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Estoy convencida que saltar del ¿a mí qué? al ¡tengo una idea! aquí traigo una solución o una propuesta, puede producir diferencias radicales tanto en nuestra vida privada como en nuestra vida pública. Y ambas vidas están más conectadas de lo que quisiéramos.

Hoy inicio este espacio en Pijama Surf con la intención de hacer reflexiones que, como si fueran en voz alta, puedas leer en tu pantalla con disposición de escucha, para conectar algún evento público de esos que parecen totalmente alejados de nuestra vida cotidiana con alguna emoción o idea que sí tenga que ver con tu día a día. 

raised-fistNormalmente leemos sobre las reformas constitucionales que otros deciden por nosotros, o sobre los planes nacionales que las Secretarías pretenden ejecutar durante un año para distribuir servicios y recursos públicos, escuchamos notas sobre estrategias de seguridad, planes para recaudar mayores impuestos, dictámenes de tribunales sobre partidos políticos o particulares y reportes de dónde serán las manifestaciones de los sindicatos, pero nos parecen eventos que tienen, generalmente, poca incidencia en nuestra cotidianidad. Damos poca importancia a los asuntos públicos, siempre y cuando no toquen directa y evidentemente nuestros intereses privados. 

Frente a tantos acontecimientos caóticos, a veces preferimos ni enterarnos. Me topo con muchas personas que optan por no leer periódicos ni escuchar noticias para vivir tranquilos. Pero no nos damos cuenta del poder que depositamos en otros si nos mantenemos al margen de lo público.

Estoy convencida de que saltar del "¿a mí qué?" al "¡tengo una idea!, aquí traigo una solución o una propuesta", puede producir diferencias radicales tanto en nuestra vida privada como en nuestra vida pública. Y ambas vidas están más conectadas de lo que quisiéramos. Así que aquí les va el primer post de este experimento en el que espero que juntos saltemos, las más veces posibles, del "valemadrismo" a la responsabilidad colectiva.

Un presunto culpable y sus testigos morales

presunto-culpable1Hace más de dos años se estrenó Presunto Culpable,  el documental más visto en la historia de México, que narra una historia a la que se enfrentan miles de mexicanos cuando son sometidos a un juicio penal. La arbitrariedad y la injusticia con la que se culpa a un inocente de un crimen que no cometió, queda plenamente registrada en las imágenes que Roberto Hernández y Layda Negrete fueron hilvanando para esta denuncia en pantalla.

El documental retrata la historia de Toño Zúñiga acusado de matar a una persona con un arma de fuego junto con una banda de narcomenudistas en Iztapalapa. Aparentemente, cinco personas habían participado en el homicidio. Pero la PGJDF detuvo solamente a Toño. Increíblemente, lo acusaron con una prueba de pólvora que resultó negativa. 

Las únicas pruebas que tenía la Procuraduría contra Toño Zúñiga fueron un testigo que no vio quién disparó, que no conocía el nombre del acusado, pero que tampoco había podido describirlo físicamente antes de su detención, además de la prueba de pólvora negativa. Con esto, el juez 26 penal del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, Héctor Palomares Medina, condenó a Toño a veinte años de prisión.

Suena aterrador, y la posibilidad de que alguno de nosotros fuera víctima de un juicio sin justicia como éste, es real. Sobre todo si no se cuenta con recursos económicos, relaciones públicas, ni apoyo legal profesional. Y, aún contando con ellos, estamos en manos de jueces que inexplicablemente descuidan, por decir lo menos, la aplicación del debido proceso.

Presunto Culpable recibió la arrolladora aceptación del público. Sin embargo, el impacto por haber hecho visibles las prácticas judiciales de nuestro país, los ha llevado a enfrentar ahora demandas civiles por al menos tres mil millones de pesos ($3,000,000,000.00). Encima, serán juzgados por el mismo tribunal cuyas prácticas denunció la película: el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal. A pesar de que la filmación de Presunto Culpable fue autorizada por dos administraciones del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, la de Guadalupe Carrera Domínguez y la de Edgar Elías Azar.

