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¿Angustiado por no cumplir tus propósitos de año nuevo? Italo Calvino puede decirte algo al respecto

Por: pijamasurf - 01/05/2014

En una carta escrita a los 26 años, el futuro novelista Italo Calvino pondera las formas que a veces puede tomar la preocupación y, en contraste, propone una manera de lidiar con la angustia de un Nuevo Año que se ofrece vacío y pleno de posibilidades.

tiempoAceptemos que, en efecto, un año nuevo es una gran oportunidad, un periodo que, en cierta forma, se nos presenta vacío, lleno de posibilidades, dispuesto a convertirse en cualquier cosa que deseemos o, mejor, que nuestra voluntad moldee.

Esto, sin embargo, puede ser recibido de distintas maneras. Para algunos puede ser motivo de alegría, un estímulo para verdaderamente fijar metas y empeñarse en conseguirlas. Para otros, en el punto medio, quizá les sea indiferente el cambio de cifras, acaso porque consideren que a fin de cuentas el tiempo es uno y lo mismo. Una tercera opción es la preocupación exacerbada, la toma de conciencia súbita de que otro año ha empezado y de nuevo hay tanto por hacer, tantos proyectos que realizar, tantos pendientes y los días pasan y….

Para este último grupo, algunas palabras del joven Italo Calvino, un fragmento de una carta que el futuro novelista envió a un amigo suyo, Mario Motta, cuando contaba con 26 años, en enero de 1950. Ahí Calvino pondera las diferencias entre los matices de la preocupación, de la angustia por la vida diaria, y propone un método para contrarrestarla: no se trata, en efecto, de desgastarse inútilmente en la pesadumbre de lo que es y lo que puede o no ser, sino de creer en un objetivo casi inamovible (y quizá algo más que esto: una vocación) y, a partir de éste, canalizar los esfuerzos y la energía para conseguirlo ―siempre “dentro de los límites de las posibilidades históricas”, como dice el escritor.

Quisiera señalar el fin en mi vida de la “angustia desperdiciada”: nunca me he arrepentido tanto de algo como de tener preocupaciones individuales, anacrónicas en cierto sentido, mientras que las preocupaciones generales, preocupaciones sobre el tiempo (o en cualquier caso las que pueden reducirse a eso, como tu problema para pagar la renta, por ejemplo) son muchas y muy vastas y tan “de mí”, que siento que son suficientes para llenar mi “preocupabilidad” e incuso mi interés y mi gozo de vivir. Así que desde ahora quiero dedicarme por entero a estas últimas ―pero estoy consciente ya de las trampas de esta cuestión y por eso de un tiempo para acá mi primera necesidad ha sido “desperiodizarme”, quitarme la correa que ha dominado los últimos años de mi vida: leer libros y reseñarlos inmediatamente, comentar sobre algo incluso antes de tener tiempo para hacerme una opinión sobre ello. Quiero construirme una nueva forma de programa diario en la que finalmente pueda profundizar en algo, algo definitivo (dentro de los límites de las posibilidades históricas), algo ni deshonesto ni insincero (a diferencia de como son los periodistas de hoy en día, de una forma u otra). Por esa razón he hecho varios planes para mí mismo, para mantener contacto con la realidad y con el mundo, pero siendo cuidadoso, claro, de no perderme en actividades innecesarias, y también para crear mi propio trabajo individual no más como “periodista”, sino como “investigador”, con lecturas sistemáticas, notas, comentarios, cuadernos y una cantidad de cosas que nunca he hecho; y también para, eventualmente, escribir una novela.

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Difícilmente nos creerás cuando te digamos que estas pinturas no son fotografías

Por: pijamasurf - 01/05/2014

Las pinturas hiperrealistas de Jason de Graaf simulan, con increíble precisión, la ilusión de ser cuidadosas fotografías.

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No es la primera vez que mostramos imágenes que, increíblemente y aunque todo parezca indicar que se trata de fotografías, en realidad son pinturas o dibujos. Pero sin duda el trabajo de Jason de Graaf es uno de los más sorprendentes casos de pinturas hiperrealistas. La obsesiva minuciosidad que presentan las composiciones, así como las texturas empleadas para simular superficies reales, terminan por confundir al observador, incluso después de enterarse de que en realidad no son piezas fotográficas. 

Mis pinturas son sobre la construcción de una realidad alterna, una ilusión de verosimilitud en la superficie pintada. Trato de usar objetos como vehículos para expresarme, contar una historia, o al menos aludir a algo que está más allá de lo que retrato. Por eso trato de elegir objetos que tienen un significado para mí o que son artefactos de mi vida. 

Este tipo de trabajos resulta especialmente divertido hoy, en una época en la que photoshop nos ha enseñado a desconfiar de la veracidad de las imágenes, y ha hecho que el refrán "ver para creer" se vuelva esencialmente anacrónico. Por eso sabemos que difícilmente nos creerás cuando te digamos que estas pinturas no son fotografías. 

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