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El magnicidio como un problema de conciencia: grandes asesinatos políticos motivados por pasiones personales

Política

Por: pijamasurf - 01/22/2014

En el asesinato de un rey, un emperador o un presidente puede ser más decisiva una pasión personal que un motivo político; aquí tres historias que así parecen mostrarlo.
cesar Karl von Piloty, "El asesinato de Julio César", 1865

En sus Vidas imaginarias, Marcel Schwob atribuye a Eróstrato el placer de escuchar su propio nombre como el móvil por el cual quemó el gran templo de Artemisa en Éfeso: ebrio de amor propio, megalómano irremediable, el hombre no cesaba de gritar una y otra vez “Eróstrato” al ver cómo el fuego consumía el precioso edificio. Quizá por eso, en otras versiones más antiguas de la historia, se dice que parte de su condena fue borrar todo rastro de su nombre, sepultarlo profundamente en el olvido para que nadie jamás lo recordara. Y, con todo, su crimen y su nombre permanecieron.

Tanto o más célebre que el rey es quien asesina al rey, reza una sentencia que a veces se cita cuando se habla de magnicidios. En efecto: la historia recuerda a Julio César, pero también a Bruto y a Casio, los principales conspiradores de su muerte.

Los asesinos de reyes, emperadores, presidentes y figuras afines están rodeados de un aura atractiva porque su labor no es fácil: atentan contra la cabeza del poder, contra el dirigente de una nación, una especie de padre simbólico contra quien un hijo rebelde osa levantar la mano. Quizá por esto es el magnicida quien comete el acto, pero sólo después de contar con una extensa preparación que en casi todos los casos involucra a otras personas, una red letal tejida en las sombras que se tiende contra aquel que se considera un tirano cuya ausencia beneficiará a todo un pueblo.

Así, en el magnicidio el asesino es tan importante como la conspiración que lo planea, los dos elementos imprescindibles en la construcción de ese laberinto político que en el centro busca colocar como trofeo la vida del asesinado, y el cual, por cierto, no se encuentra exento de las emociones humanas. En el ya mencionado caso de César y Bruto, la estrecha relación entre ambos es legendaria, el hecho de que este último era como un hijo para César, su amigo, lo cual sin embargo no obstó para que Bruto lo apuñalara e incluso considerara su crimen como un último y radical gesto de amistad. ¿Cuál fue el dilema ético, existencial, que Bruto enfrentó y de algún modo resolvió al decidir participar en el asesinato de su protector?

A continuación compartimos algunos asesinatos célebres de grandes figuras políticas de la historia reciente en los que la importancia del personaje destaca tanto como el predicamento en que se vieron envueltos sus perpetradores.

 

El archiduque Franz Ferdinand, La Mano Negra y Gavrilo Princip

El 28 de junio de 1914 es una de las fechas más importantes de la historia moderna. Ese día el archiduque Franz Ferdinand fue asesinado en la ciudad serbia de Sarajevo por el joven Gavrilo Princip, militante de la organización secreta y ultranacionalista Mano Negra que, en este caso, conformó un pequeño grupo de ejecutantes para dar muerte al heredero del imperio austro-húngaro. Como se sabe, el incidente fue el detonante de la Gran Guerra, el primer gran conflicto en el que las naciones europeas descubrieron con horror el potencial autodestructivo que podían alcanzar.

La Sociedad Secreta de la Mano Negra se fundó en 1911 por militares serbios que por la vía de la violencia y el terror pretendía devolver la grandeza a su país, humillado por los grandes poderes europeos. Al principio la Sociedad contaba con 10 hombres, pero para 1914 sus miembros sobrepasaban ya los 2 mil.

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Dragutin Dimitrijevic, uno de los fundadores de La Mano Negra, planeó el asesinato del archiduque cuando supo que este visitaría Sarajevo. Dispuso que Gavrilo Princip, Nedjelko Čabrinović y Trifko Grabez serían los encargados de dar muerte al heredero de los Habsburgo.

De Princip cabe destacar que tuvo una vida más bien marginal y quizá hasta frustrada. Aunque desde joven abrazó la causa nacionalista serbia, en sus primeros intentos por dar cauce a sus inquietudes encontró negativas y rechazos. Lo expulsaron de la escuela y en su primer intento por enrolarse en La Mano Negra lo tacharon de “demasiado pequeño y demasiado débil”. Según algunos historiadores fue esta serie de negativas las que le infundieron el deseo de “hacer algo grande” y mostrar al mundo su verdadero valor. No parece descabellado suponer que una organización como La Mano Negra se aprovechara de esta debilidad que a Princip quizá le parecía fortaleza.

 

Lee Harvey Oswald, supuesto asesino de JKF

ken

Según la versión oficial del gobierno estadounidense, Lee Harvey Oswald fue el francotirador que desde lo alto de un almacén de libros disparó contra John F. Kennedy, entonces presidente de la Unión Americana.

