciencia ficción, la desconexión no sucede en un solo momento. Sucede mediante una serie de etapas preparatorias o “iniciaciones”. Al quinto día de mi primer retiro con Oshana (el invierno de 2011, con otros 16 participantes) comencé a ver, como Thomas Anderson, las señales de otros lugares y empecé a discernir una existencia más allá de la granja.

Pero no hay un criterio básico durante la experiencia energética-espiritual, o no uno que el cerebro pueda utilizar. Oshana no hace milagros. El hecho de que su eficiencia dependa de la receptividad del participante puede sugerir una especie de efecto placebo, al menos para los escépticos. Por otro lado, mi propio escepticismo y resistencia no parecen haber anulado la efectividad de Oshana. Se trata de un trabajo en proceso y es imposible llegar a una conclusión hasta que se haya completado. Cuando llegue a ese momento estaré despierto o no lo estaré.

Hasta ahora los resultados de mi relación con Oshana se mantienen intangibles, indefinidos. Sin duda alguna, él y la Transmisión han enriquecido mi sentido de posibilidad y han expandido mi percepción de la realidad. Gracias a ella he podido ver a través de creencias falsas y me he podido librar de ideas erróneas acerca del concepto del mundo y de mí mismo. No puedo decir que me ha ayudado a ser más feliz o más libre. Sólo puedo decir que me ha permitido estar más consciente de mis limitaciones, mis debilidades y deficiencias y, por ello, de mi potencial para superarlas. Todavía no puedo valorar lo que Oshana ha hecho. Puede ser que mi cuerpo ya tenga la respuesta, pero mi mente sólo conoce la duda, porque dudar es lo mejor que la mente sabe hacer. En la ausencia del saber, lo único que queda es creer. Sin embargo, creer que la Transmisión es real no me sirve de nada: es sólo una opinión. Tengo que saber. Y la única manera de saber es proceder como si fuera real. Eso significa creer sin saber, es decir, confiar. Escojo confiar en Oshana, en mí mismo y, ante todo, en la vida.

Elijo confiar en que hay un camino correcto, uno que me llevará a la verdad —y la verdad, si no me mata, me liberará.

 

El asesino espiritual

Lo vamos a matar, ¿lo entiendes?

—Cypher hablando de Thomas con Trinity

Recientemente uno de los estudiantes de Oshana decidió alejarse un tiempo porque quería ser más independiente. Aunque entiendo que esto pudo haber sido la mejor medida para él (Oshana no desalienta a aquellos que quieren dejar el grupo), me percaté de que para mí esto sería perder de vista el objetivo. La posibilidad de volverme independiente de Oshana mientras que estoy involucrado activamente en una relación con él me pareció una maniobra más compleja y mucho más gratificante. En Matrix hay un desarrollo similar entre Thomas y Morfeo. Al principio Thomas es completamente dependiente de Morfeo y hasta necesita ser reconstituido físicamente. Sin embargo, gradualmente es capaz de pararse solo y se convierte en el igual de Morfeo, y más. Ese desarrollo sólo sucede después de que lo han desconectado, pero si la película hubiera sido realista, habría mostrado la ardua preparación por la que Thomas habría tenido que pasar antes de que la desconexión fuera posible.

Echar un vistazo al sitio de Oshana o quizá escuchar una selección de las repeticiones de sus clases en línea podría no demostrar las diferencias entre él y otros maestros espirituales y los autoproclamados seres “iluminados” del mercado. Sus métodos y metas están, hasta la fecha, ocultos, aunque esto parece estar cambiando. Oshana ha hablado menos acerca de la iluminación y más sobre un obstáculo que se interpone entre nosotros y ella: el ego —descrito, en términos gráficos y viscerales, como un pulpo cuya cabeza se encuentre dentro o alrededor del cerebro humano y cuyos tentáculos se extienden y alcanzan cada célula del cuerpo. El pulpo es como un parásito alienígena que toma el control del cuerpo que lo alberga: controla casi todos nuestros pensamientos, acciones y percepciones.

