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Una invitación a la Gran Obra: la intoxicación de los territorios incognoscibles y el arte de David Chaim Smith

AlterCultura

Por: David Metcalfe - 01/14/2014

David Metcalfe revisa el trabajo más reciente de David Chaim Smith, The Blazing Dew of Stars, donde plasma la poesía pura de la existencia, el código cabalístico de la creación, espejo radiante del lenguaje secreto del universo.

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“Me considero un cartógrafo esotérico, lo que me interesa es hacer mapas, mapear los territorios incognoscibles para una mente convencional”. 

-David Chaim Smith en una entrevista con Jay Babcock para la revista Arthur

 

“Dividir la fe conduce a un mundo destruido”

-David Chaim Smith, Kabbalistic Mirror of Genesis (El espejo cabalístico del génesis)

Existe una cantidad incontable de libros sobre gnosticismo contemporáneo, incontables celebridades que pretenden haber alcanzado la realización, múltiples esfuerzos académicos que intentan analizar temas esotéricos, y siglos en los que los dogmas religiosos han ensombrecido con todo tipo de formas y tonos cualquier posibilidad de realización, sin embargo, hay unas cuantas personas que sinceramente pueden afirmar que siguen un camino sin camino. Esto es particularmente cierto de aquellos que en público se comprometen con su práctica.

Actualmente pocas personas que publican en el campo del esoterismo de Occidente tienen proyectos que resuenan con las verdades más profundas de la práctica que se encuentra en los clásicos de esta misma tradición. Entre los miembros de este grupo selecto se encuentra David Chaim Smith, un practicante contemplativo que radica en Brooklyn y cuya obra es un ejemplo admirable de la revelación gnóstica contemporánea (¡si acaso la conciencia atemporal se puede calificar como contemporánea!), emplea el lenguaje de la cábala clásica y la tradición esotérica de Occidente para transmitir su mensaje. Nos encontramos con un sutil y sorprendente disfraz, uno de esos momentos preciosos en los que lo oculto a simple vista resuena y brilla con una claridad luminosa en la oscuridad de nuestra sombría era tecnosalvaje.

Sabiduría desde la tierra del sacrificio

A pesar de la promesa de mayor conectividad, los medios contemporáneos tienen una naturaleza constrictiva que con frecuencia permite la demonización acrítica de la espiritualidad tradicional; fomentan una falta de expresión de la complejidad de estas tradiciones y sus formas vivas, en desarrollo. Lo que encontramos en la obra de David Chaim Smith es un ejemplo de cómo estas formas tradicionales pueden ser abordadas, evitando las mundanas fachadas políticas en las que se enfoca el diálogo religioso. También representan una interacción compleja entre el trabajo práctico del autor/artista, el medio a través del cual se expresa ante su público, y el sentido cabal misterioso que abre nuevos caminos para nosotros cuando experimentamos su trabajo.

Al presentar a Smith en una entrevista reciente, Jay Babcock, de la revista Arthur, se refiere a su imaginario como “El tipo de trabajo que generalmente sale a la luz accidentalmente, décadas después de que un recluso ha muerto o desaparecido (o ha sido internado en una institución): es trabajo devocional, extraño y cargado, que ha sido rescatado de un basurero, mientras que los detalles de la vida del artista y su práctica se han convertido en polvo”. Una declaración interesante que nos sugiere un indicio de donde la obra de Smith encuentra su potencia.

La contemplación devota requiere que la persona alcance los siguientes estados: la desaparición, muerte, regreso al polvo y la aniquilación final hacia el ser/no ser, al tiempo que se mantiene vivo. Aun así, ésta es la etapa preliminar antes de la continuación de la práctica. El nombre del tercer libro de Smith The Sacrificial Universe (El universo sacrificial) trata de este estado de desapego, un desapego fuera del nivel consciente al que muchos están acostumbrados, especialmente en este mundo de distracciones.

