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Candidaturas Ciudadanas: ¿Una solución a la hegemonía de los partidos políticos tradicionales?

Por: Miguel Angel Esquivel - 08/29/2013

En las pasadas elecciones de julio en México ocurrió algo inédito: se eligió a un alcalde que contendió por la vía independiente, terminando así con el monopolio del partido político como único medio para acceder al poder.

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Durante muchos años se formuló en México un amplio debate acerca de la forma en que la constitución garantizaba el derecho a todos los ciudadanos de votar y ser votados, lo cual en la práctica nunca ocurrió como tal, ya que solo por medio de un partido político se podía participar como candidato en una elección No sería hasta el año pasado que a través de una iniciativa enviada por Felipe Calderón al Congreso se aprobaran modificaciones a las leyes que permitieran la participación de un ciudadano en una elección sin la necesidad de un partido político.

Uno de los primeros casos –si no es que el primero- que atrajo la atención sobre este tema de las candidaturas ciudadanas fue el de el ex-canciller Jorge Castañeda Gutman quien en el 2004 presentó ante el IFE su candidatura independiente para la presidencia de la república en el 2006, sin embargo fue rechazada debido a que el Código Electoral no contemplaba las candidaturas independientes a pesar de que la constitución en el artículo 35 no menciona ninguna restricción para que los ciudadanos hagan uso de este derecho.

La iniciativa enviada por Calderón en el 2009 y aprobada finalmente en el 2012 por la mayoría de los congresos locales, contenía una serie de reformas políticas importantes para la vida democrática del país entre ellas: reelección de alcaldes, iniciativas de ley ciudadanas, segunda vuelta electoral (ballottage), iniciativas que provienen de la Suprema Corte de Justicia entre otras no menos importantes, cabe mencionar que muchas de estas figuras democráticas de usan a lo largo del mundo desde hace varios años, incluyendo a Europa, Estados Unidos y también varios países de Latinoamérica, estas reformas políticas son de suma importancia en nuestro país para superar la falta de credibilidad en el que han caído los procesos e instituciones electorales, ya que parece que se ha vuelto una tradición el conflicto postelectoral en nuestro país.

En Marzo de 2013 en Quintana Roo se validan por primera vez las candidaturas independientes para presidente municipal y síndico en varios municipios, comenzando así la historia de esta figura democrática. Finalmente en julio de este año en el municipio de General Enrique Estrada en el estado de Zacatecas gana la presidencia municipal Raúl de Luna Tovar, un eximilitante panista que no obteniendo la candidatura de su partido decidió ir por su propia cuenta en la contienda aprovechando la última reforma.

Existen varios puntos que deben considerarse al evaluar las candidaturas independientes; por ejemplo el financiamiento, el cual debe ser regulado eficazmente ya que, al provenir los recursos para financiar la campaña de un ciudadano o de sus simpatizantes deberán crease instrumentos para la regulación recursos y su procedencia, así como mecanismos que vislumbren una contienda equitativa, también el acceso a los medios de difusión principalmente radio y televisión para cuidar que se garantice la equidad entre todos los contendientes.

Es probable que las candidaturas independientes logren una mayor inclusión de las demandas de la sociedad en el sistema político, así como el surgimiento de liderazgos que beneficien a la ciudadanía, pero también pueden presentarse prácticas nocivas; una podría ser el empoderamiento de un líder que llegue a consolidarse en la arena política por medio de una candidatura independiente para posteriormente formar un grupo o finalmente un partido político y así estaríamos regresando al mismo monopolio del que se hablaba en un principio.

Otro práctica dudosa podría presentarse cuando las candidaturas independientes –específicamente el líder- funcionaran bien para una sola elección, pero sería difícil consolidar una ideología o una agenda que responda a las demandas de los ciudadanos si no hay un nivel simbólico mínimo para la identificación o simpatía con un proyecto definido que vaya más allá del carisma de un personaje.

Existe una mayor posibilidad de que las candidaturas ciudadanas cobren fuerza primero a nivel local o regional, se apuntalen los códigos electorales estatales así como también los institutos y se vayan corrigiendo sobre la marcha los defectos que puedan traer consigo estas candidaturas, y se posibilite así que pueda llegarse a puestos legislativos, gobernaturas o incluso contender a la presidencia de la república a través de la vía independiente pero garantizando la eficacia de las instituciones encargadas.

Al hablar de candidaturas independientes es inevitable pensar en caudillismo y la facilidad con que un líder en nuestro país y la región se degenera en un ente populista, un mártir, o una personalidad mesiánica. Es  por ello que una alternativa a las candidaturas independientes o además de ellas, sería fomentar la creación de asociaciones políticas o partidos políticos locales, regionales y nacionales que logren aglomerar las diferentes corrientes de pensamiento y demandas ciudadanas, con la intención de darse a conocer y formar posteriormente organizaciones más grandes que incluyan la mayoría de las necesidades, y competir electoralmente en coalición con otros partidos afines a su actuar político, apostando así a una mayor institucionalización y no depender de un liderazgo si no de una estructura de partido compuesta por un grupo de personas con una ideología común. Hoy en día la sociedad a través de los medios de comunicación ha logrado integrarse en grupos con intereses y pensamientos similares lo cual facilita la organización e interacción entre sus miembros, una buen opción sería que estos grupos con sus particulares demandas y propuestas accedieran a los espacios de poder y lográramos tener un sistema político a la altura del mundo actual.