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Al principio, Oshana parecía estar hablando metafóricamente, pero, con el tiempo, comencé a sospechar que hablaba energéticamente. El ego que él describía debía ser físico hasta cierto grado. Así como Thomas gritó, “¿Esa cosa es real?”, cuando le quitaron el bicho del estómago, el ego que Oshana describe es una especie de implante en el cuerpo humano, similar no sólo a las historias de de ciencia ficción, sino también a la tradición de brujería (la “instalación externa” que Castaneda describe en su último trabajo, El lado activo del infinito). Sea cual sea su naturaleza precisa y su procedencia, el ego-pulpo ha secuestrado nuestra energía y ahora controla casi por completo nuestras vidas. Como una invasión de ladrones de cadáveres, los egos han infestado el planeta. El proceso de la iluminación expone, aísla y extrae al pulpo de nuestros sistemas nerviosos con el fin de regresar la energía vital al cuerpo para resumir de esta manera una relación natural y sana con él. El ego ha destronado al alma y la iluminación sólo es posible cuando el usurpador limoso ha sido expulsado y asesinado; entonces el alma puede reanimar al cuerpo de nuevo.

Un maestro espiritual no es un filósofo, una encarnación de la verdad ni un hombre sagrado. No es un profeta, un sanador ni un erudito. Es un hitman. Es un cirujano energético cuyo trabajo es remover el ego y propiciar el final cataclísmico de nuestra vida ilusoria: un asesino a sueldo.

Morfeo no le dijo a Thomas que la píldora roja daría fin a su vida. No le dijo que no era su amigo, sino su enemigo y pesadilla. Obviamente no lo hizo. Quería que Thomas cooperara y seleccionó los hechos de la misión. Pero la verdad era que él tenía un trabajo que hacer y lo llevaría a cabo hasta el final, aunque matara a Thomas. ¿Por qué? Porque desde la perspectiva de Morfeo —que era la misma perspectiva de la realidad— Thomas estaba  peor que muerto.

Lo que al final causó el despertar de Thomas en la cápsula jamás fue revelado (la píldora roja era meramente una estrategia para encontrar su cuerpo a tiempo). Simplemente es un misterio. Despertó porque las circunstancias se combinaron y crearon una oportunidad, porque había tenido la preparación necesaria (sólo suficiente, pero no demasiada) para tomar esa oportunidad. Sucedió, Morfeo y la tripulación no estuvieron allí para crear las circunstancias pero, en vez de eso, estuvieron allí para reconocerlas, usarlas y dirigirlas hacia el resultado deseado. Estoy bastante seguro de que así es con Oshana. La rendición sucede cuando el balance entre el momento o el “impulso” del alma o la energía vital, y el agotamiento del pulpo-ego. Ese es el instante en el que el asesino espiritual entra a escena y da en el blanco. Se escucha un “pop” y, repentinamente, todo ha terminado.

 

Extracciones ilimitadas del ego

Existen campos, campos sin fin, donde los humanos ya no nacen. No crecen… Al pararme ahí, viendo la precisión horripilante, comprendí la obviedad de la verdad. ¿Qué es matrix? Control.

—Morfeo a Neo

Según Oshana, el ego es un una construcción-entidad semiautónoma que al menos parcialmente está hecha a base de patrones conectados de la memoria emocional. El “pulpo”—sea cual sea su origen— se ha insinuado dentro del sistema nervioso humano como un “conductor” externo que genera su propio programa de la realidad. Mediante este programa es capaz de secuestrar nuestros sentidos tanto internos como externos. Nuestra energía vital consciente, nuestra alma, es aislada y no se le permite tener un acceso a la gran realidad tanto dentro como fuera de nosotros. Entonces se convierte en combustible para el pulpo: una fuente de alimento y un medio donde se puede replicar. Nos han convertido en baterías y ganado. Esto es un hecho espiritual. Y es el único contexto apropiado para tener cualquier tipo de desarrollo o entrenamiento espiritual. Nos encontramos en medio de una guerra espiritual y lo que está en juego es nuestra energía vital.

