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40 años de The Dark Side of the Moon (la leyenda más allá del arcoiris)

Arte

Por: pijamasurf - 03/21/2013

Los 40 años del emblemático disco The Dark Side of the Moon de Pink Floyd son celebrados con su inducción a los archivos de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos

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Este fin de semana se cumplen 40 años del emblemático y enigmático álbum The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, uno de los discos más importantes en la historia del rock psicodélico. A esta efeméride se une la inducción del disco a la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, gala que sólo pueden presumir  350 grabaciones.

Material de leyenda, brujería sonora que progresa de melodías hipnóticas hacia la demencia, The Dark Side of the Moon es uno de los discos de culto que va más allá del fanatismo común --fue el álbum que hizo millonarios a David Gilmour, Nick Mason, Roger Water y Richard Wright, quienes donaron parte de las ganancias a la producción de una película de Monty Python, pagando de sobremanera las risas que los habían acompañado en la composición del disco. Y aunque para algunos el álbum es menos innovador y psicodélico --sin la presencia de Syd Barret y seguramente con un consumo menor de LSD que en otras ocasiones-- indudablemente es el que mayores interpretaciones esotéricas ha generado.

Desde el arte del disco, considerado una obra maestra del diseño, que en su concepción más sencilla es sólo un triángulo prismatizado (o prismatizando la luz). Pero que ha sido interpretado como una pirámide que guarda una relación con los astros o hasta con el acroiris del Mago de Oz. Lo cierto es que se ha convertido en un sigilo de la cultura pop.

Aunque los miembros de Pink Floyd han declarado que no vieron la película de El Mago de Oz durante la grabación ni intentaron cifrar la música alrededor de la trama o de los símbolos, para crear una ópera mágica alrededor de este moderno cuento de hadas, de cualquier forma millones de personas han consumido psicoactivos observando esta cinta sincronizada --al rugido del león-- con The Dark Side of The Moon. El sincromisticismo se alimenta de las coincidencias y encuentra fuerzas ocultas de las cuales las personas son apenas vehículos, eso o las drogas que van a veces demasiado bien con la música y la elevan y distorsionan.

Existen varias lecturas del disco que le otorgan una dimensión simbólica o una potencia secreta. No faltan los partidarios de la conspiración que encuentran en las letras la revelación --que parece más una conmixtión-- de que la llegada a la Luna fue un hoax o de que existen bases militares en el satélite y que incluso se genera desde ahí un programa mental que manipula subrepticiamente a través de alta tecnología la conciencia del ser humano. "Realmente no hay un lado oscuro de la luna. De hecho es toda oscura", en esta oscuridad se genera la especulación de llenar el cráter de lo posible, la voz lunar que declina asombrosamente hermética. Hay quienes creen que The Dark Side of the Moon es una especie de obra de alquimia sonora que refleja el drama cósmico de la existencia humana, desde los procesos corporales --como el pulso del corazón y la respiración, motivos frecuentes en los arreglos de sonido--- hasta el conflicto con el sistema económico dominante y la locura o desintegración del individuo (la banda y  sus miembros: microcosmos de la humanidad) hasta su final reintegración en el eclipse, el acto místico de la sombra --esta lectura, probablemente un poco hiperbólica y barroca, tiene su paralelo en el cine  en la película de Kubrick 2001:Odisea en el Espacio, esta sí con un simbolismo un poco más intencional.

Como detalle sincromístico, esas coincidencias que para algunos tienen profundos significados ocultos, la canción "On the Run" es usada comúnmente por los Chicago Bulls para introducir al equipo rival. Cuando los Toros salían en la oscuridad, la música que los introducía era "Sirius", de Alan Parsons, el ingeniero de sonido de The Dark Side of the Moon, quien habría tenido una fuerte injerencia en el sonido del disco. Micheal Jordan, "Su Majestad", portaba, para la inmortalidad, el 23 en el dorso de su jersey, este número es la cifra asociada con una serie de sincronicidades  que derivan de William Burroughs a Robert Anton Wilson, quien las conecta con la estrella Sirio y unos enigmáticos episodios de comunicación telepática interestelar.Esta es sólo una parte de la fascinante historia que rodea a la música.

