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Literatura Musical: Giorno Poetry Systems y el Arte de la palabra hablada

Por: Jaen Madrid - 01/23/2014

Giorno Poetry Systems se reduce, en suma, al control del espíritu oyente, su arte involucró diferentes tecnologías para llegar a la sugestión poética.

 Better An Old Demon Than A New God

William Burroughs, Laurie Anderson, Philip Glass y Robert Rauschenberg son parte de este exótico híbrido entre música y performance lírico. Más de una docena de discos formaron la montaña sagrada de la sensibilidad entre los versos y prosas estimulados por el poder de la melodía.

La música es el vapor del arte. Es a la poesía como el sueño al pensamiento.

-Victor Hugo

Imaginar que el Poeta de 1950 era un ser invisible limitado a publicar sus letras en libros ignorados y revistas autónomas puede parecer una idea casi surreal en nuestros tiempos pues la mayoría de grandes autores se encuentran ya al alcance de cualquier biblioteca. Vivir de la enseñanza poética en ese entonces hacía, de cierto modo, más difícil escribir la Poesía misma, pero no había elección. Para artistas como John Giorno, esto era una injuria brutal hacia las grandes mentes que se encontraban en las penurias, y fue en el brillante 1960 que decidió crear Giorno Poetry Systems, un colectivo a través del cuál se organizaron experimentos y performances de poesía multimedia sobre diversas formas de expresión artística (música y cine, especialmente), esto con el fin de extender el conocimiento de los versos más hermosos del mundo y que sus autores pudieran vivir de ello.  

Todo comenzó con las instalaciones de poesía psicodélica que Giorno, en colaboración con Robert Moog (creador del sintetizador), iniciaron en las calles de Nueva York. Posteriormente, artistas como Andy Warhol y Ron Mann se unieron al escuadrón, con una serie de cortos y documentales influenciados por el Underground Cinema, que en esos momentos era el umbral de films subversivos a la escena Hollywoodense. Estos constantes proyectos para la difusión del lirismo (recordemos que la poesía estaba por detrás de todas las Artes), dieron a Giorno su primer idea monumental: Dial-A-Poem, un servicio telefónico sin fines de lucro que consistía en llamar a Giorno Poetry Systems y escuchar de forma gratuita un poema grabado previamente en contestadoras. Una idea reveladora que los medios de comunicación no tardaron en copiar para fines publicitarios y demás servicios telefónicos de los que hoy en día conocemos.

Con la colaboración de artistas como William Burroughs, Allen Ginsberg, John Ashbery, Ted Berrigan, Patti Smith, Laurie Anderson, Philip Glass, Robert Rauschenberg, John Cage y Robert Duncan, por mencionar algunos, el colectivo se convirtió en un sello discográfico que compiló un exótico híbrido entre música y performance lírico: más de una docena de discos formaron la montaña sagrada de la sensibilidad entre los versos y prosas estimulados por el poder de la melodía. Las influencias musicales de estos compilados variaron provocativamente. A Diamond Hidden In The Mouth Of A Corpse es uno de los álbumes con más armonía y estructura, posiblemente el más musical, tomando en cuenta que otros compilados tratan exclusivamente la figura retórica que se practicó en diferentes performance.

Giorno se dio cuenta del valor que puede llegar a tomar la palabra cantada, incluso tenía una especie de método propio del budismo tibetano para la generación adecuada de energía en el escenario (Powa). Aquellas obras que ofrecían una “temperatura” de ánimo peculiar, cobraban sentido en los espacios insondables del drama musical: “La voz y las palabras salen de mi cuerpo como si se tratara de música”, decía.

Giorno Poetry Systems se reduce, en suma, al control del espíritu oyente, su arte involucró diferentes tecnologías para llegar a la sugestión poética, lo cual fue, sin duda, un método infalible que debería servir de ejemplo para estos tiempos de conceptos desorientados sobre estética, tiempos en que se ha perdido, de manera considerable, la calidad y claridad del concepto.

Enlace: UbuWeb

Twitter de la autora: @barbedwiredkisss

 

Caperucita Roja y otras historias de terror y hambre: el pasado histórico de los cuentos "infantiles"

Por: Úrsula Camba Ludlow - 01/23/2014

Los cuentos “infantiles” que han llegado a nuestros días, han pasado por filtros, modificaciones y “maquillajes” para adaptarlos al gusto de distintas épocas, como lo hicieron en su tiempo Charles Perrault, los hermanos Grimm y Walt Disney.

blancanieves_03_small_650Todos crecimos escuchando, leyendo o viendo en pantalla cuentos infantiles: Cenicienta, Caperucita Roja, El Gato con Botas, Pulgarcito, Blancanieves, Barba Azul, Las habichuelas mágicas, Jack el Cazagigantes, Rapunzel, Hansel y Gretel. Esas historias con final feliz tienen también un origen y un pasado, un contexto en el cual tenían otro sentido para quienes los narraban y aquellos que los escuchaban: los campesinos analfabetas y paupérrimos de Francia, principalmente. 

La historia no es sólo una serie de sucesos políticos, de grandes acontecimientos o de hazañas épicas. Es posible adentrarse en otros aspectos profundos de la historia, lejos de las intrigas palaciegas y las decisiones de Estado, en las cuales evidentemente la “gente común” no participaba. ¿Cómo entonces, penetrar en la mente colectiva de esas personas, sin rostro, sin nombre, que habitaron hace siglos y que no dejaron un testimonio de su puño y letra? ¿Cómo conocer los códigos, valores y símbolos de una época? Eso no es posible descubrirlo en los tratados de paz, ni en las declaraciones de guerra, de independencia o en las constituciones. 

