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¿Podemos influenciar eventos futuros con tan sólo pensarlos?

Por: pijamasurf - 11/22/2013

La consciencia colectiva es una de las formas de la telepatía involuntaria. Científicos de distintas épocas han tratado de elucidar cómo es que funciona la telepatía y, si es que existe, qué implicaciones temporales (como la precognición), podría tener.

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El término “consciencia colectiva” tiene mucho en común con lo que llamamos “percepción extrasensorial” o “telepatía”. Es usado por científicos para describir la práctica humana y animal de compartir comportamientos e ideas con otros por medios puramente mentales. Ya desde el año 1983, Durkheim relacionó este fenómeno con la moral y las normas sociales compartidas por los hombres, y en 1970 se lanzó la teoría de los cien monos.

Esta última, arrojada por el zoólogo sudafricano Lyall Watson y su colega Lawrence Blair, utilizó a los monos macacos de Japón para avalar su teoría. Durante los años cincuenta, los macacos de la isla de Koshima aprendieron a lavar camotes y explícitamente le enseñaron a las generaciones más jóvenes a hacer lo mismo. Este comportamiento después se expandió inexplicablemente hacia islas vecinas, entre grupos de macacos que nunca habían tenido contacto entre sí.

Pero recientemente, en el año 2010, el profesor Daryl Bem, un físico de la Universidad de Cornell, se empeñó en demostrar lo mismo en los humanos. Algo definitivamente complicado tomando en cuenta lo elusivo y poco cuantificable que puede ser un fenómeno extrasensorial.

En una de sus pruebas se les dieron a estudiantes algunas palabras para memorizar. Después se les pidió que recordaran las más posibles, y finalmente se les dio una selección de estas para que las escribieran.

Como era de esperase, casi todos los participantes recordaron las mismas palabras, pero estas palabras, también, tendieron a ser las que después se les pediría que escribirán. Esto sugiere que un evento futuro había afectado su habilidad para recordar.

En otro experimento, se les mostró a los estudiantes la imagen de dos cortinas en la pantalla de una computadora y se les dijo que una de ellas escondía una fotografía erótica. Los estudiantes escogieron la que escondía la foto más a menudo de lo que podía explicarse mediante el azar. Lo importante es que la posición de la fotografía fue asignada aleatoriamente por una computadora que no tomaba su decisión hasta después de que el voluntario escogiera una cortina o la otra.

Para los creyentes en lo paranormal, esto sugirió que los estudiantes estaban, de hecho, influenciando eventos futuros. El profesor Bem llevó a cabo nueve experimentos distintos, todos los cuales tuvieron resultados parecidos.

A todos nos ha pasado alguna vez que antes de que suene el teléfono sabemos quién es; o soñamos con alguien y lo vemos muy pronto; o soñamos con algo que luego pasa en el plano de la vigilia. Pero es difícil saber si estos fenómenos (¿aleatorios?) son una predicción del futuro o más bien un conjuro para que sucedan. En el año 2012, investigadores de la Universidad de Edimburgo quisieron poner a prueba las afirmaciones de Bem y repitieron los mismos experimentos de manera exactamente igual.

No pudieron repetir los resultados; no encontraron nada. El profesor Bem declaró que el escepticismo de los investigadores pudo haber influenciado los resultados. Los investigadores, por supuesto, negaron esto.

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Las virtudes más promovidas por la Iglesia son la castidad y la templanza. Los novohispanos encuentran francamente difícil sujetarse a ellas; en efecto, su comportamiento da cuenta de ello, tal y como lo veremos más adelante.

Cuando uno se acerca al pasado no debe dejarse engañar por las apariencias. Por ejemplo, si sólo revisamos las leyes notaremos a simple vista sólo una parte de la realidad. Un ejemplo burdo, pero revelador: Vamos de vacaciones y en el hotel o balneario se puede leer un letrero que dice “Favor de no meterse en fondo o en ropa interior a la alberca” ¿Qué es lo que revela esa advertencia? Que, probablemente, con frecuencia, los bañistas se echan un chapuzón en calzones o en fondo y por tanto hay que prevenir dichos desmanes colocando una advertencia visible para todos. Otro ejemplo con el cual nos topamos a menudo: “La persona que sea sorprendida arrojando basura será consignada a las autoridades” ¿Qué quiere decir? Que la gente harta de esperar al camión de la basura, acudía a tirar sus desperdicios a ese lugar. De paso, sería bueno señalar que jamás hemos visto el momento en el que alguien arroja basura y llega la policía para consignarlo ante un juez. Estos ejemplos, aunque esquemáticos y aparentemente simples, nos permiten ahondar en un tema de suma importancia: las prohibiciones revelan, a menudo, las prácticas. 

