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¿Qué se hace para preservar el Mar de Cortés, una de las zonas con mayor biodiversidad del planeta?

Por: pijamasurf - 10/25/2013

La biodiversidad del Mar de Cortés, en la península de Baja California, es tan impresionante como el peligro al que se encuentra expuesta; desde 2003, la Alianza WWF-Telcel apoya programas de preservación que buscan revertir este riesgo.

 

El Mar de Cortés o Golfo de California es una de las zonas de biodiversidad más importantes del mundo. Está ubicado en el noroeste de México y está delimitado por la Península de Baja California y la costa de los estados de Sonora, Sinaloa y Nayarit. El 80% de las especies de mamíferos marinos del país y el 25% de las especies que existen en el planeta se encuentran allí.

Se le conoce también como “el acuario del mundo”; nombre que le fue dado por el oceanógrafo francés, Jacques Cousteau. Se trata de una región privilegiada en la que distintas especies se reproducen y es una importante zona de crianza, a la que llegan los más imponentes seres del océano: desde la ballena azul, el animal más grande que ha existido, hasta el tiburón ballena, el pez de mayor tamaño de la Tierra. Asimismo, ahí se dan cita diversas especies de tortugas, delfines, lobos marinos y tiburones, incluido el rey de los mares, el tiburón blanco.

En las últimas décadas, la pesca no sustentable, el turismo mal planeado y la contaminación se han convertido en amenazas para los hábitats y las especies de un mar cuya riqueza sigue vigente. Por ejemplo, la vaquita, marsopa endémica del Alto Golfo de California, podría ser el segundo cetáceo en desaparecer debido a actividades humanas. La principal amenaza para la vaquita es la pesca incidental, pues queda atrapada en las redes de enmalle para capturar camarones y peces.

La Alianza WWF-Telcel surgió en 2003 con el fin de conservar los recursos naturales de México y promover el bienestar de las comunidades humanas que dependen de ellos. Como parte de los esfuerzos, en 2008 se creó el programa del Mar de Cortés que impulsa el trabajo de científicos mexicanos en investigación y conservación de 15 especies marinas prioritarias. Las labores incluyen monitoreo de especies, colecta de biopsias, foto-identificación y el uso de nuevas tecnologías como marcas satelitales y acústicas.

Entre otras acciones, la Alianza apoyó la creación del primer laboratorio en campo para el estudio de la ballena gris en Laguna San Ignacio, Baja California Sur. En este laboratorio se comparan fotografías para identificarlas y estimar su abundancia poblacional en la laguna. También se calcula su tasa de mortalidad y natalidad y se analizan los censos de la temporada.

También trabaja en el monitoreo y foto-identificación de tiburones ballena en la Bahía de La Paz, con el fin de determinar la estacionalidad de esta especies en la zona, y entre 2003 y 2012 se estimó una población de 512 individuos. Asimismo, se han identificado 7,500 ballenas grises; 6,000 ballenas jorobadas (40% de la población del Pacífico Oriental) y 300 orcas.

Con pescadores ribereños de Sinaloa, realizó pruebas tecnológicas de un arte de pesca que busca reducir significativamente la captura incidental de tortugas marinas y permitir que las poblaciones locales sigan teniendo un medio de vida. Los anzuelos circulares tipo 13/0 reducen en un 50% la captura incidental de tortugas marinas.

Por otro lado, en el caso de la tortuga laúd, se fortaleció un campamento para su anidación en Los Cabos, Baja California Sur, a través de la construcción y operación del Centro para Protección e Investigación de la Tortuga Marina Campamento Tortuguero “Don Manuel Orantes”.

Estos son solo algunos de los resultados obtenidos gracias al esfuerzo conjunto de la Alianza WWF-Telcel, las autoridades mexicanas, las comunidades locales y otras organizaciones que tienen el compromiso de ayudar a preservar el patrimonio natural de los mexicanos.

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El hambre, el miedo, lo incierto: los hombres de Hernán Cortés

Por: pijamasurf - 10/25/2013

Eran casi 600 hombres y entre ellos había soldados, escuderos, bufones, carpinteros, herreros, marinos, cocineros, sacerdotes, astrólogos, esclavos y criados. Además de poco mas de una docena de caballos, traen un par de perros.

Escuchamos hablar de Hernán Cortés y la imagen que nos viene a la cabeza es la de un hombre cruel, calculador, ambicioso y rapaz. Y probablemente cumpla con más de uno de esos apelativos. Pero con frecuencia pensamos que todos los que lo acompañaron en la Conquista de Mexico eran idénticos a él. Esos hombres que se lanzaron a la aventura con el conquistador y zarparon de Cuba sin tener mucha idea de a dónde llegarían y qué les esperaba, no eran todos iguales ni en rango, ni en educación, ni en aspiraciones, ni en ambición siquiera. Eran casi 600 hombres y entre ellos había soldados, escuderos, bufones, carpinteros, herreros, marinos, cocineros, sacerdotes, astrólogos, esclavos y criados. Además de poco más de una docena de caballos, traen un par de perros (uno de ellos ladra sin parar en las noches aterrorizando a los indios) y para comer no llevan mucha variedad: vino, pan de cazabe y tocino.

