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En el futuro todos tendremos ratas controladas con la mente

Ciencia

Por: pijamasurf - 04/11/2013

Los avances tecnológicos de la telepatía electrónica asientan el terreno para las más abyectas y fabulosas distopias de control mental.

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La telepatía no sólo presenta la posibilidad de una conexión más profunda entre dos seres, también abre la puerta a una forma de control más eficiente. Sabemos que entre la vanguardia de esta década en la ciencia, la tecnología controlada con la mente y los mapas neuronales detentan un lugar preponderante, y apenas estamos viendo los primeros pasos.

Investigadores del Harvard Medical School han creado un sistema que conecta a un ser humano con una rata vía  una computadora, sin la necesidad de un implante cerebral. Los humanos utilizaron un casco de electrodos que monintoreó su actividad cerebral, mientras que una rata anestesiada estaba conectada al aparato haciendo que las neuronas de la rata dispararan cuando se emitía un pulso ultrasónico a su córtex motriz. Es decir, los humanos hacían mover las colas de las ratas con la mente.

Para lograr vincular las mentes, los científcos sincronizaron las ondas electroencefalográficas de los voluntarios con la frecuencia de un estrobo. Cuando los voluntarios modificaron su atención a intentar mover la cola de la rata, el cambio perturbó su onda EEG, detonando una señal que la computadora tradujo como un pulso ultrasónico que estimuló el córtex de las ratas. Con este sistema todos lo voluntarios rápidamente lograron mover  a la rata. 

Un sistema así podría ser usado entre dos humanos sincronizados. Una persona paralizada podría reaprender a usar sus extremidades si un terapeuta primero las mueve con su mente.

El investigador Ricardo Chavarriaga del Instituto Federal de Tecnología en Suiza es cauteloso y señala que para que este sistema verdaderamente sea interesante es necesario ligar el cerebro consciente y crear una intención correspondiente entre el cerebro de un humano y la acción de una rata. Por ejemplo, una persona podría imaginarse mover su mano y la rata movería su pata. Esto, sin embargo, tal vez no esté tan lejos, una vez que se haga un mapa neuronal más completo --algo que sería equivalente al genoma humano-- y se puedan focalizar los más detallados comandos mentales.

Estas señales eventualmente podrán ser transmitidas inalámbricamente a través de ultrasonidos o de mecanismos opotogenéticos que permitan estimular neuronas individuales a través de frecuencias de luz. Podríamos tener mascotas que hicieran lo que quisieramos con sólo imaginarlo. Un ejército de ratas, de abejas o de cualquier otro organismo. Actualmente ya se desarrollan drones controlados con la mente. Este tipo de tecnología tiende a avanzar propulsada por la industria militar. Pero quizás en un espacio distópico alterno existirán ratas sirvientes psíquicas --o nuestras mascotas favoritas actualizadas para entabler una límpida conexión mental a distancia. Y, albergando visiones apocalípticas, por qué no seres humanos, una raza entera, secretamente controlada por nuestros mensajes encriptados. Algo así sugirió William Burroughs:

El aparato de biocontrol es prototípico del control telepático unidireccional. El sujeto podría hacerse susceptible al transmisor a través de drogas u otros procesamientos sin necesidad de instalar un aparato. Al final los Emisores utilizarán exclusivamente la transmisión telepática. ¿Alguna vez vieron lo códices mayas? Yo los veo así: los sacerdotes —como el uno por ciento de la población— hacían transmisiones telepáticas para instruir a los trabajadores qué sentir y cuándo.

[New Scientist]

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Ciencia

Por: pijamasurf - 04/11/2013

Una de las maravillas del Sistema Solar son los anillos de Saturno, el planeta que justamente se caracteriza por mantener en sus alrededores un vistoso cinturón de material espacial que, visto a la distancia, se observa como un ornamento cósmico invaluable, un distintivo que lo destaca por encima de otros cuerpos celestes.

En un ejercicio de imaginación que nos hace imaginar cómo se ve ese anillo desde el planeta que lo posee, Ron Miller, en el sitio io9, nos ofrece una serie de imágenes en los que superpone dicha formación a la Tierra.

En nuestro caso, como bien sabemos, es posible que nuestro planeta sea uno de los menos afortunados en ese sentido. Otros tienen decenas de lunas, anillos, ciclos de rotación sorprendentes y otras cualidades que en poco o nada se asemejan a las de nuestro planeta, lo cual sin duda nos hace preguntarnos cómo sería si al alzar la vista en la noche nos encontráramos no con una sola Luna, sino, quizá, con 3 o 4, cómo sería si nuestros días duraran 10 horas terrestres como en Júpiter o 58 de nuestros días como en Mercurio.

Los dibujos de Miller, en este sentido, son un estimulante ejercicio creativo que viene acompañado, además, de una interesante explicación sobre el anillo de Saturno y la posibilidad de que la Tierra tuviera uno similar. De hecho, como escribe el autor, nuestro planeta alguna vez tuvo uno, como parte de la formación de la Luna. Cuando el planeta Thea impactó con la Tierra, el material resultante de la colisión estuvo orbitando en torno a esta última, hasta que eventualmente se convirtió en nuestro único satélite natural.

En el fenómeno estuvo implicado algo que se conoce como el límite de Roche, en honor del matemático francés Edouard Roche, quien en 1848 calculó que si un satélite natural sobrepasa determinada distancia de rotación con respecto al planeta orbitado, entonces este lo puede expulsar, en razón de la fuerza gravitacional implicada, esto porque la fuerza de atracción no es la misma siempre: es más intensa sobre el lado de la luna más cercano al planeta, y viceversa. En el caso de Saturno, el anillo se mantiene porque el material cósmico orbita justo en el límite de Roche.

Existen otras teorías al respecto, las cuales también explican por qué la Tierra no tiene un anillo o, dicho de otro modo, por qué pudo haberlo tenido.

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[io9]