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¿Y tú, eres amo o esclavo del dinero?

Por: Pedro Luizao - 07/17/2013

Como cualquier otra abstracción, el dinero es plenamente configurable y por lo tanto nuestra relación con él también lo es.

Dollars funnel.

"La pobreza no viene por la disminución de las riquezas,

sino por la multiplicación de los deseos."

Platón

Por alguna extraña y lamentable razón, buena parte de la realidad humana gira en torno a una peculiar abstracción, el dinero. Ya sea por que nos genera un ineludible magnetismo, la ambición, o simplemente por que el sistema nos obligue a perseguirlo para sobrevivir, lo cierto es que la mayoría de nosotros le dedicamos una enorme cantidad de tiempo y esfuerzo.

Pero si además de dedicarle una gran porción de nuestra praxis, además nos preocupamos por su presencia (o su ausencia), entonces somos candidatos a disfrutar, considerablemente menos, la existencia. Ahora, antes de ir más allá, vale la pena aclarar que, como bien señala el libro How To Worry Less About Money (2012), de John Armstrong, no es lo mismo preocuparse por el dinero que tener problemas financieros.

“Existe una distinción crucial entre ambos. Los problemas son urgentes, y requieren de una acción directa. En contraste, las preocupaciones generalmente dicen más del preocupado que del mundo que lo rodea […] Para responder a nuestras preocupaciones debemos poner atención a nuestro patrón de pensamiento (ideología) y a nuestro esquema de valores (cultura).”

De acuerdo a lo anterior, es importante entender que una preocupación financiera tiene, al menos, un 50% de carácter puramente psicológico, mientras que el resto tiene que ver con una situación real –por ejemplo, la necesidad de adquirir algo, o de mantener un cierto nivel de vida.

Por otro lado, resulta fundamental analizar la relación que, conciente o inconcientemente hemos decidido entablar con el dinero. A fin de cuentas se trata de una abstracción, y como tal es plenamente configurable. ¿Vamos a utilizar esta entidad para canalizar miedos o traumas? ¿La vamos a utilizar en el proceso de construir nuestra identidad individual? ¿Determinará algún aspecto importante en nuestra auto-percepción? o en realidad lo aprovecharemos como una herramienta disponible, entre muchas otras, para vivir en paz. 

Al respecto, Douglas Rushkoff, una de las mentes consentidas en Pijama Surf y quien desde hace unos años promueve la auto-programación del dinero, advierte:

“Los dineros son programados. Se comportan de cierta forma porque se les ha codificado con ciertos patrones de conducta. […] Hoy estamos probando que es más adecuado tratar nuestro dinero como software y programarlo nosotros mismos”.

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Regresando al libro de Armstrong, el autor señala otro aspecto crucial para preocuparnos menos por nuestras finanzas: la felicidad. Es importante desasociar este estado de aquello que nos facilita el dinero. Lo cierto es que la relación entre el dinero y el ‘ser feliz’, es limitada y hasta cierto punto efímera.

“El dinero puede adquirir la representación simbólica de la felicidad, pero no sus causas. De hecho, tendríamos que aceptar que el dinero, como tal, no puede comprar la felicidad.”  

Alrededor de esta afirmación de Armstrong, podríamos también citar un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, el cual concluyó que la felicidad reside en las experiencias que acumulamos, en las vivencias, y no en las pertenencias. Y si crees que ciertos objetos o prácticas de consumo podrían proveerte lo que te falta para ser feliz, simplemente analiza la vida de aquellas personas que sí los tienen, y comprobarás que están lejos de ser indispensables para vivir tranquilo.  

Sprint final

En conclusión, parece que la clave para relacionarte de manera más sana, y menos preocupante, con tus finanzas, radica en tu mente. Si bien existen, obviamente, los problemas económicos, lo primero es diferenciar estos del resto de estímulos que te generan una preocupación. Lo siguiente es hacer conciencia sobre cómo te relacionas tú con el dinero –idealmente evitando extremos, es decir, no estés peleado con la posibilidad de aumentar tus ingresos, pero tampoco le des prioridad a esto sobre las cosas más importantes de la vida, por ejemplo, las vivencias memorables.

Siempre he pensado que si no eres particularmente ambicioso, entonces la mejor manera de no pensar en dinero es garantizar un ingreso que te permita cubrir tus necesidades básicas y ese par de ‘lujos’ que podrían complementar deliciosamente tu vida (en mi caso viajar). Si logras lo anterior, entonces es muy probable que no intentes hacer más dinero del que necesitas para vivir tranquilo, pero tampoco tendrás que preocuparte por cubrir lo esencial.

Si, por el contrario, sientes una marcada inclinación hacia el oro, y hacia la acumulación de bienes, entonces tal vez el mejor consejo sea que dediques unas horas a reflexionar sobre los beneficios que te aporta tal acumulación. Lo más probable es que termines por confirmar que el poseer más de lo ‘necesario’ te genera más preocupaciones que placeres –como en la relación amo-esclavo de Hegel, en la que el verdadero esclavo es el amo, pues mientras este último se dedica a trabajar, el otro no deja de preocuparse por someter nuevos esclavos y evitar que otros amos le sometan.  