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Pensemos en el mundo virreinal: los escasos ecos que nos llegan del pasado novohispano son siempre bastante tétricos. Lo que nos viene a la mente es una sociedad gris, silenciosa, atemorizada e inmóvil. Cierto es que la iglesia católica regía los comportamientos sociales, morales, sexuales. Cierto es también que esas reglas impuestas por el cristianismo terminaban siendo impracticables, verbigracia: el calendario prohibía las relaciones sexuales en diversas fechas como la Cuaresma, la Semana Santa, la Pascua, la Natividad, la Asunción, la Inmaculada, y demás advocaciones de la virgen María, entre muchas otras fechas que dejaban pocos días para que se suscitaran dichos encuentros íntimos. Por supuesto, estaban prohibidas las relaciones fuera del matrimonio y la bigamia. Estaba prohibida cualquier forma de relación que no involucrara a un hombre con una mujer y que se realizara “derramando la semilla (semen) en un recipiente no apto para la procreación” Así, estaban prohibidas la masturbación, el coito anal, el bestialismo (zoofilia) y, por supuesto, el más grave de todos los pecados de lujuria: la sodomía (el encuentro sexual entre personas del mismo sexo).

Las virtudes más promovidas por la Iglesia son la castidad y la templanza. Los novohispanos encontraron francamente difícil sujetarse a ellas: en efecto, su comportamiento dio cuenta de ello, tal y como lo veremos más adelante. 

Ahora bien, el Registro Civil todavía no existía, así que todos los nacimientos se registraban en las parroquias. Gracias a los bebés que eran presentados para ser bautizados en la iglesia conocemos el número de nacimientos ilegítimos, y la cifra es elevada. Esos niños son producto de encuentros furtivos o de relaciones consensuadas durante años sin que existiera matrimonio de por medio. Las fechas en que se registraron revelan también que esas leyes en que estaba prohibida la intimidad sexual  no eran cabalmente respetadas.

Los casos de quienes “comparten la cama y la mesa” sin estar casados también fueron abundantes, dichas parejas viveron años hasta .que un vecino resentido los acusó o alguna autoridad quisquillosa los descubrió y  los obligó a separarse, Los bígamos dejaban a su mujer en España o en algún lugar remoto y prometían mandar por ella en cuanto se establecieran. Pasaron años, se casaron de nuevo y, cuando menos lo esperan, la esposa abandonada mandaba cartas solicitando ayuda para saber el paradero del marido, exigiendo que mandara por ella o, las más audaces, incluso se subieron a un barco y llegaron a Nueva España.

En cuanto a los pecados de lujuria mencionados con anterioridad, conocemos casos en que la esposa furiosa y desesperada acude a denunciar al marido que la obliga a tener relaciones con ´él por el “vaso trasero” (el ano) o aquella mujer que llorando se queja amargamente con una vecina porque su cónyuge la obliga a masturbarlo. Encontramos también al español quien asegura que estar amancebado con su esclava no es pecado “porque es su dinero”.

En el caso de la sodomía encontramos el proceso más escandaloso en el cual estuvieron implicados muchos hombres en la ciudad de México. El principal inculpado era un mulato que se hacía llamar “Cotita de la Encarnación”, descubierto por un muchacho mientras “cabalgaba” a otro hombre en medio del campo en San Lázaro (cerca de la actual Cámara de Diputados). El chiquillo, ni tardo, ni perezoso, corrió a contar el incidente a una mestiza que lavaba ropa en un arroyo cercano, quien a su vez acudió a denunciar el terrible hallazgo. No es la Inquisición la que persigue tal delito, sino la justicia civil, y después de una extensa indagatoria que horrorizó a las autoridades, fue descubierta una red de complicidades que se remontaba muchos años atrás e involucraba a decenas de hombres de todos los estratos sociales y edades: españoles, mulatos, mestizos, indios, los hubo jovenzuelos, pero también participaron del “abominable” pecado algunos ancianos, entre ellos, uno de ochenta y tantos años, medio tuerto, calvo y jorobado. Nunca se encuentra a todos los involucrados, que son una treintena aproximadamente. La condena fue fulminante: los catorce aprehendidos fueron a la hoguera. En efecto, Cotita y sus cómplices mueren en el quemadero de la justicia civil en San Lázaro, el fuego dura toda la noche y los habitantes de la ciudad y pueblos aledaños acuden a ver el espectáculo, cerca de aquel lugar fatídico en el que Cotita fue descubierto por el chiquillo entrometido.

A pesar de la insistencia de la iglesia en regular hasta en lo más íntimo los comportamientos tanto morales, como sexuales de los novohispanos, es posible adivinar que las transgresiones fueron mucho más frecuentes de lo que podríamos imaginar. El mestizaje mismo da cuenta, silenciosamente, de ello.

Referencia:

Gregorio Martín de Guijo. Diario 1648-1664, Porrúa: México, 1952.

 

Twitter de la autora: @ursulacamba

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