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Las virtudes más promovidas por la Iglesia son la castidad y la templanza. Los novohispanos encuentran francamente difícil sujetarse a ellas; en efecto, su comportamiento da cuenta de ello, tal y como lo veremos más adelante.

Cuando uno se acerca al pasado no debe dejarse engañar por las apariencias. Por ejemplo, si sólo revisamos las leyes notaremos a simple vista sólo una parte de la realidad. Un ejemplo burdo, pero revelador: Vamos de vacaciones y en el hotel o balneario se puede leer un letrero que dice “Favor de no meterse en fondo o en ropa interior a la alberca” ¿Qué es lo que revela esa advertencia? Que, probablemente, con frecuencia, los bañistas se echan un chapuzón en calzones o en fondo y por tanto hay que prevenir dichos desmanes colocando una advertencia visible para todos. Otro ejemplo con el cual nos topamos a menudo: “La persona que sea sorprendida arrojando basura será consignada a las autoridades” ¿Qué quiere decir? Que la gente harta de esperar al camión de la basura, acudía a tirar sus desperdicios a ese lugar. De paso, sería bueno señalar que jamás hemos visto el momento en el que alguien arroja basura y llega la policía para consignarlo ante un juez. Estos ejemplos, aunque esquemáticos y aparentemente simples, nos permiten ahondar en un tema de suma importancia: las prohibiciones revelan, a menudo, las prácticas. 

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Pensemos en el mundo virreinal: los escasos ecos que nos llegan del pasado novohispano son siempre bastante tétricos. Lo que nos viene a la mente es una sociedad gris, silenciosa, atemorizada e inmóvil. Cierto es que la iglesia católica regía los comportamientos sociales, morales, sexuales. Cierto es también que esas reglas impuestas por el cristianismo terminaban siendo impracticables, verbigracia: el calendario prohibía las relaciones sexuales en diversas fechas como la Cuaresma, la Semana Santa, la Pascua, la Natividad, la Asunción, la Inmaculada, y demás advocaciones de la virgen María, entre muchas otras fechas que dejaban pocos días para que se suscitaran dichos encuentros íntimos. Por supuesto, estaban prohibidas las relaciones fuera del matrimonio y la bigamia. Estaba prohibida cualquier forma de relación que no involucrara a un hombre con una mujer y que se realizara “derramando la semilla (semen) en un recipiente no apto para la procreación” Así, estaban prohibidas la masturbación, el coito anal, el bestialismo (zoofilia) y, por supuesto, el más grave de todos los pecados de lujuria: la sodomía (el encuentro sexual entre personas del mismo sexo).

Las virtudes más promovidas por la Iglesia son la castidad y la templanza. Los novohispanos encontraron francamente difícil sujetarse a ellas: en efecto, su comportamiento dio cuenta de ello, tal y como lo veremos más adelante. 

Ahora bien, el Registro Civil todavía no existía, así que todos los nacimientos se registraban en las parroquias. Gracias a los bebés que eran presentados para ser bautizados en la iglesia conocemos el número de nacimientos ilegítimos, y la cifra es elevada. Esos niños son producto de encuentros furtivos o de relaciones consensuadas durante años sin que existiera matrimonio de por medio. Las fechas en que se registraron revelan también que esas leyes en que estaba prohibida la intimidad sexual  no eran cabalmente respetadas.

Los casos de quienes “comparten la cama y la mesa” sin estar casados también fueron abundantes, dichas parejas viveron años hasta .que un vecino resentido los acusó o alguna autoridad quisquillosa los descubrió y  los obligó a separarse, Los bígamos dejaban a su mujer en España o en algún lugar remoto y prometían mandar por ella en cuanto se establecieran. Pasaron años, se casaron de nuevo y, cuando menos lo esperan, la esposa abandonada mandaba cartas solicitando ayuda para saber el paradero del marido, exigiendo que mandara por ella o, las más audaces, incluso se subieron a un barco y llegaron a Nueva España.

En cuanto a los pecados de lujuria mencionados con anterioridad, conocemos casos en que la esposa furiosa y desesperada acude a denunciar al marido que la obliga a tener relaciones con ´él por el “vaso trasero” (el ano) o aquella mujer que llorando se queja amargamente con una vecina porque su cónyuge la obliga a masturbarlo. Encontramos también al español quien asegura que estar amancebado con su esclava no es pecado “porque es su dinero”.

En el caso de la sodomía encontramos el proceso más escandaloso en el cual estuvieron implicados muchos hombres en la ciudad de México. El principal inculpado era un mulato que se hacía llamar “Cotita de la Encarnación”, descubierto por un muchacho mientras “cabalgaba” a otro hombre en medio del campo en San Lázaro (cerca de la actual Cámara de Diputados). El chiquillo, ni tardo, ni perezoso, corrió a contar el incidente a una mestiza que lavaba ropa en un arroyo cercano, quien a su vez acudió a denunciar el terrible hallazgo. No es la Inquisición la que persigue tal delito, sino la justicia civil, y después de una extensa indagatoria que horrorizó a las autoridades, fue descubierta una red de complicidades que se remontaba muchos años atrás e involucraba a decenas de hombres de todos los estratos sociales y edades: españoles, mulatos, mestizos, indios, los hubo jovenzuelos, pero también participaron del “abominable” pecado algunos ancianos, entre ellos, uno de ochenta y tantos años, medio tuerto, calvo y jorobado. Nunca se encuentra a todos los involucrados, que son una treintena aproximadamente. La condena fue fulminante: los catorce aprehendidos fueron a la hoguera. En efecto, Cotita y sus cómplices mueren en el quemadero de la justicia civil en San Lázaro, el fuego dura toda la noche y los habitantes de la ciudad y pueblos aledaños acuden a ver el espectáculo, cerca de aquel lugar fatídico en el que Cotita fue descubierto por el chiquillo entrometido.

