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Todos seremos Funes: Expandiendo la memoria humana con tecnología portable

Por: pijamasurf - 09/13/2013

Recordar y olvidar son habilidades humanas que la tecnología ayuda a expandir. ¿Pero hasta qué grado sería deseable ser incapaz de olvidar ciertas partes de nuestra experiencia?

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Uno de los capítulos de la serie británica Black Mirror ("The Entire History of You") plantea un futuro a corto plazo donde un aparato similar al Google Glass es utilizado en forma de pupilente y graba todo lo que el usuario observa. Por un lado, esta extensión artificial de la memoria permite grabar cosas como abusos policiales o recordar conversaciones importantes; por otro, impide olvidar y mentir, puesto que existe evidencia de cualquier cosa que hayamos hecho.

Pero una distopía de este tipo no está demasiado alejada de la realidad. Lee Hoffman es el creador de Memoir, una app diseñada para Google Glass y la tecnología portátil de próxima generación, la cuál permitirá compilar fotografías, interacciones en redes sociales, y en una palabra: aumentar la memoria humana.

Memoir es sólo otra de las muchas apps de este tipo: Memoto, por ejemplo, planea comercializar una cámara portátil este verano, la cual archivará hasta 2,880 fotografías tomadas aleatoriamente durante todo el día; Everyday.Me permitirá crear un verdadero "timeline" de tu propia vida, el cual podrás revisar hasta en los mínimos detalles, y redes "tradicionales" como Facebook, Twitter o Foursquare también han comenzado a ofrecer la información que el usuario ha almacenado durante los últimos años de manera "biográfica".

Desde el principio, la humanidad ha utilizado la tecnología para ayudar a expandir su memoria: la escritura y las matemáticas, sin ir más lejos, ayudaron a compilar información útil para preservarla del olvido y la decadencia de la memoria individual. Sin embargo, ya Platón ponía en boca de Sócrates que la escritura sería el fin de la memoria, pues la memoria es conocimiento emocional, mientras que la escritura es simplemente información

¿Cuántos de nosotros podríamos recordar los números de teléfono de nuestros amigos o las fechas de sus cumpleaños? En el 2007, el neurólogo Ian Robertson hizo una encuesta con 3 mil participantes; mientras el 87% de los respondentes mayores de 50 años pudo recordar la fecha de cumpleaños de sus parientes cercanos, sólo 40% de los menores de 30 años pudieron hacer lo mismo. Un tercio de los participantes más jóvenes tuvieron que ver sus teléfonos para decir cuál es su propio número de teléfono.

La angustia del archivo y la memoria es lo que nos vuelve inestimable la pérdida de la biblioteca de Alejandría, antes del siglo V d.n.e. Pero el olvido también es parte importante de nuestra experiencia subjetiva del mundo. Según la psicóloga Samantha Smithstei, el proceso de perdonar implica olvidar en cierta medida, y en algunos casos es posible solamente con el paso del tiempo, cuando la memoria del evento traumático va perdiendo detalles y desvaneciéndose.

"De la misma manera", escribe Smithstein, "hay ocasiones en las que recordamos habernos conmovido hondamente sobre algo o experimentado placer. Es posible que tener un registro o fotografía disponible pueda disminuir la memoria cuando revisitamos el evento, haciendo que se sienta banal."

¿Pero qué hay de las agendas? ¿Podríamos organizar nuestro día a día sin un soporte que nos permita recordar (e incluso nos advierta) de los compromisos que hemos hecho? La información no es simplemente información porque en ella se cifran los eventos importantes de nuestra vida; almacenarla, por otro lado, genera una cantidad de data enorme. Se estima que cada año el usuario promedio de Internet produce 5 GB de data solamente en cuanto a correos electrónicos e interacciones en redes sociales, sin tomar en cuenta fotografías y videos. Olvidar, por otro lado, nos permite reprogramar y replantear conceptos o hábitos que ya no nos son útiles, como el hecho de que Plutón no sea considerado un planeta.  ¿Por qué entonces creemos que absolutamente todo lo que nos ocurre debe ser recordado y preservado indefinidamente?

