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¿Cómo se ve un beso desde el interior de nuestras bocas?

Por: Pedro Luizao - 02/06/2014

La escena de un beso visto desde adentro podría remitirnos a la idea de que el universo está hecho a partir de posibilidades.

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Pocos de nosotros habíamos tenido acceso a observar un beso desde el interior de una boca. Algo tan cotidiano y familiar como el acto de besar, que en nuestro mapa cultural-emocional definitivamente se asocia al placer, el cariño, el amor y otras sensaciones positivas puede ser percibido de manera radicalmente distinta si cambiamos de perspectiva.

En este sentido, el ejercicio de documentar un beso desde adentro, que llevó a cabo el usuario de Reddit, MrRobotoGotAGato, representa también una especie de microcátedra sobre la naturaleza posible y no absoluta de las cosas. Me refiero a que algo "es" de acuerdo a innumerables posbilidades, es decir, lo observado depende del observador, y si el número de posibles observadores es de, digamos, 7 mil millones, entonces ese acto u objeto será percibido, proporcionalmente, de igual número de formas –incluso considerando que hay patrones culturales que acotan esas posibilidades, aún así cada experiencia perceptiva es única. 

Seguramente la pareja que consumó el beso aquí documentado lo disfrutó como ha disfrutado los miles de besos que han experimentado previamente. Sin embargo, lo que el video nos muestra es un extraño y poco sexy espectáculo: una hilera de huesos amarillentos (dientes), rodeados de una especie de membrana lubricada y flexible, que a la vez forma una apertura por la cual súbitamente aparecen unos labios pintados que amenazan con succionar el interior de la cavidad desde la cual observamos la escena. 

Pero ¿qué pasaría si en lugar de haber experimentado alguna vez un beso, estuviésemos antes familiarizados con esta escena? ¿Qué lugar ocuparía entonces el beso dentro de nuestro mapa de realidad? ¿Cómo lo definiríamos? Independientemente de las respuestas a estas preguntas, es muy probable que incurriríamos en uno de los vicios más populares en los que cae nuestra "mente cultural" al tratar con imágenes: considerar que es la única forma posible de entender ese acto, y le colocaríamos una etiqueta definitiva y excluyente a partir de los cánones visuales que traducirían esa experiencia perceptiva en un concepto cultural. 

En fin, aunque no descarto que esto sugiera rasgos de psicosis moderada o paranoia, me parece fascinante que algo tan simple como cambiar la perspectiva visual con la que percibimos un beso pueda remitirnos a que en realidad no hay una realidad (sino por lo menos 7 mil millones de ellas), a que el resto de la historia se resume en establecer acuerdos entre realidades individuales y editar a placer aquélla que tu estás inevitablemente creando. 

 

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Estudio: El amor hace las cosas más dulces

Por: pijamasurf - 02/06/2014

Pensar en el amor es capaz de modificar nuestra percepción de la realidad y hacerla más dulce.

kissesLa neurociencia nos ha hecho ver que el amor puede verse como una droga, un coctel neuroquímico que altera nuestra percepción del mundo. Esta concepción del amor como un fenómeno neurológico tiene varias acepciones. Por una parte el enamoramiento, dicen los científicos, en su estimulante velocidad puede compararse con el consumo de cocaína. El amor, según muestra un nuevo estudio publicado en la revista Emotion, le da un sabor más dulce a la cosas, materializando la metáfora ampliamente difundida que relaciona al amor con la dulzura.

Investigadores de la Radboud University Nijmegen en Holanda se dieron a la tarea de probar si  las metáforas utilizadas en el lenguaje para describir el amor, asociadas con la dulzura, podían aplicarse a la realidad. En el estudio se le pidió a estudiantes que escribieran una experiencia sobre el amor romántico, los celos o algo neutral. Luego los participantes tuvieron que probar Ribena Pastilles (dulces de goma agridulces) y chocolates Meji Morinaga (también agridulces). Para perfeccionar el estudio los investigadores tuvieron que comer dulces por semanas hasta encontrar los que tenían un sabor equilibrado entre estos espectros de sabor.

Los resultados mostraron que aquéllos que habían imaginado y escrito experiencias románticas evaluaron las golosinas como más dulces que aquéllos que habían escrito sobre los otros temas.

Se hizo otro experimento en el que se utilizó agua destilada en vez de dulces para ver si el amor no era un emoción que hacía que las personas fueran sensibles al azúcar. Los resultados mostraron que de nuevo el amor hizo que el agua —que supuestamente era una nueva bebida— supiera más dulce, aunque no tenía ningún sabor.

El hecho de que los celos no afectaron los sentidos, revela según los investigadores que las metáforas deben de ser profundas y apoyarse en experiencas. El vínculo entre el amor y la dulzura podría remontarse a la infancia, cuando los niños reciben dulces y leche de sus madres.

 

[Scientific America]