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Hombre va al médico y descubre que en realidad es una mujer que no puede embarazarse

Salud

Por: pijamasurf - 06/04/2013

La improbable coincidencia de dos trastornos genéticos hizo de que esta mujer incapaz de embarazarse tenga todo el aspecto de un hombre.

hospitalEn Hong Kong un hombre de 66 años acudió al médico por un dolor en su abdomen provocado al parecer por una protuberancia que podía sentir al tacto. Para su sorpresa, el médico que lo atendió descubrió que el hombre en realidad era una mujer y la hinchazón un quiste en uno de sus ovarios.

En su caso tan extraña condición se debió a una combinación de dos desórdenes genéticos extraños en sí mismos y mucho más en esta inusual coincidencia. Se trata, por un lado, del síndrome de Turner y por otro de la hiperplasia adrenal congénita (HAC). Turner se caracteriza por provocar que una mujer pierda algunas de sus capacidades características (por ejemplo, quedar embarazada) y la hiperplasia por potencializar el efecto de las hormonas masculinas y, en consecuencia, hacer que una persona tenga un marcado aspecto masculino (aunque se trate de una mujer).

“Por definición el paciente es una mujer que no puede embarazarse. Pero ella también tiene HAC, lo cual le da la apariencia de un hombre”, declaró al respecto Ellis Hon Kam-lun, profesor de pediatría de la Universidad China, quien además aseguró que este se trata de un caso tan raro, que difícilmente podrá tenerse otro en el futuro.

El “hombre”, por su parte, es un chino nacido en Vietnam de 66 años, de cerca de 1.37 metros de altura, al parecer con barba y un pene pequeño pero sin testículos.

[South China Morning Post]

Dos trucos psicológicos para que otras personas te concedan el favor que buscas

Salud

Por: pijamasurf - 06/04/2013

Un par de estrategias ampliamente estudiadas en psicología se han considerado como maneras efectivas de conseguir lo que quieres, logrando que una persona satisfaga el favor que le pides.

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La mente admite ser metaforizada como un teatro, un escenario en el cual se suceden los personajes y los actos, “un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia”, un espacio, en suma, cuya presencia se genera solo a través de la existencia cotidiana.

Así como la pieza teatral se escribe y se modifica, se improvisa y cambia en cada interpretación, ¿no podría atribuirse otro tanto a la mente?

En psicología existen un par de técnicas para pedir un favor que han sido ampliamente estudiadas, las cuales difieren en el tipo de favor que se busca obtener: uno grande o uno pequeño.

La primera se conoce como la técnica del “pie en la puerta”, por la alusión a los vendedores que antaño iban de casa en casa ofertando sus productos y recurrían a la estrategia de interponer el pie en la puerta para evitar que quien la hubiera abierto la cerrara apenas se diera cuenta de quien había tocado. En esta técnica, el objeto de estudio fue cómo a partir de pedir un favor pequeño es posible escalar en las peticiones con el propósito final de conseguir algo mucho más importante.

En un experimento al respecto, investigadores llamaron a un grupo de mujeres por teléfono, primero pidiendo que contestaran una encuesta breve. Pocas semanas después la llamada se repitió pero esta vez la petición fue permitir que varias personas fueran hasta su casa y entraran para hurgar en las despensas y los clósets. Como una especie de grupo de control esta misma llamada se repitió pero entre mujeres a quienes no se había telefoneado por primera ocasión (es decir, que no habían pasado por la encuesta). Según los resultados, las personas que habían accedido la primera vez a contestar las preguntas eran más proclives a dejar pasar extraños a su casa.

En la técnica del “pie en la puerta” parece ser que el secreto consiste en esperar un poco entre petición y petición.

Curiosamente el efecto opuesto también es efectivo: pedir un gran favor y, al ver que no es satisfecho, proseguir con favores más pequeños. Al parecer alguien que niega algo grande tiende después a compensar accediendo a cosas menores.

Ambas estrategias se debaten y no queda del todo claro cuánto influyen otras circunstancias como cierto sentido de la negociación y otro del altruismo, la amistad, la cercanía emocional entre quien pide un favor y quien podría concederlo, y más.

En cualquier caso, sin duda vale la pena experimentar con el teatro de la propia mente.

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