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Niño en Alemania encuentra una momia egipcia en el ático de su abuela

Por: pijamasurf - 08/05/2013

Muchas cosas se pueden encontrar en el desván de una abuela, pero difícilmente una momia egipcia, como fue le sucedió a un niño de 10 años en Alemania.

Diepholz Mumie auf DachbodenLas abuelas y los abuelos tienen fama de conservar objetos que sorprenden a las nuevas generaciones, evidencia material del paso por épocas específicas de este mundo, tesoros personales de alto valor simbólico que se heredan y a veces también se pierden. Un broche, un anillo, un sombrero, pero difícilmente algo tan inesperado como una momia egipcia.

Eso fue lo que un niño de 10 años, Alex Kettler, encontró cuando se encontraba curioseando en el ático de su abuela, además de una máscara mortuoria y un vaso canopo (donde se guardaban las entrañas de los difuntos).

Curiosamente ni el padre del menor ni la anciana misma estaban al tanto del sarcófago y la restante parafernalia funeraria conservada en el hogar.

Al respecto Lutz Wolfgang Kettler, el papá de Alex, declaró al diario alemán Der Spiegel que su padre, muerto hace 12 años, realizó varios viajes en la década de 1950 por los países de África del Norte. El hombre, sin embargo, era más bien escueto en sus relatos y nunca habló mucho de lo que había vivido en estas tierras. “Era de la vieja generación que experimentó mucho en la guerra y realmente no hablaba mucho de nada. Aunque recuerdo que mencionó haber estado en la ciudad libia de Derna”, dijo Lutz. Según parece, el hombre pudo haber comprado el sarcófago en este viaje, embarcándolo a Diepholz, en la Baja Sajonia, donde aún reside la abuela de Alex, vía Bremerhaven.

La conjetura tiene sentido si se toma en cuenta la fiebre de egiptología de mediados del siglo XX, a la cual el viejo Kettler parece no haber sido inmune.

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Diepholz Mumie auf Dachboden

Y si bien los objetos tienen el aspecto de réplicas, Lutz planea llevarlos a examinar con un amigo suyo, arquéologo en Berlín.

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Por qué ser despedido fue bueno para Maquiavelo (y puede serlo para ti)

Por: pijamasurf - 08/05/2013

Podemos leer la historia de Nicolo Machiavelli como una manera sabia de convertir los sinsabores de la vida en lecciones que, aunque duden de la virtud de los hombres, también pueden enseñarles sobre su propia naturaleza.

maquiavelo

En la narrativa de nuestras propias vidas solemos creer que los eventos, afortunados o desafortunados, deben ser medidos sólo en la duración de nuestra propia vida. Pero hay hombres cuyas narrativas sobrepasan el transcurso de una breve vida humana e impactan en la civilización. Una de esas narrativas –transformada en libro– es la de Nicolo Maquiavelo, un político italiano que el 12 de noviembre de 1512 tuvo un pésimo día al enterarse de que el estado florentino, al que sirvió dignamente durante 14 años, había caído frente a un golpe de Estado para reinstaurar a la familia Medici en el poder.

Maquiavelo fue encarcelado y torturado como parte del proceso casi burocrático de cambio de gobierno. No era nada personal: era un proceso para enviar un mensaje: un nuevo amo había llegado.

Maltrecho y dolido en su orgullo personal, Maquiavelo regresó a la finca familiar en la Toscana donde pasaba las mañanas leyendo, las tardes en la taberna local jugando juegos de mesa, y las noches entregado a una tarea por la que su nombre se volvió sinónimo de pragmatismo para los estudiosos de la filosofía política y para los entrepreneurs con necesidad de consejo: Il Principe, el best seller político por excelencia.

Pero Nicolo no podía ver el futuro, así que no se imaginaba el impacto que sus observaciones sobre la vida de los poderosos tendrían en la cultura occidental desde su publicación, hace más de cuatro siglos. En un verano como este del año 2013, pero hace medio milenio, Nicolo simplemente escribía. En una de las cartas más famosas de Maquiavelo, relata así la sensación de entregarse por entero a la tarea que su propio destino le exigía dentro de él:

En el umbral de mi estudio me retiro las ropas del día, cubiertas de barro y polvo, organizo los instrumentos apropiada y gentilmente y, ahora en ropas apropiadas, entro en la venerable corte de los hombres antiguos, donde recibido por ellos con afecto, me nutro en ese alimento que es mío solamente y para el que nací, donde no me sorprende hablar con ellos y preguntarles por la razón de sus acciones y ellos con gentileza me responden, y durante cuatro horas de tiempo no siento aburrirme, olvido cada problema, no sufro la pobreza, no me aflige la muerta: entéramente me entrego a ellos... y porque Dante dice que el conocimiento no se produce cuando escuchamos sin recordar, he compuesto un pequeño trabajo sobre los principados..."

Ser despedido a fin de cuentas hizo toda la diferencia, al menos en lo que se refiere a la historia de la literatura y la política. Como Maquiavelo, tú también podrías aprovechar el momentum de ser removido de tu trabajo para entrar en otro estado de conciencia y dedicarte a un talento subyacente, y aunque tal vez no seas recordado por la historia universal, es muy posible que tu historia personal te lo agradezca. 

Con información de BBC.