Para cerrar este texto me gustaría citar una frase de Alejandro Dumas, que en mi opinión resume bien lo que una relación sana con el dinero puede significar: “No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo.”

 

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Citas del doctor Hunter S. Thompson sobre periodismo gonzo, política y subjetividad

Por: pijamasurf - 07/17/2013

Las crónicas del dr. Thompson marcan uno de los ejes en que los medios actuales buscan acceder a una presentación de la información más acorde a la realidad. Aquí presentamos una selección provocadora de algunas ideas del padre del periodismo gonzo.

El límite... no existe manera honesta de explicarlo,

pues las únicas personas que saben dónde está

son las que lo han atravesado.

-Hunter S. Thompson

Hunter S Thompson 3

El doctor en periodismo Hunter S. Thompson dejó su marca particular en el periodismo de finales del siglo XX con el estilo "gonzo", una forma de cobertura periodística que borra la barrera entre corresponsal e información, volviendo al periodista un protagonista dentro del contexto, o para mayor ilustración, un personaje más en la historia.

Aunque Thompson está asociado en la cultura de masas con la película Fear and loathing in Las Vegas, los numerosos tomos de sus Gonzo Papers siguen dando de qué hablar respecto a sus posiciones sobre el arte del periodismo, especialmente sobre el periodismo visto como herramienta de empoderamiento político, además de atacar la vaga noción de objetividad periodística (una contradicción de términos, según él) y sobre sus referentes para la escritura.

A continuación ofrecemos algunos extractos que nos permiten conocer las ideas de un periodista peligroso no tanto por la leyenda negra en torno a sus excesos y aventuras, sino en cuanto a su particular enfoque informativo, el cuál duda de la naturaleza objetiva de la información y la reporta con un mecanismo acorde: en primera persona y sin miramientos de ningún tipo.

Hay muchas formas de practicar el arte del periodismo, y uno de ellos es usar tu arte como un martillo para destruir a la gente correcta —los cuales, por lo regular, siempre son tus enemigos, por una u otra razón, y quienes usualmente merecen ser destrozados porque están equivocados. Esta es una noción peligrosa, y muy pocos profesionales del periodismo la apoyarán —llamándola "vengativa" y "primitiva" y "perversa" a pesar de qué tan seguido lo hagan ellos mismos. 'Esa clase de cosas son opinión', dicen, 'y el lector es engañado si no se etiqueta como opinión'. Bueno, eso puede ser. Tal vez Tom Paine engañó a sus lectores y Mark Twain era un fraude ladino sin morales del todo quien usó el periodismo para sus propios fines perversos. Y tal vez H.L. Mencken debió ser encerrado por tratar de hacer pasar sus opiniones frente a los lectores ingenuos como periodismo 'normal y objetivo'. Mencken entendía que la política —como se usa en el periodismo— era el arte de controlar su entorno, y no tuvo reparos en hacerlo. En mi caso, utilizando lo que modestamente puede llamarse 'periodismo de defensa' [advocacy journalism], he utilizado el reportaje como un arma para incidir en situaciones políticas que se ciernen sobre mi entorno.

Cabe recordar que Thompson no sólo utilizó el periodismo para impulsar acciones políticas en torno a la legalización de las drogas o para atacar a personajes políticos de la arena nacional de los 70: durante esa década, el escritor se postuló también para alguacil del condado de Pitkin, en Colorado. Sus prerrogativas políticas están basadas palmo a palmo en su visión de la escritura, de lo que extrajo que las condiciones objetivas del poder sólo pueden darse en ciertos contextos:

Mucho se ha dicho sobre el Periodismo Objetivo. No se molesten en buscarlo aquí ni en ningún lugar donde yo firme; o en nadie más en quien pueda pensar. Con la posible excepción de cosas como puntuaciones de box, resultados de carreras y tabuladores del mercado de valores, no hay tal cosa como Periodismo Objetivo. La frase misma es una pomposa contradicción de términos.

Thompson va más allá, trazando la estirpe del periodismo comprometido o subjetivo hasta el novelista Mark Twain, realizando una importante distinción sobre lo que debemos entender sobre subjetividad:

Mark Twain no era objetivo. No entiendo bien esta alabanza a la objetividad en el periodismo. Ahora bien, la simple mentira es muy diferente a ser subjetivo.

La mentira sería más bien algo que Thompson asocia al uso profesional del poder, es decir, a los políticos, a quienes no teme describir en los términos clínicos de la adicción a las drogas:

No todos están cómodos con la idea de que la política es una adicción culposa. Pero lo es. Son adictos, y son culpables y mienten y engañan y roban —como cualquier adicto. Y cuando entran en calor, sacrificarán cualquier cosa y cualquier persona para alimentar su hábito cruel y estúpido, y no hay cura para ello. Eso es el pensamiento adictivo. Eso es la política —especialmente las campañas presidenciales. Eso es cuando los adictos se apoderan de los terrenos elevados. No les importa nada más. Son salmones, deben subir. Son adictos.

[Brain Pickings]