En sus enseñanzas, Oshana siempre se enfoca en los sentidos. Aconseja la observación continua  de lo que sucede a un nivel perceptual tanto para el ambiente externo como en nuestras respuestas físicas, mentales y emocionales. Fomenta el cuestionamiento incesante de cada pensamiento, creencia y conjetura, siempre refiriéndonos de regreso a aquello que nuestros sentidos nos dicen que está ahí. Prescribe un compromiso total a la transformación, a la hipervigilancia y un continuo cuestionamiento de nuestros pensamientos. Él no predica ninguna doctrina ni filosofía; se opone a los pensamientos conceptuales o abstractos, a las creencias y a todo tipo de dogmas. Por lo que he podido observar a lo largo de los tres retiros con Oshana, sus métodos son principalmente de improvisación y espontáneos. Oshana asegura que es así porque sigue a la Transmisión todo el tiempo y es la que decide que debe o no suceder.  Esto también significa que él, como el resto de nosotros, tampoco sabe qué va a suceder hasta que sucede. Su desempeño es más como un entrenador y un guía que como un maestro. El viaje del descubrimiento debe ser emprendido por el estudiante y debe hacerse solo.

Para los propósitos de la claridad, el trabajo de Oshana puede separarse en cinco etapas: Transmisión, Enseñanza, Trabajo Energético, Estilo de Vida y Servicio. Sin embargo, su meta es única: iluminar a las personas. Admite abiertamente que en doce años no ha logrado tener éxito. Oshana no tiene una alternativa y debe seguir con sus labores porque así lo ha establecido la Transmisión. Según Oshana, servir a la Transmisión es su único propósito en esta vida y en las otras.

En mi experiencia, la conducta de Oshana parece adaptarse de acuerdo a su compañía. He podido ver un amplio espectro de comportamientos de su parte, desde alguien desorganizado hasta enervado y con una presencia imponente y poderosa. En mis interacciones personales con él, he notado que tiende a encontrarme en mi propio estado de consciencia, como un espejo de potencial ilimitado (todavía no he podido discernir los límites). Cuando Oshana me mira atentamente y me dice que sí existo, entiendo exactamente qué quiere decir. Las palabras mueven una sensación creciente de una existencia y un ser invisible que se esconde debajo de la superficie de mi propia consciencia ordinaria. Esa existencia empuja suavemente con perseverancia el envolvente plástico de mi cerebro, intentando escapar y alcanzar el aire libre.

Mi yo ordinario, esa autoimagen residual, es algo que Oshana reconoce de manera estratégica, por cortesía. Su atención realmente se enfoca en otra cosa y mi propia conciencia se esfuerza para seguirlo hacia el interior, hacia el vacío de mi núcleo. Es un poco como ser dirigido a un cuerpo dormido atrapado en un receptáculo, una existencia que hasta ahora no he podido confirmar. Las ideas de otra realidad, otro yo, pertenecen a los territorios conceptuales de la ciencia ficción, el espiritualismo y el chamanismo. Pertenece junto a las imágenes de películas, meditación y hongos mágicos generados por la mente. No es una idea a la que el ego ordinario pueda acoger por más de un momento, a menos que sea un concepto. La conciencia ordinaria ya está completamente llena por la creencia en la realidad del ego y este no puede imaginar una realidad en la que no sea así. Si lo dudas, simplemente inténtalo.

Oshana ignora al ego y se dirige al cuerpo y a la energía vital. Distrae al pulpo, ya sea con parloteo irreverente o con la profundidad de su sabiduría e ingenio, es lo mismo. La sintaxis es la esencia del sistema de control del ego. Oshana no usa palabras para engañar o embaucar. Dice exactamente lo que intentará hacer. Pero el ego está tan seguro de su propia realidad que se engaña a sí mismo. Cuando Oshana le dice al ego que no existe, este se infla y dice: “¿Me estás hablando a mí?”

Después se da la vuelta y sonríe: “Soy el único que está aquí.”

 

El Infinito

Como puedes ver, te hemos estado observando desde hace algún tiempo.