Esta responsabilidad ha sido ampliamente discutida y puesta en duda, incluso hasta nuestros días, toda vez que en torno al magnicidio existieron múltiples intereses que se vieron beneficiados con la muerte del más carismático de los Kennedy. Un poco como en la Antigüedad sucedió con Alejandro Magno, para cuyo asesinato muchos y nadie parecían culpables, en el caso de JFK igualmente se ha hablado de la participación de la CIA y el FBI en la conspiración en su contra, de la URSS y el gobierno cubano de Fidel Castro, también los anticastristas y grandes capos de la mafia como Sam Giancana, el vicepresidente Lyndon B. Johnson y aun parte de la élite militar del país.

Y contra toda esta vorágine de poder y altos mandos destaca la endeble figura de Lee Harvey Oswald, un hombre más bien menor que sin embargo ocupó la importante posición de la víctima, el chivo expiatorio que recibe sobre sí todo el peso y la carga simbólica del sacrificio: Lee Harvey Oswald, que transitó por diversos oficios y países sin nunca encontrar la estabilidad personal que, quizá, lo hubiera alejado de ese otro destino más bien funesto.

Sea o no el asesino, es claro que Oswald aceptó participar en el complot, así fuera sólo como una pieza mínima. No es posible saber qué le ofrecieron a cambio ni por qué se vio obligado a tomar esta decisión, pues él mismo resultó asesinado a manos de Jack Ruby, otro peón de este complejo ajedrez que a su vez murió antes de ser interrogado.

 

lincolnrewardEl shakespeariano que mató a Lincoln

Hablar de John F. Kennedy nos lleva casi inmediatamente a hacer lo propio con Abraham Lincoln, dos magnicidios que incluso guardan inquietantes coincidencias. En este caso, el asesino fue John Wilkes Booth, quien sorprendió al presidente en el Teatro Ford de Washington.

De nuevo según la historia oficial, Booth formó parte de una conspiración sureña y afín a los Confederados que inicialmente planeó secuestrar a Lincoln para intercambiarlo por prisioneros de la Guerra Civil, sin embargo, en el fondo el móvil parece más profundo, dada la estatura moral de quien alentó y consiguió la abolición de la esclavitud en Estados Unidos.

Curiosamente, Booth fue hijo de un notable intérprete de los dramas shakespearianos, Junius Brutus Booth (mismo nombre con que nació el asesino de César), y él mismo ganó una reputación notable en la profesión paterna. Como en Tema del traidor y del héroe, el cuento de Borges, cabría especular si en este caso la historia no copió también a la literatura y la mente de Booth fue moldeándose en la grandilocuencia de los grandes personajes y las pasiones exacerbadas de la obra del Bardo. Según se sabe, el futuro asesino gustaba de decir que su personaje favorito de este corpus era nada menos que Brutus, “el asesino del tirano”.

 

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José Mujica comparte su filosofía de vida en esta entrevista realizada en España

Política

Por: pijamasurf - 01/22/2014

Destacamos algunas de las máximas expresadas por el presidente de Uruguay en la entrevista que, según dicen, "conmovió" a Europa.

 

presidentes-mujica 

Durante los últimos días se ha viralizado la entrevista que una conductora española le realizó a Pepe Mujica, el actual presidente uruguayo. La razón principal de la popularidad del video es que en sólo 26 minutos, a partir de la conversación establecida con la española, Mujica se las arregla para expresar sencilla y sabiamente su filosofía de vida, filosofía que, en gran medida, se ve reflejada en su acción política. 

A continuación, compartimos los que consideramos ser los highlights  de su discurso. Sorprende que, con actitud desenfadada y abierta (basta mirar la cantidad de ocasiones que abre sus dos brazos), Mujica exprese estas máximas y sobre todo, sorprende que las haga experiencia cotidiana en su país:

"Vivir mejor no es tener más, sino es ser más feliz [...] Para ser feliz no hay que tener más, hay que tener tiempo"

Cuestionado ante la sobriedad con la que vive sus días, Mujica explicó que, para él, la felicidad no reside en la acumulación de bienes, sino en la medida en que se tiene tiempo para ser libre. Aquél que se preocupa constantemente por sus posesiones, se niega la posibilidad del descanso. En nuestros días, un discurso que privilegie el tiempo sobre la acción constante, más bien, la "obligación" constante, es un discurso rebelde, que se manifiesta en contra las expectativas del ritmo de vida contemporáneo.

 

"En el fondo, 'naide' es más que 'naide', dicen los paisanos de mi tierra"

Escuchar en la boca de un presidente que nadie es más que nadie es, cuando menos, alentador, pues con base en esta máxima, la política pública no puede ser más que justa. Un campesino vale lo mismo que un empresario. Una mujer embarazada y desempleada vale lo mismo que un presidente.

 

"Lo que ofrece el Uruguay es seguridad, los políticos se comprometen con lo que hicieron sus pares anteriores"

Como casi ningún político latinoamericano, Mujica reconoce el trabajo de sus pares en el poder, sin atender a si éstos pertenecieron al partido que él abraza o si éstos fueron quienes lo encarcelaron en su juventud guerrillera. Se reconoce heredero de la congruencia política anterior y reconoce también, todo el tiempo, al pueblo uruguayo, que ha sabido tomar decisiones junto con sus políticos.