Si uno busca expresiones de contemplación devota, generalmente encuentra una versión conceptualizada con palabras de más, incapaz de abrir el embriagante perfume de la experiencia misma, el lenguaje del crepúsculo cifrado de ese estado todavía sin nacer que seduce a los que se encuentran al exterior para acercarlos al altar sacrificial que habilita el primer paso del proceso. Es erróneo pensar que aceptar una invitación a los niveles más profundos de la contemplación es otra cosa que aceptar el camino más difícil, requiere la atención más constante e incondicional para llevar a cabo la aniquilación absoluta de los débiles lazos con la identidad filial.

El sacrificio reflexivo es el camino absoluto. Durante el momento intangible de la percepción, cada actividad sensorial ofrece su semilla a la matriz de cada campo sensorial.

-David Chaim Smith

Como parte de su disciplina espiritual, Smith vive retirado y pocas veces hace apariciones públicas. Este estilo de vida es necesario para ayudarlo a cultivar la práctica que le permite crear piezas visualmente asombrosas, sin embargo, lo que vemos en éstas es sólo la superficie de su obra. Muchos de los artistas y creativos de la actualidad crean un culto a su personalidad, sin embargo, en el caso de Smith, su trabajo emerge y eclipsa a su creador, alcanzando una vida propia mediante un acto sacrificial que existe en el centro de la creación.

Smith no se disculpa por esta autoaniquilación en su trabajo. Como dijo recientemente, “Después de que te has lastimado y a otros, cuando has insultado a todos, quemado todo, lo has pisado, has comido todo y lo has hecho mierda… ¿qué queda? Nada. ¿Qué se puede hacer con nada? Nada. Aquellos que saben de lo que hablo lo reconocerán de inmediato, pero pocos podrán hacer algo al respecto. Y serán aún menos los que puedan usarlo para iniciar su proceso más allá de las aspiraciones espirituales en la vida convencional. Es el máximo comienzo: desnudo y crudo. No se puede desvelar más que cuando no se tiene nada que perder. El proceso realmente comienza en ese momento, y solo en ese momento”. Sin embargo, al contrario de muchos artistas que parecen estar mucho más abiertos, él mantiene una presencia activa en Facebook, con el propósito de entablar una relación con las personas que sinceramente buscan explorar el paradójico misterio de la Nada manifestada.

Blazing Dew of Stars- Structural Balance of Substanceless Dreams

La síntesis más allá del sincretismo

Yo enseño mediante libros y el contacto personal. Mi territorio es la ciencia y la universidad, no los llamados círculos ocultos.

-Eugene Canseliet, escritora y alquimista de origen francés

Al estudiar el material de Smith uno encuentra algo fascinante. Donde las ideas sincréticas usualmente tienen grietas causadas por uniones artificiales, aquí encontramos un camino que se enhebra a través del corazón de las tradiciones esotéricas con una integridad obvia. Uno podría considerar de esta manera el eterno discurso filosófico, sin embargo los practicantes de la filosofía perenne rara vez están casados con la misma, más bien se mantiene como el dominio de los académicos, quienes en pocas ocasiones cuentan con la sabiduría o la experiencia práctica para presentar algo sin las sutiles fallas que degradan la enseñanza, a pesar del conocimientos que puedan tener.

El trabajo de Smith nos ofrece una embriagante porción de gnosis, algo que se puede apreciar como la poesía pura de la existencia, o como algo que puede convertirse en un peldaño hacia las profundidades del misterio existencial para aquellos cuya búsqueda es seria. Esta es una invitación, del tipo que ocasionalmente se extiende a las personas que esperan pacientemente la apertura de las promesas del camino sin camino.

Como respuesta al lanzamiento del más reciente libro de Smith, The Blazing Dew of Stars (El abrasador rocío de las estrellas), el maestro budista Traktung Yeshe Dorje Rinpoche reconoció la influyente e integral naturaleza de la obra:

Este tipo de trabajo es como una célula madre en el cuerpo espiritual de la humanidad… capaz de transformarse en formas multicolor para brindar lo que se requiera para la contemplación profunda.