-Agente Smith a Thomas

Entonces, ¿cuando caerá finalmente el hacha que pondrá fin al pulpo? ¿Oshana tiene la capacidad de lograr hacerlo o simplemente hace promesas que jamás podrán cumplirse? ¿Puede guiarme hacia la libertad, como Morfeo guió a Thomas? ¿O es solo una treta?

Al igual que Thomas, estoy perdido en un mundo de ensueño. Al contrario de la película, reconocer mi no-existencia no coincide con abandonar el sueño. Soy una suerte de soñador lúcido que no tiene control alguno sobre las creaciones de su propio inconsciente. Estoy completamente consciente de que estoy atrapado y no puedo usar esa certerza para despertar. Entonces mi sueño lentamente se convierte en una pesadilla. ¿Me estoy acercando al despertar? No hay manera de saberlo. No hay ningún punto de referencia más allá de este sueño. Están Oshana y la Transmisión, pero dependen en gran medida en la confianza y la fe. Aun si pudiera saber que él opera fuera de un estado de ensueño, esto no garantizaría que me puede sacar de ahí. Ni siquiera Oshana lo sabe. Ni siquiera Morfeo lo sabía.

Morfeo le dijo a Thomas que raramente desconectaban a las personas después de una edad. “A la mente le cuesta trabajo desapegarse”. Hicieron una excepción en el caso de Thomas porque Morfeo creía que era El Elegido. Quizá para mí es demasiado tarde ya. Quizá estoy demasiado atrincherado en mis sueños chamánicos de auto-empoderamiento que mi ego está demasiado espiritualizado, el pulpo es demasiado resbaladizo y refinado como para someterme a un procedimiento quirúrgico. Puede ser. Lo único de lo que estoy seguro es de que estoy perdido en un sueño y no puedo despertar usando mi propio poder. Estoy indefenso y no puedo influir sobre mi propia transformación para alcanzar mi liberación. Por lo mismo, dependo de otra cosa —de alguien—que está demasiado fuera de mi compresión para poder pensar sobre él y mucho menos para escribir de él. Alcancé los límites de mi capacidad como escritor, de mi intelecto.  ¿He terminado ya? ¿Al fin me ha vencido mi propia pluma, una autoderrota, muerte por mil cortes? Este sería el mejor resultado posible para mí: una derrota absoluta e innegable. Entonces solo quedaría una cosa por hacer: invitar a las aves —a ustedes— a venir y roer mis huesos.

Para Oshana la iluminación significaba “el final de la búsqueda”. Después de que él alcanzó la iluminación, ya no buscaba algo. Había llegado. Es lo único que él asegura saber. No sabe si lo que le sucedió fue realmente la iluminación, pero escogió la palabra porque le quedó bien. Nunca recibió un diploma, una condecoración o un sello oficial. Simplemente entró en la presencia de algo y su vida desapareció en la inmensidad para siempre.

Lo que la figura de Oshana representa para mí es que la vida temporal no solo es falta de significado pero también es irreal, al menos que esté formada e informada por y al servicio de lo eterno. Puede sonar una poco como una doctrina religiosa, ¿pero lo es? ¿O simplemente es un estado de matemáticas? Las existencias más duraderas y profundas se pueden reducir a la insignificancia cuando se les expone a la presencia de la eternidad. Cualquier día todos nosotros seremos divididos por infinito. Y entonces solo quedará lo que es infinito en nosotros. ¿Acaso no implica esto que solo exisitió esa porción de nosotros que es infinita?

Oshana le habla a lo infinito en mí. Y así, de alguna manera, solo soy el principio del grok, y el infinito en mí responde.

 Twitter del autor: @JaKephas 

En este enlace, la primera parte del ensayo.

Internet es una de las mejores cosas que me han sucedido, pero si no empiezo a usarlo con más inteligencia, también podría convertirse en una pesadilla para mi salud física y mental.


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Desde hace un par de décadas Internet se consolidó como un protagonista de nuestras vidas. La forma de estudiar, trabajar y consumir, de informarnos, entretenernos, relacionarnos, de coquetear y procastinar, todo esto cambió radicalmente –tanto que pocas veces recurrimos al ejercicio de recordar cómo era nuestro mundo pre-internetero.