Como lo señala el director del documental, Roberto Hernández, “las autoridades han preferido usar el propio sistema judicial y sus ineficiencias para silenciarnos. En lugar de preguntarse cómo es que Toño Zúñiga llegó a la cárcel siendo inocente y disculparse con Toño por hacerlo perder años de su vida, las autoridades prefirieron desacreditar la película y usarla políticamente. Durante su campaña para reelegirse como Presidente del Tribunal, Edgar Elías Azar usó la película para obtener el voto de sus colegas”.

Personas valientes, preocupadas por la violación de derechos a la que podemos ser sometidos cualquiera de nosotros, decidieron arriesgarse a documentar esta historia. Nunca imaginaron que serían ellos mismos las víctimas de un poder judicial para el que la justicia no es una prioridad. El juicio contra los creadores de Presunto Culpable sigue su curso. 

Ayer asistí a acompañarlos como “testigo moral” a la proyección del documental que los acusadores solicitaron como prueba. Es un hecho que nuestra presencia dentro y fuera de la sala del juzgado 18 generó incomodidad de la Juez y la obligó a mostrar una actitud objetiva y cautelosa. 

Cualquiera de nosotros podríamos ser un presunto culpable, o un abogado que documenta injusticias que sea juzgado por aquel a quien denunció. Por eso, es importante solidarizarnos con Roberto, Layda y sus colaboradores, darle seguimiento al juicio y estar cerca para no permitir que sean ahora ellos quienes protagonicen la historia de un juicio carente de justicia.

Twitter de la autora: @maiteazuela

 

Independientemente de nuestra opinión frente a la filantropía caritativa, lo cierto es que todo indica que esta práctica no busca transformar la situación actual.

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Anticipa la caridad previniendo la pobreza

-Maimónides

Históricamente, la filantropía ha sido una práctica recurrente entre los círculos más acaudalados en distintas sociedades alrededor del mundo. Se trata de un gesto socialmente "bien visto", y como tal, es celebrado, o incluso admirado, por la mayoría. Sin embargo, también ha sido reiteradamente cuestionado,  sobre todo en cuanto a su autenticidad y beneficios.

Vale la pena recalcar que en este texto, la filantropía, más allá de su condición etimológica que apunta al "amor por el género humano”, se refiere a prácticas organizadas para canalizar recursos financieros a causas que atienden necesidades específicas de un determinado sector de la población, y que rara vez conciben la necesidad de llevar a cabo una transformación estructural.

A continuación repasaremos brevemente algunas de las distintas posturas frente a este fenómeno sociocultural que en la actualidad despierta, quizá más que nunca, una viva polémica:

 

Posturas en pro de la filantropía 

Entre los más entusiastas, aquellos que aplauden per se el espíritu filantrópico ven en esta actividad un conducto mediante el cual los que más tienen retribuyen parte de su riqueza a los sectores menos favorecidos. Desde esta perspectiva la filantropía es un acto noble, humanitario, y necesario. Responde a una intención generosa, y ostenta una cierta conciencia ante las necesidades de un prójimo menos afortunado.

 

Posturas neutrales

Tenemos también un punto medio, ciertamente menos ferviente que la postura anterior, pero que no deja de reconocer los beneficios de esta actividad. Aquí se le concibe como un mecanismo para distribuir riqueza frente a un modelo político y económico que es incapaz, ya no digamos de garantizar, sino siquiera de promover una distribución equitativa, o al menos 'justa', de los recursos. Este grupo lo complementan quienes opinan que independientemente de si responde o no a una cuestión de simple status o de lavado de conciencia, los beneficios que la filantropía derrama terminan por ser tangibles, “cambia vidas”. 

 

Posturas en contra de la filantropía 

Ahora pasemos al otro lado, a las críticas. Desde cierto enfoque, este mecanismo se ha convertido en un ritual de las élites, una especie de frívola obligación moral, mediante la cual, aquellos que aprovechan un modelo financiero poco justo, lavan su conciencia, equilibran su karma, juegan a ser "más humanos", o enriquecen su imagen –como en el caso de Bono, el cantante de U2, y su fundación ONE.  

