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Sueños biopunk de omnividencia, ¿Qué sucedería si pudieramos ver más que sólo el 2.3% del espectro electromagnético?

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La forma en la que entendemos el cuerpo puede variar enormente según nuestra filosofía o religión. Para algunos es una especie de santuario inviolable que mejor permanece inalterado, para otros puede entenderse como un proceso inacabado o un jardín de juego. Entre estos últimos tenemos a los impulsores del movimiento de biohacking, también conocidos como "grinders". Cercanos a la ideología del transhumanismo, los biohackers no sólo están interesados en la extensión de la vida a través de la tecnología, sino también de la percepción. Uno de los más notables miembros de este movimiento es Rich Lee, teórico y practicante de la modificación corporal. Lee se ha implantado un aparato para amplificar su capacidad auditiva como manera de lidiar con el hecho de que ha estado perdiendo la vista.

Junto con otros biohackers, Lee actualmente está promoviendo el proyecto Science for the Masses, que tiene entre su rango de desarrollo una investigación para aumentar la percepción visual, específicamente la percepción de la luz infrarroja, banda electromagnética entre las ondas visibles y las microondas.Algunos animales tienen sensibilidad suficiente para percibir este tipo de radiación electromagnética, incluyendo a las serpientes, algunos insectos y peces. En este caso la idea de la extensión corporal se basa en la "formación humana de porfiropsina, el complejo proteínico que otorga visión infrarroja al pez de agua dulce". El plan para poder  utilizar la porfirospina en el ser humano se basa en la teoría de que una dieta basada estrictamente en vitamina A1 y con suplementos de vitamina A2 (la cual es bastante cara y díficil de conseguir) podría metabolizar esta cromoproteína --basada dehidroretinol (vitamina A2).

Para el experimento, Science for the Masses ha reunido a cuatro voluntarios y una campaña de crowdourcing. Los conejillos de indias, de lograrse la tesis, podrán experimentar la visión de colores nunca antes observados por los seres humanos. Esta gama de colores suprasensibles será difícil de describir con palabras, sin embargo uno de los creadores del proyecto hace un acercamiento a lo que significaría este tipo de percepción.

Una persona podría ver a través de vidrios polarizados o de lentes de sol con facilidad. Aunque generalmente investigadores usan la luz ultravioleta para detectar manchas de líquidos corporales, la luz infrarroja funciona igualmente bien. Incluso viejos manuscritos que se han borrado y libros ilegibles podrían ser fácilmente legibles para un hombre con visión aumentada... La luz infrraroja atraviesa la niebla y el polvo a un grado que permitiría a una persona una visión mucho más aguda a distancia que la de una persona no aumentada. Uno fácilmente podría observar más allá del maquillaje y el disfraz, e incluso una nueva visión del arte podría surgir al poder apreciar las pinceladas subyacentes que más tarde fueron cubiertas. Aún más útil, sería la habilidad de una persona de ver en ambientes demasiado oscuros para los demás. Las posibilidades son intrigantes.

Efectivamente las posibilidades son fascinantes. En gran medida la realidad que habitamos está limitada por nuestra capacidad de percepción, por los colores que vemos y por una particular dualidad entre la luz y la oscuridad. La visión infrarroja modificaría esto de manera significativa y generaría nuevas preguntas sobre que es el mundo. A la vez que suscitaría las viejas preguntas éticas, sobre la ventaja de las personas aumentadas o sobre si el camino de la tecnología para extender la capacidad del cuerpo no es una especie de atajo de la evolución natural y del desarrollo espiritual. El hombre quiere percibir lo invisible y se debate entre cómo conseguirlo; históricamente se han utilizado la magia y la alquimia entre los iniciados --hoy en día la tecnología parece tener la bola en su cancha. Escribe Rich Lee para la revista Omni:

Es de asombrarse que la humanidad haya logrado crear las avanzadas tecnologías que disfrutamos hoy en día, solo observando el 2.3% de la realidad. Ocasionalmente vemos las sombras de fuerzas invisibles; trabajando en nuestras cuevas alegóricas, hemos desarrollado teorías abstractas para entender los rayos x, las ondas de radio, las microonadas y los rayos gamas. ¿Pero que tanto más avanzaríamos si pudieramos percibor el otro 97.7% de la realidad? ¿Qué alturas alcanzaríamos si nacieramos con la habilidad de verlo todo?