Cientos de miles de horas ‘humanas’ se vierten en la red. Nuestra realidad ya incluye el prefijo www y eso tiene múltiples consecuencias, tanto positivas como negativas, y más allá de las tendencias, lo cierto es que la relación entre unas y otras la definie cada quien: Internet puede ser una galante nave espacial o un efervescente  manicomio. De acuerdo con esto, en los últimos diez años, con la llegada de la web 2.0, y en general con la sofisticación tanto de plataformas y herramientas, como de hábitos e ideologías digitales, emergieron las mayores mieles de Red, pero también sus mayores demonios. 

En primera instancia, la mayoría de nosotros nos enfocamos en los beneficios de esta hiperherramienta, abrazando efusivamente la poligamia informativa que se desborda en sus cauces, el poder cívico-organizacional que florece en su hiperconectividad, la oportunidad de reinventarnos o reafirmarnos mediante otros yos en las redes sociales, o la posibilidad de publicar contenidos ‘sin’ intermediarios. Pero con el tiempo, a la emotiva celebración inicial también arribaron agentes extraños, manifestados mediante ansiedad, saturación, estrés, desgaste, etc.

Una vez que se hicieron accesibles las computadoras personales, muchos nos volcamos definitivamente a Internet: y es que el universo de información y posibilidades era simplemente extasiante. Luego, con mayores velocidades de conexión, la llegada de los dispositivos móviles, y la adaptación de las prácticas sociales a la red, lo que había nacido como un genuino romance y luego se había tornado en una interesante orgía, ahora es ya, por momentos, una compulsiva asociación, modulada de acuerdo a circunstancias personales y a la conciencia que individualmente le imprimimos –es decir, tan potencialmente nutritiva y destructiva como nuestra madurez digital nos lo permita.

 

Adicción a internet

Yo digital

Durante la última década creo haber promediado, diariamente, alrededor de diez horas de ‘conexión’. Mi trabajo depende en buena medida de ello, y el hecho de que disfrute mucho lo que hago intensifica la dinámica. He percibido cómo se han diluido lentamente las fronteras entre mi vida personal y laboral –lo cual por un lado me parece maravilloso aunque también percibo en el fenómeno un contundente doble filo. Mi estilo de vida, en general, me gusta, y aprovecho la flexibilidad geográfica para cumplir con mis ‘labores’ desde distintos puntos. Cada día, además de resolver mis pendientes y mantener mis lazos sociales, dedico un buen rato a simplemente absorber información: noticias, ensayos, proyectos, ideas, imágenes, videos, etc. Amo la data, y en ese sentido con la red se abrieron las puertas de un Shangri-la personal.

Lo anterior, al menos en mi opinión, suena bien, muy bien. Pero por otro lado, justo en este momento, me duele el cuello. A veces me siento ‘inexplicablemente’ cansado, desbordado de información, y más de una vez he experimentado esa angustiante sensación de ‘tener’ que revisar obsesivamente mi bandeja de correos o mi timeline de Twitter. También he notado que al no tener acceso a la red, algo que sucede cada vez menos, puedo llegar a sentir una especie de vacío, incluso ansiedad. Aunque no coincido con que lo que experimentas físicamente es real y lo que vives digitalmente es irreal, algunas veces repaso las cosas que dejé de hacer por estar conectado: no llegué a un encuentro interesante con algún amigo, dejé de regar mis plantas, o se me ‘olvidó’ ir a tal museo; tampoco tuve tiempo de meditar o de terminar un libro.   

 

Inmediatez y automatización

Reflexionando un poco en este fenómeno que, muy probablemente, en alguna medida, te involucra, parece que hay dos enemigos principalmente dañinos frente a nuestra vida digital. El primero, la inmediatez, o mejor dicho la atemporalidad. Como advierte Douglas Rushkoff en su reciente libro, Present Shock, parece que hemos perdido la capacidad de dimensionar las distintas escalas de tiempo. Y en esta confusión intentamos empatarnos con la no-temporalidad de las computadoras, algo que jamás lograremos porque simplemente no corresponde a nuestra biología –y que en el intento pagaremos muy caro.

