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La matemática fractal del tiempo y el elusivo fin que se extiende hacia el infinito en una paradójica carrera son representado en la gran narrativa escatológica de nuestros días --en la mítica fecha del 21 de diciembre del 2012

I

Años antes de que se conocieran los primeros ecos sobre los mayas y el fin del mundo, dos hermanos se internaron en el Amazonas: después de meses de tomar Ayahuasca y estudiar el I Ching. Uno de ellos (Terence McKenna) se dio cuenta de que los sesenta y cuatro hexagramas son los elementos de una Tabla Periódica de Elementos temporal, el tiempo (al no haber lineas rectas en la naturaleza, el tiempo no puede ser lineal) está constituido por un número determinado de elementos: en base a ellos y a la Secuencia del Rey Wen, construyó un modelo fractal del tiempo lleno de picos y depresiones que tenía sentido.

Tiene sentido porque los niveles del fractal de la Onda de Tiempo Cero coinciden no sólo con eventos históricos, culturales y naturales de importancia sino también porque corresponden con ciclos astronómicos como la manchas solares o la precesión de los equinoccios, tiene sentido porque aunque pueda no ser considerada una teoría científica, las matemáticas detrás de los algoritmos es completamente válida. El primer paso es la construcción de un conjunto de 384 números, producto de multiplicar el número de hexagramas por el número de líneas que los componen, el segundo es la creación de una función fractal basada en un conjunto variable de, sí, de nuevo 384 números que cumplan determinadas propiedades -el conjunto puede ser distinto al obtenido en el primer paso.

Terence notó en su modelo algo que todos sabemos, que el tiempo se está acelerando. A medida que nos acercamos a determinado punto, los ciclos se repiten con mayor frecuencia, lo que antes ocurría en cientos de años o milenios puede ocurrir en pocos años o meses y el vértigo alcanza su clímax en el ciberespacio que desde los tiempos del modem a la internet en tiempo real, en menos de diez años, presenció el nacimiento y la muerte de universos digitales y orgánicos que se aparearon y dieron a luz a generaciones nuevas de universos para los que todavía no tenemos nombre. Terence notó, años antes que se escribieran los primeros mamarrachos sobre el 21 de diciembre, que algo insólito ocurriría ese día, que el 21 de diciembre es el día en que el tiempo alcanzará el eje de abscisas, el día que la incógnita de la función finalmente sea igual a 0.

II

El mítico emperador Fu Xi vio los trigramas del I Ching en el caparazón de una tortuga, un animal con una relación cercana con la eternidad: en el Mundo Disco de Terry Pratchett, la Tierra está sostenida sobre los lomos de cuatro elefantes, a su vez sostenidos por Gran A'Tuin, una tortuga de proporciones astronómicas que nada por el espacio. La raíz de esta historia es una metáfora bien peculiar: "turtles all the way down", la creencia de una anciana bastante simpática pero no se sabe si real que asistió a una conferencia de Bertrand Russell según la cual la Tierra está sostenida en el espacio por infinitas tortugas.

"Los avatares de la Tortuga" es el nombre de un ensayo de Jorge Luis Borges sobre la paradoja de Zenón: una tortuga corre una carrera con el héroe griego Aquiles, quien es mucho, mucho más rápido que ella y le da ventaja, digamos que es diez veces más rápido y le da diez metros de ventaja. Entonces Aquiles corre esos diez metros y la tortuga corre uno, Aquiles corre ese metro y la tortuga corre un decímetro, Aquiles recorre ese decímetro mientras la tortuga corre un centímetro "y así infinitamente, sin alcanzarla": al aproximarnos al cero, la razón se toma su hora de almuerzo.

El ensayo de Borges pertenece a una inexistente Biografía del Infinito y se dedica a enumerar las irrupciones del infinito en el pensamiento, desde las cabezas de la Hidra y la circunferencia como un polígono de infinitos ángulos a la refutación aristotélica de los arquetipos platónicos y la creencia de Santo Tomás de Aquino que la regresión al infinito demuestra la existencia de una Deidad creadora, hasta los modernos Lewis Carroll y William James. Su conclusión es la siguiente:

"Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso."

La búsqueda imposible de un cero inexistente es una prueba tanto de la irracionalidad del mundo como de su belleza y también de la belleza de lo que escribió Borges.

III

Aquiles no alcanzará a la tortuga. Del mismo modo, la aceleración no tendrá fin, nunca llegaremos al cero de la función: nos acercaremos más y más y más a la singularidad, nos aproximaremos durante miles y cientos de miles de años. Viviremos el momento previo a la explosión, el silencio previo a la tormenta por los tiempos de los tiempos y cada vez estaremos más cerca del fuego y el trueno y el beso y cada vez más cerca y a más velocidad, pero nunca. Repito, nunca, Aquiles alcanzará a la tortuga. Cada momento que pase estaremos más cerca del eschatón, pero nunca llegaremos al fin de los tiempos, a la singularidad trans-dimensional que anticipaba Terence, al último nivel del fractal, nunca alcanzaremos la frecuencia de onda cero (como ya dije, el cero no existe).