Aquí 40 datos de culto sobre The Dark Side of The Moon

8 cualidades de las personas verdaderamente cultas (según Antón Chéjov)

Arte

Por: pijamasurf - 03/21/2013

Ser culto, una cualidad que puede ser polémica y aun peyorativa, pertenece sin embargo a un modo de ser y estar en el mundo que naturalmente nos hace más buenos, mejores, más humanos, o al menos así es como lo entendió el gran escritor ruso Antón Chéjov.

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Hay un concepto de cultura que nos remite de inmediato al humanismo del Renacimiento y probablemente al progreso de la Ilustración, esa idea que probablemente tenga raíces un tanto más remotas (pero no tanto) y la cual entiende la cultura como el conocimiento que cultiva y engrandece, que nos da más recursos para entender nuestro mundo pero también ―en un sentido moral, que lejos de ser censurable, merece, por el contrario, alentarse― nos vuelve ipso facto más compasivos, más humanos.

Por desgracia, sabemos bien que el mundo está más o menos poblado de personas que fundamentan cierta ilusoria superioridad en la cultura que poseen. “Listillos”, los llama Irvine Welsh en varias de sus novelas, ironizando en torno a ese tipo de comportamiento en que, según sea la ocasión y el entorno, toma la forma de la arrogancia, el desdén y en general el desprecio por todos aquellos que no se encuentren a la par de las lecturas hechas, las películas vistas, la música escuchada, los países visitados y un amplio aunque paradójicamente limitado etcétera.

¿Qué significa ser culto? Quizá, en última instancia, nada de eso, al menos no si nos inclinamos por esa tradición del pensamiento que no teme combinar conocimiento y moral para que ambos formen mejores personas. En algún punto de nuestra cartografía personal, leer una o diez novelas está o debería estar conectado con nuestra capacidad para prestar algún tipo de ayuda a un desconocido en la calle. ¿Podemos escuchar una pieza de Bach, quedar arrobados por su belleza, sentir que gracias a Bach la vida vale la pena ser vivida y, aun así, no actuar en consecuencia y, digamos, ser capaces de cuidar de una planta y regarla todas las mañanas? Hasta cierto punto, algo tiene de condenable e hipócrita el sibarita estéril que dice amar la belleza y sin embargo no hace nada para asegurar su presencia y persistencia en este mundo. “Belleza más piedad: eso es lo más cerca que podemos llegar a una definición de arte. Donde hay belleza hay piedad, por la simple razón de que la belleza debe morir”, dijo alguna vez Vladimir Nabokov.

La lista que presentamos a continuación enumera las 8 cualidades que, según el gran escritor ruso Antón Chéjov, distinguen a una persona verdadera, auténticamente culta, alguien que de algún modo ha comprendido que la sapiencia es tal cuando enaltece pero no ensoberbece, cuando nos distingue de los demás pero no nos pone, en modo alguno, por encima de nadie.

Los puntos provienen de una carta que un joven Antón de 26 años escribió a su hermano Nikolai cuando éste tenía 28 y comenzaba a ganar fama como pintor en la capital rusa. Fechada en Moscú en 1886, la misiva pretende ser una serie de consejos para un artista incipiente que, según el modelo romántico, se quejaba de que nadie lo entendía. “La gente te entiende perfectamente bien. Si tú no te entiendes a ti mismo, no es culpa de ellos”, le escribió entonces Chéjov, en un tono recriminatorio, pero también totalmente lúcido y, lo más importante, coherente.

Se trata, en suma, de un documento que vale la pena conocer y reflexionar, confrontar con nuestras propias actitudes y preguntarnos en qué medida convertimos lo que sabemos en acciones que hacen bien a nuestro mundo ―nuestro pequeño, íntimo mundo.

