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Las buenas ideas en las redes sociales tienen los atributos del SIDA. Contagiosas al extremo y virales por demás. Se multiplican por contigüidad, a la velocidad de la luz y a la escala del planeta. No paran. Nada las para.

social_network_graphEn el mundo de las redes sociales destaca un atributo de las ideas que no fue preeminente en el siglo XX: su capacidad de contagio.

Esa misteriosa capacidad de contagiar nos interesa. Y esa inversión de valor del contagio y de lo viral, también.

La capacidad viral en las redes vale más que la carga estética, el poder persuasivo, la erudición, la probación… y muchísimo más que su presunto valor de verdad.

Las buenas ideas en las redes sociales tienen los atributos del SIDA. Contagiosas al extremo y virales por demás. Se multiplican por contigüidad, a la velocidad de la luz y a la escala del planeta. No paran. Nada las para.

Y como el VIH, también están atadas a procesos sociales básicos, esenciales, ineludibles y necesarios. Sexo y felicidad.

¿Qué hace que una idea, una pastilla de producción en la red, se viralice y escale a millones o miles de millones? ¿Qué será?

Probaré con algunas hipótesis.

Es condición necesaria, aunque no suficiente, que sean inmediatas. Instantáneas. El delay mata en las redes. El delay en la conexión, claro, pero también el delay en el proceso de asimilación. Si hay algo que entender, no sirve. Debe pegar. Crash! Una vez que pegó, detrás, después, tal vez quepa algún proceso de algo, con algún que otro espesor diferente; si consigue seguir la ola, entrar en el cono de viento, pegarse a lo que pegó. “Siempre me espían”.

Tiene que tener un salto en la continuidad lógica. Generar un efecto de sentido sorpresivo y nuevo. Irrumpir. Disrumpir. No puede ser obvia -quiero decir. Tiene que jugar con la presunta obviedad. Aquélla expresión de Maradona de “la mano de dios” es una idea viral (aún antes de las redes). Rompe lo previsible y coloca a dios de su lado, favoreciendo su trasgresión. Esa sorpresa, bien hecha, en el momento clave, por quien corresponda, puede viralizar. Cuenta dos historias en una, y gira en el momento exacto. Un hombre va al casino, juega, gana millones, sale y se suicida. Esa es una posible idea viral. Algo no encaja. Algo nos llama. Canto de las sirenas… Enigma. Un héroe asesino (el atleta sudafricano sin piernas).

Va contra el sistema y no acompaña al sentido común. Desafía. Devela. Wikileaks. Desmonta brutalmente. Snowden. Desenmascara osadamente. Nos desnuda. Como mirar al sol de frente. Encandila. Ciega. Activa las defensas del estado mayor y las desvela inútiles. Caen las torres gemelas.

Juega con el peligro. Nos pone en peligro jugando. Como que no se da cuenta de lo que hace. Como si fuera su deporte o su vicio. Gestos adolescentes -que les dicen. Niños bomba; soldados de 12 años de las FARC; avioncitos drones.

Ridículos, obscenidades, cinismos, atrocidades sin velos… goces básicos de la psicología humana. Porno, por supuesto. Sufrimiento ajeno. Instintos de los que nos mueven. Dependencias.

Lo desopilante. Límites ultrapasados. 150 cirugías estéticas para parecer una Barbie. Absurdos realizados. Insólitos fanáticos. El domador de cocodrilos. Coqueteos zonzos pero extremados. Muere por tomar 50 latas de cerveza en 3 horas en una competencia de tomadores de cerveza en Arizona. 100 hamburguesas y lo mismo. Se tropieza dos metros antes de la meta.

¿Cómo vincula todo esto con lo nuestro? ¿Cómo hacemos para generar nuestros ideas sociales virales? ¿Por dónde metemos la educación en las redes y contagiamos para que nos acompañen? ¿Cómo jugamos este juego cargado de trampas? ¿Cómo no jugar este juego cargado de trampas si nos proponemos lo que nos proponemos? ¿Cómo sin desnaturalizarnos y cómo si nuestro “natural” no jala? ¿Cómo sin las genialidades que no tenemos? ¿Cómo sin el ridículo que no podemos?

