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¿Tú en qué pones tu intención? ¿Cuál es tu propósito? Sobre meditación y búsqueda de la verdad

Por: Hari Nam Simran Singh - 08/19/2013

Hari Nam Simran Singh nos comparte un elocuente testimonio de su viaje de 12 meses por India y Nepal, donde, entre otras cosas, se vio confrontado con una pregunta insoslayable: ¿Cuál es tu propósito?

NEPAL

Regresé hace cinco meses de India y Nepal. Fueron 12 meses exactos, intensos. Me fui un 14 de febrero y regresé un 14 de febrero. No fue a propósito, más bien creo que fue la mano del que a través de coincidencias nos deja ver que está presente.

De esta experiencia hay mucho que decir. Lo que quisiera compartir, para empezar, es un tema del que no me considero maestro ni experto. Es algo de lo que sigo aprendiendo.

Se trata del propósito. Me gustaría preguntarte lo que un maestro en la zona del Terai en Nepal me preguntó: "¿Cuál es tu propósito?"

Ahí entendí, a diferencia de lo que pensaba antes, que meditar tal vez no es para todos. Hay personas para las que es mejor no meditar y también para quienes la práctica de yoga y en especial la de Kundalini yoga (por ser más fuerte) no es conveniente.

¿Por qué?  

Si en algún momento pensé que a través de la yoga y la meditación el mundo podría cambiar y ser un lugar mejor (por lo cual decidí dedicar alma y espíritu a la práctica diaria de al menos 8 horas durante tres años en un ashram en vez de estudiar en una universidad), tuve que ir al lugar en el que nacieron estas disciplinas para darme cuenta de que estas tecnologías pueden cambiar la vida para un beneficio enorme, así como para exactamente lo opuesto si no se realizan con un propósito claro.

La práctica de una técnica verdadera, sea yoga o meditación, si se practica honestamente, lo que va a generar es que se potencialice lo que eres, aspectos positivos y negativos.

Decia Baba Ji Singh: “Piensa dos veces antes de comenzar a practicar Kundalini Yoga, pues si eres mujeriego te vas a hacer un mejor mujeriego, si eres drogadicto te vas a hacer un mejor drogadicto”, y con las virtudes pasa igual. De alguna forma se oye divertido, pero te aseguro que será solo al principio, pues a la hora de pagar la factura la ilusión se diluye, pues ¿qué no la mayoría buscamos estas prácticas para dejar de sufrir y dejar de causar sufrimiento para encontrar la tan añorada Paz?

Viajando por Rishikesh y por Amritsar, en la zona del Pujabai, en India, al igual que en Katmandu en Nepal y otros lugares por los que pasé, encontré gente en guest houses, en ashrams, en templos. Personas llevando disciplinas intensas o prácticas religiosas extremas o fumando en chilums [1] de 30 centimetros cantidades de charas [2] que no imaginé. Y no todos, pero la mayoría no tenían claro el porqué: haciendo por hacer, por seguir una tradición o por identificarse con algo, por querer ser parte de un grupo social o religioso, o simplemente en ese mundo de pasantes por no sentirse tan solo.

Razones hay muchas, pero propósitos claros fueron pocos. No me refiero a tener ideas preconcebidas al practicar, pues eso puede hacer que las maravillosas sorpresas y todo lo emocionante que te da la práctica se pierdan. Es más la intención, es caminar sin saber la ruta pero con la seguridad de que llegarás al lugar buscado. No sabes cómo ni cuando, pero con la firme intención llegarás. En este caso la práctica te da fuerza de voluntad y determinación, además de mucha energía para lograr el propósito.

Este mismo maestro en Nepal me preguntó también: "¿Qué es lo que quieres?". Reflexionar al respecto me ayudó a encontrar mi propósito.

A través de preguntas muy sencillas como éstas y bastante espacio para reflexionar y meditar pude recordar por qué empecé con esto en un principio: no para ser un hombre religioso ni por agradar a nadie, tampoco para tener poder ni atractivo. Fue mas por tratar de penetrar lo impenetrable, de escapar de la prisión sin salida, por romper estas cadenas invisibles que me atan a esta realidad limitada que nos devora a humanos, animales y plantas y nos devora vivos, sin siquiera cocinarlos antes. Por encontrar qué es real, por encontrar la verdad, y eso es lo que este mismo hombre me dijo la primera vez que pude hablar con él. Le pregunté acerca de la práctica que llevo hace más de diez años y sobre las técnicas que practico, pues él es un gran meditador. Me contestó que la práctica de Kundalini está bien siempre y cuando mi intención sea la de buscar la verdad. Seguro con su intuición desarrollada pudo ver que soy un pecador y muchas veces he usado mal el fruto de la disciplina. Lo que me recuerda esta frase de Jeshi: "La Verdad os hará libres". Para encontrarla cada camino es distinto, finalmente creo que no hay peor intento que el que no se hace, más aún cuando es guiado por el sentimiento noble.