Twitter del autor: @m_alarmant

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El despertar, ese momento que oscila entre la simpleza de la vida cotidiana y lo milagroso de la vida cotidiana, revela más de lo que creemos sobre nuestra personalidad; aquí un infográfico que parte de dicha premisa.

AlarmClock

Este es, quizá, un ritual que todos compartimos, uno que aunque puede manifestarse de múltiples, incontables formas, se reduce a una sola palabra, una sola acción: despertar. Algunos, la mayoría, lo hacen en la mañana; otros, los menos, más bien en la tarde, otros más de madrugada y algunos quizá por las noches. Pero todos, salvo por las excepciones obvias, tenemos que hacerlo, traspasar la frontera del mundo en el que nos encontrábamos, el del sueño y el descanso, para regresar a este, el de la vida diurna, el de la vida consciente, el de la vida a secas.

Y quizá por eso, porque el despertar mucho tiene de sagrado (uno de sus muchos sentidos tiene importantes resonancias en el hinduismo y el budismo), de milagroso incluso, se trata también, como quería Kafka, del momento “más arriesgado” del día, ahí donde contra toda probabiliad el mundo parece volver a acomodarse a la forma que tenía antes de que lo dejáramos:

Alguien me dijo, ahora no me acuerdo quién, que, cuando nos levantamos temprano, resulta extraño encontrarlo todo en el mismo sitio en que se dejó por la noche. La vigilia, al menos en apariencia, es un estado muy diferente al del sueño y, como ese hombre dijo con razón, se necesita una gran presencia de ánimo para, con los ojos abiertos, situar todos los objetos en el mismo lugar en que quedaron la noche anterior. Por esto mismo, el instante en el que despertamos es el más arriesgado, una vez que se ha superado, sin quedar desplazado del lugar, podemos seguir viviendo confiados el resto del día. A qué conclusiones llegó ese hombre ––ahora me acabo de acordar de quién era, pero su nombre es indiferente…

(El proceso, fragmento tachado)

Marcel Proust, en una coincidencia imprevisible pero afortunada, tenía una opinión similar a la del checo a propósito de este instante, como si ambos grandes escritores pertenecieran a una hermandad secreta y poseedora del mismo conocimiento reservado a unos pocos iniciados:

Se llama a esto un sueño de plomo, parece que uno mismo se haya convertido, por espacio de algunos instantes después de haber cesado un sueño así, en un simple monigote de plomo. Ya no somos personas. Entonces, ¿cómo es que al buscar uno su pensamiento, su personalidad, como quien busca un objeto perdido, acaba por recobrar su propio yo antes que otro alguno? ¿Por qué cuando empezamos a pensar de nuevo no es entonces la que encarna en nosotros otra personalidad que la anterior? No se ve qué es lo que dicta la elección y por qué, entre los millones de seres humanos que uno podría ser, va a poner precisamente la mano en aquel que era la víspera. ¿Qué es lo que nos guía cuando verdaderamente ha habido interrupción (ya haya sido completo el sueño o los sueños enteramente diferentes de nosotros)? Ha habido verdaderamente muerte, como cuando el corazón ha cesado de latir y unas tracciones rítmicas de la lengua nos reaniman. La habitación, desde luego, aunque solamente la hayamos visto una vez, despierta recuerdos de que penden otros más antiguos. ¿Dónde dormían en nosotros algunos de que adquirimos conciencia? La resurrección en el despertar —después de ese benéfico acceso de enajenación mental que es el sueño— debe de asemejarse, en el fondo, a lo que ocurre cuando se vuelve a encontrar un nombre, un verso, un estribillo olvidados. Y acaso quepa concebir la resurrección del alma allende la muerte como un fenómeno de memoria.

(El mundo de Guermantes)

Los anteriores párrafos nos permiten introducir un elemento, acaso, mucho menos solemne: un infográfico que promete develar el misterio de la personalidad a partir de la alarma que cada cual utiliza para "despertarse". Como sabemos por experiencia propia, muchos de nosotros necesitamos un artilugio que, acaso contra nuestra voluntad, nos devuelva al mundo de la vigilia, un objeto más bien ruidoso y, con todo, no siempre escuchado, que en la interacción que tenemos con él revela algo de lo que somos cuando regresamos a nuestra realidad colectiva. ¿Postergamos una y otra vez el momento de por fin levantarnos? ¿O tal vez triunfamos sobre la alarma y, por decirlo de algún modo, despertamos antes que ella? Acaso nada de esto y más bien eres de los que se ponen el pie a sí mismos y, en este caso, se equivocan al ajustar la hora en que tendrían que levantarse.

Sea como fuere, y antes de presentar el infográfico, un fragmento del gran Roberto Calasso que nos recuerda, para decirlo proustianamente, "la importancia del despertar":

No son muchos quienes viven el acto del despertar siempre renovado, en el interior de la vigilia, acto definitivo solamente en el Buda. Sólo de esos pocos, según se ha dicho, se puede decir que piensan, aunque todos experimenten el acto del despertar, del sacudirse del sueño. Pues el fenómeno que se manifiesta en todos, día tras día, es sólo un ejemplo, un bosquejo, una figuración aproximada del otro fenómeno, que la mayoría ignora.

K.

 

 

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En Faena Sphere: La guía de Proust para despertar cada mañana

Twitter del autor: @saturnesco

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