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Sobre alcanzar Nirvana (compartirlo y reencontrarlo)

Por: Mitsy Ferrant - 08/04/2013

Crónica reflexiva sobre un estado en el que la conciencia humana se re-liga con la unidad original, el Nirvana.

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«Hay, monjes, una condición donde no hay tierra, ni agua, ni aire, ni luz, ni espacio, ni límites, ni tiempo sin límites, ni ningún tipo de ser, ni ideas, ni falta de ideas, ni este mundo, ni aquel mundo, ni sol ni luna. A eso, monjes, yo lo denomino ni ir ni venir, ni un levantarse ni un fenecer, ni muerte, ni nacimiento ni efecto, ni cambio, ni detenimiento: ese es el fin del sufrimiento.» Buddha (Udana, VIII, 2)

Alcanzar el Nirvana podría representar la última meta del ser humano –trascender, iluminarse, desintegrarse. Existen infinidad de métodos, y combinaciones de circunstancias, para lograrlo, pero pocos permiten realmente instalarte en él. Es un estado indescriptible y sólo puede conocerse desde la experiencia –solo tu sabes si has rozado sus fronteras, si has podido fundirte en él aunque sea por unos instantes. Es una sensación que, una vez descubierta, provoca en ti la necesidad de compartirla con todo y todos los que te rodean, como si no fuese completa la dicha si no estamos todos en ella.

Al empezar este texto, después de Buda, lo segundo que se me vino a la mente fue Jim Carrey –si, el cómico hollywoodense– describiendo lo que el llama su despertar “ … era todo y todos, ya no era un fragmento del Universo, era el universo. Y desde ese día… he estado tratando de volver a esa sensación. Va y viene, es como surfear una ola, a veces estoy arriba, a veces estoy abajo, pero por lo menos sé a donde quiero llegar… y quiero llevar a la mayor cantidad posible de gente, porqué la sensación es increíble!” Y es que, debemos de reconocer, no hay manera más simpática de exponerlo.

Si quieren poesía, escojo hoy a William Blake: "Si las puertas de la percepción fueran limpiadas, todo aparecería ante el hombre tal como es, infinito."

Y si quieren un punto de vista científico, la doctora Jim Bolte Taylor, especializada en el cerebro humano, tuvo la “suerte” de vivir un infarto en el hemisferio izquierdo de su cerebro y así alcanzar conscientemente un estado que ella describe como “la la land”.  En su plática TED nos explica como funciona el cerebro humano y como está directamente ligado con nuestra capacidad/decisión de experimentar el Nirvana:

El hemisferio derecho funciona como un procesador paralelo, el izquierdo funciona como un servidor serial… el hemisferio derecho humano se enfoca en el momento presente, Aquí y Ahora… recibe información en forma de energía. Soy un ser de energía conectado a la energía alrededor mío por la conciencia de mi hemisferio derecho… Nuestro hemisferio izquierdo piensa linealmente y de manera metódica, se enfoca en el pasado y en el futuro… piensa en lenguaje… conecta nuestro mundo interno con el mundo externo, es la voz que nos dice “yo soy”… nos separa, de lo externo y de los otros.

Al sufrir el infarto en el lado de su mente que asocia y proyecta –el lado que carga con equipajes, apegos y anhelos– esa fue la conexión que perdió y esa ausencia generó el estado de beatitud total que experimentó, donde las fronteras del yo se disuelven por completo. Sin embargo, al final de su charla, nos recuerda que no hace falta sufrir un infarto cerebral en el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro: siempre tenemos la opción de escoger de que lado queremos caminar, de que forma queremos ser y percibir nuestro entorno y nuestra relación con él –de hecho, siempre escogemos, conscientemente o no. Además, recalca la necesidad de compartir su experiencia, con la firme creencia de que entre más paz proyectamos individualmente, más harmónico será nuestro entorno. 