A pesar de la insistencia de la iglesia en regular hasta en lo más íntimo los comportamientos tanto morales, como sexuales de los novohispanos, es posible adivinar que las transgresiones fueron mucho más frecuentes de lo que podríamos imaginar. El mestizaje mismo da cuenta, silenciosamente, de ello.

Referencia:

Gregorio Martín de Guijo. Diario 1648-1664, Porrúa: México, 1952.

 

Twitter de la autora: @ursulacamba

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.

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Cinco conclusiones científicas de la cannabis que las farmacéuticas o el gobierno no quieren que sepas

Por: pijamasurf - 11/22/2013

Pese a la evidencia que prueba lo contrario, algunos medios masivos de comunicación siguen promoviendo la idea de que la marihuana es una sustancia peligrosa y sin usos medicinales

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Indudablemente existe una ola de aceptación hacia el uso de la cannabis en todo el mundo. Recientemente, Estados Unidos ha encabezado este movimiento, al contar con más de 15 estados en donde se permite el uso medicinal y dos más que han legalizado el uso recreativo. La evidencia en torno a los beneficios médicos de la cannabis o su bajo índice de daños en comparación con otras drogas ilegales y legales es enorme, por lo que incluso estas medidas estadounidenses parecen insuficientes. Tal vez el hecho de que la cannabis siga siendo mayormente ilegal y que se siga percibiendo por algunas personas como una droga peligrosa tiene que ver con que algunas corporaciones --principalmente farmacéuticas-- y algunos gobiernos produzcan esta percepción dañina que se tiene de la marihuana. En este sentido, es interesante consultar una reciente lista compilada por Alternet.com, en la que se publican datos que podrían pasar desapercibidos en el mainstream o los canales de comunicación masiva.

 

1.  El uso de la cannabis está asociado a un riesgo más bajo de mortalidad en pacientes con trastornos psicóticos

Aunque la fiebre de propaganda antimarihuana, conocida como "Reefer Madness", sostiene que la cannabis genera reacciones psicóticas y comportamiento violento durante varias décadas, existen estudios científicos que refutan lo anterior. Un estudio de 2009 de la Keele University Medical School encontró que el uso de cannabis no tiene una correlación con incidentes de esquizofrenia o psicosis y un estudio de las universidades de Maryland y de Inje, en Corea del Sur, halló que el uso de cannabis está asociado con una menor mortalidad en pacientes con esquizofrenia y psicosis.

 

2. La implementación de leyes estatales de uso de marihuana médica está asociada a una menor cantidad de suicidios

Según investigadores de la Montana State University y la San Diego State University que estudiaron los índices de suicidio en diferentes estados antes y después de la implementación de leyes de marihuana medicinal, existe una tendencia a la baja en los estados que han legalizado la marihuana con fines medicinales, mientras que el índice de suicidio en los estados que no lo han hecho sigue subiendo.

 

3. Los efectos del humo de cannabis en los pulmones son menos problemáticos que los del tabaco

Aunque en general, no se recomienda inhalar ningún tipo de humo, el humo de la cannabis no tiene efectos tan dañinos como los del tabaco comercial, como algunos medios quieren hacer pensar (Reuters publicó una historia sobre "la cannabis como un mayor riesgo de cáncer que los cigarros").

El Journal of the American Medical Association (JAMA), una prestigiosa publicación estadounidense, reportó hace poco que la cannabis no tiene efectos adversos en la función pulmonar.

 

4.  El uso de cannabis está mínimamente asociado con un incremento en el riesgo de accidente vial

Aunque hace un año la BBC declaró que "los conductores bajo la influencia de la cannabis chocan dos veces más", un meta-análisis realizado por la Aalborg University y el Institute of Transport Economics in Oslo determinó que la cannabis tiene menor riesgo de inducir accidentes que sustancias como los opiáceos, los tranquilizantes, los antidepresivos, la cocaína, las anfetaminas, los ansiolíticos o el alcohol. En comparación, la cannabis es tan peligrosa para conducir como consumir un antihistamínico.

 

5. La clasificación de la cannabis como una droga de clase I en Estados Unidos es una completa mentira científica

A nivel federal, la cannabis es clasificada como una sustancia de clase I en Estados Unidos, lo que significa que no tiene valor terapéutico o que representa un alto riesgo para la salud, a la par de la heroína. Esta ley es evidentemente caduca, toda vez que 12 años de amplios estudios justifican la legalización de la marihuana medicinal en más de una docena de estados. Se han encontrado beneficios de la cannabis en el tratamiento de diferentes padecimientos como la esclerosis múltiple, la migraña, el dolor crónico y posiblemente el cáncer, por sólo citar algunos de los más conocidos.