Por otro lado, y una vez más refiriéndome a Rushkoff, ahora en su libro Program or be Programmed, donde además de compartirnos una especie de manual de emancipación digital (para usar la red, y no ser usado por ella), enfatiza la necesidad de desautomatizar nuestra vida en línea, de observarla, entender cómo funcionan las plataformas que utilizamos y qué conductas incentivan. Dedicar periódicamente unos minutos a reflexionar sobre la forma en la que vivimos la red podría reducir en buena medida los costos que hoy pagamos por ella.

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El hastío

A pesar de que el clímax digital sigue en ascenso, cada vez hay más personas que, supongo que respondiendo a un franco instinto de supervivencia, deciden abruptamente suprimirse de la red. Entre estos tenemos algunos casos ‘famosos’, por ejemplo el de Paul Miller, colaborador del sitio The Verge, y quien documentó su experiencia de mantenerse un año completamente desconectado.

Hace unos meses Jesus Diaz, colaborador en Gizmodo, despotricó en contra de los móviles, reflejando una sensación que algunos habremos ya experimentado:

Somos prisioneros de nuestros teléfonos y tabletas, y de toda esa basura digital. Yo lo soy. Tú lo eres. Todos lo somos. Nos sumergimos en estas estúpidas máquinas, vemos la realidad a través de ellas. Y en lugar de empoderarnos, insistimos en darles nuestro poder. 

Otro caso notable es el de David Roberts, quien escribía para Grist, y decidió alejarse por un tiempo de Internet:

Disfruto compartir cosas por Twitter todo el día; disfruto escribir tendido, hacer mis notas en la noche. Pero el estilo de vida tiene sus inconvenientes. No duermo lo suficiente, nunca. Ni siquiera tengo hobbies. Siempre estoy trabajando. […] Y algo está ocurriendo con mi cerebro. Ahora pienso en forma de tuits. Mis manos tiemblan si estoy lejos de mi teléfono por más de treinta segundos. Ya ni siquiera puedo orinar sin aburrirme. […] Siento la necesidad de comentar sobre todo, tomar una postura, idealmente una postura inteligente.

 

La liberación

La libertad es más compleja que la sumisión. Exige conciencia, responsabilidad y constancia. En este sentido, para liberarnos de nuestra esclavitud internetera, pero sin excluirnos de los beneficios que la red nos provee, debemos estar dispuestos a ejercer, por lo menos, estas tres virtudes.

Desautomatizar nuestra vida digital es imprescindible. No tenemos que responder impulsivamente cada correo que nos llega, y tampoco sirve de gran cosa estar persiguiendo la inalcanzable inmediatez de las noticias. No pasa nada si desapareces de Twitter unas horas, días o incluso semanas. Lo que ahí ocurrió ya es pasado –al igual que si lo checas cada tres minutos, el presente jamás se imprime en tu timeline. Si realmente disfrutas tu trabajo, el hecho de que tu vida laboral se confunda con la personal tiene un aspecto maravilloso, cierto, pero también uno patético, o mejor dicho insano. Por eso es fundamental que establezcas fronteras, quizá asignar horarios a tu vida en línea sea una buena idea.

La conclusiones anteriores son el resultado de haberme exigido, tan sólo por unos minutos, reflexionar en las prácticas habituales alrededor de mi vida digital. Imaginemos entonces lo que podría resultar de tener presentes, con frecuencia, nuestros actos digitales. Y una vez obtenida, a partir de auto-observarte conscientemente, esta información, por cierto la más importante a la que habrás accedido hoy, entonces es momento de hacerte responsable y, con determinación, empezar a afinar tu vida digital.

No creo que haya antídotos o fórmulas concretas para liberarnos del vórtice digital en el que ingenuamente caímos –y si los hay entonces los desconozco. Pero espero que este artículo contribuya en algo a tu madurez como usuario de Internet (y a la mía, ya que fue bastante terapéutico).

Suerte

Twitter del autor: @ParadoxeParadis