 

1. Respetan la personalidad humana y, por lo mismo, son siempre amables, gentiles, educados y dispuestos a ceder ante los otros. No hacen fila por un martillo o una pieza perdida de caucho indio. Si viven con alguien a quien no consideran favorable y lo dejan, no dicen “nadie podría vivir contigo”. Perdonan el ruido y la carne seca y fría y las ocurrencias y la presencia de extraños en sus hogares.

2. Tienen simpatía no sólo por los mendigos y los gatos. Les duele el corazón por aquello que sus ojos no ven. Se levantan en la noche para ayudar a P. […], para pagar la universidad de los hermanos y comprar ropa a su madre.

3. Respetan la propiedad de otros y, en consecuencia, pagan sus deudas.

4. Son sinceros y temen a la mentira como al fuego. No mienten incluso en pequeñas cosas. Una mentira significa insultar a quien escucha y ponerlo en una posición más baja a ojos de quien habla. No aparentan: se comportan en la calle como en su casa y no presumen ante sus camaradas más humildes. No son proclives a balbucear ni obligan la confidencia impertinente de los otros. Por respeto a los oídos de otros, callan más frecuentemente de lo que hablan.

5. No se menosprecian por despertar compasión. No tensan las cuerdas de los corazones de los demás para que los otros giman y hagan algo (o mucho) por ellos. No dicen “Soy un incomprendido” o “Me he vuelto de segunda mano” porque todo eso es perseguir un efecto simplón, es vulgar, rancio, falso…

6. No tiene vanidad superflua. No se preocupan por esos falsos diamantes conocidos como celebridades, por estrechar la mano del ebrio P.*, por escuchar los arrebatos de un espectador extraviado en un espectáculo de imágenes, o ser reconocido en las tabernas. […] Si ganan unos centavos, no se pavonean como si estos valieran cientos de rublos, y no alardean de poder entrar donde otros no son admitidos. […] Los verdaderamente talentosos siempre se mantienen en las sombras entre la muchedumbre, tan lejos como sea posible del reconocimiento. Incluso Krylov** dijo que el barril vacío da un eco más sonoro que el lleno.

7. Si tienen un talento, lo respetan. Le sacrifican el descanso, las mujeres, el vino, la vanidad […]. Se sienten orgullosos de su talento […]. Además, son fastidiosos.

8. Desarrollan para sí la intuición estética. No pueden ir a dormir con la misma ropa, ven las grietas de las paredes llenas de insectos, respiran un mal aire, caminan en el piso recién escupido, cocinan sus alimentos sobre una estufa de aceite. Pretenden tanto como sea posible contener y ennoblecer el instinto sexual. […] Lo que quieren en una mujer no es una compañera de cama. […] No piden inteligencia ahí donde se manifiesta la mentira constante. Quieren, especialmente si son artistas, frescura, elegancia, humanidad, la capacidad de la maternidad. […]. No tragan vodka a todas horas, día y noche, no huelen los armarios porque no son cerdos y saben que no lo son. Beben sólo estando libres y en ocasión […]. Porque ellos quieren mens sana in corpore sano [“mente sana en cuerpo sano”].

 

Y así sucesivamente. Así es como son las personas cultas. Para ser culto y no quedar atrás, no es suficiente con haber leído Los papeles del club Pickwick o haber memorizado el monólogo de Fausto […]. Lo que necesitas es trabajar constantemente, día y noche, leer constantemente, estudiar, voluntad […]. Cada hora es preciosa para ti […]. Ven con nosotros, tira la botella de vodka, descansa y lee… Turgenev, si quieres, a quien además no has leído.

Tienes que deshacerte de tu vanidad, ya no eres un niño… pronto tendrás treinta.

¡Es tiempo!

Te espero… Todos nosotros te esperamos.

[Rúbrica]

 

Notas: 

* Probablemente “Palmin”, un poeta menor de la época [N. del T.]

** Probablemente Iván Krylov (1769-1844), fabulista, poeta y dramaturgo ruso.

 

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