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La naturaleza ama lo raro pero los psiquiatras quieren hacer de la excentricidad una enfermedad

Por: pijamasurf - 05/26/2013

El Dr. Allen Frances, quien encabezara el controversial Manual Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana, habla en contra de las farmacéuticas y la industria psiquiátrica que lucran con las enfermedades mentales.

Journey to the Heartland of Urban Warfare : the Bandit's Hospital

Las grandes farmacéuticas y la industria psiquiátrica promueven --cada vez más-- una sociedad homogeneizada donde todo aquel que no se ajuste a la norma debe de ser medicado u ostracizado.La industria psiquátrica --resulta adecuado hablar de ella como una industria indisociablemente ligada a las farmacéuticas-- tiene una especie de libro de cabecera: el  Manual Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana. En este manual, que se actualiza cada año, se define que conductas o trastornos pueden considerarse como una enfermedad mental. En tan sólo 50 años el número de enfermedades mentales se ha incrementado de menos de 130 a más de 360 (casi el triple). Recientemente se han clasificado cosas como el “trastorno de desafío oposicional” (básicamente la enfermedad de cuestionar a la autoridad) o hasta la timidez como psicopatologías.

Se podría argumentar que este incremento obedece a un mayor conocimiento de la mente humana o incluso a que la cultura moderna tiene una cierta veta decadente que enferma a la gente. Pero lo más probable es que esta obsesiva clasificación tenga que ver con una agenda de las farmacéuticas de vender medicamentos y acaso con una visión de la realidad bastante angosta --una especie de psicopolítica reguladora de lo real admisible. Esto sobre todo basándonos en el valiente e invaluable testimonio de Allen Frances, quien encabezó ediciones previas del  Manual Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana (conocido popularmente como DSM por sus siglas en inglés). Frances escribió recientemente un imperdible artículo para la revista Wired, sonando el silbato contra "Big Pharma" con poderosas palabras:

La naturaleza toma la visión larga, la humanidad la corta. La naturaleza elige la diversidad; nosotros la estandarización. Estamos homogeneizando nuestros cultivos y nuestras personas. Y Big Pharma sigue fija en su intento paralelo de crear su propia marca de monocultura humana.

Con la ayuda de una psiquiatría demasiado ambiciosa, toda la diferencia humana está siendo transmutada en un imbalance químico cuyo propósito es ser tratado con una útil pastilla. Convertir la diferencia en una enfermedad es una de las jugadas más geniales del marketing de nuestra época.

La diversidad humana tiene sus razones o de otra forma no habría sobrevivido la carrera evolutiva. La diferencia humana no surgió para ser reducida a un lista exhaustiva de diagnósticos tomados descuidadamente de un manual psiquiátrico.

La metodología de erradicar la diferencia en la sociedad opera a través de los médicos que "legislan" decidiendo con gran holgura que comportamientos son patológicos y que rápidamente recentan numerosos medicamentos para tratarlos. Muchos de estos médicos incluso reciben pagos de las farmacéuticas (casi 300 millones de dólares al año en Estados Unidos) para que dosifiquen sus productos. Al mismo tiempo las grandes farmacéuticas no desarrollan medicamentos integrales capaces de curar una enfermedad, sólo de atenuarla provechosamente. Según el premio Nobel Richard J. Roberts la investigación médica está orientada: "hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando se deja de tomar el medicamento". Las farmaceúticas y la medicina son industrias que evidentemente buscan ser rentables y maximizar sus ingresos bajo la lógica del capital, pero en su caso al lucrar con la salud esta lógica se torna perversa. Si uno toma en cuenta la gran cantidad de efectos secundarios y ciclos de consumo adictivo que desatan muchos de los medicamentos que se venden en todo el mundo no es descabellado considerar a las farmacéuticas como gigantescos carteles de las drogas. "Las compañías farmacéuticas deberían de dejar de actuar como carteles de la droga, irresponsablemente empujando sus productos donde harán más daño que bien", dice el Dr. Allen Frances.

El fácil diagnóstico de tratamiento psiquiátrico se mueve por una zona un tanto espectral. Según Robert Spillane:

La psiquiatría es la rama de la medicina en la que los diagnósticos de "enfermedades" se hacen en la ausencia de evidencia objetiva: están basadas, no en lo que las personas tienen, sino en lo que hacen y dicen. Y sí actúan en formas que  molestan, ofendan o perturben a os demás, puede que se descubran diagnosticados como mentalmente enfermos y sean tratados en contra de su voluntad.

Aunque el panorama actual no el del todo alentador, considerando la enorme facilidad con la que se clasifican nuevas enfermedades y se lleva a tratamiento de las mismas --como si las enfermedades fueran productos que las compañías promueven--, Allen Frances considera que un cambio similar al que ocurrió con la caída de la industria tabacalera podría venir en un futuro:

Big Pharma claramente se dirige hacia una caída similar ---el emperador realmente está desnudo. Las personas y los legisladores eventualmente pueden despertar y reconocer que no somos sólo un grupo de individuos enfermos, cada uno de nosotros con una serie de diagnósticos psiquiátricos, acumulativamente constituyendo una sociedad enferma. Este es el mito generado por una industria psiquiátrica demasiado ambiciosa y una industria farmacéutica demasiado avara.