Sé que sin impacto en las redes sociales, cambiar las bases estructurales de los modelos educativos imperantes será imposible. Pero también sé que no sabemos construir ese impacto y que nos asusta por todos los lados. Pero no podemos cejar. No hay plan B. Es por ahí. Y es en ese contexto que define las redes sociales; con sus reglas. Estoy convencido.

Como también estoy convencido de que es una jungla despiadada, ramplona y rapaz que te mata sin piedad y te crucifica sin culpa. Que se contagia de ti, pero no te acompaña. Que es fría y letal. Que si te he visto no me acuerdo. Que te besa en una noche de alcohol y te deshaucia a la mañana siguiente (y tu con tu amor a cuestas). Que te cambia por otro sin más. Que no te creo, solo le gustaste. Que te seduce y de contagia y todo pasa a ser tu problema. Que no tiene líneas ni éticas, pero que mueve, cohesiona, organiza y late. Que es irresistible y necesaria.

En la suma de menos y de más podría concluir que no vale la pena. Pero mi lectura política me dice que no hay otro camino. Que debemos jugárnosla. Que el verdadero y definitivo riesgo es no hacerlo.

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Google ha adquirido ocho compañías que desarrollan robots en los últimos 6 meses: ¿Para qué quiere este ejército la compañía que promete siempre hacer el bien?

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Google durante años había sido no sólo una de las empresas de tecnología más innovadoras, sino también una de las que gozaba de mejor aceptación entre los consumidores, percibida como uno de los mejores lugares para trabajar con una inspiración lúdica y con una preocupación por mejorar el entorno colectivo. En el sexto punto de su misión corporativa, Google señala "Haz lo correcto; no seas malo" y "hacemos dinero haciendo cosas buenas". Lo anterior ha sido tomado por años como el lema fundamental de Google, una declaración de intenciones que, si bien siempre se sospechaba como un recurso de marketing, hoy parece caer más en el género de la ironía o hasta del humor negro.

Recientemente, el gigante Mountain View adquirió la empresa fabricante de robots Boston Dynamics, la octava compañía de robótica que ha adquirido en los últimos seis meses. Estos movimientos estratégicos hacen sospechar a algunos sobre si Google, que ya domina el ciberespacio, ahora quiere controlar el espacio físico con un ejército de robots que rozan con la inteligencia artificial y que parecen temibles depredadores, como Cheetah y Big Dog. Boston Dynamics, la empresa en la cual se basó la serie Fringe para crear su maligna Massive Dynamics (que contaba con tecnología para viajar entre universos), se jacta de desarrollar los robots más avanzados del planeta y tiene contratos con diversos organismos militares del gobierno de Estados Unidos, incluyendo uno reciente por más de 10 millones de dólares con DARPA, los cuales Google ha declarado que tiene la intención de respetar. 

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Douglas Rushkoff escribe para CNN sobre la aparente incongruencia de Google y su principio "Don't be evil":

Está ahí para supuestamente hacernos sentir mejor cuando probamos tecnologías como notebooks Chrome o Google Glass. No te preocupes, no vamos a joderte. Así que cuando venga el momento para inyectar nuestros cerebros con nanobots que nos den la habilidad de hablar nuevos idiomas, quédate tranquilo de que Google no cambiará los términos de servicio y de hecho implantará anuncios en nuestros sueños. Eso es, si la compañía juzga que tales prácticas son de verdad malignas.

Y es que, como el mismo Rushkoff señala, el mal está en los ojos del sujeto perceptivo y puede ser acomodado según ciertos intereses. Aunque no sabemos aún para qué usará Google todos su robots militares, si le dará un giro a estas compañías o si incrementará sus alianzas con el gobierno de Estados Unidos (ya es socio de la CIA en la empresa Recorded Future), es fundamental detenerse a reflexionar sobre las posibles consecuencias que tiene la tecnología en sí misma (es decir, la producción de robots militares). Advierte Rushkoff: "Los automóviles llevan a la contaminación. Los smartphones llevan a la distracción y a los accidentes de auto. El Big Data lleva al marketing coercitivo y a la vigilancia masiva. Algo bastante cercano al "mal" es comúnmente un efecto secundario". Los robots militares son finalmente armas de guerra, máquinas bélicas.