Cabe recordar por un momento a Ireneo Funes, protagonista de uno de los cuentos más famosos del escritor argentino Jorge Luis Borges. Funes, llamado "El memorioso", poseía la capacidad de no olvidar absolutamente nada de lo que llegara a sus sentidos, incluso en el sueño:

Podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como la vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras

Funes se ve superado por su capacidad para recordar, impidiendo en cierta medida la experiencia, es decir, el olvido y la atribución de valor a ciertas experiencias en detrimento de otras, siendo relegado al papel de espectador de su propia memoria. No es necesario pensar que los dispositivos electrónicos, paradójicamente, nos harán olvidar que tenemos memoria; sin embargo sería bueno plantearnos seriamente en nuestro fuero interno si desearíamos tener registro de todas las cosas desagradables que nos han pasado, las cuales se almacenan en el mismo soporte que las agradables: la memoria humana, que muy pronto podría convertirse --ella misma-- en un recuerdo.

Con información de Fast Company.

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No es lo mismo tener un inconveniente que tener un problema. Del inconveniente hay que librarse, superarlo, solucionarlo. De los problemas hay que valerse, ponerlos a trabajar.

problemaNo es lo mismo tener un inconveniente que tener un problema. Del inconveniente hay que librarse, superarlo, solucionarlo. De los problemas hay que valerse, ponerlos a trabajar.

Los problemas son de una índole ética y ontológica diferente. Los problemas nos constituyen, los inconvenientes nos incomodan.

Esta dicotomía es una cuestión central en materia educativa, vale aclarar. Veamos cómo y por qué.

El aula no necesita inconvenientes, aunque los tenga. El aula debe ser capaz de construir en su seno problemas productivos. Los inconvenientes están, los problemas se construyen. Y el peor pecado del maestro puede ser el de reducir a inconveniente un verdadero problema en el aula. El maestro debe ser capaz –al contrario- de develar el problema que subyace el pretendido inconveniente.

El inconveniente no nos traslada; ni nos mueve. El inconveniente nos pone resolutivos, antes que sabios. Se excede de pragmatismo. Y está bien si de lo que se trata es realmente de un inconveniente. Pero el buen problema no se deja reducir a su simple solución, e insiste.

Supongamos que tengo dificultades sexuales con mi pareja. Ya saben, de las frecuentes. Y supongamos que aún nos sé –ni me lo he planteado- si se trata de un inconveniente o de un problema.

En la duda, acudimos primero a un sexólogo. Él dice que nos podrá ayudar; él sabe de sexo. Y llegamos y nos atiende y cataloga de inmediato nuestro cuadro como un inconveniente. Nos tranquiliza. Y como un inconveniente convencional, además. (La mayoría de los inconvenientes lo son.) Y nos traza el camino de la solución. Ya saben, técnicas sexuales refinadas y eficaces bien definidas. A situación convencional, respuesta general. Y nos vamos…

Pero el cuadro regresa, meses después. Creímos que el inconveniente de no sentirnos bien en la cama se había resuelto con un poco de atención y algo de técnica, pero no. Ha vuelto.

Entonces, algo más preocupados ya, acudimos esta vez a un psicoanalista. Ni nos dice que nos podrá ayudar ni sabe particularmente de sexo. Nos asegura, eso sí, que trabajará con nosotros.

Nos atiende y empieza su proceso. No nos tranquiliza. Habla y calla; callamos y hablamos. Y así vamos. No nos ha catalogado; se nota que busca nuestra particularidad. Es agudo, pero impreciso. No traza caminos.

Y un buen día, como otros, nos mira tras un silencio y nos pregunta, sin aspavientos, si nosotros nos amamos…

Ha convertido el inconveniente en un problema. Él ha construido “nuestro” problema. Estamos –ahora sí- en espacio fértil. El deseo profundo se ha metido en la escena. La verdad está en juego. Nosotros estamos en juego.

No hay garantías ya. No se habla –nadie, ni nosotros - de solución. Se habla de otras cosas. Importa lo que se hace de ahora en adelante. Y se produce mucho y más allá de la zona específica de nuestra cama. Se habla de nosotros, no de dos amantes.

El psicoanalista no nos ha solucionado el problema, ha construido y puesto a producir el problema para que nuestro amor, si lo hay, recupere su eje y reencuadre toda nuestra vida.

Eso mismo debemos lograr en el aula. Niños y maestros entramados en problemas verdaderos, que se enlazan con otros problemas y entonces el aula bulle, las almas vibran, las angustias y las alegrías recuperan la escena. Ambiente de aprendizaje; movilización profunda de motores significativos del saber y del hacer. Gente viva. Proceso de aprendizaje en marcha. ¡Escuela!

La inflexión entre inconveniente y problemas nos abre un camino inmenso de acción escolar educativa. La problematización es una acción pedagógica de primer orden. Debemos explorarla a fondo.

Twitter del autor: @dobertipablo

Sitio del autor: pablodoberti.com

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