La “la la land” que nos describe la Dra Jim Bolte Taylor, el despertar que nos dramatiza Jim Carey, el estado de desdoblamiento infinito que describe William Blake, entre tantos otros,  están  esencial e íntimamente ligados con las enseñanzas de los grandes maestros, con los estados alterados de conciencia  alcanzados a través del uso de ciertas plantas medicinales,  experiencias cercanas a la muerte,  y/o a través de la práctica cotidiana y disciplinada de meditación. Estados donde logras callar la mente –el hemisferio izquierdo del cerebro– y disolver las fronteras del yo para volverte uno con el Universo.

Y pareciera que todos los que alcanzan Nirvana, de una forma u otra,  aplicaran casi automáticamente el doceavo paso de Alcohólicos Anónimos: “Habiendo obtenido un despertar espiritual […] tratamos de llevar este mensaje a todos y practicar estos principios en todos nuestros asuntos.”

enlightenment

En lo personal, medito, con más o menos disciplina, y llevo una vida más o menos equilibrada y sana –según mi percepción, obviamente. Me había dado unos roces con lo que yo concibo como Nirvana, meditando en una roca que encontré en un camino que recorrí todos los días durante un año en la montaña. Cada vez que me sentaba en ella y lograba conectarme con mi respiración –ahí, donde todo empieza y termina-, sentía que todo comenzaba a resonar a una frecuencia mucho más elevada de la que acostumbraba sentir y se empezaba a fractalizar la Matrix. Las puertas de mi percepción se limpiaban por unos segundos y sin entender que había pasado, cómo, ni porqué, todo regresaba de repente a la normalidad que me era familiar.

Sin embargo, hace un mes tuve el honor de ser invitada a conocer la medicina del Sapo Otac (Bufo Alvarius, originaria del desierto de Sonora, México) en manos del Doctor Octavio Rettig Hinojosa. Una experiencia que cambió mi vida para siempre, en tantos niveles que no encuentro aún las palabras para describir la intensidad de lo que se sacudió y reveló en mí. Sólo puedo por ahora comparar lo que viví/sentí con todo lo que he leído, oído, visto, sentido y absorbido a lo largo de mi existencia… y hoy, no me queda duda alguna que lo que alcancé en esos 7 minutos (y en las pinceladas que me dí en la montaña) fue Nirvana. Un regalo, una bendición, descifré mi Matrix. Entendí y me desintegré en mi código –tu código, el código–, disolviendo las fronteras del yo, volviéndome uno con el Universo, desintegrándome en la nada que lo es todo, instalándome en un estado de paz supremo desde entonces. O en palabras de la Dra Jim Bolte Taylor, me sentí como “un genio liberado de su botella” preguntándome, como ella, como pude estar tanto tiempo encerrada en los confines de mi cuerpo, y dándome cuenta como ella, que no puedo volver a los limites de lo que fui. Y como Jim Carey, sé que aunque no siempre esté en la ola, por lo menos ubico donde quiero surfear e intuyo que entre más seamos más divertido se puede poner todo. Y es que al fin y al cabo, creo yo, se trata de gozar el camino, de jugar con los elementos y ponerle sazón a la vida.

No estoy proponiendo que todos experimenten la medicina del Otac –aunque usada con respeto, y en las circunstancias indicadas, apostaría mi todo a que daño no les hará–, o una experiencia cercana a la muerte como la de la Doctora. Esos encuentros, creo yo, se trabajan y llegan a ti. En el caso especifico de las medicinas sagradas, mi consejo sería que se trataran de usar siempre en compañía de un “maestro” que sepa manejar toda la información y las puertas que se abren bajo los estados alterados de conciencia que estas generan. El doctor Octavio, por ejemplo, lleva más de 7 años trabajando con la medicina del Bufo Alvarius, te acompaña en tu proceso de reconfiguración/alineación, asegurándose en todo momento de que te encuentras en las circunstancias ideales para rendirle honor a tu experiencia.   Son regalos que, creo yo, sólo cumplen su propósito si logras traducirlas/sobrevivirlas y recordarlas/aplicarlas en tu día a día y eso requiere de disciplina, de voluntad, de asumir la responsabilidad de ser de una vez por todas…

Y el mejor camino que conozco para alcanzar esa permanencia, con los elementos que tengo a la mano hasta el día de hoy, es la meditación –aunque de vez en cuando unos regalitos de conciencia cristalizada no caen mal. Creo que en realidad es algo tan sencillo, y complejo, como lograr dialogar con los hemisferios de tu cerebro –con tus corrientes internas– saber como y cuando apagar tu lado izquierdo; y como y cuando usarlo a tu favor. Jugar en un constante ir y venir individual, hasta que por fin estemos todos listos para caminar del lado derecho de nuestros hemisferios izquierdos y surfear la ola sin caernos.

