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Hay amantes de los perros y luego está Gary Matthews, un hombre de 47 años que quiere ser un perro.

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La  afinidad de Gary Matthews con los perros comenzó cuando era niño. Se apodó a sí mismo “Pongo” en honor a un perro de los 101 dálmatas, pero a la edad de 12 se volvió admirador de la serie Here’s Boomer y cambió su apodo por “Boomer”.

article-2473551-18EE7AD700000578-784_306x489Hoy, cada vez que puede se pone un disfraz de perro ovejero que él mismo construyó con papel y sale a la calle a caminar en cuatro patas, come de un plato para perro y duerme en una casa de perro que tienen dentro de su casa. Incluso ha perfeccionado su “ladrido Boomer”.

"Veía Here’s Boomer y me aprendía partes de su personalidad y comportamiento”, apunta Matthews.   “Cuando ladro, lo que puedes oír es el resultado de escuchar mis películas y aprenderme la voz de         Boomer del soundtrack. Cosas como ésa se han combinado con mi personalidad y me han hecho un mejor perro”.

Pero mientras que sus amigos y familiares han aceptado su comportamiento y su apodo, el Estado de Pensilvania no le dará reconocimiento oficial. En 2010 Matthews trató de cambiar su nombre a “Boomer The Dog”, pero el juez Ronald W. Folino rechazó su solicitud argumentando que si Matthews, por ejemplo, llamara al 911 para pedir ayuda, el operador podría no tomarlo en serio si se identificara como “Boomer The Dog”.

Puedes ver más sobre Matthews en el siguiente video (en inglés):

 

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Vestirse de manera extravagante puede hacer que los demás se sometan ante ti

Buena Vida

Por: pijamasurf - 11/04/2013

Comportarse de manera extraña o vestirse con ropa osada, que no encajaría en la norma, podrían traer beneficios insospechado en sociedad.

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Aunque muchas personas pensarían que vestirse de manera extravagante, de tal forma que una persona resalte entre un grupo, no es una conducta que asegure el loor social, lo contrario podría ser cierto. Vestimentas coloridas y atrevidas pueden hacer que una persona sea percibida como superior, dueña de su propias reglas, según sugiere un estudio de la Universidad de Harvard.

"Proponemos que, bajo ciertas condiciones, comportamientos no-convencionales pueden beneficiar a a alguien más que simplemente tratar de encajar. En otras palabras, cuando parece deliberado, una persona puede aparentar tener un estatus más alto y un sentido de competencia", escriben los autores del estudio Silvia Bellezza, Francesca Gino y Anat Keinan. Esto mismo en palabras de Wired: "Vístete con calcetines de colores y logra la grandeza".

En el estudio, los investigadores encontraron que las personas percibían un mayor nivel de estatus y de competencia en personas que no se conformaban con la norma que en aquellos que sí lo hacían. Esta no conformidad se exhibía en cosas tan sencillas como un abogado usando calcetines de colores. En otro caso un profesor de una universidad reconocida usó una camiseta y una barba sin rasurar mientras otro profesor de una universidad local usó un traje y un rostro afeitado. Las personas percibieron como de más alto estatus al profesor que apareció casualmente sin rasurar y usando una t-shirt.

Como suele ocurrir, la invetsigación podrá ser usada para el beneficio de marcas que quieren apelar a los compradores que no se conforman con las normas de la moda, capitilizando en la tendencia de "aparentar ser no conformista", de la mano de la tendencia de marcas que buscan enviar mensajes anticapitalismo y anticonsumo para que las personas consuman sus productos, buscando irónicamente empatizar con el sentimiento anticorporativo de algunas personas, muchas de ellas líderes de opinión. De este tipo de estudios surgen, por ejemplo, productos que cuestan muy caro pero que se ven como productos que usaría una persona que no tiene tanto dinero. La clave para las marcas es "entender cómo los consumidores pueden demostrar que están haciendo un acto intencional de no conformidad a través de estas marcas y productos".

La atracción por lo extravagante y diferente, puede observarse también en otro estudio que muestra que las personas prefieren una obra de arte cuando saben que el artista estaba loco o tenía ciertas conductas estrafalarias. Ambos estudios contribuyen a la conclusión de que ser raro no es tan malo como nos querían hacer creer.