Dice Gurudev Singh: “El ser humano tiene solo dos poderes natos, que son la intención y la atención”.

¿En qué pones tu Intención?

 
*Harinam es practicante de Yoga Kundalini desde hace casi una década, y actualmente imparte en México. Si te interesa conocer más sobre esta disciplina o deseas practicarla, escríbele a Harinam a: harinamsimran@yahoo.com


[1]  Pipa de forma cónica hecha habitualmente de arcilla, cuerno de vaca, cristal, piedra o madera. Es usada por los sacerdotes indios Sadhu, por los rastafaris y por la gente que fuma cannabis, opio, tabaco, etc.

[2] Un extracto de marihuana.

La relación entre la ansiedad y la creatividad según Kierkegaard

Por: pijamasurf - 08/19/2013

El filósofo danés nos ofrece un valioso punto de vista acerca de cómo la ansiedad (esa cosa indefinida y aterratora) está estréchamente relacionada con la creatividad y por qué nuestra productividad depende de cómo nos relacionemos con ella.

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Para Kierkegaard, la ansiedad es una fuerza dual que puede ser tanto destructiva como generativa, dependiendo de cómo lidiemos con ella. En su tratado El concepto de la ansiedad, el filósofo danés explica la ansiedad como el efecto mareador de la libertad y la inmensidad de la existencia humana: una posibilidad que o te paraliza o te invita a actuar. Escribe:

La ansiedad es completamente diferente al miedo y a conceptos similares que se refieren a algo definitivo; la ansiedad es la realidad de la libertad como la posibilidad de la posibilidad.

[…]

La ansiedad puede compararse al mareo. Aquél que por casualidad se encuentre mirando hacia el ancho abismo se mareará. Pero, ¿cuál es la razón para esto? Está tanto en su propio ojo como en el abismo, porque supón que no hubiera mirado hacia abajo. Es así como la ansiedad es el mareo de la libertad, que emerge cuando el espíritu quiere proponer la síntesis y la libertad se asoma al abismo hacía su propia posibilidad, echando mano de la finitud para soportarse a sí misma. La libertad se rinde ante el mareo. En ese preciso momento todo ha cambiado, y la libertad, cuando vuelve a surgir, se encuentra con culpa. Entre estos dos momentos está el salto, que ninguna ciencia ha explicado y que ninguna ciencia puede explicar. Aquél que se vuelve culposo en la ansiedad se vuelve tan ambiguamente culposo como es posible volverse.

Quizá sin tantos conceptos figurativos podamos entender que la ansiedad de la que habla Kierkegaard es esa parálisis ante lo indefinido. Estamos educados a actuar y tomar decisiones basados en lo limitado, lo finito, lo mesurable. O al menos eso creemos. Pero cuando estamos parados frente al acaso, entonces surge el mareo. Y el mareo es la ansiedad. Pero el filósofo lleva ese concepto un paso más allá diciendo que una vez que hemos sentido ese mareo y esa parálisis ante la libertad, cuando volvemos a sentirlo ya va cargado de culpa. Y la combinación de la culpa y la ansiedad, apunta, “es el peligro de caer; en otras palabras, el suicidio”.

Sin embargo, para Kierkegaard la ansiedad también es una gran educación para los hombres, y argumenta que el fracaso o la fecundidad dependen de cómo nos orientemos en la ansiedad. “Quien esté educado [en la posibilidad] se queda con ansiedad; no se permite a sí mismo ser engañado por su falsificación incontable y recuerda claramente el pasado. Así los ataques de ansiedad, incluso si son aterradores, no lo serán tanto como para que corra de ellos. Para él, la ansiedad se vuelve un espíritu de servicio que contra su voluntad lo lleva a donde realmente desea ir”.

Así, para Kierkegaard la relación entre la creatividad y la ansiedad es muy estrecha. Es precisamente porque es posible crear (crearnos a nosotros mismos, crear nuestras innumerables actividades diarias, escoger un camino y seguirlo) que uno siente ansiedad. Nadie sentiría ansiedad si no hubiera posibilidades. Y naturalmente crear significa destruir algo previo. La culpa de la que habla Kierkegaard tiene mucho que ver con defraudarnos a nosotros mismos al paralizarnos ante las posibilidades y no atrevernos a destruir y crear.  

[Brain Pickings]