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Poesía, burlesque con hermosas mujeres y comida fusión en el Duane Park de Nueva York

Arte

Por: pijamasurf - 03/18/2013

En un lugar perfecto para la continuidad de las artes, este restaurante ofrece a sus visitantes shows en vivo de elegantes bailarinas de striptease mientras disfrutan de la deliciosa comida sureña.

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La poesía no sólo pertenece a las paredes del libro, también puede observarse: en Nueva York existe un sitio donde los poetas se dan cita los domingos y lunes, mientras que el resto de la semana el escenario pertenece a bailarinas que rescatan el arte del burlesque. 

El poeta Bob Holman, dueño del restaurante Duane Park, accedió a conceder esta curiosa alternancia entre artistas de la palabra y hermosas bailarinas, todo mientras deleita a sus visitantes con un menú lleno de delicias de la comida creole y fusión, abundante en mariscos.

"Comida y bubis", según una de las comensales, es el tema predilecto de conversación, pues la belleza es ubicua. "El hecho de que [Duane Park] te dé algo de qué hablar durante la comida es entretenido en sí mismo", refiriéndose al hecho de presenciar un show de striptease que casi llega al desnudo mientras comen.

 

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Esta vibrante combinación entre la poesía, el burlesque y el striptease sin duda hace de Duane Park uno de los lugares más atractivos para quienes buscan experiencias estéticas alternativas en Nueva York.

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[The New York Times]

En ocasiones la tristeza nos parece bella en sí misma, sus imágenes nos cautivan, ¿pero por qué razón?

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Hay una frase de Anaïs Nin que circula con cierta profusión en la que la escritora asegura que no vemos las cosas como son, sino como somos, esto es, la manera en que aprehendemos la realidad, como la entendemos y la hacemos nuestra, así sea por instantes, es en buena medida una proyección de lo que sabemos y conocemos, también de lo que ignoramos, nuestras aversiones y nuestros deseos. Así, en un asunto en que se cruzan la filosofía y la psicología, la epistemología y la neurociencia, queda de manifiesto nuestra imposibilidad para conocer la realidad en sí y, en cambio, solo tener acceso a la realidad que nos dan nuestros sentidos e interpreta nuestra percepción.

En este contexto, la categoría de lo bello, la experiencia estética, cobra, junto a otras, un relativismo que es en cierto sentido estimulante en la medida en que nos obliga a preguntarnos por qué consideramos bello algo, si, más allá de criterios supuestamente "objetivos" o al menos socialmente tenidos como tal, algo es bello únicamente por la manera en que lo miramos y lo entendemos y, en última instancia, parafraseando a Nin,  por cómo somos en ese momento en que lo miramos y lo entendemos.

Hago este preámbulo para preguntarme por el valor estético de la tristeza, por qué las imágenes que la retratan nos parecen especialmente bellas, o si esta cualidad es solo expresión de espíritus que sienten particular condescendencia por los gestos de esta emoción.

En el caso de la tristeza también es posible que se trate de cierta fascinación por el sufrimiento del aspecto exterior como reflejo del sufrimiento interior, o al menos de cierta actividad emocional e intelectual que se adivina mucho más intenso, más vívido que el de la mayoría, premisa que en buena medida se remonta al influyente Problema XXX de Aristóteles (cuya autoría, por cierto, se discute), en el cual el filósofo habla sobre la melancolía y se pregunta por qué este humor se le encuentra con mucha frecuencia entre personajes destacados como poetas y líderes políticos. 

Sin importar si esto es o no cierto, el texto marcó ciertas pautas para apreciar la tristeza, para, culturalmente, otorgarle significados y valores que probablemente no estén ahí.

Aquí algunas imágenes de la tristeza, de las cuales es difícil saber si son bellas en sí, si, después de todo, este ser bello en sí es posible para el caso específico de la tristeza.

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Melencolia I, Albrecht Dürer

"Muchas veces tomé la pluma para escribirla, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y estando una vez suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría [...]" / Del Prólogo al Quijote de 1605.

 

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Introspection, Martin Stranka

Twitter del autor: @saturnesco