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Hay quienes opinan que la filantropía no sólo responde a un gesto hipócrita y poco comprometido, sino que incluso la acusan de propiciar una cínica estrategia fiscal para desahogar las obligaciones que generan las grandes ganancias de su actividad empresarial. Aquí tenemos ejemplos como el Teletón, popular iniciativa que ocurre anualmente en México, y a la cual muchos acusan no sólo de servir como pretexto para construir un radiante y emotivo show televisado (con las ganancias que implica la venta de tiempo aire durante esta transmisión), diseñado para aligerar la carga fiscal de las empresas participantes. Lo mismo ocurre con muchas otras campañas de microdonaciones, en las que generalmente los donantes no exigen a cambio un recibo de exención fiscal.

Por otro lado, y radicalizando un poco más la crítica, también tenemos acusaciones en torno a que las prácticas filantrópicas fungen como un vehículo para establecer agendas comerciales. Para ejemplificar lo anterior podríamos remitirnos a la alianza establecida entre la Fundación Bill y Melisa Gates, y la poco querida trasnacional, Monsanto, con el fin de implementar, masivamente, cultivos transgénicos en África. La fundación asegura que esto es parte de un plan para erradicar el hambre en el continente negro, sin embargo, los detractores aseguran que se trata de un plan para "contaminar" las tierras africanas e inaugurar la explotación de sus recursos agrícolas –recordemos que además esta fundación tiene significativas inversiones en Monsanto–, alegando que ello le permitirá aumentar el dinero disponible para hacer el bien.    

La filantropía es una práctica fácilmente cuestionable, tal vez demasiado, y tal vez por esto es que alrededor de ella florecen críticas excesivamente ideológicas o hasta viscerales. Sin embargo, detectar sus potenciales virtudes y vicios generalmente exige un mayor esfuerzo. En este sentido, una de las críticas más interesantes contra la caridad proviene del filósofo esloveno, Slavoj Zizek, quien advierte en este gesto un cómodo intento de redención que, en lugar de deconstruir el sistema que permite la pobreza y desigualdad, lo alimenta. Y aquí Zizek incluye otros recursos que se han puesto particularmente de moda hoy, como el consumo responsable y otras iniciativas similares.

¿Qué mejor que reafirmar la condición de "esclavo" en una persona que a través de un gesto presuntamente generoso? ¿Es el esclavo menos libre aquel que está agradecido con su amo?

 

¿Matizar o transformar?

Tratando de ir más allá de ideologías y emociones, si analizamos a grandes rasgos el papel histórico de la filantropía, sus consecuencias sociales, económicas y culturales, parece que ésta ha sido más una enemiga, y no una aliada, de la transformación del actual sistema económico, hacia uno más justo y mejor equilibrado.

Rara vez nos encontramos con iniciativas filantrópicas, y mucho menos con causas caritativas, orientadas a incidir en las bases del modelo que exige de estos gestos para mantenerse. Es decir, si yo tengo un bienestar económico "excesivo", difícilmente apoyaría una causa que en realidad busque cambiar aquel modelo que me permite gozar de dicho privilegio. En cambio, gustoso, accederé a matizar sus nefastos efectos.

De acuerdo a lo anterior, la filantropía bien podría concebirse como una válvula de escape que libera presión ante un escenario objetivamente indefendible. Y aquí me refiero no sólo a un instrumento para compensar moralmente el desequilibro distributivo de la riqueza, sino incluso para perpetuarlo. Tal vez, si no existiese la caridad, entonces la realidad social y económica sería lo suficientemente insostenible como para obligar mecanismos tajantes, por ejemplo revoluciones violentas, que intentaran cambiar dicha situación.

En fin, más allá de desalentarte a participar con microdonaciones, o donaciones cuantiosas, en causas caritativas o filantrópicas, preferiría invitarte a reflexionar sobre las consecuencias a corto, mediano, y largo plazo de este tipo de acciones. Y si consideras que al menos en algún sentido son benéficas, entonces creo que sería apropiado complementarlas con acciones o actitudes que apunten a, paralelamente, promover un cambio estructural de las actuales condiciones –aquellas que quizá te obligan a  recurrir a este tipo de actos. Recordemos que una sociedad verdaderamente sana, y regida por un modelo verdaderamente justo, sin duda no necesitaría de gestos filantrópicos. O al menos esta es mi opinión.  

Twitter del autor: @ParadoxeParadis