Del micro al macro, y de regreso.

Pd: Espero estar a la altura del honor que se me hizo, pretendo dedicarle todo mi corazón y voluntad.

Twitter de la autora: @ellemiroir 

 

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Cómo leer el firmamento: guía de constelaciones

Por: pijamasurf - 08/04/2013

Una vez que sabes leer las estrellas, puedes saber dónde estas parado y hacer una brújula del cielo. Aquí te ofrecemos algunos sencillos tips para ubicar las constelaciones más importantes.

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Por milenios los exploradores han utilizado el firmamento como compás, práctica que se ha perdido debido a la tecnología. Pero nunca está de más saber leer los cielos para ubicar tu posición en el mundo. Quizá esta práctica  sirva también para que más personas dediquen tiempo a observar el cosmos y entender las formas de las constelaciones. A continuación algunos consejos para hacer del cielo nocturno tu brújula y compás.

 

1)  Conoce las grandes tres

De acuerdo con la Real Academia Naval, hay 58 estrellas que sirven para la navegación y para encontrarlas necesitas conocer 38 constelaciones distintas. Pero existe un atajo: aprende a localizar tres constelaciones: Cassiopea, Crux y Orión. También trata de tener ubicadas a la Osa Mayor y Osa Menor.

 

2)  Encuentra la Estrella del Norte

Siempre está a menos de un grado del Norte verdadero (o Norte real), así que utiliza a Cassiopea y a la Osa Mayor como tus guías. Busca la parte romboide de la Osa Mayor y pretende que es un cuenco de donde fluye un líquido. El flujo de ese líquido espacial apuntará directamente hacia la Estrella del Norte. Si te topas con una constelación en forma de “W” has ido demasiado lejos. Esa es Cassiopea. Recalcula tu GPS cósmico y sube de nuevo. La Estrella del Norte se encuentra justo entre Cassiopea y la Osa Mayor.

 

3)  Apunta hacia la luna

Si puedes encontrar el garrote o espada de Orión, siguiendo su punta encontrarás el Sur. Alternativamente, si hay luna creciente, dibuja una línea imaginaria entre sus puntas y síguela hacia el horizonte. Eso te guiará hacia el hemisferio sur.

 

4)  ¿Estás debajo del Ecuador? No importa

La Estrella del Norte no es visible debajo del Ecuador, pero en cambio puedes buscar la constelación Crux, que se parece a un papalote. Si dibujas una línea desde arriba hacia abajo del papalote, esta te apuntará al Sur.

 

5)  Muévete como una estrella

Como el Sol, las estrellas se mueves de Este a Oeste. Al rastrear su trayecto por el cielo podrás saber hacia qué lado estas mirando. Para algo más preciso, mira el cinturón de Orión. La estrella del lado derecho del cinturón –Mintaka— sale cerca del Este verdadero y se pone (o se mete) cerca del Oeste verdadero.

 

6)  Haz una prueba

¿Olvidaste memorizar las constelaciones? Hay una manera sencilla  de arreglarlo. Coloca dos palos con nueve metros de distancia entre ellos. Ahora escoge una estrella; la estrella que quieras. Alíneala con la parte de arriba de ambos palos, como si estuvieras viendo a través de una mirilla de rifle. La rotación de la tierra hará que la estrella “se mueva”. Si se mueve a la izquierda, estas mirando al Norte. Si se mueve a la derecha, estás mirando al Sur. Si sube, estás viendo al Este. Si se hunde, al oeste.

 

 

[MentalFloss]