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Con su ambicioso proyecto Loon, Google busca la cobertura global de Internet, conseguir que tantas personas como sea posible tengan acceso a este recurso decisivo de la evolución contemporánea.

 

Internet es uno de los desarrollos tecnológicos más importantes de la historia reciente, un recurso que ha moldeado nuestro presente, lo mismo en términos amplios que en lo cotidiano, fomentando muchas prácticas nuevas, modificando otras y quizá contribuyendo a desaparecer algunas más.

Sin embargo, no menos cierto es que esta es una realidad parcial, que si bien parece general por el alcance global de la Red, dista mucho de ser total. Según estadísticas recientes, actualmente son casi 5 mil millones de personas quienes no tienen acceso a Internet y poco más de 2 mil millones de personas que sí cuentan con este servicio, en otras palabras, la razón es casi de 2 a 1.

Para favorecer las condiciones para acabar con esta desigualdad, la empresa Google puso en marcha este fin de semana su proyecto Loon, “Lunático”, el cual consiste en el lanzamiento de miles de globos capaces de retransmitir una señal de Internet.

En términos técnicos los globos funcionar a partir de paneles solares que llevan consigo. Reciben una señal que se emite en estaciones distribuidas en tierra más o menos cada 100 km y a su vez la retransmiten a otros globos cercanos. Su área de cobertura es de 1250 km cuadrados y los accidentes del terreno no son obstáculo para esta. No poseen algún tipo de motor propio, por lo que se mueven con la fuerza y la dirección del viento.

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Asimismo, cabe mencionar que los globos se encuentran en la estratósfera, a 20 km de altura, en el llamado “espectro radioeléctrico no regulado”, por lo cual Google no requiere de permisos de gobiernos nacionales o de otro tipo para que estos circulen ni para la transmisión de la señal de Internet.

El primer ejemplar del proyecto Loon fue lanzado en Nueva Zelanda, país que se eligió tanto por sus aislamiento como por sus características geográfica y demográficas, pero se espera pronto poner más en el espacio áereo para cubrir regiones de Australia y Sudamérica (en particular Chile, Uruguay, Paraguay y Argentina).

Con información de The Verge y Open Culture

Imágenes vía My Modern Met

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Nuevo juego parodia la economía de vigilancia en la que vivimos, mostando de manera lúdica y crítica que nuestra información tiene un valor monetario y está siendo minada.

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"¿Legal, ilegal? Da igual", es el slogán de un nuevo juego en línea que parodia el actual sistema de minería de datos que permea toda nuestra actividad en internet. No sólo todo lo que hacemos en el mundo digital está siendo vigilado, registrado y prontamente analizado --también está siendo monetizado. Desde hace varias décadas el dinero entró en un proceso de transformase en información (sin un soporte material) y ahora, si bien la información siempre había sido valiosa, esta también puede cuantificarse como un valor monetario. Cada like, cada búsqueda, cada email, cada dato demográfico que revelas tiene un valor para los sitios de Internet, para las compañías de marketing y para los gobiernos.

En Data Dealer, que se describe cómo "PRISM, el juego" (haciendo alusión al sistema de espionaje de EE.UU), los jugadores deben amasar un imperio de datos personales y aprender a convertir esta información en dinero. Para hacerlo se adquieren todo tipo de perfiles a través de redes sociales, aplicaciones móviles e incluso trabajadores ordinarios y se vende la información a compañías de seguros, recursos humanos y departamentos de agencias gubernamentales --una de ellas una versión del NSA, la agencia que maneja el programa PRISM, que obliga a Google, Facebook y otros sitios a entregar datos de sus usuarios. Los usuarios de Data Dealer, además, deben de aprender a extraer información adicional de los datos que tienen correlacionándolos como haría una agencia de marketing o de análisis y a lidiar con quejas ciudadanas, hackers, medios críticos y activistas cíviles --como la haría la CIA o Facebook. La atracción del juego, evidentemente, tiene que ver con que caricaturiza genialmente lo que sucede en el mundo digital en el que habitamos, mostando la falta de escrúpulos que rige el mercado. 

 

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"Si les dices a las personas que deben de tener cuidado, nadie escucha. Es aburrido", dice Wolf Christi, uno de los desarrolladores austriacos de Data Dealer. "La intención del juego es hacer que las personas entienden algo --qué tipo de data existe, qué atributos son recolectados, quién está coleccionando los datos y para qué los están usando".

La importancia del juego, que se encuentra en versión demo pero que ha recibido fondos de Kickstarter para una versión interactiva más completa, tiene que ver con que, si bien a muchas personas no les importa que sitios de Internet y agencias del gobierno conozcan o hagan pública su información privada, a muchas si les importará que además se tengan ganacias multimillonarias con esa información. La economía de la vigilancia, que se sirve de  los datos de los consumidores para hacer más competitivos sus servicios, opera de manera sigilosa en internet dentro de una laguna de opacidad. No sólo sitios como Facebook o Google se benefician de tus datos, vendiendo anuncios y desarrollando herramientas más efectivas, cuando navegas en páginas como el New York Times o Time Magazine, entre otras, distintas compañías han insertado un código de tracking para minar tu data y  saber cómo interactúas con esa página, qué compras, que te gusta, etc. A través de cookies pueden saber también tu historial de navegación y detallar tus preferencias, esto incrementa enormemente el valor de los anuncios que ofrecen.

Por otro lado la minería de datos, con herramientas de análisis cada vez más sofisticadas, permite la predicción de comportamientos y la formación de perfiles sociales detallados. Esto es de gran valor tanto para los gobiernos como para muchas compañías --lo cual genera una flamante nueva divisa. Un ejemplo del potencial comercial que tiene la información social ha sido transparentado por la nueva herramienta de búsqueda de Facebook, Social Graph. Con esta herramienta podemos conocer las preferencias musicales, cinematográficas o los lugares favoritos para comer no sólo de millones de individuos, sino de grupos sociales minuciosamente segmentados --además de una pavorosa herramienta de stalking es una mina de oro para el marketing. El valor está en las conexiones, en las relaciones, como el mismo Zuckerberg ha dicho, en lo social. Facebook es el más grande focus group de la historia, y hace de la sociedad entera un focus group. 

Difícilmente habrá vuelta atrás en esta tendencia de agrupar datos personales y formar perfiles de interacción, de afilar los targets y de crear publicidad que parece "leer la mente". Queda, sin embargo, la posibilidad de estar conscientes de que nuestros datos son minados y monetarizados, de  crear ficciones digitales que burlen la minería o de utilizar herramientas que nos regresen cierta privacidad. Recordar, por otro lado, que todos somos data dealers y que aquello que decides compartir contribuye al estado mental general del mundo. 

Aquí una lista de herramientas que puedes usar para relativamente navegar sin ser minado

[New York Times]

Twitter del autor: @alepholo