El trabajo de Smith es importante no sólo por su profundidad práctica y filosófica, también lo es por su integración en la práctica contemporánea dentro del desarrollo de una tradición viviente, aunque sea una tradición generalmente ignorada por aquellos que buscan formas externas para satisfacer su curiosidad.

Los secretos más allá de la erudición

La verdadera tradición no se encuentra en la erudición académica. La academia rara vez se interesa en abrir o quitar las persianas mitológicas que mediante el acumulación cultural rodean las cuestiones centrales del trabajo contemplativo. La práctica devota contiene la verdadera tradición. Mientras que la erudición puede ayudarnos a entender algunas de las cuestiones históricas que rodean a Smith, jamás nos guiarán hacia un entendimiento más profundo de la sabiduría a la que podemos acceder a través de sus asombrosas piezas visuales.

Debemos ser cuidadosos cuando descubrimos algo tan audaz como la práctica de Smith, ya que con frecuencia encontramos nuevas ideologías que escarban en busca de símbolos tradicionales que puedan dar profundidad a su práctica. Son raras las ocasiones en las que voces fuertes emergen públicamente para acoger la potencia de las tradiciones vivientes. Sin embargo aquí, en el trabajo de un practicante radicado en Brooklyn, Nueva York, encontramos la clave de una verdadera tradición atada a la existencia y definida por la realidad. Una de las dificultades de acercarnos a ella son los pocos ejemplos contemporáneos capaces de brindarnos un punto referencial. No nos encontramos frente a otro sistema cabalístico interpretativo, y definitivamente no es un ejemplo de esoterismo popular.

Como Babcock apunta en la introducción de su entrevista con Smith:

Lo que más me intrigó de la obra fue su proveniencia difícil-de-entender: estas piezas podrían haber sido incluidas en el compendio de maravilloso arte alquímico medieval Alchemy and Mysticism de Alexander Roob, (Taschen).

De nuevo encontramos un indicio de lo que encontraremos en el trabajo de Smith. Sus piezas pueden ser comparadas con arte medieval alquímico porque Smith no nos presenta una fachada, sino una imagen genuina  de la Gran Obra, en todo su esplendor multicolor, un cuerpo vivo alimentado por distintas corrientes exotéricas pero provenientes de una misma fuente. Sin miedo a acercarse al corazón de la tradición occidental, mediante su trabajo nos asegura que “el mensaje central de la alegoría edénica es que cuando la percepción no oscurece a la Divinidad, todo es dicha. De hecho, la palabra Edén significa DICHA”. El trabajo de Smith desafía una definición sencilla del cuerpo, la mente y el espíritu, y sus dibujos son portales gnosémicos que conllevan una exploración más transingente, un compromiso más profundo con las nociones relegadas a un campo meramente teórico, a la idealización o comprensión periférica de aquellos que se acercan a los caminos devocionales, sean eruditos, escépticos o practicantes especulativos.

Smith ha hecho pública esta invitación a través de sus libros, un sencillo sitio y mediante las imágenes e insights que comparte en su página de Facebook. Él cree que para acceder a la intoxicación de los territorios incognoscibles “debes aprenderlo siguiendo una tradición oral, no una escrita. Se supone que debes vivirlo y hablarlo con alguien que sepa al respecto”. Uno de los aspectos más singulares de su práctica es que, a pesar de llevar una vida retirada y de dedicarse a la contemplación, hace amplio uso de los medios digitales.

He conocido a pocos magos, aquellos cuyas intenciones igualan sus palabras, cuyas letras manan de la perfección de su realidad adoptando la forma de un fluido intercambio de sueños. Alguien así puede utilizar una serie de sílabas cubiertas de aspiración para  pronunciar un gólem, una supernova o una simple profusión de belleza.