Sueños de omnividencia al final de la historia. Escribió T.S. Elliot: "Luz/Luz,/el visible recordatorio de la luz invisible". La luz que vemos es apenas una minúscula gama de la luz existente y acaso pueda ser tomada como eso: una motivación para explorar la naturaleza invisible, predominante en el universo (igualmente en el caso de la energía oscura), y descorrer las cortinas de una realidad más allá del arcoiris.

Twitter del autor: @alepholo

Banksy se burla del mercado del arte y remata, inadvertidamente, sus obras en Nueva York

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/07/2013

Una genial pincelada de este británico evidencia lo absurdo del mercado del arte y de los precios de las obras, comenzando por las suyas.

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En la última década el arte callejero pasó de ser una actividad relativamente 'marginal', ejercida por inquietos jóvenes en ciertas capitales alrededor del mundo, a consolidarse como una de las prácticas artísticas predilectas en la cultura pop. Originalmente una actividad creativa y contracultural, crítica del arte establecido, y promotora del espacio público como arena incluyente, abierta, y pro-activa, causó una masiva sensación que terminaría por manifestarse en decenas de libros, documentales, e incluso, paradójicamente, exposiciones en interiores. 

Durante su proceso de popularización, el street art vio emerger, o consagrarse, a destacados exponentes, entre ellos figuras como Obey, Space Invader y, por supuesto, Banksy. Para aquellos que han seguido esta práctica desde hace diez o más años, probablemente el británico les genere sentimientos encontrados: por más que su ácido talento es innegable, lo cierto es que se ha vuelto tan famoso y celebrado, que por momentos puede resultar un tanto gastado. Sin embargo, como si fuera un mensaje dirigido para todos los que así pensamos, periódicamente este artista originario de Bristol nos sorprende con una nueva y creativa pincelada –recordatorios de que en realidad estamos ante un tipo con algo de genialidad.

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Durante su reciente visita a Nueva York, emblemática ciudad dentro de la historia del arte callejero, Banksy realizó distintas intervenciones y obras, que fueron ávidamente documentadas en cientos de medios. Pero quizá la más destacada no fue en si una obra física, por ejemplo un cartel o un esténcil de gran formato, en realidad se trató de una especie de performance que con admirable ironía, se burla del mercado del arte, el mismo que por cierto favorece las obras de Banksy y que le ha hecho, por mucho, el mejor cotizado artista urbano.

El artista instaló un puesto callejero con pinturas originales, y uno de sus asistentes fue el encargado de atender el 'negocio'. Evidentemente la gente ignoraba que se trataba de obras (sobretodo esténcil sobre lienzos) que en realidad fueron hechas por el propio Banksy. Cada pieza costaba $60 dólares. Tras más de siete horas instalado, finalmente, al igual que muchos otros alrededor, el puesto fue levantado. El saldo final fue de $420 dólares, tras haber vendido unas ocho obras, algunas de ellas tras acceder al regateo de los compradores. El suceso fue documentado en video y difundido por el propio artista –ya suma más de 1,200,000 vistas en YouTube.

El caso nos invita a reflexionar sobre lo absurdo del mercado del arte, e incluso de la forma en la que se les asigna un valor a las propias obras del artista. Al no ser explícito que se trataba de piezas originales, la gente simplemente sopesaba si lo que veía ahí valía los sesenta dólares que se pedía a cambio –y pocos fueron los que consideraron que en realidad los valían. Sin embargo, se calcula que el precio real de cada uno de estos "Banksy's" ronda los $30,000 dólares, precio establecido en relación a la fama que posee su autor.

En fin, un destello más de fino humor y aguda crítica, cortesía de este inglés que por más que su fama crece y a diferencia de muchos otros, afortunadamente no ha perdido la misma esencia que alguna vez lo catapultó hasta su privilegiada ubicación actual.  

Twitter del autor: @ParadoxeParadis