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La carta navideña de las Kardashian plagadas de simbolismo oculto, supuestamente Illuminati, podría ser parte ya de toda una tendencia conspiro-estética en el pop.

The Kardashian Christmas card: 'gaudy clickbait replete with thinly veiled digs at celebrity culture

 

They are staring at me from the TV Tower [...] the servants have the power.

-Jim Morrison

Desde la década de los ochenta, cuando Madonna empezaba a usar el símbolo del Ojo en la Pirámide, asociado como el sello de los Illuminati de manera obtusa o taimada por los analistas de las teorías de conspiración, alguien más ducho podría haber previsto que las cosas acabarían con todo tipo de estrellas pop usando tautológicamente esta  imagen, venida a menos como recurso estético de coolness en la confusión semiótica. Bien se sabe que una de las características del capitalismo y del sistema dominante es cooptar todo aquello que en un principio se le parece oponer o amenazar: así, los movimientos de protesta o la rebeldía acaban siendo moda y se venden en el supermercado de manera serializada. Quizás los Illuminati no tengan un destino más significativo que acabar al lado de una persona como Kim Kardashian, maquinación autofantástica por antonomasia del sistema de la realidad simulada de la industria del entretenimiento. Kim, "famosa por ser famosa"  (y no por otra razón su sex tape es el piloto de su reality show) es una especie de hoax que se sabe hoax y se relame a sí misma, refocilándose en los lime-lights, en una encarnación sintomática de la hiperrealidad, que vive solamente para ser vista, máxima (crasitud) seducción del Maia.

Los Illuminati, al menos esa tergiversación memética-mediática de la sociedad secreta bávara que existió hace más de 200 años, no son del todo diferentes a las Kardashian, al menos en cuanto a su función sistémica como parte del virus cultural que promueve (sin necesidad de conspirar) la economía capitalista y su brazo de entretenimiento (que en inglés se conoce como infotainment o también como military entertainment complex). Se puede hacer un Celebrity Death Match entre las Kardashian y los Illuminati (tan verdaderamente cool en los setenta), contra las personas que ven los realities de las jóvenes Kardashian y las personas que creen que los Illuminati controlan la realidad, que las Kardashian son sus esclavas de control mental y creen todo lo que dice Alex Jones y así medir quién está más enajenada: seguramente, las cosas estarán parejas.

 

 

Kim Kardashian te dice cómo descalcificar tu glándula pineal en 6 rápidos pasos y tener unos glúteos galácticos estupendos...

Cada año la familia Kardashian envía a sus fans o amigos una tarjeta navideña que es, como todo lo que hacen, un elaborado photoshoot. En esta ocasión, tocó al famoso fotógrafo de moda David LaChapelle (fotógrafo de la élite, según Alex Jones) producir esta fantasía de ocultismo pop decadente y autorreferencial. En medio de un claro culto a Mammon, dios del materialismo, las Kardashian desfilan en una especie de cine-salón-de-belleza devastado, con una belleza paradigmática aumentada (como si se alimentaran de la energía de la audiencia, cual brujería de la imagen). Detrás de ellas se pueden observar motivos egipcios y una par de pirámides, al menos una de ellas con un ojo en la punta y un vago vórtice holográfico. Este trasfondo parece ser el contexto simbólico del encantamiento, una semiótica literal en la que ellas son parte de esta cábala de control y poder o que son agentes de lo secreto vuelto obsceno. Ésta, al menos, es la teoría de Alex Jones. Pero pensar que las Kardashian o que David LaChapelle no tienen idea de que están siendo usados para emitir un mensaje (que ciertamente ya no es furtivo ni hermético, un conspicuo guiño) es igual que pensar que no han vistos los videos de Rihanna, Beyonce o Miley Cyrus. Es decir, el símbolo del Ojo en la Pirámide (ligado a la providencia, al tercer ojo, al sol secreto y demás, a través de la historia de la masonería y de las religiones del misterio) ha perdido su significado en cuanto a su transmisión popular y hoy en día significa un símbolo más o menos confuso que supuestamente está ligado a una organización superpoderosa (para unos supercool y para otros el MAL)... pero que sobre todo es una forma de hacer que tus videos sean más vistos. Y las Kardashian (o sus controladores Monarch-MK-ULTRA) al parecer son más listas que los conspiranoicos, y saben que una imagen así hará que reciban mucha más atención mediática, y, como vampiros  que viven de la cobertura mediática, no hay cosa que más deseen.