No es posible tejer mundos con juegos de palabras, a menos que cese la ficción entre el sujeto y el objeto y la naturaleza de continuum mágico de lleve a cabo. Todo esto está fundamentado en la realización gnóstica de la naturaleza de la mente. ¿Entre nosotros quién podría reivindicar esto? ¿Quién de nosotros se coloca para burlarse del logro?

-David Chaim Smith

Smith ha dejado claro que su trabajo es un trabajo vivo, para entender completamente lo que representa debemos acercárnosle activamente. Algunos pueden burlarse de esta declaración, ya que en la actualidad son pocas las personas audaces que se atreven a creer que algo así es posible, que una tradición viva, con una transmisión de conocimiento real, está disponible abiertamente, pero no sólo es posible, también es muy real y está presente en el trabajo de Smith, con toda la apertura que este le permite.

 

El abrasador rocío de las estrellas

Al presentar su libro más reciente, The Blazing Dew of Stars, Smith nos presenta la expresión más completa de su proceso contemplativo hasta ahora. Es un viaje radical e intransigente que desbarata las percepciones comunes de la realidad y la autoidentificación. Además, desglosa la errónea concepción donde el teísmo y el ateísmo son más que dos polaridades cosificadas en el mismo viaje egoísta.

Con una radical exégesis visionaria no-teística, Smith honra la divinidad de la poesis al pie de la letra, partiendo la cáscara de la vocal y las consonantes para alcanzar su intangencial núcleo interior, el lugar secreto que vierte de la “fuente de la sabiduría” que sólo puede ser descubierta después de que la cáscara externa ha sido digerida. Su práctica es gematría casi pura, pero una gematría del simbolismo, sin el dogma y la mitología que sostiene la conceptualización egocéntrica que ha terminado con el camino de tantos buscadores. Al trabajar con asociaciones mito-poéticas, a un nivel que se mantiene accesible para el pensamiento poético, abre espacios inimaginables para una visión transformativa.

Cada momento y lo que contiene se consume de inmediato por el fuego de la extensión del espacio, se disuelve de inmediato en el instante de la coagulación. Una ofrenda suprema a la Nada, empapada con aspiración gnóstica.

Mi comida, que es una ofrenda del fuego, es un dulce gusto que ofrecerás cuando sea la estación correcta. Esta es la ofrenda hecha por el fuego que traerás a Jehová como una ofrenda ardiendo continuamente (Números, capítulo 28).

Es probable que estas palabras bíblicas hayan sido ignoradas por la gran mayoría de personas que profesa un gusto por ese tipo de cosas. Aquí encontramos el origen común, revelado más allá de los discursos forzados de los tele-evangelistas o hasta de los serpenteantes discursos de los místicos contemporáneos, esta gnosis, cruda y pura, no se parece a nada escrito por un autor vivo. En una fuente tan aparentemente común encontramos que ese calor renovado da pie al florecimiento de la inspiración, el cual ha estado ensombrecido demasiado tiempo.

Una invitación

El trabajo de Smith nos plantea un problema. Con frecuencia aceptamos trabajos estéticamente bellos cuya invitación a una profundidad mayor permanece oculta por la práctica tácita de la creación. Sin embargo, Smith teje un continuum de instrucción textual, simbólica y biomórfica en el cuerpo de su obra publicada, que también incluye su presencia en los medios digitales. Ésta pide a los que la descubren que la acompañen y, al hacerlo, deben también intentar recorrer los caminos sutiles que juegan con la práctica espiritual para entrar en el estado embriagante de la poesis sublime que ahí yace.

¿Cuántos aceptarán el llamado? Nadie puede decirlo, pero aquellos que llegan a probar la fuente reciben un atisbo de asombro poético, poco común en la actualidad —y sólo por esto, sólo para y por ti mismo el trabajo de Smith se convierte en un tesoro digno de buscarse. 

