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Robert Wilson logró esta extraordinaria grabación de unos grillos, la cual evoca un coro de ángeles en la hierba.

¿Cuántos ángeles caben en la punta de un aguja?, reza la frase popular. Muchos de nosotros en la infancia asociamos el canto de los grillos con las estrellas, con noches en las que salíamos al bosque. Los grillos parecen ser tan innumerables como las estrellas; las estrellas parecen ser los ángeles, como decía Borges, ya que son lo único que podemos comprobar que existe en el cielo. Las estrellas, nos dice la sabiduría pitagórica, hacen una música: la armonías de las esferas. Matemáticamente, reduciendo la velocidad de una grabación de grillos, sin ningún otro efecto, Robert Wilson ha conjurado un coro angelical. Los ángeles están en la hierba.

Los grillos producen su emblemático sonido --llamado "estridulación" -- frotando sus alas con sus fémures. Éste, por supuesto, es un sonido sexual. Chirp, Chirp, así soñamos que también hacen las estrellas: onomatopeya del brillo, cintilación sonora.

 Sobre el trabajo de Robert Wilson, dice Tom Waits: "Wilson siempre está jugando con el tiempo. Oí hace poco una grabación de unos grillos. Suenan como un coro, suena como música de los ángeles. Algo brillante, celestial, lleno de armonía y bajos, no podrías creerlo. Como un arrobador coro del cielo, y sólo está ralentizado, no manipularon la grabación para nada".

Twitter del autor: @alepholo

 

 

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La bella semejanza entre los embriones equinos y los humanos (FOTOS)

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 10/30/2013

El fotógrafo Tim Flach muestra la semejanza entre los bebés equinos y los bebés humanos en una serena y fantasmal serie de fotografías.

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Los caballos y los humanos han estado juntos desde siempre. Las pinturas rupestres son prueba de ello. El afamado fotógrafo Tim Flach quiso mostrar esta concomitancia de una manera evocadora y por lo tanto no incluyó seres humanos en sus fotografías. En cambio sugirió el vínculo entre especies mediante retratos de fetos en crecimiento, mediante la documentación de la gestación de un caballo.

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Su manera íntima de tratar este tema revela una semejanza biológica. En sus días tempranos, la blancura lechosa, fantasmal del feto podría ser tanto de un ser humano como de un equino. Pero para el día 85, la figura agraciada del caballo ya ha alcanzado los 14 centímetros.

“Espero que inspire un poco de asombro”, apunta Flatch. “Estas viendo algo en su etapa de diseño”.

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Las imágenes de los fetos fueron tomadas a través de un cristal mientras éstos flotaban en formol. La siguiente imagen del embrión fue capturada mientras éste estaba en tránsito de una yegua a otra, en la Unidad de Fertilidad Equina en Newmarket, Reino Unido. Flach tuvo pocos minutos con una placa de Petri para poder capturar la formidable imagen.  

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