 

"Para construir cosas de cambios esenciales, se necesita construir herramientas colectivas [...], hay que construir sistemáticamente, con paciencia"

Al contrario del discurso político convencional, que postula que será durante la gobernación de tal o cual presidente cuando se lleven a cabo todas las reformas estructurales que significarán un "gran" cambio que se deberá agradecer al político en turno, Mujica explica, desde su visión de activista social, que los cambios no son producto de una sola persona, por más importante que parezca ser, y que tampoco son producto de un día, dos meses, un año de "negociación", sino que son el resultado de la paciencia y el trabajo colectivo y sistemático.

 

"Hay que leer a Confucio"

Una de las características del pueblo uruguayo es que es culto. Los uruguayos leen, critican y analizan su entorno. Están abiertos a adquirir conocimiento de distintos sistemas de pensamiento. El ejemplo paradigmático lo encontramos en esta frase de Mujica, que conmina a leer a Confucio, el sabio pensador chino del siglo VI a. C., cuya filosofía de Estado se basó en cualidades humanas como la bondad, la tolerancia y el amor al próximo.

 

"Tenemos que aprender a incluir la diversidad que hay en este mundo"

A pesar del discurso "multiculturalista" que se ha puesto de moda, es evidente para Mujica que la diversidad no se ha incluido todavía como política de Estado. Esta frase la dijo cuando fue cuestionado por su controversial decisión de legalizar el aborto y, además, la aprovechó para recordarle a la conductora y a los escuchas, que Europa no es, necesariamente, el centro del mundo, sino una más de las civilizaciones que conviven dentro de él.

 

"Ninguna adicción, salvo la del amor, es recomendable"

Un presidente que predica el amor sobre todas las cosas es bastante inusual e inspirador. Con esta máxima, Mujica matizó su decisión de legalizar la marihuana.

 

"A mí me parece que hay que luchar por la paz en todos los rincones de la tierra, me parece que la guerra es un recurso prehistórico"

Además de ser consciente del grandísimo dolor y problema económico-social que representan las guerras para los habitantes del mundo, Mujica manifestó una actitud política solidaria con el también país sudamericano, Colombia, que desde hace años ha vivido en un clima particularmente violento, y agregó que no puede haber cosa más sagrada para los mandatarios latinoamericanos que contribuir a lograr la paz colombiana.

 

"En la vida hay que aprender a cargar con una mochila de dolor, pero no vivir mirando la mochila"

En uno de los momentos más emotivos de la entrevista, Mujica recuerda su vida y comparte una de las enseñanzas que ha podido extraer de ella: los dolores sufridos no deben olvidarse, pero tampoco deben ser removidos constantemente. Lo mismo aplica para la historia de un país: no se debe cerrar los ojos ante las malas decisiones que se hayan tomado en el pasado, sino que se deben recordar para no repetirse.

 

"Los únicos derrotados en el mundo son los que dejan de luchar y de soñar y de querer... y es la diferencia que tiene la vida humana, se le puede dar un contenido"

En ese mismo momento, Mujica explicó cómo no se dejó vencer por las torturas y frustraciones experimentadas, y explicó cómo los seres humanos no debemos olvidar nunca que nuestra vida debe estar fundamentada en nuestras decisiones, que le darán contenido, autonomía y felicidad. 

 

"Tenemos una demasiado pequeñez en nuestro natural egoísmo. Toda cosa viva lucha por su vida, pero agrandar el abrazo, nos multiplica"

Al contrario de lo que se vive en la mayoría de los países, en los que se promueve la autosuficiencia tecnológica, la competencia irracional y el deseo de éxito personal, Mujica postula acciones conjuntas y generosas, que reconocen la existencia solidaria y enriquecedora de los otros.

 

"Tán locos, tán locos... yo que premio de la paz ni premio de nada... si me dieran un premio de esos, sería un honor para el Uruguay, para los humildes del Uruguay y para poder arrimar unos pesos más pa' hacer casitas pa' las mujeres pobres [...] para eso serviría todo eso, pero la paz se lleva dentro"

Al ser interrogado por aquello que experimentaría si fuera galardonado con el premio Nobel de la Paz, Mujica respondió eso, con una actitud que demuestra que no está buscando el reconocimiento personal, sino que está volcado a gobernar para el grueso de la población uruguaya.

 

Hasta aquí los highlights. Sólo queda decir que la inspiración que este hombre produce no se queda en la simple admiración del individuo, sino que invita a reflexionar sobre nuestros gobernantes y sobre nuestras acciones cotidianas, pues unos se corresponden con otras, aunque no queramos verlo. También queda decir que la entrevista da para hacer un análisis mucho más pormenorizado y contextual, al que invitamos a hacer a nuestros lectores, si así lo desean, en los comentarios.