 Twitter del autor: @davidbmetcalfe

El Desilusionista: La nueva espiritualidad, más extraña que la ciencia ficción (I/II)

AlterCultura

Por: Jasun Horsley - 01/14/2014

En la espiritualidad contemporánea, ¿qué lugar ocupan los chamanes, los gurús, los maestros y las personas que dicen haber alcanzado la iluminación? ¿Cómo distinguir a los charlatanes de quienes ejercen un magisterio auténtico? Estableciendo un pararelismo entre la relación Morfeo-Thomas Anderson de Matrix, Jasun Horsley escribe al respecto.

matrix

¿Qué es un maestro espiritual?

Déjame darte un consejo: sé honesto. Él sabe más de lo que puedas imaginar.

—Trinity a Thomas antes de que éste conociera a Morfeo (Matrix)

¿Qué es y qué hace a un auténtico maestro espiritual? Hasta ahora las respuestas a estas preguntas han sido vagas y subjetivas. ¿Pero qué sucede cuando un auténtico maestro espiritual no es ni espiritual ni maestro? ¿Qué pasa si no es más que un técnico capacitado para llevar a cabo una función específica, como lo sería un cirujano, un dentista o un plomero? ¿Qué lugar habría entonces para la vaguedad o la subjetividad?

En Matrix, la vida generada por computadora en un mundo de ensueño guía a Thomas hacia Morfeo, un ser completamente liberado. Morfeo interviene en la vida de Thomas y le pone fin, le entrega su libertad, aunque con un costo: su vida anterior y su identidad. Thomas se transforma en Neo, simbolizando así el fin de una existencia y el inicio de otra.

¿Es Morfeo un maestro espiritual? ¿Es un chamán, un gurú, un Bodhisattva? ¿O es simplemente un hombre de conocimiento con habilidades específicas que lleva a cabo la función práctica de extraer la conciencia de Thomas del mundo onírico de la matrix, rescatando su cuerpo de la granja? ¿Es eso la iluminación espiritual? ¿Morfeo iluminó a Neo? ¿O solo quitó los obstáculos que separaban a Thomas de la realidad?

La iluminación espiritual se define como la liberación de la ilusión y la entrada a una “realidad más grande”; es despertar del mundo onírico del ego. En la ciencia ficción, la mecánica del despertar es clara y precisa. No hay lugar para la vaguedad, conceptos místicos o filosofías abstractas, tampoco hay “enseñanzas”. Únicamente se presentan los hechos. En este caso, la esclavización de Thomas y el proceso de desconexión mediante el cual accede a la realidad. No hay nada qué discutir: sólo debemos procesar una experiencia de vida.

En el mercado espiritual y chamánico los conceptos gobiernan y nada es claro ni preciso. La espiritualidad no es una ciencia. Las masas ciegas describen elefantes que nunca han visto y discuten creencias metafísicas fundamentadas por rumores, esperanza e hipérboles. Una zona franca llena de afirmaciones, ilusiones y la autoinvención mítica en donde el único dogma alternativo es el solipsismo colectivo: un acuerdo ambiguo sobre la naturaleza subjetiva de la verdad. La realidad es aquello que nos persuadimos a creer, especialmente si podemos encontrar a otros que también crean lo mismo. Es un carnaval caleidoscópico de cosas hechas a la medida, programas interactivos para el desarrollo personal, un reality show cósmico en donde todos pueden ser El Elegido (durante quince minutos) y el ego espiritual domina a plenitud.

La popularidad de la espiritualidad “hazlo tú mismo” y el chamanismo hecho a la medida de nuestros días es una respuesta natural a un mercado corrupto lleno de recetas a medias, vendedores sin ética y productos basura. Cuando los profesionales no merecen nuestro crédito y los amateurs son ineptos, ¿qué podemos hacer además de confiar en nuestros propios recursos para desarrollar una espiritualidad “hecha a la medida” y fuera del sistema? Ya que la autosuficiencia tiene un precio, esto significa que tenemos que cultivar el producto y venderlo también. Todos nos podemos convertir en un maestro, chamán o guía en potencia; proliferan las “enseñanzas espirituales” y el ruido de todos los árboles cayendo en bosques vacíos ahoga la señal de la verdad que nos llama de regreso a casa.