Según Infowars, el sitio de Alex Jones, "la postal panorámica está llena de referencias que describen de lo que se trata la industria del entretenimiento Illuminati... esparcidos entre la postal yacen maniquíes desmembrados, símbolos del control mental, una práctica rampante en la industria del entretenimiento Illuminati", esto, además de los ojos-que-todo-lo-ven y de un tocado vulviforme usado por Kyle, la cual la "hace una especie de sacerdotisa". Según el LA Times, las Kardashian han llegado a un "nuevo terreno surrealista". The Guardian:"¿La tarjeta navideña tiene un mensaje oculto Illuminati? No lo creo. Pero, claro, si fuera parte de una conspiración mediática, esto es justo lo que diría". Algo similar pasa aquí, decir que los Illuminati no existen y que no existe una conspiración omnipresente que controla el planeta (la mayor conspiración es aquella que busca hacer creer en la existencia de una conspiración con todo el poder) es seguramente lo que diría alguien parte de esta espectral sociedad secreta, el brazo mediático que hace chistes (como el mismo The Guardian, que desde hace años lleva un cómico a cubrir las reuniones Bilderberg).

Pero...

Si los Iluminati existen estoy seguro de que son grandes bromistas (Robert Anton Wilson decía que seguían intentando destronar al Papa, no comían hot dogs, hablaban con los delfines, que eran en realidad tú y tus amigos). Y seguramente se divierten colocando su imagen secretamente en programas de Los Simpson o en videos de Lady Gaga. Los Illuminati en todo caso son los iluminados, difícilmente las personas que minan tus datos en Facebook, explotan el planeta y manipulan la bolsa se reúnen para decidir los próximos presidentes de Estados Unidos y del Banco Mundial en Bilderberg. La exégesis de la imagen de LaChapelle me parece una broma, evidentemente está llena de los símbolos que uno espera encontrar: los comprueba, dice que las Kardashian son una hueste de diosas-esclavas  (de un país de medio oriente que no puedo pronunciar ) del Gran Ojo en la Torre de TV (que todo lo ve, cuando lo ves).

 

En el futuro todos tendremos 15 páginas en los resultados de Google que nos vinculen con los Iluiminati (o no serás nadie)...

Hablando en serio (dentro de lo que cabe), no sé si sea cínica, quizás  una especie de autofelación de LaChapelle, que se quiere pasar de listo, o simplemente un truco de marketing en cahoots (y es que el marketing es la magia ceremonial de nuestra época) THEY ARE ALL WITCHES (lee el anagrama de Rosemary's Baby). En la Antigüedad se decía que una imagen tenía propiedades hechizantes o que con ella se podía hacer brujería: hoy tenemos la publicidad.

Twitter del autor: @alepholo

Desoladoras fotografías retratan la guerra a través de juguetes infantiles (FOTOS)

Por: pijamasurf - 12/10/2013

Los juguetes nos enseñan a entender el mundo... pero no solamente cuando somos niños.

El fotógrafo Brian McCarty realizó una conmovedora serie de imágenes en colaboración con el Centro Infantil Spafford, en Jerusalén: titulada, con gran fortuna, WAR-TOYS, las imágenes fueron realizadas utilizando como storyboard los dibujos que niños israelíes y palestinos realizaron como parte de una terapia lúdica para superar el impacto que la guerra dejó en sus jóvenes vidas.

Y es que, como dice McCarty, "jugar puede ser un mecanismo para sanar". Al ver que una niña dibujaba con sus crayolas un enorme charco de sangre alrededor de un cuerpo, McCarty pensó que esta mirada infantil hacia los conflictos armados podría servir para mostrar un lado de la guerra que el fotoperiodismo suele tocar de manera oblicua, y que no forma parte de los sangrientos titulares de nuestros días: la percepción de la inseguridad y la violencia en la que miles de niños crecen en las zonas de conflicto alrededor del mundo.

McCarty utilizó juguetes comprados en Palestina e Israel para este trabajo, además de contar con la colaboración de los niños para dirigir el montaje. El resultado es una visión "a ras del suelo" de la violencia extrema: la mirada de un niño jugando está más cerca del piso, ahí donde coloca sus juguetes, y donde los ve desbaratarse al igual que los edificios de sus ciudades de origen bajo el fuego del cielo. 

Estas imágenes permiten crear una distancia entre el espectador como víctima y el contexto de violencia a través de una prótesis "neutral": la neutralidad del juguete, en su presencia asociada con lo lúdico e infantil, se reconfigura para mostrar aspectos poco frecuentados por el arte y el periodismo: la manera, por ejemplo, en que desde muy pequeños, los niños aprenden que "la persona que me dispara es el 'malo'. Eso son 'ellos'", el Otro-adulto, "no importa de qué lado de la frontera esté." Y es que el proyecto buscó también retratar las dos partes del conflicto en la franja de Gaza, buscando ser lo más neutral posible.

Parafraseando al recientemente fallecido Nelson Mandela, el odio es algo que debe aprenderse, pues nadie nace odiando: la noción de enemigo puede ser construida y promovida también a través de los juguetes mediante los cuales los niños aprenden cómo opera el mundo. Un recordatorio muy propicio para la inminente temporada navideña: los juguetes forman parte de la manera en que los niños entienden el mundo, ¿pero qué mundo deseamos hacerles entender?