Google, que a veces parece demasiado inteligente, genialmente maligno, está consciente de esto desde una perspectiva del manejo de la opinión pública y recientemente donó 5 millones de dólares a la World Wildlife Federation para que se utilicen drones para localizar rinocerontes amenazados en África y protegerlos. Claramente tratando de limpiar la imagen de los drones, que en la era de Obama cargan con la publicidad de ser vehículos asesinos.

Rushkoff cuestiona y exige una conciencia moral a una empresa como Google, y en general a las grandes compañías de Silicon Valley, quienes, en ocasiones, buscando la aceleración tecnológica y cooptar los mercados, no reparan sobre los efectos que estas tecnologías pueden tener.

Cuando desarrollamos una tecnología en un vacío, desconectados de la realidad en la que viven las personas, tenemos la gran probabilidad de gastar energía diseñando una visión abstracta de nuestra vida futura en vez de responder al sufrimiento y a la injusticia que nos rodea. La tecnología entonces se vuelve una forma de escapar a los problemas del mundo, ya sea a través de la realidad virtual o de masivos paquetes de acciones de compañías de Silicon Valley, y no una forma de lidiar con ellos.

Se pueden generar numerosas teorías de la conspiración en torno a Google. Por una parte, sabemos que, obligado por una ley furtiva, tuvo que revelar información privada de sus usuarios a la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, como parte del programa PRISM. Sabemos que tiene entre sus filas a la exdirectora de DARPA, Regina Dugan, y que ha sido acusado en varias ocasiones de violar la privacidad  de sus usuarios en Alemania, España, y Holanda recientemente, por citar solamente algunos ejemplos. ¿Es Google parte de un Súper Estado de Vigilancia y Control? La crítica de Rushkoff, sin embargo, no suscribe a teorías de conspiración, en cambio señala que Google y sus ingenieros, absortos en la lógica del mercado y de la innovación, no se dan el tiempo de reflexionar cuál es el propósito de la tecnología que están desarrollando, operando, ya como una supraentidad o una burocracia digital, donde la responsabilidad moral se disuelve en los millares de procesos y departamentos sin que exista una integridad que sea capaz de asumir la responsabilidad y dirigir la visión de la empresa hacia ese "bien" que, supuestamente, yace en sus valores nucleares. 

¿Para qué quiere Google todos estos robots?  El encargado de liderar la huestes de robots de Google será Andy Rubin, el otrora desarrollador de Android. Según informa el NY Times, por el momento los esfuerzos no estarán orientados a los consumidores, aunque podrían generar productos de 3 a 5 años. Serán destinados a la manufactura y a la automatización de procesos, incluyendo la posibilidad de competir con minoristas como Amazon y Wal-Mart. Por otro lado, Google ha mostrado un claro interés en el transhumanismo: ha revelado un plan para la creación de inteligencia artificial junto con Ray Kurzweil, como la inmortalidad digital o el uploading de la conciencia humana a una máquina, un tema predilecto de Serguei Brin y ha comprado la compañía Calico, en otro de sus moonshots, que se dedica a la ciencia del antienvejecimiento; ha fondeado también la Universidad de la Singularidad y el Lunar Prize que busca desarrollar tecnología espacial. Su área de interés y aplicación en la robótica es vasta y quizás sólo podremos saber dentro de 5 o 10 años cuál era el plan maestro para su ejército de robots. Quizás Google quiere salvar al mundo, o quizás Google es, como se ha previsto un poco en broma, el inicio de Skynet.

Ve aquí el top 5 robots del nuevo ejército de Google 

Twitter del autor: @alepholo