¿Cuáles son las probabilidades de que Thomas encontrara a Morfeo entre la cacofonía sin fin del mercado espiritual (generado por la matrix)? Mínimas, en el mejor de los casos. Afortunadamente, Thomas no encontró a Morfeo: él encontró a Thomas. Cuando el discípulo estuvo listo, el maestro apareció. El simple hecho de que Thomas estuviera en una búsqueda sincera fue suficiente para garantizar el encuentro.

 

Extraordinariamente ordinario

Estás aquí porque sabes algo. Lo que sabes no lo puedes explicar, pero lo sientes. Lo has sentido toda tu vida.

—Morfeo a Thomas durante su primer encuentro

Lo que primero me impresionó de Dave Oshana fue lo poco impresionante que es. Oshana es un maestro espiritual. Asegura haber alcanzado la realización. Tiene un sitio en donde vende sus servicios: clases en línea en tiempo real, repeticiones descargables y consultas personales donde cada minuto cuesta un euro. En invierno, primavera y verano organiza retiros en Finlandia. No hay nada —al menos superficialmente— que lo distinga de los otros miles de maestros espirituales del mercado. La influencia que Oshana tuvo sobre mí fue gradual y acumulativa y no fue sino hasta después de tres años de haberlo conocido que tuve que pagar por tener una consulta personal con él y comenzó la parte más formal de nuestra relación. Pasó otro año antes de que realmente cayera por completo (en diciembre de 2011) y me registrara para uno de sus retiros. Ese fue el punto sin retorno.

oshana

¿Por qué me tomó tanto tiempo? Quizá soy difícil de convencer. En su sitio había leído testimonios de personas que aseguraban haber experimentado enormes cambios en sus vidas gracias a él. Según algunas de estas personas, las experiencias mushin, la unificación, la dicha trascendental y los remolinos de luces y colores aparecían a los pocos días o, en algunos casos, minutos después de haberlo conocido. Nada de eso me pasó. Un cockney con un acento incomprensible y mala gramática: Oshana me pareció extremadamente ordinario. Contaba chistes malos y, a veces, se le ocurrían ideas absurdas aparentemente irrelevantes; repetía las mismas ideas, se equivocaba y en ocasiones no daba con el punto. No era para nada como Morfeo. No se sentaba como una estatua ni hablaba con monotonía, lentitud y profundidad. No proyectaba poder, autoridad ni misterio. Lo bueno era que no era pretencioso —a menos que pretendiera no serlo. Su presencia no inspiraba ni un poco de reverencia, al menos no de mí.

Otra de las  cosas que me llamó la atención fue que Oshana no daba la mano. Es muy estricto sobre cosas que a la mayoría de las personas pueden parecerles triviales (por ejemplo, no apuntar tus pies o dedos en dirección de otros). Mucho tiempo después descubrí que antes de participar en los retiros, los aspirantes debían llenar un formulario en donde se comprometieran a no beber alcohol, fumar o consumir drogas días antes del seminario; por lo mismo, no se podía elegir a algunas personas que tomaban ciertos medicamentos. Y a diferencia de muchos maestros espirituales, sus eventos no eran públicos.

Oshana estudiaba a los aspirantes que iban a los retiros para asegurarse de que estuvieran preparados para recibir su ayuda. En contraste, tenía un estilo de enseñanza muy informal, y además de haber prohibido el contacto físico, era mucho más accesible que otros maestros espirituales. Salía a comer con sus alumnos. Ninguna de las personas que conocí lo consideraba “la encarnación de la verdad”, un ser sagrado o divino, ni un ser superior (aunque muchos sí lo consideraban un iluminado). Y aunque Oshana hablaba mucho de la iluminación, la describía con términos sencillos: fue algo que simplemente “le sucedió”. El 19 de junio de 2000, Oshana despertó y se dio cuenta de que era diferente: contó los dedos de su mano para ver si tenía dígitos de más. Vio a su alrededor. Al final encontró que la persona que solía ser “Dave” había desaparecido como si jamás hubiera existido.