 

¿La última salida? Los suicidios aumentan a escala epidémica en el mundo

Por: pijamasurf - 05/26/2013

En el 2010, los suicidios cobraron más vidas en el mundo que las guerras, asesinatos y desastres naturales juntos. Las explicaciones han tenido a los investigadores pensando desde hace 200 años en maneras de prevenirlas, pero un nuevo enfoque nos sugiere más bien tratar de empatizar emocionalmente.

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Hacer de ti algo menor de lo que podrías ser --esa también es una forma de suicidio.

Benjamin Lichtenberg

Conflictos familiares, traumas de guerra o traumas infantiles, problemas de sueño abuso de drogas y alcohol, acceso a armas o medicinas, oportunidad, planeación, intentos previos, enojo, sentirse una carga, sentir soledad: los factores que determinan por qué alguien levanta la mano contra sí mismo, en la tristemente bella frase de Jean Améry, son siempre una combinación mortal. La pregunta por el por qué la gente decide suicidarse va apresurando, conforme avanzan las estadísticas, a sociólogos, terapeutas, psiquiatras y psicólogos sociales a ofrecer prontas respuestas.

Catherine Barber es directora del programa de prevención del suicidio de la Universidad de Harvard. A lo largo de 10 años ha visto aumentar la tasa de suicidios 20% anualmente y 30% en el número de personas que se suicidaron durante la década pasada.

Este año los Estados Unidos podrían llegar a la sombría marca de los 40 mil suicidas en un año, una marca mundial. Un estudio revelado en noviembre pasado mostró que el suicidio era la causa principal de muerte en Estados Unidos por "herida letal"; sin embargo, se sospecha que muchas muertes no esclarecidas o claras pueden ser también suicidios, en cuyo caso no se consignan como tales porque el suicidio sigue siendo un estigma social, pues de cada 25 intentos sólo uno termina con la vida de la persona, lo que deja otras 24 en un frágil estado emocional.

En los países desarrollados, la auto-agresión es la principal causa de muerte de personas entre 15 y 49 años, sobrepasando todos los tipos de cáncer y enfermedades cardiacas. En el 2010, el suicidio (883,715) fue la causa de más muertes que las guerras, asesinatos y desastres naturales combinados (669,956).

Factores de riesgo

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Thomas Joiner es uno de los investigadores más reconocidos en el tema. Hijo de un padre que decidió quitarse la vida, Joiner desarrolló sus estudios en psicología tratando de explicar la decisión de su padre, así como tratando de prevenir a otros. Su teoría se basa en tres factores que están presentes en mayor o menor grado en todos los suicidios: la sensación de no pertenecer a ningún lugar o grupo (divorciados, exiliados); la de ser una carga (adultos mayores, veteranos de guerra), y sobre todo lo que Joiner llama "capacidad de morir", es decir, estar listo para enfrentar la muerte. 

Tal vez este último sea el factor más determinante, porque los intentos de suicidio que fracasan en ocasiones tienen un componente de arrepentimiento o de no capacidad para la muerte: frenos de último minuto, llamadas de emergencia, inducción de vómito para sacar el coctel de píldoras... Creemos que el suicidio es una "última salida", una puerta falsa, una manera fácil de decirle al mundo "no me despides, renuncio." Pero para Joiner es mucho más complejo:

"Atletas, médicos, prostitutas y pacientes de bulimia comparten altos niveles de riesgo de suicidio. Todos tienen un historial de suprimir el instinto de gritar." Los intentos de suicidio a menudo son referidos como "gritos de ayuda", como si la acción enunciara solamente el deseo de ser rescatado, más que de terminar efectivamente con la propia vida.

El suicidio es la principal causa de muerte en los hombres que rondan los 40 años, y una de las cinco causas principales en los de 50 y tantos. En cambio la situación se vuelve dramática para las mujeres blancas de clase media, que experimentan hasta un 60% de aumento de riesgo en el mismo rango de edad.

Las mujeres llegan al hospital con el estómago lleno de píldoras para dormir o medicamentos de prescripción. El suicidio entre mujeres en países desarrollados como causa de muerte sólo se ve opacado por el cáncer de mama en mujeres en sus 40, y la principal causa de muerte entre las de 30. Como dice el blogger Tony Doukoupil, es una triste ironía que los medicamentos que debían mantenerlas estables y hacerles bien sean los que finalmente les quitan la vida.

Como componente evolutivo, el suicidio se entiende como un sacrificio en favor de la supervivencia de la especie. Es famoso el caso de los machos que dan su vida por procrear en el caso de las viudas negras y mantis religiosa. Algunos insectos se inmolan frente a los depredadores, justo como los leones machos para darles una oportunidad a su clan de escapar. Pero la naturaleza salvaje apenas aporta explicaciones para el suicidio humano.

Para Joiner, explicar las causas por las que una persona decide ejercer violencia contra sí misma es sólo parte del problema; en su conclusión parece haber una partícula de empatía, o por lo menos, de respetar las decisiones del otro. Tal vez, incluso, un llamado para estar más alerta frente a los gritos de auxilio: "Necesitamos que nos entre en la cabeza que el suicidio no es fácil ni indoloro, ni cobarde, ni vengativo, ni totalmente controlado ni impulsivo. Y una vez que tengamos eso en la cabeza, necesitamos dejarlo guiar nuestros corazones."

Otras lecturas sobre el suicidio:

Levantar la mano sobre uno mismo, Jean Améry. Ed. Pre-textos.

Suicidios ejemplares, Enrique Vila-Matas. Ed. Anagrama.

El suicidio, Émile Durkheim. FCE.

Libertad fatal, Thomas Szasz. Paidós.

[The Daily Beast]