Twitter del autor: @ferostabio

El manifiesto de Aaron Swartz a favor de la libertad de información y en contra del derecho de autor

AlterCultura

Por: pijamasurf - 12/14/2012

El manifiesto del recientemente fallecido Aaron Swartz en el que declara su postura a favor del derecho a copiar y distribuir información científica y llama a crear una red de activismo.

El recientemente fallecido desarrollador y hacktivista Aaron Swartz abrazó la causa de liberar el conocimiento científico de la humanidad. Swartz estaba siendo incriminado por utilizar la red de MIT para subir a Internet cientos de miles de publicaciones científicas y hacerlas disponibles gratuitamente. Esto y la minuciosa vigilancia de agencias de inteligencia estadounidenses, según allegados, llevó a Swartz al suicidio (algunos incluso teorizan que pudo haber sido asesinado). 

Swartz, quien desde la adolescencia fue uno de los arquitectos de la Red, antes de la efervesencia de WikiLeaks, ya había formulado un manifiesto a favor de la libertad de la información, afirmando el derecho a copiar y distribuir archivos que sean del interés público, como es el caso de los trabajo científicos que han sido cooptados por una élite. La ciencia, según la visión  de Swartz, es patrimonio de la humanidad y debe ser accesible gratuitamente a cualquier persona: por derecho y para fomentar la innovación.

Comaprtimos aquí la traducción del manifiesto de Swartz con el cual lanzó el movimiento de Guerrilla Open Access. Aquí pueden consultar el original.

La información es poder. Pero como todo poder, hay aquellos que quieren quedarse con él. Todo el legado cultural y científico del mundo, publicado por siglos en diarios y libros, está siendo digitalizado y almacenado por un puño de corporaciones. ¿Quieres leer los trabajos con los resultados más importantes de la ciencia? Tendrás que enviar grandes cantidades a editoriales como Reed Elsevier.

Existen personas luchando para cambiar esto. El Open Access Movement ha luchado valientemente para asegurar que los científicos no firmen derechos de autor y en cambio se aseguren que su trabajo sea publicado en Internet, bajo términos que permitan a cualquiera tener acceso a él. Pero incluso en los mejores escenarios, esto sólo aplicará para publicaciones futuras. Todo lo que no ha sido publicado bajo este esquema se ha perdido.

Es un precio demasiado alto para pagar. ¿Forzar a académicos a pagar dinero para leer el trabajo de sus colegas? ¿Escanear bibliotecas enteras pero sólo permitir que la gente de Google los puedan leer? ¿Proveer artículos científicos a una élite de universidades del primer mundo, pero no a los niños del sur del mundo? Esto es indignante e inaceptable.

"Estoy de acuerdo", muchos dicen, "¿pero qué puedo hacer? Las compañías detentan los derechos de autor, generan enormes cantidades de dinero cobrando accesos, y es perfectamente legal --no hay nada que podamos hacer para detenerlas". Pero sí hay algo que podemos hacer, algo que ya estamos haciendo: oponernos a ellos.

Aquellos con acceso a los recursos --estudiantes, bibliotecarios y científicos-- han recibido un privilegio. Pueden alimentarse de este banquete de conocimiento que el resto del mundo tiene vedado. Pero no deben --moralmente no pueden-- mantener este privilegio para sí mismo. Tienen un deber de compartirlo con el mundo. Y tienen una forma: compartir contraseñas con colegas, llenar peticiones de descargas para amigos

[...] Pero toda esta acción ocurre en la oscuridad, oculta en lo subterráneo. Es llamada robo o piratería, como si compartir una riqueza de conocimiento fuera el equivalente a saquear una nave y asesinar a su tripulación. Pero compartir no es inmoral --es un imperativo moral. Sólo aquellos cegados por la ambición impedirían que un amigo hiciera una copia. 

Las grandes corporaciones, desde luego, están cegadas por la ambición. Las leyes con las que operan lo requieren --sus accionistas se amotinarían si fuera de otra forma. Y los políticos que han comprado los apoyan, pasando leyes que las dan poder exclusivo sobre quién puede hacer copias.

No hay justicia en seguir leyes injustas. Es tiempo de aclarar las cosas, en la gran tradición de la desobediencia civil, y declarar nuestra oposición a este robo privado de la cultura pública.

Debemos tomar la información, donde sea que esté almacenada, hacer copias y distribuirlas por el mundo. Debemos de tomar el material que ya no tiene copyright y añadirlo al acrhuvo. Debemos comprar bases de datos secretas y subirlas a la red. Debemos de descargar publicaciones científicas y subirlas a la redes de compartición de archivos.Debemos de luchar por el Guerrilla Open Access.

Con suficientes de nosotros, en todo el mundo, no sólo enviaremos un mensaje fuerte en contra de la privatización del conocimiento --haremos que sea una cosa del pasado. ¿Te unirás a nosotros?

Aaron Swartz, julio 2008, Eremo, Italia