Al igual que muchos otros líderes espirituales, Oshana hablaba mucho sobre la energía. Pero al contrario de la mayoría de los maestros, él se refería a un tipo de energía específico: la Transmisión. Este tipo de energía había sido responsable de su iluminación y Oshana dedicaba su vida a servirle. Se convirtió en un maestro espiritual gracias a la Transmisión, a pesar de jamás quererlo ni planearlo. Durante el Día de la Iluminación 2012, en Helsinki, Oshana describió ésta como una suerte de esclavitud. Dijo que era semejante a ser un padre, y que la mañana del 19 de junio del año 2000 despertó dándose cuenta que debía cuidar a 7 millones de bebés. Desde ese momento se dedicó a la tarea de ayudarlos a despertar para alcanzar su verdadera naturaleza.

Oshana admitió ese mismo día que, tras ser un maestro de la iluminación por doce años, no había podido guiar a alguien a un estado de iluminación que él considerara satisfactoria (aunque muchos aseguraban haberla alcanzado). Se reía hasta llorar o, quizá, reía para no llorar. A diferencia de muchos maestros espirituales, Oshana se enfocaba en los resultados, aun cuando esto trabajaba en su contra.

mensaje

 

Una astilla en la mente

Puedo guiarte, pero debes hacer exactamente lo que te diga.

—Morfeo a Thomas durante su primera conversación

Oshana y yo nos conocimos por primera vez en Londres en diciembre del año 2007. Supe de su existencia por casualidad y mi curiosidad creció cuando vi que había escrito algo sobre Matrix en su sitio. Yo había escrito un libro sobre la película y llevé un ejemplar conmigo para regalárselo. Nuestro encuentro fue agradable, pero no me impresionó mucho. Dos días después regresé a verlo, y en esa ocasión participé en un taller intensivo con trabajo energético.

Poco tiempo después me llamó inesperadamente uno de sus asistentes, me dijo que el maestro quería verme en el Hilton de Edgware Road. Fue por la noche. Yo llegué en bicicleta. Nos sentamos en un lugar tranquilo en el lobby del hotel y hablamos durante tres horas, pasada la medianoche. Casi todo el tiempo hablé yo. Oshana había leído mi libro y lo había disfrutado. Sin embargo, no me ofreció una píldora roja. Yo quería saber a qué se refería cuando hablaba de la iluminación, por qué aseguraba tenerla y por qué usaba la palabra “espiritual” con tanta frecuencia. Le dije que yo no creía que él hubiera alcanzado la iluminación. En ese entonces yo tenía una idea muy clara de lo que esto significaba: para mí era la máxima y última meta de la conciencia, por un lado; de la existencia humana, por otro; la consciencia de Dios, por otro más; y de la unidad con el universo, finalmente.

Oshana era descarado y crudo (a la vez que extrañamente modesto), un “vivales” acercándose a los cuarenta. No cumplía con los requisitos necesarios, por lo que yo estaba bastante seguro de que no había alcanzado la última meta de la evolución humana. Sugerí que, como muchos otros aspirantes, había malinterpretado su experiencia y caído en “la trampa del gurú” (sobre lo cual yo había leído algo). Oshana me prestó atención, pero no intentó persuadirme. Señaló mi baja energía y hablamos de mi fatiga crónica.