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Esos hombres “comunes” que eran españoles pero que no tomaban parte de las decisiones de los jefes, ¿qué sentían? ¿Qué pensaban? ¿Qué anhelaban? Podemos intuir que eran aventureros y, por supuesto, también algo ambiciosos. Lo que pocas veces nos preguntamos es cómo esos hombres (aunque escasas, parece ser que algunas mujeres los acompañaron en la expedición, pero nada sabemos de ellas) vivieron un largo recorrido lleno de peligros e incertidumbre, desde que tocaron las costas de lo que hoy es Mexico y llegaron a una de las ciudades mas ricas, populosas e imponentes de su tiempo: la gran México-Tenochtitlán.

Empecemos por lo más evidente. Los españoles y los indios no hablan el mismo idioma, pero eso no es todo. No tienen referentes compartidos como para poder comprender lo que se intentan decir. Cortés corre con la suerte de toparse a un náufrago español, perdido desde hace 8 años, que habla maya: Jerónimo de Aguilar. Después aparece en escena Malintzin, quien habla maya y náhuatl. Personajes que se convertirán en inseparables de Cortés y  que serán el puente que permita la comunicación, aunque siempre plagada de equívocos y supuestos, entre los indios y los españoles. El resto de los españoles, ¿qué tanto entendían de esas conversaciones, de los gestos, de las explicaciones y de las “traducciones” entre esos dos universos que nada tenían en común?

Así las cosas, Cortés va poco a poco indagando sobre ese reino fabuloso y tiránico que está instalado en un islote en medio de 5 lagos. Conforme avanza, Cortés saca provecho de las enemistades y los rencores que suscita el poderío de esa ciudad y su gran señor: Moctezuma. En ese lento avanzar, cada paso lleva a lo incierto, a lo desconocido, al terror de recibir en el siguiente claro una lluvia de flechas envenenadas o, lo que es peor aún, toparse con los cadáveres sacrificados y medio devorados de otros seres humanos. Los templos con los que se van encontrando están llenos de costras de sangre. Los ruidos, los olores, las plantas, las frutas, los animales, les son ajenos. ¿Qué hierba cura y cuál produce urticaria, diarrea o hasta la muerte?  ¿Cómo saber qué es comestible y qué no? Los españoles, asqueados, se niegan siquiera a probar los insectos y las raíces que los indios les ofrecen. La comida escasea y no todos los españoles comen, solo Cortés y sus hombres más cercanos tienen garantizado el sustento gracias a los regalos (guajolotes, tortillas, miel) de las tribus que se van aliando con ellos. El resto tiene que ingeniárselas para comer, ya sea negociar con los indios (a señas y ofreciendo algo a cambio: cuentas, naipes, un sombrero) o, los que son diestros para pescar o cazar algún venado o conejo, venden a otros españoles menos habilidosos los animales que atrapan. 

Los mosquitos y alimañas les pican y torturan sin descanso. Por las noches  duermen vestidos y calzados para estar listos en caso de un ataque. Oscuridad, ruidos extraños y ese miedo que los acompaña a cada instante. ¿Cómo saber que los indios que se dicen aliados no cambiarán de parecer para decidir que ahora los españoles serán devorados o sacrificados en honor a alguna divinidad? También el clima les es adverso, del calor sofocante y húmedo de Veracruz que pone a arder los cascos y las armaduras de metal, pasan al frío glacial de los volcanes. La gran mayoría no lleva muda de ropa ni cambio de alpargatas. Algunos traerán una camisa de repuesto quizás. Sus armas, lanzas, escopetas, ballestas, las cargan ellos mismos, caminan y duermen con ellas. Solo hay unos cuantos caballos, casi todos van a pie.

¿Dónde están las riquezas y la gloria con las que habían soñado? Solo el miedo, la incertidumbre, lo insólito. Varios se quieren regresar a Cuba, están cansados, hambrientos, temerosos. Cortes logra convencerlos de quedarse. De los casi 600 españoles que salen de la isla, muchos van cayendo en el camino, muertos de una flecha en el oído, en el cuello, en la pierna, desangrados, de fiebre, de hambre, de agotamiento o, los que peor suerte corren, sacrificados a los ídolos de los indios. No llevan sal ni aceite para curarse. Todos los días escuchan que los indios los van a matar y se los van a comer con chile. Ese es el terror más grande, incluso más que morir, ser devorado, no recibir cristiana sepultura.

La conquista se consuma un par de años después y esos hombres tendrán siempre la amarga sensación de que la Corona española no los recompensó lo suficiente por sus esfuerzos y penurias. Que los españoles que emigraron cuando la guerra había terminado, buscando fortuna en la recién creada Nueva España, eran solo advenedizos que no sabían del terror, la soledad y el infortunio.

 

Referencia: Bernal Diaz del Castillo. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Fernandez editores, 1995, México. 

Twitter de la autora: @ursulacamba

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