Los cuentos “infantiles” que han llegado a nuestros días han pasado por filtros, modificaciones y “maquillajes” para adaptarlos al gusto de distintas épocas, como lo hicieron en su tiempo Charles Perrault, los hermanos Grimm y Walt Disney. 

En efecto, los cuentos son documentos históricos. Han evolucionado durante muchos siglos y se han modificado en distintos contextos culturales. Tomemos como ejemplo una versión que antecede al cuento de Caperucita Roja no apta para niños hoy en día:

Una chiquilla es enviada por su madre para llevar a su abuela pan y leche, el lobo la intercepta en el camino, averigua su destino y llega antes que la niña, se disfraza y se mete a la cama de la abuelita. Hasta ahí la historia no ofrece nada peculiar en contraste con la versión que conocemos. Acá viene la diferencia: el lobo mata a la abuelita, pone su sangre en una botella, rebana la carne, la acomoda en un platón y se la da a comer a la niña para después hacer que se desnude y finalmente, comérsela. No diríamos que es un cuento para niños. Tan sólo en Francia, se han rastreado  aproximadamente 35 versiones del cuento de esta niña, en algunas aparece la caperuza, en más de la mitad de esas versiones es devorada por el lobo y en algunas más logra escapar mediante alguna artimaña.

Asimismo existen 90 versiones de Pulgarcito, 105 de Cenicienta y otras tantas de El Gato con Botas, Barba Azul, La Bella durmiente. Antes de que Charles Perrault y los hermanos Grimm omitieran las partes caníbales y violentas de estos y otros relatos “infantiles”, para hacer versiones impresas, los cuentos se transmitían de manera oral, en las largas noches de invierno al final del día, mientras los hombres limpiaban sus herramientas y las mujeres hilaban en una rueca. Eran cuentos para matar el tiempo… y el hambre. Los campesinos en los pueblos luchaban para mantenerse en la pobreza y no pasar a la indigencia. La carne es un producto que se consume sólo algunos días al año y la dieta consiste principalmente en caldos hechos a base de agua, pan y alguna hortaliza como nabo, cebolla o col. En los cuentos, los deseos de la gente hambrienta se materializan en comida: en algunas versiones de Cenicienta, la madrastra sólo le da de comer pan, mientras sus hermanastras son un par de gordas que haraganean por la casa. La virgen María se aparece cuando Cenicienta está a punto de morir de hambre y le da una varita mágica con la cual puede hacer aparecer los más suculentos banquetes, obvio Cenicienta empieza a engordar (señal de que está saludable) y la madrastra a sospechar... Los personajes de los cuentos (ya sean niños, pícaros, sirvientes, molineros), cuando se les concede algún deseo, piden bollos, un salchichón, todo el vino que puedan beber, papas en leche, pedazos de queso, pan blanco, pasteles o un pollo…

Por otra parte, casi la mitad de los franceses moría antes de cumplir los 10 años, la mortandad de bebés era altísima. Algunos morían asfixiados por sus padres en la cama. Otros eran abandonados, pues a menudo un hijo más era la diferencia entre la pobreza y la indigencia. Los matrimonios duraban 15 años aproximadamente y terminaban no por divorcio sino por muerte. Las madrastras proliferaban por todas partes ya que los hombres que enviudaban se volvían a casar con mucha frecuencia. Toda la familia se amontonaba en una o dos camas y se rodeaba de ganado para mantenerse caliente. Los hijos trabajaban con sus padres, casi en cuanto empezaban a caminar, no había tratos preferenciales ni se les consideraba criaturas inocentes. 

Así, la mamá de Pulgarcito vivía en un zapato y tenía tantos hijos “que no sabía qué hacer”, en los cuentos, los niños son abandonados, devorados por algún ogro, salen a mendigar o a buscar fortuna evitando ser una carga para sus padres.

Una versión que antecede a La bella durmiente, el Príncipe, que ya está casado, viola a la princesa y ella tiene varios hijos sin despertar, hasta que son ellos quienes rompen el encantamiento cuando la muerden al momento de amamantarlos. En una versión anterior a Cenicienta, la madrastra trata de matarla empujándola al horno pero por error quema a una de las malvadas hermanastras.

El mundo de los campesinos es un mundo cruel, brutal lleno de huérfanos y madrastras, donde hay que sobrevivir: los caminos están desolados y al mismo tiempo llenos de peligros, los lobos aúllan, los ladrones pueden estar agazapados en cualquier lugar. Los viajantes no tienen dinero para pagar una posada y además ahí también corren el riesgo de ser degollados y despojados de sus pocas pertenencias. Sin sermones ni moralejas, los cuentos franceses muestran que el mundo es un lugar cruel y peligroso, es mejor ser desconfiado. La mayoría de los cuentos no están dedicados a los niños, más bien tienden a ser admonitorios. 

Nunca llegará a nosotros el dramatismo con el que se contaban esos cuentos: el crepitar de la leña en el fogón, las pausas, los golpes en la mesa, los gestos, las palmadas, las carcajadas o los gritos que produjeron, pero, aunque difuso, alcanzamos a percibir un débil rumor de los miedos y los deseos de aquellos seres aparentemente mudos.

Referencia:

Robert Darnton. La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa, FCE,1984, México.

 

Twitter de la autora: @ursulacamba

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.