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Después de ese segundo encuentro nos mantuvimos en contacto por los siguientes tres años, de manera intermitente. En el ínterin conocí a otro maestro espiritual, John de Ruiter, y por primera vez en mi vida acepté a un gurú personal. Ruiter era lo opuesto de Oshana: sombrío, imponente y sumamente impresionante. Él encarnaba mejor al “hombre de conocimiento” que yo imaginaba, y acepté a Ruiter como un maestro realizado y asumí una posición subordinada. Comparado con Ruiter, Oshana era un peso ligero. Oshana era demasiado ordinario para que yo pudiera aceptarlo como un maestro. Sin embargo, con el tiempo mi perspectiva cambió. Comencé a dudar de la autenticidad de Ruiter y buscaba la guía de Oshana con más frecuencia. Mientras más hablaba con él por Skype y mediante correos electrónicos informales y sin cargo alguno, más evidente se volvía para mí que Oshana era fundamentalmente diferente a las demás personas. Yo tenía un prejuicio intelectual pero quizá fue la rapidez de sus ideas y lo que decía, su precisión y profundidad de entendimiento, lo que terminó por convencerme. También su soltura y flexibilidad poco comunes. Durante los meses que duraron nuestras conversaciones informales nunca percibí ningún tipo de tensión, rigidez, incomodidad o esfuerzo de su parte. Parecía siempre estar tranquilo y completamente presente. Detrás de un exterior lúdico había una atención firme, un propósito inflexible.

Gradualmente, a través de nuestros intercambios, mis ideas en torno a la iluminación cambiaron. El concepto se adaptó a dimensiones menos fantásticas, más tangibles, humanas y accesibles. Lo que Oshana describía era similar a lo que le había sucedido a Thomas Anderson: se despertó un día y se percató de que su vida había sido un sueño. No se había convertido en Neo de la noche a la mañana, sin embargo, una ilusión fundamental había terminado. Comencé a sospechar que, al igual que Morfeo, Oshana operaba en otro nivel del ser. Era un nivel que yo no podía entender porque no tenía un acceso consciente a él. Por eso me percaté de que existía una distancia enorme, quizá irremediable, entre nosotros. Era la distancia que separa una realidad de la otra, la distancia entre la vigilia y el ensueño. A pesar de lo cual no me sentía intimidado ni asombrado por Oshana. Más bien sentía una curiosidad y una fascinación inmensas al mismo tiempo que su interés en mí me halagaba. Pese a que la atención de Oshana me parecía un reto e incluso me sentía un poco desorientado, su manera particular de relacionarse conmigo me hacía sentir cómodo al tiempo que no me permitía obsesionarme con él o con el espacio que nos separaba.

Durante el primer periodo de nuestra relación formal llegué a cuestionar el pago que le hacía a Oshana a cambio de sus servicios, probablemente porque amenazaba mi autoestima y mi determinación. El intercambio solo me recordaba la inequidad que existía entre los dos y que yo dependía de un maestro para alcanzar la libertad. ¡Morfeo jamás le cobró a Neo por la desconexión! A veces una película simplemente es eso. Más allá del aspecto económico, sentía una preocupación más sutil. Me preocupaba que los beneficios de tener un guía hacia la iluminación (si es que Oshana realmente estaba iluminado) podrían ser anulados por mi deseo infranqueable de buscar una solución fuera de mí mismo. El peligro de reconocer una figura de autoridad espiritual es que puede reforzar el hábito de buscar la verdad fuera de uno mismo. Thomas Anderson se encontró con un problema similar cuando se conectó con Morfeo y se vio obligado a seguir instrucciones aparentemente imposibles e inexplicables. Al hacerlo le permitió a Morfeo tratarlo como si fuera una suerte de marioneta, tomando el control de la toma de decisiones. Después de dudarlo un momento, Thomas confió completamente en Morfeo y con el tiempo obtuvo su recompensa: la libertad; arriesgando todo por ello, sin saberlo.

No hay ningún camino seguro o garantizado para llegar a la verdad. Tampoco existe una manera de evitar sentirse abrumado por el tipo de dudas y temores paralizantes que Thomas experimentó cuándo decidió seguir ese camino. Al final debió aprender a confiar no sólo en Morfeo y Trinity, sino también en su instinto, que le permitiría distinguir entre lo real y lo irreal. Hasta el momento del encuentro, lo único que Thomas había tenido que hacer era seguir la astilla en su mente, la cual lo guió hasta Morfeo. 

Twitter del autor: @JaKephas

*En los próximos días publicaremos la continuación de este ensayo.